El enamorarme de ella
Jamás se imagino estar en una situación así. ¿Estar de novio con una chica tonta? Es decir, solía burlarse de la gente estúpida, le estresa su existencia porque no tiene mucha paciencia para la gente.
Pero para Sarah Clearwater tenía paciencia y mucha.
El día que se dio cuenta que le gustaba directamente creyó que estaba enfermo.
Estaban en clase de pociones, Snape los había puesto juntos por alguna razón que agradece, el trabajo era individual pero se permitían ayudas, por eso eran las parejas.
Ella había logrado la poción, de una manera muy extraña. se le caían las cosas, se confundía de tarros, de la nada se ponía a hacer otra cosa y antes de que se acabará el tiempo se le cayo pluma dentro del caldero, pero logró hacerla, eso le había llamado la atención, antes realmente ni siquiera la tomaba mucho en cuenta.
Sarah era mayor que el, apenas un mes, estaba en Ravenclaw y es la hermana menor de Penélope Clearwater, una prefecta de la misma casa, era bonita, para que decir mentiras, Tenía el cabello hasta la espalda baja, muy suave, olía a caramelo quemado, era castaño como el de él y abundante, tenía largas pestañas y labios pomposos y siempre tenía las cejas con los pelos para arriba, pero había algo que hacía que no le pudiera gustar ni para estar en la cama una noche. Es demasiado tonta.
De hecho, una vez intento tener algo íntimo con ella, le gustaba el juego previo de conquistarla pero la chica era demasiado ingenua. Empezó suave, se paró tras ella y toco su cabello, la chica se volteo confundía y él solo le quedó viendo fijamente.
— Que lindo cabello tienes. —alago con simpleza.
—Gracias. — Contesto con la misma simpleza y una sonrisa incómoda, le alzó los pulgares y se fue con una de sus amigas.
Fue algo raro.
La segunda vez que lo intento se sentó a su lado en historia de la magia y empezó a sacarle plática, la chica parecía perdida antes de que él llegara.
— ¿Qué opinas de la revolución de la duendes? —Pregunto creyendo que eso le interesaba pues miraba con ilusión la pizarra.
— Nosé, no me he leído el libro. —Le sonrió y saco unos colores de su estuche, saco un libro que tenía y empezó a colorear.
Theodore le miro raro, luego miro a su amigo Mattheo, que se burlaba de él, pero no se rindió, Sarah era muy bonita como para rendirse con ella por una actitud tan rara.
Rodeo sus hombros con el brazo, y al no tener una reacción negativa trato de endulzar su oido pero ella solo dijo.
— Dices cosas muy raras. — Ella recibió un suspiro de él y alzó las cejas, luego apretó los labios jugando con el color en su mano.
Se rindió después de eso, el no está detrás de un mismo trasero por más de 3 días.
Después solo la miraba de ves en cuando, literalmente era una chica muy en su mundo, no parecía interesada en nadie aparte de sus amigas, era despreocupada y alegre, tenía la costumbre de hablar durante toda la clase, así que nunca ponía atención, el creía que lo único que sabia con seguridad eran las cosas básicas... Cómo leer.
Pero había una clase que a ella le gustaba en particular, parecía la única en la que le interesaba participar y poner atención, en transformaciones, era la única en la que destacaba.
No quería que ella le gustará, ni un poco, para algo sexual increíble, pero para algo serio... Definitivamente no, quería a una chica lista, no a una que ni siquiera sabía usar una escoba.
Así que fue una desgracia para él darse cuenta que estaba comenzando a verla de más, empezó con miradas repentinas, luego se volvieron más y más, hasta que empezó a notarla realmente.
Era una chica increíble a primera vista, alegre y cariñosa, abrasaba a sus amigas, las escuchaba, y le sacaba una sonrisa a más de uno, no por graciosa, si no porque te hacía sentir bien, era fácil que se ganará tu confianza.
— Te gusta. —Dijo Mattheo mirando a la chica, ella estaba hablando con sus amigas en el comedor. —Eres un lunático, ni siquiera hablas con ella... Y se supone que no es tu tipo.
— Es que no es mi tipo ¿Como demonios se llama esto?
— Almas gemelas. —Dijo con tono burlón.
—No digas idioteces...
Creyó que solo era simple atracción, algo físico, empezó a escucharla para que se le quitara, decía muchas locuras y no sabía dónde estaba parada... Pero era encantadora, genuinamente te hacia feliz, te hacía sonreír, cuando se le acerco sin mala intención pudo notar lo buena persona que era.
— Es hija de Muggles...—Dijo Draco con asco.— No puedo creer que quieras algo con ella, hasta para esas cosas hay que ser selectivos Theodore.
—No me voy a casar con ella relájate, solo digo que es...Nosé. — No tenía intensiones realmente de descifrar como se sentía con respecto al repentino sentimiento .
—Mejor que nunca lo sepas, y si lo descubres no me digas, que asco de verdad.
Que no se note que sus amigos no tenían mucho que decir, es que ¿Que le dirían?
Sarah era una chica común, realmente ninguno antes se había interesado por ella por más linda que fuera, no por malo, si no porque ella no se prestaba para una visión más... diferente, solo la podían ver como una compañera, incluso Mattheo se sentiría mal si una noche solo la deja después de hacerlo, era muy buena gente.
Theodore fue el único loco que un día solo la empezó a ver con otros ojos.
Un día iba caminando, con sus amigos estaban pasándose una pelota, de esas que usaban para los partidos, Lorenzo empezó a tirarla con brusquedad y ellos le siguieron el juego mientras corrían por un pasillo, ella veía caminando con Padma Patil, cuando al doblar una esquina del pasillo por quererle dar a Mattheo la pelota le golpeó la cara a Sarah.
— ¡Son unos idiotas! —les dijo Padma, mirando si ella estaba bien, estaba sangrando por la nariz.
Los chicos se pusieron incómodos, solo Lorenzo pidió disculpas pero Theodore se le quedó viendo apenado.
Sus lindos ojos de angel estaban brillando mientras miraba al cielo, la sangre escurría por su nariz y manchaba su uniforme.
— ¿Te duele? — Pregunto Lorenzo.
—No, siento cosquillas. —Dijo con el ceño fruncido. —Estoy bien, solo fue el golpe.
—Vamos, te acompaño a la enfermería. —Dijo Padma.
Cuando estaban a unos cuantos pasos Mattheo le susurró a Theodore.
—Ve con ellas, no vaya a ser que le digan al profesor Flitwick, sabes cómo se pone con sus estudiantes.—Le susurro.
— ¿Por que yo?
— porque tú le tiráste la pelota. —Lo empujó repetidamente, haciendo que resignado fuera con las chicas.
Troto hasta ellas, convenciéndose de que lo hacía por no tener problemas.
—Oye, lo siento mucho. —Dijo parándose a su lado.
— No te preocupes, no creo que lo hayas hecho adrede. — Murmuró suavemente sin verlo, mientras se tapaba la nariz que seguía goteando.
—Oye, ¿Te importa si yo la acompaño? —Le dijo a Padma, quería quedarse solo con ella.
—¿ Es lo que estás haciendo ahora, no?— Pregunto con aparente duda.
¿Que les pasa a las de Ravenclaw? ¿No que eran las más listas de Hogwarts?
— Seré directo. —Le dijo después de suspirar, ya se había estresado. — Quiero quedarme solo con ella.
Padma lo miro con los ojos abiertos y luego miro a Sarah, que ni siquiera estaba pendiente de ellos, simplemente se sobaba la nariz, Padma miro a Theodore, que la asustaba con esa mirada distante y fría, el chico tenía unos ojos intimidantes, ella asintió y se fue, Theodore rodeo los hombros de Sarah con su brazo y está lo miro extrañada.
— No le diré a nadie que tú me tiraste el balón, puedes relajarte, no hacía falta que me acompañaras.
— Lo hago porque me siento mal, no le busques mucha importancia.
¿Un poco frio? Claro que si, pero ya no la estaba cortejando, la trataba bien por ser una chica, pero no necesitaba que sintiera calor.
Estuvieron callados por el camino hasta llegar a la enfermería, Ella se sentó en la camilla a esperar a la señora pomfrey mientras él se cruzaba de brazos acompañándola.
— ¿La sangre cuesta para quitarse ?— Pregunto queriendo hacer plática.
— ¿Por que sabría eso? —La manera de sacar conversación de él era bastante brusca cuando no le interesaba alguien.
— Eres amigo de Mattheo Riddle, es sabido que se pelea seguido, pero nunca veo su uniforme manchado. — se acomodó el cabello detrás de la oreja, la mirada de Theodore no era fácil de mantener, pero aún nerviosa lo hacía.
— deberías preguntarle a él.
Su respuesta hizo que ella suspirara y se quedará callada mirando a todos lados menos a el, pero el si mantenía su mirada en ella, se sentó en la camilla del frente mirándola.
Sarah era una niña muy linda en verdad, tranquila y cero conflictiva, su cabello largo se movía a medida que ella se mecía en la camilla esperando, volvió a sentir pena al verla con la nariz manchada. Mientras la atendían notaba que el nerviosismo no era solo con el, parecía ser solo parte de su personalidad, es más, creía que no era nerviosismo, era su forma de ser amable.
Vaya forma.
Cuando terminaron de atenderla, ambos se fueron por la puerta, tenían clase de adivinación así que fueron juntos.
— No me gustan los silencios. —Le admitió ella, haciendo que el la mirara. — Se que no somos amigos ni nada pero a mí me gusta hablar.
— Hablar locuras. —Dijo el, parecía tener intensión de ser tan brusco como para que ella retrocediera a la idea de que pudieran entablar una conversación, pero contrario a lo que él pensaba que obtendría de ella, solo se ganó una sonrisa suave y una mirada agachada.
—Si, si, me entretengo bastante así ¿Tu no has dicho locuras alguna vez?
El admitir que ella le podría gustar era la locura suficiente, trato de sobre llevar las cosas, estarían caminando juntos por 10 minutos al menos, y tampoco era tan de los silencios incómodos.
Pronto empezaron a hablar con fluidez, ella sabía armar una conversación profunda a partir de cosas pequeñas o que se considerarían fuera de lugar, ella me hablaba como si fueran amigos... Y eso en cierta manera lo hacía sentir... Extraño mal.