Capítulo único
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Dedicado a Alejo.
Bill estaba desesperado en este punto. De algún modo era inmune a los zombies, lo supo cuando fue en búsqueda de sopas instantáneas para comer, y uno le mordió el hombro, recordó el pánico que sintió por horas, creyendo que sería su fin, incluso con la mano temblando mientras sujetaba la pistola metiéndosela a la boca, sin atreverse a apretar el gatillo con lágrimas en los ojos…
Hasta que finalmente lo supo, que el efecto de la mordida de un zombie era instantáneo, así como les pasó a sus padres y él tuvo que matarlos. Pero no… Bill logró correr evitando que el zombie se lo comiera, aunque no es como si aquel ser demostrara algún interés real en él, fue como si al morderlo se diera cuenta que no sabía bien porque lo dejó.
Y ahora no se había convertido en nada. Por una parte sintió tranquilidad, porque la verdad le aterrorizaba ser un zombie, sin embargo, por otro lado, Bill se sentía terrible al darse cuenta que no servía ni para volverse zombie, que sabía mal, y seguiría en soledad.
Todos los días trataba de escuchar la radio, a ver si encontraba alguna señal de vida de algún sitio, pero no. Puro silencio. A veces se preguntaba si realmente era el único sobreviviente o no. No sabía cuánto tiempo más sobreviviría a bases de sopas instantáneas y lo que buenamente pueda saquear de algún supermercado. Igualmente luego si se acababa iba en búsqueda de otro. Los zombies no eran tan rápidos, y más bien eran estúpidos, así que ni siquiera servían como compañía, si es que él se cansara de solamente hablar consigo mismo como un esquizofrénico. Ni siquiera tenía una mascota como para hacer llevadera su existencia, aunque luego recordaba la película “Soy leyenda” y se estremecía al pensar que eso pudiera pasarle a un animal de compañía.
Pero ahí estaba Bill, dibujando como loco mientras se lamentaba de su soledad. No podía escuchar música… No había luz hacía mucho tiempo. Así que su mejor forma de lidiar con su realidad era a base de recuerdos, de cosas que antes veía, haciendo malos chistes en viñetas absurdas que sólo a él le daban risa. Y siempre se repetía el mismo personaje en todos… Un chico con rastas rubias y ropa ancha, con una sonrisa traviesa y piercing en el labio. Bill suspiró, él siempre estuvo enamorado de Tom Kaulitz en la escuela, pero nunca se animó a confesárselo, no es porque Tom no fuera gay, lo era, abiertamente de hecho, el problema radicaba en que Bill no era popular, era el chico fracasado y raro, que escuchaba música “satánica”, era emo, y le gustaba los chistes de muertos, o cosas así.
Sí, Bill amaba el gore, las caricaturas grotescas, y todo lo oscuro (ya sea canibalismo, asesinatos, fetiche con sangre o necrofilia). Y un día es que el resto se enteró, cuando encontraron su cuaderno con dibujos…
Desde ahí bastó para que le dijeran que era un enfermo, y si bien Tom nunca lo hizo, tampoco era como si creyera que podría tener oportunidad alguna de salir con él.
Luego vino el apocalipsis y tuvo que matar a sus padres, habían pasado dos años de eso, ya tenía dieciocho años, y vivía solo. Bill pensaba si Tom habría sobrevivido, o si se lo habrían comido o tal vez era un zombie, porque sería muy irreal pensar que era inmune como él. Siempre lo amó, incluso sólo viéndolo de lejos, y siguiéndolo en silencio en redes. Ni siquiera podía ver sus fotos porque su celular perdió la carga.
Así que en los dibujos que hacía el protagonista era Tom en diversos escenarios.
Bill giró su cuello con brusquedad cuando escuchó un ruido afuera. Frunció el ceño, fijándose por la ventana y vio cómo un zombie se había caído dentro del tacho de basura. Bill bufó, como si no fuera suficiente con lidiar con zombies, tenía uno más estúpido, pero… ¿Se quejaba? Sí… Bill escuchaba cómo se quejaba aquel monstruo.
Bill salió de su casa, jalándole por las piernas al zombie, y fijándose que quien estaba sucio con basura era…
—Tom —habló Bill, notando que en efecto, el adolescente que tenía frente a él era su crush convertido en zombie.
—¿Bill? —preguntó el de rastas, quitándose la basura de encima con dificultad, y sacando un pedazo de plátano que se le había metido en la cuenca vacía su ojo.
—¿Puedes hablar? —inquirió Bill, notando que a pesar de su piel verdosa, hedor y hasta larvas que tenía, Tom realmente estaba hablando.
—Poco —respondió Tom.
Bill lo abrazó contra sí, sin importarle que apestara terriblemente, pero era lo más parecido al contacto humano que tenía luego de dos años. Tom le correspondió al gesto, porque él mismo no podía comunicarse con otros zombies, luego de ser mordido, pensó que moriría pero no, se mantuvo con vida, y era el único que hablaba, mientras que el resto no, así que no tuvo contacto con nadie en bastante tiempo, sólo supo que perdió un ojo porque se lo sacaron con un cuchillo creyendo que él quería atacar a alguien, y no…
Dolió como los mil demonios, pero ya se había habituado a tener varias partes faltantes, como un hueco en su abdomen, y algunas partes donde se le notaba la carne podrida y hueso. No podía morir, así que se alimentaba de lo que encontrase, pero a Bill no lo olía como alimento.
Cuando lo soltó, es que el chico emo lo jaló hacia su casa.
—Ven, te ayudaré a asearte —ofreció Bill, que en realidad había visto tantos vídeos de cadáveres, autopsias y demás, que no le molestaba la apariencia de Tom, por más que era notorio que se estaba pudriendo en vida, pero sí quería ayudarlo con su ropa que estaba sucia, rota, con sangre seca y basura, y ver lo que buenamente se podría hacer con él.
Tom se sentía aún un poco aturdido, porque no tenía la misma claridad mental que poseía cuando era un humano, pero Bill era bueno, un chico emo amable de la escuela que le gustaba, eso era lo único que sabía del muchacho, y que al menos no le quitaría partes como otros humanos.
Así que cuando Bill se metió a la ducha con él, quitándose la ropa y haciendo lo mismo con él, es que Tom igual se dejó hacer, siendo jabonado por Bill en cada parte de su cuerpo con mucho esmero, observando con su único ojo cómo el agua que salía de su cuerpo era negra verdosa…
Bill sentía que estaba viviendo su fantasía, claro, Tom olía mal, pero sentía que con una buena bañada con agua, jabón y luego perfume, podría dejarlo muy presentable. Admiraba su cuerpo, que lucía verdoso, tenía huecos… Pero seguía siendo el chico más bonito que había visto en toda su vida, incluso con las larvas que se notaban en algunos de sus orificios. Incluso su pene se veía bien… Algo roído, sí, pero aquello no lo amedrentaba, ni que su piel fuera un poco más suave por el estado de descomposición que tenía, bastaba con tener cuidado para no maltratarlo más.
Bill puso especial esmero en su trasero, el cual así estuviera verde, seguía manteniendo esa forma tan deliciosa que se dejaba ver en los shorts cortos en Educación física… Las veces que había fantaseado con metérsela al de rastas no era algo saludable, lo sabía. Incluso ahora, no dejaba de tocarlo con un poco de morbo ya que por fin rozaba el cuerpo de su crush, a pesar de que llevara dos años muerto.
Después de terminar de bañarlo, Bill se aseó rápidamente para ponerle una toalla a Tom, y a él mismo, lavarse ambos los dientes, e ir a la habitación, donde se secó para ponerse la pijama, y luego secó con suma delicadeza a Tom, para después sacarle un par de mudas.
—¿Esto está bien? Sé que prefieres ropas anchas, pero lo más ancho es la ropa de maternidad de mi mamá, que no creo que te guste —comentó Bill, mostrándole una camiseta de Taz y unos pantalones de Hello Kitty.
—Mejor eso que desnudo —respondió Tom, intentando vestirse por sí solo, pero casi cayéndose al hacerlo, por lo que Bill lo vistió con cuidado.
—Vaya, sí que estás cagado —soltó Bill, cuando lo sentó en la cama una vez estaba con el pijama.
—Es duro ser un zombie —contó Tom, y Bill lo miró mientras hablaba—. No conversaba con nadie desde que mis padres me mordieron y luego desaparecieron.
—Lo lamento mucho, Tom —respondió Bill, sintiéndose mal por ello, porque si bien él pudo matar a sus padres, que también le dolió en el alma, lo hizo para no ser mordido por ellos, mientras que Tom no corrió la misma suerte.
—Por eso me pone feliz estar aquí —dijo Tom, con una sonrisa de medio lado, ya ni tenía el piercing en su labio, probablemente se le cayó por el pequeño hueco que tenía ahí, pero igualmente Bill sentía mariposas en el estómago al escucharlo decir eso.
—Siempre me gustaste —confesó Bill, levantándose, encendiendo una vela y llevando sus dibujos—. Mira… Hice tantos dibujos de ti… —comentó, señalándolos y Tom veía con su único ojo el arte del chico emo, sintiendo que tal vez si su corazón latiera estaría acelerado.
—También tú —masculló Tom, sintiéndose tan halagado porque el muchacho que le gustara siempre estuvo enamorado de él—. Yo… Lamento que no podamos haberlo dicho cuando estaba vivo. Ahora soy un asco —soltó el de rastas, sintiéndose triste y bajando la mirada, porque si bien aún tenía otra clase de deseos, era evidente que Bill no querría estar con él siendo un zombie.
Bill lo sujetó por el rostro, haciendo que lo mirara.
—No digas eso. Me sigues pareciendo el chico más hermoso del mundo, incluso ahora —le aseguró Bill, acariciándole las mejillas frías y verdes del cadáver frente a él, observando un poco de brillo en su único ojo.
—¿En serio? —inquirió Tom, no pudiendo creer que no lo encontrara asqueroso.
—Sí… —respondió Bill para acortar la distancia y besarlo, pero no duró mucho tiempo… Cuando sintió algo moverse contra su lengua, aparte de la lengua del zombie, se separó y lo sacó de su boca, vio que era un gusano.
—Lo siento —se disculpó Tom, que de poderse sonrojar lo habría hecho.
—No es nada un poco de sabor a gusanito —restó importancia Bill, besándolo con boca cerrada, disfrutando del roce de sus labios, a pesar de que no tuvieran la tibieza o suavidad de antaño, igualmente eran lo más deliciosos que hubiera probado antes.
—¿Quieres que te la chupe? Creo que perdí el reflejo nauseoso con mi úvula que se me cayó hace un año —ofreció Tom, después de que Bill dejara de besarlo.
—Oh… ¿En serio? Eh, claro —dijo Bill, que sí, quería tener sexo con Tom, a pesar de que podría considerarse necrofilia… Pero era consensuado al menos.
—Perdón es que me muero por chupar pene —dijo Tom, agachándose y bajándole el pantalón, mostrando la erección de Bill, que sí, incluso con el beso se había excitado, y Tom estaba sumamente feliz de ver ese miembro tan rojizo y cuerpo blanco, tan… Vivo, por lo que se metió de golpe el pene de Bill, comenzando a chupar.
Bill jadeó y sujetó sus rastas, viendo cómo el zombie se metía y sacaba su polla de la boca, genuinamente sin tener ningún reflejo nauseoso porque le estaba haciendo garganta profunda. Tom chupaba con fuerza, sin usar dientes, disfrutando mucho sentir aquella calidez en su boca, imaginando cómo se sentiría tener esa verga en otra parte de su anatomía…
Cuando se lo sacó un rato de la boca, notó con fastidio cómo nuevamente las larvas se habían posado sobre el falo de Bill.
—No te sientas mal… Son cosas que se quitan y ya —dijo Bill, sacando las larvas de su pene.
—Sí… Pero es que están en todo mi cuerpo —soltó Tom, sintiéndose apenado por ello.
—No importa. ¿Me dejas hacer algo? —preguntó Bill sonrojado.
—¿Qué? —inquirió Tom, viéndolo desde abajo.
—¿Te duele cuando te entra algo a la cuenca del ojo? —interrogó Bill.
“Oh”, pensó Tom. —No siento dolor.
—¿Puedo…? —Bill no terminó la pregunta, pero Tom entendió, asintiendo.
Bill tragó saliva, y se escupió en la mano, comenzando a masajear su pene, para luego sujetar el rostro de Tom con una mano, y guiar su erección hacia su cuenca vacía, no entraba por completo era evidente… Sin embargo, por más que era lo más enfermo que había hecho… Es lo primero que pensó al ver ese orificio de Tom, comenzando a meter y sacar su pene, sin introducirlo por completo, pero disfrutando profanar ese hoyo que no era para hacerlo.
Bill mismo era virgen, y jamás pensó que su primera vez sería con su crush muerto, y metiéndosela por la cuenca vacía de su ojo, pero no duró mucho más, debido a la mamada previa, antes de correrse dentro de la cuenca.
—¡Lo siento, lo siento! —se disculpó Bill, viendo entre excitado y asustado cómo su semen salía de la cuenca vacía de Tom, el cual acercó sus dedos hacia la zona, y vio el esperma, saboreando esos mismos dedos.
—No sabe mal —comentó Tom, mientras Bill corría por pañitos húmedos para limpiarle toda la cuenca.
Después de terminar, es que lo acomodó en la cama, y se echó a su lado.
—Lo siento, fui muy egoísta al hacerlo así —repitió Bill, viendo a Tom.
—Yo acepté. También lo hubiera hecho de tener la oportunidad —confesó Tom con una sonrisa—. ¿No quieres intentarlo por otro lado? —inquirió el de rastas.
Bill tragó saliva. —¿Te refieres a hacerlo?
—Sí —respondió Tom.
Bill le quitó la sábana de encima, y se lanzó a él, besándolo nuevamente, sin profundizar, para después ir bajando por su cuerpo, saboreando la piel verdosa sin asco… Era Tom, y no importaba las circunstancias, así que buscó sus pezones, chupándolos con cuidado para no arrancárselos al ser muy brusco, notó cómo Tom lo veía, más que nada hipnotizado con la imagen de Bill adorando su cuerpo, incluso en ese estado. Tanto así que empezó a sentir que su miembro reaccionaba, ¿era posible? Si ni siquiera tenía sangre recorriéndole las venas, pero sí… Sentía que su miembro se endurecía.
Bill se separó de él, notando que el pene de Tom se alzó.
—Vaya… ¡Tuviste una erección! —gritó Bill, emocionado.
—¡Sí, entonces métemela! —pidió Tom, y Bill asintió, entendiendo que sería más fácil ahora que ambos estaban excitados.
Bill ni siquiera tenía lubricante, no era que uno pudiera conseguirlo con facilidad, al ir a la farmacia sólo sacaba cosas de primera necesidad, y las pajas las hacía con su saliva, se quedó pasmado un rato en medio de las piernas de Tom.
—¡Sólo hazlo, no me va a doler! —rogó Tom, el cual no sentía dolor, así que esperaba que tampoco fuera gran cosa el que preparasen un cadáver para ser penetrado.
Bill asintió, y con temor, comenzó a hundirse en el interior de Tom y siseó… Era cierto, si bien apretaba no era doloroso, se sentía suave y rugoso por dentro, Tom se arqueó… No sentía dolor, pero sí sentía un placer indescriptible recorrerle su pútrido cuerpo.
Bill sujetó por la cintura a Tom, comenzando a embestirlo, mientras el zombie abría más sus piernas, dejando que Bill lo moviera sobre su pene, blanqueando su único ojo, mientras se aferraba a las sábanas. Y Bill estaba maravillado al sentir el interior frío y gelatinoso de Tom, no tenía con qué compararlo, pero no le interesaba… Siguió dándole estocadas mientras apretaba su cintura, observando cómo se veía sus costillas por uno de sus orificios, sin embargo, decidió concentrarse en la presión de su rostro verdoso, en cómo se mordía el labio inferior, con un gusano saliéndole de su cuenca vacía…
—Me lo estás dando tan duro que siento que voy a volver a la vida por tu verga —soltó Tom, golpeándose la cabeza conforme Bill seguía arremetiendo en su interior.
Bill rió. —Un RCP por el culo —soltó el moreno siguiendo la broma.
—Ya ni me late el corazón pero sí tu pene dentro mío… —acotó Tom, genuinamente disfrutando de cómo era llenado por Bill, incluso sintiendo cómo su propio pene chocaba contra su vientre, como si fuera a eyacular.
Bill siguió metiéndosela con fuerza, hasta que Tom lo apretó más que antes, por lo que se corrió en su interior, y el de rastas se arqueó, haciendo que su pene explotase… No literalmente, pero sí eyaculara algo verdoso que apestaba terriblemente. Bill se salió y se tapó la nariz.
—Lo siento —pidió Tom, poniendo un puchero.
—No te preocupes, te limpio y quedas como nuevo. O bueno, al menos de segundo uso —bromeó Bill, yendo por toallitas húmedas.
Tom asintió, sentándose con dificultad en la cama. Disfrutando de que al menos tuviera algo de humanidad al sentir amor, incluso aunque su corazón no pudiera latir.
Bill ya pensaría en formas de conservar el cuerpo de su amado, y quizá poniéndose tapones en la nariz mientras lo hacían, pero se sentía muy feliz de por fin no estar solo, y justo hoy, que era San Valentín.
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