First Love / ONE SHOT STONY
Buenas, buenas!
Disclaimer: los personajes no me pertenecen, pertenecen a Marvel/ Mr. Lee / y demás creadores de estos increíbles super-seres. Esta es solo una idea mía convertida en letras.
OBS: Esta es una historia donde los tiempos están algo mezclados, claramente es después de la serie de ultron pero antes de la civil war. Estoy tratando modificar como para que no pelen tanto ni Tony muera.
Obs 2. Esta historia es un STONY. Por más que podría darse el caso de meter personajes, ya sea creado por mí o del propio mundo de Marvel, que tengan una relación sentimental con los protagonistas.
¡Gracias por leer y espero que lo disfruten!
Capítulo único
Tony respiró profundo para tranquilizarse.
Volvió a hacerlo al ver la fotografía de sus padres sobre el escritorio, pero no pudo evitar lanzarle un gruñido de fastidio a la imagen de Howard Stark.
Todo había sido su culpa. Todo había derivado en eso solo por las palabras estúpidas y las continuas frases de un tonto. Rápidamente, fue al baño y se lavó la cara y el cuello con ahínco, tomando el frasco de perfume de la mesada y rociándose una cantidad generosa. Ese perfume llevaba en su familia por mucho tiempo y era la muestra de inteligencia de los Stark.
Un anulador de feromonas.
Tony nunca lo usaba. Porque no tenía importancia, pero desde hacía unos meses estaba alterado y descontrolado. Podría soportar oler como Howard por unas horas al día, podía.
Miró su reflejo en el espejo y no pudo evitar ver a su padre del otro lado.
Tony amó a Howard, lo odio y lo volvió a amar con el tiempo. Siempre lo había admirado de sobremanera por ser simplemente Howard Stark.
Howard había sido el primer omega de su generación en poder contribuir con inteligencia y audacia con el gobierno de los estados unidos en una situación de emergencia como lo fue la segunda guerra mundial. A pesar de no poseer en ese momento el imperio qué luego se construyó, Howard demostró su valía como ser humano e inventor de grandes armas qué sirvieron para el fin de la guerra.
Tony nunca olvidaba las historias que su padre le contaba, siempre con esos ojos soñadores y orgullosos. María, al ser la alfa de Howard y Tony, era la encargada de traer de regreso a su marido de la época donde las bombas explotaban y los soldados saludaban en hileras. Él había crecido con esas historias, historias de héroes qué sacrificaron sus vidas para salvar al mundo de un enemigo escalofriante. Hombres de ciencia dando todo su potencial para el bien común.
Tony soñaba con ser tan solo una fracción de capaz y necesario como lo fue Howard en aquella época.
Su padre omega había sido el mayor logro en el escalafón omega de todos los tiempos, sentando las bases para la lucha por la igualdad de castas y aunque aquello estaba en papeles, no era del todo aceptado por muchas facciones de Alfas enaltecidos por sus genes, pero buenos para nada en servicio.
Tony quería ser como Howard. Aun a pesar de haberlo odiado por sus exigencias, por sus soñadores deseos, por su obsesiva búsqueda de aquel alfa qué no era el suyo.
Tony lo odio por mucho tiempo por ello. Por sumirse en la depresión al perder a aquel hombre y por no entregar su corazón a su madre alfa. Howard la amaba, amaba a María como él no podría amar a ningún otro alfa, porque ellos eran compañeros. Pero ese brillo estúpido y esa tristeza que inundaban sus ojos al mencionar la pérdida de ese amigo, hacían qué Tony dudará de que el amor entre compañeros era tan sagrado como decían las leyendas urbanas.
Tony no quería pensar en ello. No quería pensar en Howard enamorado de otro alfa, qué no fuera el suyo, no quería pensar en el soldado perfecto qué se había perdido hace decenas de años, tampoco quería ocupar su mente en la emoción que lo embargo cuando el hombre fue descongelado, cuando cruzó miradas por primera vez con esos ojos celestes, suaves, pero a la vez demandantes y dominantes.
Tony no quería a Steve Rogers en su mente. No lo quería aún después de miles de historias de heroísmo y patriotismo.
Porque Tony sabía que él había amado al capitán América desde que tenía memoria, preso de historias nocturnas antes de irse a dormir, atrapado en los soñadores ojos de Howard, imaginando a un alfa tan fantástico qué pudiera protegerlo.
Él nunca había escondido el hecho de ser un omega. Los Stark habían sido omegas por demasiadas generaciones como para dudar de su denominación. Howard había llevado su casta sobre los hombros con orgullo y Tony lo haría aún mejor que su padre.
O eso había dicho.
Steve Rogers era un alfa casi perfecto. Estaba casi seguro que habría algún defecto en él, aunque nadie lo supiera. Pero aun así, pensar que alguien como el capitán América podría fijarse en un omega libertino como Tony era una estupidez.
Tony cargaba con una reputación qué avergonzaría a la lucha de Howard por los derechos de los omegas.
Él lo había hecho solo para llevar la contraria a los ideales de Howard. Harto de las comparaciones que la sociedad lanzaba en su contra, aplastado por la presión, qué conllevaba ser un omega en un mundo de Alfas, qué lo pisoteaba por ser un Stark, hijo de Howard. Agotado de las esperanzas, qué sus padres ponían sobre sus hombros, él se había dejado por los instintos y había buscado el camino fácil y divertido de ser un omega.
Atraer, engatusar y continuar.
Muchas cosan debieron de suceder para que Tony saliera de aquel círculo vicioso. Un secuestro, la muerte de un hombre honorable, la traición de un amigo, estar al borde de la muerte. Eso lo había llevado nuevamente por un camino más iluminado.
Se dedicó a salvar vidas humanas en vez de terminarlas con armas hechas para la guerra.
De esa manera, Stark industries dejo y cancelo la producción de armas. Un imperio armamentista había terminado y su nuevo descubrimiento daba lugar a la base de lo Que sería Stark Enterprise. Dedicado enteramente a la energía limpia y de buena utilización.
Tony trató de enderezar su camino.
Pero como decía el dicho, «hazte de fama y acuéstate a dormir» eso había explotado en su rostro cuando aquellas palabras fueron escupidas a su rostro.
«Sin la armadura, ¿qué eres Stark?» — Tony no era Howard, tal y como Steve se encargaba de recordarle en todo momento. Porque Howard había sido fiel, encomendado a su trabajo y un hombre de bien.
Tony no lo era. Él no era Howard.
Entonces Tony había intentado dentro de sus posibilidades ser bueno, ser mejor aún, mejor que Howard.
Y todo había salido mal, desastroso.
Ultron se había salido de control y sus ataques de ansiedad no hacían más que empeorar. Todo ese desequilibrio a nivel psicológico, estrés y ansiedad, solo plantaban ideas en su cabeza, ideas que la lógica decía que no tenían fundamento, pero que se cultivaban como una semilla y brotaban convirtiéndose en una enredadera, qué no lo dejaba pensar con claridad.
Steve tal vez había amado a Howard, y Howard a Steve. Su mente decía que no era posible. Que el alfa había amado a Peggy Carter, ellos habían tenido un romance. Pero, ¿podría haber pasado sin consecuencia la convivencia reiterada de un omega y un alfa dominante?.
Y aquella idea estúpida volvía cada vez que fallaba y veía la desaprobación en los ojos de los demás. Aún a pesar de que él sostenía, estaba haciendo lo correcto. Ultron pudo haber sido lo correcto, pero él no había sabido controlarlo.
Incluso él no había querido que muriera. Porque cuando el androide había dicho: “Hola papá” con desdén frente a su rostro, su matriz había enloquecido.
Y la elección natural e instintiva de Steve como posible alfa para reproducción lo había enloquecido. Y a pesar de querer y necesitar ser sostenido y fecundado por Steve, Tony huyó.
Preso de un ataque de histeria y ansiedad, puso a Pepper en peligro luego de que ella hubiera sido inyectada con un virus, el cual el mismo había sido parte en su creación.
Volvió a mirarse al espejo y se sobresaltó cuando la voz de Pepper se oyó desde el transmisor.
—Tony, los demás vengadores están en la sala de conferencias, están esperando tu presencia para empezar la reunión. — Tony agarro apresuradamente la toalla y se secó con ella. Salió a la espaciosa oficina y se colocó el traje de diseñador qué trajo.
Él los estaba haciendo esperar de nuevo. Apresuró sus pasos por los pasillos y golpeó la punta del pie con impaciencia cuando el elevador se detuvo en otro piso.
«Maldición, apresúrate, chatarra» — salió disparado cuando las puertas se abrieron y solo unos metros antes de llegar a las puertas de madera lustrada de la sala de conferencias, se alisó el traje y respiro profundo para tranquilizar su ritmo cardíaco.
Abrió ambas puertas juntas y todos giraron para mirarlo. Los rostros enfadados y llenos de reproches lo hicieron respirar, pero agradeció tener sobre él aquel perfume de anulador de feromonas.
—Bien, ya están todos aquí— dijo tratando de apurar las cosas para deshacerse de ellos de nuevo. —Hagamos esto y volvamos a nuestras tareas.
— No eres el único con cosas que hacer Stark, y te recuerdo que eres tú el que está llegando tarde. — Tony miró a Steve, sostuvo su cuerpo maldito de estremecerse.
—Sí, soy un hombre ocupado Rogers, tengo otras cosas a lo cual abocarme, no soy como mi padre, no te entregaré mi vida.
El aroma del Capitán se volvió agresivo y se acercó peligrosamente.
—Definitivamente, no eres como tu padre, puedes oler como él, pero no eres Howard.
Tony sintió que se tragó una pelota de tenis, dura y dolorosamente, su saliva paso por su garganta y un sentimiento pesado se instaló en su estómago.
Se dijo que era una reacción natural. Una qué tendría cualquier omega hacia un alfa como él. Cualquier omega sano estaría temblando porque aquellos genes dominantes fueran depositados en su matriz. Y también estaría de esa manera si era rechazado como un posible candidato para procrear.
Cualquier omega, hasta Howard.
Tony perdió el duelo de miradas en ese momento y apartó la vista, acercándose a su lugar y preparando la pantalla.
Cuando el rostro de Fury apareció, Tony programó a Friday a que tomará las notas correspondientes. Miro de reojo a Visión pensando en Jarvis.
El androide pareció sentirlo porque desvío su mirada desde la pantalla hasta él y le sonrió.
Tony tragó y le devolvió la sonrisa. Después de todo, Visión se sentía como un hijo para él. Su corazón dio un golpe en su pecho.
Se puso de pie de manera abrupta cuando su cuerpo empezó a reaccionar ante aquel pensamiento, interrumpiendo la reunión al instante.
—¿Stark?
— Pirata, ¡recordé que tengo uno que otro asunto olvidado!
—Esto es importante Stark.
—Estoy seguro de que sí, Friday me pasara el resumen con los datos importantes, ¡Bien! Disfruten del café y los dulces. — Rápidamente, Tony se desplazó hacia la puerta.
Agradecía qué el anulador de feromonas de Howard fuera tan efectivo porque sabía que sus glándulas estaban trabajando a tope intentando superarlo y atraer a cualquier tipo de alfa.
—Stark, —su cuerpo se tensó cuando Steve lo tomo del brazo impidiendo su huida. Su ansiedad subió, él tenía que irse antes de entrar en celo.
—Capitán, ya se lo dije, soy un hombre ocupado, si necesita algo, puede pedírselo a Friday. Incluso una cita.
—No necesito una cita Stark, quiero que estés aquí atendiendo y siendo responsable. —Su agarre se apretó y Tony hizo un esfuerzo para no mostrar el dolor en sus facciones — No seas un niño mimado. Tenle un poco de respeto a tu apellido, a tu padre.
Tony se giró para mirar a las personas a su alrededor y repentinamente se sintió como un insecto frente a gigantes qué lo observaban y juzgaban.
Su mano comenzó a temblar y Steve fijo su mirada en los ojos repentinamente aterrados del omega y Tony sintió como si podría ver en su interior, su respiración se hizo pesada y errática, el sudor se desplazó en su rostro y tiro con fuerza del agarre qué no cedió. Él necesitaba huir, salir de ese lugar y encontrar la manera de hallar un espacio seguro.
Cuando su cuerpo perdió noción de su entorno, todo su sistema se vino abajo y se desplomó, Steve lo sostuvo en el momento justo para evitar que golpeara el suelo.
—¿Me permitiría, Capitán? —La voz de Visión saco a Steve de sus pensamientos. — Sería más saludable para el señor Stark permanecer a cierta distancia de usted.
—¿Visión? — pregunto Wanda— el capitán solo está tratando de que Stark cumpla con sus deberes.
—El Capitán Rogers genera mucho estrés en el sistema nervioso del señor Stark, su presencia no es saludable para el omega.
—¿De qué hablas Visión? — ahora le tocó el turno a Natasha de preguntar. —Steve es una alfa dominante, todo omega se siente seguro con él por instinto.
Ella había visto algunas señales de ansiedad crónica en el omega. No había sido su asunto por lo que no se había metido con el hombre. Pero el despreocupado omega, qué había conocido hace tiempo, se había ido y no se había asomado de nuevo. Y reconociendo las palabras del androide, poco a poco la fecha de inicio coincidía con la aparición del alfa.
—Es exactamente eso, agente Romanov, Anthony Stark es un omega. Es natural que luche contra el deseo de aparearse con un alfa dominante porque son equipo y no pareja. Eso genera estrés y una conducta errática en el señor Stark. Es solo lógica natural e instintiva.
—Pero él no lo huele, sé que no desprendes un aroma Visión— intervino Sam — pero los omegas y Alfas normalmente lo hacemos en lo que se refiere a cosas como miedo, enfado o excitación. Stark no lo hace.
—Él lo hace— aseguró, — pero lleva encima una sustancia que elimina sus feromonas.
Visión se acercó a Tony y lo saco de las manos del Capitán, quien momentáneamente quiso poner resistencia.
Tal y como la primera vez que había visto a Tony, su lado alfa estaba en constante atención. Porque era natural que un alfa protegiera a un omega, era instintivo.
Además, que Tony era hijo de Howard. Steve había admirado a Howard Stark por su valentía y osadía, era un omega atrevido y hermoso. Siempre dispuesto a conocer más y ayudar.
Tony, por su parte, parecía un niño mimado. Y eso hacía qué los instintos de Steve se volvieran locos. Todo en él gritaba proteger, controlar y salvar. Y aquello enervaba su temperamento.
Tony era un adulto, un adulto omega, qué podría correr muchos peligros, pero el hombre parecía actuar más de manera suicida, qué utilizando ese cerebro superdotado, qué tenía.
Definitivamente, todo se volvía loco cuando se trataba de Tony. Reprenderlo y protegerlo.
Cuando el androide se alejó con su carga, Steve sintió un poco de remordimiento por su comportamiento. Tal vez estaba comparando demasiado a los dos omegas y aquello generaba presión en Tony.
Aquella tarde, cuando Tony volvió a abrir los ojos, Se encontró solo en su habitación. Su temperatura había subido unos grados y se sentía enfermo y derrotado, se movió al baño y se aplicó un inhibidor y un sedante. Volvió a la cama y se durmió lo que restaba del día y la noche.
Al día siguiente la agenda preparada por Friday lo hizo levantarse de la cama a duras penas, pero con energías renovadas, un día nuevo era una nueva oportunidad.
Reuniones tras reuniones con Alfas, qué lo miraban como un pedazo de carne, había amargado su humor con facilidad, estaba agotado y necesitaba con urgencia un café y lo que faltaba llego a su correo.
Un email de Fury informándole sobre la existencia de un mago residiendo en New York y solicitaba a Tony qué fuera para charlar con el hombre y reconocer si era una amenaza o no.
Tony se bebió su café y aceptó conversar con el hombre. Nada sería peor que quedarse en la oficina y soportar Alfas, qué creían ser superiores.
Camino directamente hasta la casa de estilo neoclásico con un gran ojo tipo lucernario en la parte superior. Apenas acercó la mano para golpear la madera de la puerta, esta se abrió de golpe.
Tony dio un salto poco masculino y luego respiró profundo para calmar su corazón.
—¿Hola? Soy Tony Stark, ¿hay alguien? —Tony se sintió estúpido al no ser recibido por nadie. Hasta que oyó algo parecido a tela siendo movida por el viento.
Entonces lo vio. El hombre estaba suspendido en el aire, no tenía una armadura, pero utilizaba algún artilugio qué lo mantenía en contra de la gravedad.
Cuando el hechicero descendió a Tony se le hizo raramente familiar.
—Debes ser Anthony Stark, soy el doctor Stephen Strange. — comento extendiendo la mano para saludar al ingeniero.
—¿Doctor? —la pregunta salió de sus labios sin que pudiera detenerla.
—Neurocirujano de hecho.
—Ah! — Bien pocas cosas solían descoloca a Tony y esta era una de ellas. Como había terminado un neurocirujano como hechicero.
—Déjame invitarte una taza de té mientras conversamos.
—Café, prefiero el Café. Gracias—1 a pesar de su renuencia a venir, Tony conversó de manera amena con el Doctor, enterando sé dé varias situaciones de las que tenía ignorancia, el ataque de Dormanbu, el antiguo papel que cumplía la ancestral y su protección de este dominio. El papel actual de Strange como hechicero con respecto a la protección del mundo actual.
Tony aceptó que ambos luchaban del mismo bando y tenían los mismos objetivos, pero estaba seguro y daría su glándula al pensar que Strange no se uniría a los Vengadores. Si no que trabajaría por su lado a menos que la situación se volviera extrema. Y él podría aceptar aquello.
Él se lo diría a Fury, después de todo Tony Stark no era parte inicial de la iniciativa, sino un simple consultor.
Cuando Tony paso el pórtico y se despidió de Strange casi eran las ocho de la noche.
—¿Iras caminando? — pregunto con los brazos cruzados mientras Tony se ponía el abrigo.
—Sip, no contaba con que pasaría un buen rato oyendo historias de magia y fantasía, el tiempo pasa volando — dijo preparándose para salir.
—Déjame darte una mano con eso— dijo Strange mientras giraba los dedos y las chispas volaban en el aire, crepitando como una fogata.
Los ojos de Tony se abrieron. No era como que no haya viso un portal antes. Lo había visto y no fue agradable. Había tenido pesadilla por meses luego de eso. Miro a Strange con miedo.
— Míralo bien, es solo tu habitación, no hay peligro.
Tony lo miro aun desconfiando del medio de transporte qué le ofrecía el hechicero. Entonces Strange tomo su muñeca y deposito feromonas en ella. Marcándolo suavemente y aliviando el estrés que estaba generando en el omega.
Estos pequeños marcajes de feromonas eran muy comunes en los hospitales, sobre todo en pacientes omegas nerviosos, histéricos y asustados. Strange sabía la dosis exacta que debía aplicar para que los latidos de Stark bajaran a un ritmo cardiaco saludable y amigable para su propio organismo
Tony respiró el aroma y sus latidos se acompasaron y calmaron.
—Lo siento Doc., tiendo a ser un poco dramático.
—Todo está bien, Stark.
Tony se giró para entrar al portal, pero luego se volvió.
— Stark Enterprise tendrá un pequeño coctel de gala, los Vengadores suelen estar presentes, ya que es una forma de comunicarlos con la sociedad. Porque no vas y hablamos un poco con el equipo. A ellos les gustaría saber un poco de esto que compartiste conmigo.
Strange intuía qué era el omega quien no quería enfrentarse a su equipo y llevar malas nuevas. Todo en su actuar le decía que estaba a la defensiva con respecto al caso.
En otra ocasión nunca lo habría aceptado, pero había visto ese comportamiento demasiado oculto en Tony Stark, por lo que aquello podría ser una señal de algún tipo de estrés postraumático en el omega.
La ausencia de fuertes feromonas era una clara muestra de cómo esté influía en la especie.
—Claro Stark, estaré allí, hace tiempo que no acudo a una fiesta social.
—Bien —dijo con alivio en el rostro, un muy evidente alivio — entonces me encargaré qué recibas la invitación Doc.
Cuando paso del otro lado y el portal se cerró, Tony sonrió al encontrarse realmente en su habitación. Aquello era magnífico.
Con una sonrisa estampada en el rostro por algo que había salido bien, bajo a la cocina para prepararse algún refrigerio y encerrarse en su taller para continuar con aquel prototipo de traje.
Toco el centro de su pecho y cierta calma lo atravesó al no sentir el reactor en él. Pero él lo necesitaba para mover a Iron Man, así que el trabajo era aún largo y pesado para adaptar uno más fino y funcional al traje. Su sonrisa tambaleó en su rostro cuando encontró a Steve en el recinto de cocina.
Él no podía dejar que la vergüenza del último encuentro hiciese qué se vea débil como cualquier omega, él era un Stark después de todo. Era Iron Man.
Forzó una sonrisa y entro.
—¿Despierto tan tarde Capipaleta? —Steve no se sorprendió al verlo, aquello lo hizo pensar en si estaba desprendiendo un aroma qué lo alertó. Pero podría ser imposible ya qué traía el anulador sobre él. Siempre lo hacía.
Steve se acercó primero a paso seguro, luego se detuvo y su mirada se ensombreció. Tony tragó ante el repentino cambio de estado de ánimo.
—¿Sucede algo? — pregunto estático en su lugar. El capitán había olido a algo suave y amable primero, pero en un instante había pasado de eso a este aroma agresivo que hacía que los vellos de su nuca se erizaran. Aun así, se animó a preguntar: —¿Hubo algo que te molestara Rogers?
—¿Dónde has estado? — Tony casi ladeo la cabeza ante lo confuso de la pregunta.
—¿Hablando con alguien? —Respondió, aunque no veía la finalidad de hacerlo. ¿A dónde quería llegar Steve con eso? ¿Había faltado a alguna reunión importante?
—Traes feromonas impregnadas en ti. — aseguró el alfa.
Tony acercó su brazo y aspiró. No pudo evitar que sus ojos ante lo relajante que llegaban a ser las feromonas que Strange había dejado en él. Era normal, Strange era un médico conocido, ellos estaban muy entrenados para calmar a los pacientes con ellas y eso era lo que había hecho el hombre. No encontraba lo incorrecto.
Posiblemente, Steve si lo hacía porque de un jalón agresivo, el trasero de Tony se instaló sobre la mesada fría de mármol del desayunador. Jadeo por la sorpresa y tuvo que reclinarse para atrás cuando el rostro del capitán se acercó peligrosamente.
—¿Rogers?
—¿Quién? — preguntó en un gruñido que Tony nunca había escuchado antes viniendo de él.
—¿Quién qué?, ¡Steve! — preguntó alterado.
Steve no volvió a preguntar, pero si se inclinó aún más hundiendo su nariz en el cuello de Tony, gruñendo al no encontrar el aroma individual, pero si la feromona alfa con la que estaba ligeramente bañado.
Movió la nariz por el costado de la glándula y Tony quedo tieso. Gimió cuando los dientes del capitán se cerraron tan cerca de aquella parte, toda su zona abdominal se tensó y su miembro despertó al instante por el estímulo.
—Steve, Steve, ¿Qué estás haciendo? Te estás equivocando— lloriqueo apretando las piernas mientras su miembro respondía a los pequeños mordiscos y lamidas del capitán sobre la piel de su cuello. Su entrada comenzaba a humedecerse y escurrir, mojando la tela costosa de sus pantalones. Intento empujar con más fuerza, pero Steve era una mole de músculos el cual no consiguió mover un solo centímetro.— No soy él.
Steve dejó el cuello y tomo una de las manos que estaban empujando en su pecho y abrió la manga dejando la muñeca expuesta.
El aire se le atascó en el momento en que Steve paso la lengua por su sensible piel. Los ojos celestes lo miraron cuando un jadeo escapo de sus labios. Había algo salvaje y posesivos en ellos.
Muy levemente, el aroma natural de sus feromonas estaba haciéndose camino para alcanzar al alfa junto a él. Eso lo espanto y en esa ocasión empujo con todas sus fuerzas, tomando por sorpresa a Steve, quien se hizo a un lado cuando Tony huyo a su habitación como un gato asustado.
El aroma de aquel alfa extraño casi había desaparecido y Steve había logrado sumergir a Tony en sus propias feromonas. Había actuado por impulso. Steve solo quería acercarse y conversar con el omega, expresarle sus disculpas sobre lo que estaba sucediendo y el comportamiento que estaba teniendo.
Pero cuando capto el primer atisbo de un aroma fuerte sobre el omega, sus sentidos se habían nublado y había actuado como el instinto le había dicho que lo haga. Cubriendo a Tony con oleadas de feromona Alfa y marcándolo como si le perteneciera y el omega había reaccionado a sus demandas, excitándose y humedeciéndose, preparándose para él.
Steve pasó sus dedos sobre la pequeña mancha húmeda en la mesada. Un suave y casi imperceptible aroma flotaba y casi Steve podría confundirlo porque estaban en la cocina. Pero olía a galletas de navidad. Con canela y jengibre. Dulce y picoso.
Steve tragó cuando su propio miembro respondió a la excitación y el suave aroma.
¿Era aquel el olor real de Tony?
Si así lo era... ¿Por qué lo escondía? Su aroma era relajante y dulce. Steve siguió el camino que el omega había tomado y más de esa esencia se acumulaba cerca de la habitación.
Steve detuvo sus pasos porque su interior se revolvía y sus caninos crecían.
Podía oír los suaves gemidos de Tony tras la puerta, la cual Friday se negó a abrir. Espesó sus feromonas intentando que llegaran al omega y así pudiera encontrar el clímax que buscaba. Steve quería estar allí poder ver el cuerpo flexible de Tony curvarse y luego suavizarse al encontrar el placer.
Eso no era una sorpresa para el gran capitán América. Él se había sorprendido pensando en el hijo de Howard durante el día y la noche durante mucho tiempo. Sobre todo, luego de haber compartido la habitación con él después de haberse hospedado en la casa de los Barton.
Desde entonces el haba entrado en total negación. Negación sobre siquiera pensar en tener sexo salvaje y duro con el hijo del que había sido uno de sus mejores amigos durante su poco tiempo en el ejército.
Howard lo mataría. Él se estaría revolviendo en la tumba si lo supiera. Si solo supiera que Steve estaba pensando en estar en lo profundo del interior de su hijo y llenarlo de cachorros.
Cuando la respiración de Tony dejo de ser jadeos, Steve supo que el omega había llegado. Por lo que se alejó de su puerta, sabiendo que nadie se acercaría a los aposentos de Tony, no después de la cantidad de feromonas territoriales que había dejado allí.
Con aquello, al igual que Tony, se retiró para esperar el día siguiente.
Tony despertó como si hubiera sido arrollado por una nave espacial y sus pilotos marcianos.
El aroma a feromonas y sexo estaban impregnados en su piel. Con rapidez pidió a Friday que despejara su habitación, Tony casi podía ver las feromonas de Steve ondeando en el aire.
“Jefe, la señorita Pops pregunta si asistirá finalmente a la cena de gala, si su condición es buena puede enviar la limusina para buscarlo” — Tony miro rápidamente la hora que le mostraba Friday.
17.35 Horas.
Había dormido todo el día y parte de la tarde, era extraño que nadie se había acercado a recriminarlo por estar tirado todo el día.
Tomo una ducha apresurada y cuido su imagen unos minutos, coloco el anulador de feromonas y se vistió con el traje que Pepper había preparado para él. La camisa negra de seda abrazaba sus brazos y pecho. La corbata con patrones florales solo se diferenciaba por la tonalidad del negro, donde uno era opaco y otro un poco más brillante. El traje, de dos piezas, se ajustaba a la perfección.
Era un traje elegante y perfecto. Hecho para él.
Tony declinó de la limosna, necesita sentir el control de él mismo de nuevo, camino hasta el garaje y elegido un deportivo blanco y manejo a través de la ciudad hasta el salón de eventos a las afueras de New York.
Cuando llego, el ballet se encargó del vehículo y las cámaras dispararon los flashes sin compasión. Tony ajustó su lente de sol y saludo con una sonrisa, aquella que todos conocían. Después de todo, él era Anthony Stark; Genio, millonario, playboy, filántropo.
Pero como decía Steve: «Muchos que no tienen eso valen diez de ti, he visto los videos, tú solamente peleas para ti mismo. No eres capaz de sacrificarte por otros, de acostarte sobre el alambre y dejar que otros pasen sobre ti.»
«¡Oh! No, él no estaba haciendo esa victimización en público, ¡con miles de personas mirando!» —Casi maldijo en voz alta, pero logro recuperar la compostura. No dejaría que Steve lo hundiera de esa forma. Él era capaz de sacrificarse, lo había hecho incontablemente, pero él era inteligente y probablemente lo seguiría haciendo de nuevo, sin remedio. Porque él era demasiado blando.
Lo había dicho Howard un montón de veces. Lo habían demostrado sus compañeros de escuela, él recibía bullying, pero callaba y perdonaba. Su aroma era demasiado dulce al igual que su carácter y eso lo descubría muy pronto ante todos. Él necesitaba ser el dueño y jefe de un imperio. Por ello no podía dejar que las personas sepan que podría tener un corazón de pollo.
Inmediatamente, al entrar, Pepper se acercó a preguntarle como se encontraba y reiterarle que si necesitaba de su ayuda, que olor la llame, que ella se ocuparía de todo. Tony le sonrió y tomo el champán que le ofrecía el mesero.
Se paseó por la cena saludando y esquivando alfas.
La sonrisa se formó en su rostro al ver la mesa de los vengadores.
La mayoría de ellos ya estaba allí, conversando con algunas figuras importantes de la milicia. Asintió con la cabeza cuando Rhodey levanto la compa en su dirección y luego se giró hacia la barra.
Nuevamente, sonrió al ver allí al Doctor Strange.
Se acercó con la sonrisa de satisfacción a él y le tendió la mano.
—Me honra con su presencia doctor. Espero que todo esté siendo de su agrado.
—Stark no seas un pavo real. Es un terreno en el que podemos competir los dos.
Tony rio con sinceridad.
Él había pasado un buen momento en la tarde anterior junto a Stephen, y eso era algo de lo que se había percatado, Stephen Strange y él se parecían bastante. Ellos podrían llevarse muy bien si se lo proponían.
—Nunca fui fanático de los superhéroes— comento Stephen y Tony ladeo la cabeza— sí, de niño miraba a los doctores trabajar y no me atraía las tarjetas del capitán América. ¿Crees que eso se detecte?
Tony rio.
—¿A qué vendría el comentario?
—Bueno, porque parece que así como él no me interesaba como superhéroe, pienso que yo no le agrado como invitado.
Tony se giró para observar a la mesa de los vengadores y tal como Strange estaba diciendo, la mirada de Steve estaba clavada sobre ellos. Tony negó con la cabeza y sonrió.
—Créame Doctor, no es usted quien no le agrada. Estoy seguro de que usted es un hombre que se sacrifica por los demás.
—Bueno, no lo era. En Absoluto, solo tomaba trabajos de personas que podían pagarlo, no me interesaban los demás, tampoco trabajos que yo consideraba que no eran de mi calibre, por más que me necesitaran. Los elegía. Era egocéntrico y egoísta.
Tony lo miro sorprendido.
—Bueno, encuentro otra osa en la que fuimos muy parecidos.
—Lo sé, nos movimos siempre en los mismos círculos. Sé que ambos hemos sufrido y cambiado, ambos hemos perdido mucho y tenemos mucho que proteger ahora.
Tony tragó. Era la primera vez que alguien podía exponer todo lo que él sentía por dentro. Alguien que lo notaba.
Strange lo tomo de la cintura cuando una pareja paso muy cerca y lo empujo. Tony rio ante el gesto y acomodo su traje. Sacudiendo las gotas de champaña que habían caído sobre el impecable traje de Stephen, compartió una risa con el Doctor.
—Tony.
Tony se giró para ver a Steve. El impecable traje militar le sentaba de maravilla sobre los músculos, el cabello arreglado y peinado lo hacía parecer disciplinado y hacendoso. Las medallas brillaron bajo la luz de las arañas que colgaban del techo. Sus ojos celestes pretendían estar en calma y ser agradables, pero Tony había visto esos ojos centelleantes la noche anterior, como si algo salvaje se moviera detrás de ellos.
—Capitán Rogers, me gustaría presentarle a mi amigo, el Doctor Stephen Strange.
Steve sonrió al extender la mano hacia el doctor, pero su sonrisa se borró cuando Strange soltó ligeramente su feromona. Eran, un alfa presentándose frente a otro alfa.
La quijada de Steve se apretó.
—Un placer, —Aseguro soltando la poderosa presencia de alfa dominante.
Algunos omegas y alfas cercanos se retiraron ante lo que sus instintos les decía que podría ser una posible confrontación.
—¿Qué creen que eran haciendo? Compórtense ambos. — Tony gruño bajo tratando de sonreír a los invitados que estaban cerca.
—Que pasa Tony, solo estoy respondiendo al desafío del capitán. Es algo bastante normal entre alfas.
—Steve.
—Marcaste a Tony. Eso es algo osado, irrespetuoso para un omega. Sobre todo para uno que ya tiene un alfa.
—Steve, no digas tonterías...
—Tony, necesitaba algo de feromona para calmar su ansiedad.—Interrumpió Strange— Como médico, solo puedo notar que el alfa de la manada no le presta suficiente atención como para calmar sus miedos e inquietudes. Que es la base fundamental de la salud sicológica de un omega.
—Tony no es alguien que teme a cualquier cosa— Bien, ahora Tony estaba sorprendido. Steve no lo defendería frente a nada, al menos no normalmente.
—Tony también tiene sentimientos Capitán, como todo omega. Tiene miedos y ansiedades. Inseguridades. Es el deber de un alfa capacitado, mantener esos miedos lejos. Asegurarle que encontrara una pareja para procrear y establecer una familia.
—Stephen, es suficiente...— Stephen miro a Tony y vio el terror en sus ojos, rápidamente Tony miro a Steve y luego volvió a mirarlo.
—Si sigues escondiendo tus debilidades a tu manada, un día morirás. Es necesario que un Alfa cuide de los miembros de su manada, es su parte de ser una manda.
—¿De qué está hablando Tony? — Tony froto sus manos con nervios.
—No entiendo el tipo de omega que ha conocido en el pasado Capitán, tal vez algunos demasiados ásperos por la época de la guerra. Pero estamos en otros tiempos y usted debería adaptarse a ellos.
Steve miró a Tony y luego a Strange. Aquel definitivamente era el alfa que había marcado con sus feromonas a Tony y eso mantenía los sentidos de Steve pitando como alarmas de luces rojas. Había un claro interés llegando desde el alfa hasta Tony y Steve podría pelear allí mismo por él.
Miró a Tony y vio la desesperación en sus ojos. Con terror mirando a los costados y a los demás invitados, su porte parecía perfecto y estoico, pero Steve lo veía en los ojos marrones.
Tony era un omega fuerte, no le importaba hacer frente a las críticas o los comentarios, era agresivo, seguro y pura confianza; o al menos eso era lo que su comportamiento mostraba constantemente.
Pero el temor qué vio en los ojos marrones de Tony le dijo otra cosa a Steve.
Parecía un pequeño ciervo expectante a que el cazador disparara el arma frente a él. Y nuevamente ese sentimiento de protección afloró desde su interior, tal y como sucedía cada vez que Tony cruzaba miradas con él en las misiones.
Y entonces lo entendió.
Tony actuaba totalmente en contra de sus verdaderos instintos, cuanto más temeroso se encontraba, más osado se volvía. De allí sus acciones que rayaban lo autodestructivo. Por ello era que qué su instinto como alfa dominante se alteraban como sirena de seguridad. Dentro de su naturaleza, su alfa sabía, por instinto, que Tony necesitaba protección y alguien en quien apoyarse como omega, no como héroe.
Cuando Strange estiró la mano y esparció sus feromonas para tranquilizar a Tony, Steve alargó la mano primero y paso el brazo por la cintura del omega, pegándolo a su cuerpo.
Sus feromonas rodearon a Tony, y Steve pudo sentir el cuerpo del omega relajarse por completo, Tony incluso suspiró, como agradeciendo ese momento de paz dentro del estrés crónico que representaba estar en un banquete social.
—Yo me haré cargo de él Doctor, es un omega de mi manada, después de todo. Gracias por su preocupación y servicios.
—Espero que el señor Stark esté bien protegido. Es lo que merece todo omega.
—No se preocupe, Doctor, será bien atendido.
Steve cargó a Tony y este escondió su rostro automáticamente contra el cuello del capitán.
El aroma de Steve era adictivo. Todo en él gritaba protección y Tony se sintió así después de muchos, demasiados años, luego de perder a María, su alfa anterior y su madre.
—Tranquilo cariño, estoy aquí y voy a protegerte.
Tony asintió, aquello era tan acogedor que hasta podría quedarse dormido. Su cuerpo se relajó y por un momento estaba seguro de que no podría levantar siquiera una mano para hacer absolutamente nada. Oyó los sonidos a su alrededor, sintió el movimiento de un coche, luego las luces del ascensor de la torre y finalmente las sabanas de seda bajo su mejilla.
No recordaba haber estado tan cansado o cuando había sido la última vez que había dormido correctamente. Pero tener a aquel alfa protegiéndolo, cuidando de él y de las necesidades que eran apenas las más básicas, estaba bajando sus defensas y abriendo sus puertas.
—Aún no logro entender por qué escondes este aroma tan delicioso. — Tony se removió en la cama cuando la lengua de Steve se desplazó por la palma de su mano, enviando corrientes eléctricas que hicieron revoltijos en su vientre. — Tienes un aroma tan adictivo y adorable, me dan ganas de comerte.
Un mordisco a sus dedos hizo a Tony volver en sí y retiro la mano rápidamente, yendo para atrás, pegando la espalda al cabecero de la cama.
—No hagas eso.
—¿Hacer que Tony? — Pregunto Steve mientras paseaba sus dedos por los tobillos de Tony, masajeando y tocando la piel, dejando rastros de su aroma en el cuerpo del omega.
—No soy él.
Steve inclinó levemente la cabeza y entrecerró los ojos.
—¿Él, quién? —pregunto con voz peligrosa.
Tony tragó.
—No soy mi padre, tampoco soy como él. Somos diferentes y eso te molesta, porque no me parezco a él. Y él te...
El agarre de Steve se apretó contra su tobillo y el corazón de Tony comenzó a latir por la cantidad de feromonas que había.
—Él ¿qué? — pregunto Steve advirtiéndole de hablar sin rodeos, Tony susurro las palabras prácticamente sin decirlas — ¿el que Tony? Repítelo.
—Él te gustaba...
Los labios de Steve asaltaron su boca antes de que pudiera siquiera levantar la mirada para enfrentarlo.
El beso fue voraz y agresivo, todo lenguas entrechocándose, succiones y dientes, enviando una clara de señal de apareamiento a la glándula omega de Tony. Cuando se separaron, Tony jadeo respirando y Steve lo tomo del rostro con ambas manos para que evitara girar el rostro arrepentido de lo que acababan de compartir.
—Nunca me ha gustado Howard.
—Es mentira.
—No estoy mintiendo, muy pocas veces lo hago y esta no es una de ellas. — repitió mirándolo fijamente. La duda impresa en los ojos café lo destrozaron— nunca he amado a tu padre. Era un gran omega si, porque servía a su país. Pero eso era todo.
Tony lo miro, cierta esperanza brillando detrás de su mirada que provocó aún más al alfa de Steve.
—De igual manera no podemos hacer esto, somos compañeros de equipo. — dijo a pesar de que todo su cuerpo vibraba porque el alfa lo tocara.
—Los únicos que decidiremos eso seremos nosotros— dijo pegando su frente contra la de Tony, con sus labios tan cerca que cuando Steve hablaba Tony los sentía rozarse. —No he podido resistirme a ti por mucho tiempo, no lo entendía antes, pero el hecho de que tu omega esté pidiendo tan desesperadamente por mí desde que nos conocimos hizo que no pudiera dejar de pensar en ti desde entonces.
—Solo quieres «controlar» las decisiones que tomo—Steve gruño.
—¡Decisiones que van a acabar con tu vida! — ladro Steve— ¿crees que mi alfa no ve que lo haces?, ¿por qué crees que debes martirizarte para que los demás noten que eres un omega que vale la pena? Esa no es la salida, cada vez que lo haces toda mi cabeza se vuelve loca, yo me vuelvo loco pensando en cómo protegerte, cuidar de que nada te pase.
Tony lo miro con los adorables ojos cafés abiertos de par en par.
—Pero, tú mismo lo has dicho, ¿Qué soy sin el traje?
—Lo eres todo Tony, eres el omega de esta manada, te necesitamos, te necesito. Me volveré loco si desapareces. Creer que puedes sentirte seguro y tranquilo a mi lado hace que realmente me excite y me sienta satisfecho. Sé que eres un omega duro, un Stark y vistes tu apellido como si se tratara de tu misma armadura. Pero quiero estar allí cuando la armadura falle, quiero protegerte y atesorarte. Poder ver esos ojos llenos de ansiedad pidiendo en un grito silencioso que te envuelva con mis feromonas y te dé tranquilidad. Te quiero a ti, te quiero como el omega que eres... el mío.
Tony tuvo que hacer un esfuerzo para que la mandíbula no se le afloje y caiga hacia el pecho. El capitán América lo quería a él. Como persona y como omega.
Como un omega.
¿Una posible pareja?
Sus orejas se sintieron calientes y sin poder evitarlo, las feromonas fluyeron fuera de su cuerpo ante aquel pensamiento. Steve fue más rápido que Tony, quien intento alejarse al sentir sus propias feromonas volando en el aire. Steve no le dejo opción cuando lo sentó a horcajadas unido sus bocas mientras sus manos se paseaban por la espalda de Tony acariciando y tocando.
Los dedos de Steve rozaron la zona más sensible de su cuello, donde se encontraba aquella glándula. Tony gimió dentro del beso por el contacto de las manos callosas con esa parte tan tierna.
—¿Serás mío Tony?
Tony lo miro con los ojos nublados de deseo.
El capitán América, el primer amor de su vida, estaba pidiéndole que fuera suyo.
—Nunca me dejes, nunca te olvides de mí, hasta que muera. Serás mío. Tómalo o déjalo.
—Jamás te dejaré Tony. Eres inolvidable.
Tony asintió con la cabeza y Steve lo tumbo sobre la cama quedando sobre él. Tony tragó con ansiedad y algo de miedo. Se recriminó a sí mismo por nuevamente temer tomar una decisión.
Y, sin embargo, se encontró a sí mismo bajando los ojos tímidamente y descubriendo su garganta hacia el Alfa que representaba Steve.
El Capitán gruñó y empujó su rostro contra el cuello expuesto de Tony, inhalando con fuerza, sus feromonas se espesaron y se volvieron tan abrumadoras que Tony gimió y abrió las piernas, dolorido de necesidad entre ellas.
La excitación fue tan repentina como abrumadora. Tony gimió, su cuerpo temblaba por la impaciencia y el torrente de hormonas.
Él quería. Quería... algo duro dentro de él. Quería a Steve. Que este alfa lo marcara por dentro y por fuera.
Una parte de él, aquella más lógica y estricta consigo mismo, le gritaba:
“¿Qué estás haciendo? ¡Es una locura!”
Pero Tony no pudo. El nudo en su estómago y la necesidad de un alfa, como nunca antes había tenido, era abrazadora. Las feromonas de Steve estaban enloqueciendo sus sentidos. No tenía idea de que era posible desear tanto, tan rápido, sentirse tan desesperado por ello, como si fuera a morir, si no metía a este alfa dentro de él, ahora.
Como si escuchara sus pensamientos, Steve le gruño en el cuello, su poderoso cuerpo vibrando con tensión, intentando sostener su propia necesidad.
—No te preocupes cariño, voy a cogerte tanto que estarás satisfecho, lo prometo. Estarás tan lleno de mi semilla que tendremos pequeños niños parecidos a ti corriendo por la torre en unos meses.
Tony gimió y sus feromonas se dispararon intentando que el alfa cumpliera su promesa. Se escuchó el sonido de la tela rasgándose, y Tony se dio cuenta de que el Steve debió rasgarle los costosos pantalones y la ropa interior, dejándolo desnudo debajo de la cintura. Cuando sintió las manos de Steve fuera de él, intento enfocar su mirada en el alfa, solo para ver al capitán deshaciéndose del traje militar y la camisa, además del inconfundible sonido del cierre bajando, atrajo su mirada.
¡Jesús bendito! ¿Aquello era un alfa dominante?
—Steve, espera...
Steve abrió sus muslos y empujó su miembro hacia él. Tony gritó, sus ojos se agrandaron y se desenfocaron, pequeñas lágrimas transparentes escaparon de sus ojos y fueron besadas por el alfa.
—Lo siento cariño, es solo que si me ruegas querré poseerte aún más. Querré hacerte llorar y pedir más—Steve empujo una vez y Tony llevo la cabeza para atrás.
Aquello había sido demasiado vergonzoso, porque acababa de correrse. Intento girarse para esconder la cara entre las almohadas, pero sus manos fueron apresadas por Steve, obligándolo a permanecer cara a cara.
—Quiero verte Tony, eres increíblemente adorable, cuando lloras y suplicas.
Tony sentía absoluta vergüenza, pero al mismo tiempo se sintió tan bien. La gruesa longitud en él probablemente le habría dolido aún más si no estuviera tan mojado, tan listo para ello. Sus paredes apretaban a Steve en él con avidez, y gimió, impaciente por más.
Y Steve le dio más.
Comenzó a embestirlo, duro y rápido, gruñidos animales salían de su garganta mientras su miembro entraba y salía del cuerpo de Tony.
—Oh cielos, Tan bueno, muy bueno Steve —Tony gemía y gruñía con cada poderoso empujón. No podía tener suficiente, apretando alrededor del gran eje en él, sus uñas hundiéndose en la musculosa espalda del alfa, dejando una marca que sería evidente para todos, instándolo a seguir. —Sí, por favor, ¡más!
Steve besó el cuello y los hombros de Tony mientras este se sacudía en temblores y gemía de manera deliciosa.
—Prometo cariño — susurro entrecortadamente Steve contra la piel canela de manera agitada — qué te haré el amor de manera lenta después, pero ahora necesito tenerte, poseerte...
Tony emitió un jadeo de placer cuando Steve se estrelló nuevamente contra su próstata. Debería haberse sentido aterrado. Debería haberse sentido desesperado por entregarse tan rápido y tan necesitado. No debería haber estado gimiendo y apretando alrededor del miembro de ningún alfa, rogando por más.
Pero no pudo detenerse.
Sentía que moriría si el capitán dejaba de embestirlo. Sentía que podría morir felizmente después de esto, como un omega feliz, amaba esto, necesitaba esto, quería esto más que nada... Tony se arqueó, empujando más sobre el miembro que golpeaba en él.
—¡Ah, más profundo Steve! —Sabía que ese comentario no tenía ninguna lógica, no había forma posible de que el capitán pudiera llegar más profundamente, estiró las manos sobre su vientre firme y prácticamente podía sentir la forma en que el grueso eje entraba y golpeaba la parte interna de su estómago, pero de alguna manera no era suficiente. Necesitaba... necesitaba...
—Llenaré tu vientre de cachorros hermosos como tu Tony. Lo prometo, los que quieras, mi amor.
Tony tembló.
—¡Más! — Tomando a Steve de los hombros mientras el alfa lo acercaba y movía a su antojo.
Steve lamió la unión de su hombro y su cuello gruñendo y aspirando con fuerza su aroma. Tony apretó su canal para otorgarle más placer al alfa. Gimió cuando el nuevo ángulo llego más profundo en su interior.
Steve gruñó y dentro de la bruma del placer hundió los dientes en la glándula de feromonas, y el mundo de Tony explotó, sus sentidos se aceleraron, ola tras ola de placer lo invadió. Tony se corrió con un sollozo, apretando y drenando en su interior el miembro de Steve, con fuerza.
Su cabeza giró como un carrusel sin frenos, aquello era tan bueno.
El capitán se puso rígido, y luego Tony sintió que el grosor del eje en él crecía, de manera placentera pero alarmante.
El líquido caliente estalló dentro de él.
Tony abrió los ojos aturdidos y miró al techo intentando hilar los sucesos para entender lo que estaba sucediendo.
La sensatez le llego en forma de otro orgasmo que lo hizo temblar.
Steve lo había anudado, llenándolo de su semen.
Lo había anudado.
—Steve, ¡Steve! Qué estás haciendo —pregunto repentinamente con terror en los ojos.
—Quédate quieto Tony, vas a lastimarte. No pasa nada, cariño, todo está bien.
—¡No está bien! Estoy asust... —Tony cerró la boca al instante. Él nunca debía estar asustado. Él era un omega Stark.
—Está bien tener miedo, Tony. Es natural.
—Yo... —Steve se abrazó a él y se acomodó. Debían esperar a que el nudo baje para poder moverse con libertad.
—Shhh... Estamos unidos ahora, Tony. —dijo besando la marca de mordida qué había dejado. — te pertenezco y me perteneces.
—¿Cómo puedes estar bien conmigo, Steve?
—¿Por qué no lo estaría? —pregunto rozando la nariz contra el cuello de Tony, impregnado con su aroma.
—Porque soy yo.
—Es porque eres tú que me siento fabuloso. Si fuera otro, me sentiría mal por haberme dejado llevar de esta manera como si fuera un animal. Tú eres el indicado, me siento seguro de poder ser como deseo ser. Eres el omega qué mi alfa busca, para proteger, amar, cuidar y procrear. Eres lo que siempre busqué y necesité. Toda mi vida quise proteger a los demás, y por más que lo hacía, era solo una pieza reemplazable, tal y como lo dijiste, no soy especial “vengo de un tubo de laboratorio” eso puede ser re-sintetizado. Pero tú, tú me has amado toda la vida, ¿no es cierto? Soy irreemplazable para ti y tú lo eres para mí. Déjame amarte Tony.
—Steve... —Tony, dudo un segundo —Mi mundo es difícil, lleno de personas con esperanzas puestas sobre mis hombros, expectativas qué cumplir. La lengua de la gente es tan filosa qué corta el alma. Es difícil y tú tienes que adaptarte infinitamente a este mundo.
—No te preocupes por mi Tony...
—Me preocupo, porque finalmente si te quedas a mi lado no puedes soportar la vida que llevo, me odiaras. Odiarás qué estás enlazado conmigo. ¡Estás enlazado conmigo! ¿Qué has hecho Steve?...
—Shhhh tranquilo amor, he enfrentado muchas cosas en mi vida Tony. Créeme, estoy dispuesto a luchar por esto.
Steve se acercó y beso los labios rojos e inflamados de Tony mientras su miembro se deslizó fuera del omega. Tony tragó con dificultad y Steve vio esa mirada de ansiedad. El capitán amaba esa mirada porque sabía que él podía calmarla.
—No ha salido nada. Si tu útero lo absorbió por completo, probablemente tendremos sorpresas bonitas.
—¿Cómo puedes estar tan tranquilo?—Pregunto un tanto alterado, frotando su estómago.
—Porque es algo que deseo y tú también.
—Soy un omega viejo, probablemente no este en espera.
—¡Oh cariño!, lo estarás, créeme. Soy un alfa dominante. Y tu cuerpo reacciona positivamente a mí, lo he visto un montón de veces. Lo has tratado de esconder, pero sé que te excitas cuando estoy cerca y las palabras «padre o bebés» están en una oración. Tu cuerpo lo quiere y lo anhela.
Tony respiró para tranquilizarse.
—Quien eres tú y que le has hecho al Steve mojigato.
Steve rio y Tony se mordió el labio ante lo bien que sonaba la risa del Capitán América.
Steve se colocó nuevamente sobre Tony. Su miembro comenzando a despertar.
—Tienes un arma ahí, ¿lo sabes?
—Planeo usarla contigo. —dijo depositando besos en los hechos de Tony.— te prometí hacerte el amor de manera suave. Quiero cumplir esa promesa ahora.
—¿¡Ahora?!
—Ahora.
— Quien eres y que le has hecho a Steve...
—Soy el mismo Steve, Tony, solo que ahora contigo puedo dar rienda suelta a decenas de años sin tirarme a nadie, es esa tu burla de siempre, ¿no?. Pero ahora tengo a mi omega listo y dispuesto aquí. Esperando a que pueda dejar mi semilla en él.
Tony respiro profundo cuando los dedos de Steve se metieron en su interior. Probablemente, estaría entrando en corto circuito en la mañana. Pero él tendría a un alfa a su lado, uno para protegerlo y calmar sus miedos omegas.
Tenía al capitán América, el primer vengador. Su primer amor.
Fin.