CHAPTER 01: Intruder
CHAPTER 01: Intruder
Abre la puerta de su apartamento con un suspiro de cansancio, ese día los niños estuvieron más hiperactivos de lo usual, bastante emocionados con la llegada de Navidad y las fiestas decembrinas. La escuela organizaba un evento para todos ellos el último día de clases, él iba preparando con los niños adorables manualidades que iban a intercambiar entre ellos para el día del evento. Por esas razones su cuerpo estaba entumecido de fatiga y sus ojos ardían ansiando descanso con desesperación.
Colgó sus llaves en el perchero y encendió la luz de su sala de estar, se quito la bufanda, el gorro y todas las capas de ropa que lo mantenían cálido contra el frío infernal que azotaba las calles de Seúl. Cruzó hacia su cocina encendiendo la luz de esta para poner agua a hervir, deseaba en sus manos una taza de té con limón caliente y un par de galletas de mantequilla hasta que llegara la hora de prepararse la cena.
No supo como pudo dejar pasar los pequeños detalles diferentes en su hogar a como lo había dejado cuando salio temprano en la mañana, había cosas fuera de lugar y una taza de café terminada estaba en el mesón de la cocina, el azúcar estaba afuera de su lugar habitual, al lado de la taza de café y destapada.
Él nunca dejaba cosas fuera de lugar.
Su corazón comenzó a latir desenfrenado, sus oídos zumbaban con el sonido de sus fuertes latidos y su piel se puso de gallina cuando noto el cambio en el aire, el cambio a su alrededor, fue entonces cuando lo vio...
Salió con lentitud de la penumbra que era su habitación, su cabello algo largo del color carmesí de la sangre, su piel pálida y sus ojos...sus ojos eran negros como si estuviese siendo absorbido por la oscuridad de un agujero negro con solo verlos, no había iris, eran negros y grandes, tan negros como los cuernos que sobresalían de entre sus cabellos por los lados de su cabeza.
Quería gritar, pero su voz no salía. Entonces él sonrió.
Y la oscuridad lo tomó en sus brazos.
[...]
Abrió los ojos lentamente y su mirada dio directo hacia el techo de su habitación, se quedó un momento acostumbrándose a la quietud de su cuerpo, la ropa que traía puesta era la misma con la que había llegado de la escuela, se sentía incomoda en su cuerpo y empezaba a fastidiarle.
¿Por qué no había tomado una ducha cuando llegó?
Gruñó con fastidio retirando las sábanas que lo envolvían, se sentó y comenzó a quitarse sus pantalones junto a sus medias, los metió en la canasta para ropa sucia que tenía y salió de ahí con el pensamiento de llenar la bonita bañera por la que tomó ese apartamento.
Así fue como lo volvió a ver y como recordó todo, él había estado en la cocina cuando lo descubrió a ese...lo que sea que fuese, ese intruso dentro de su hogar y que incluso había hecho una entrada sorpresa que lo espanto.
Ese mismo intruso tenía un delantal amarillo patito de cuadros mientras se movía con destreza y confianza, el muy descarado, por su cocina.
— ¿Qué mierda eres tu? ¿Qué haces aquí? ¿Qué es lo que quieres de mi? ¿Quieres mi alma? ¡¿Es eso lo que has venido a buscar?! — Gritó con voz temblorosa, el terrorífico intruso se detuvo de cortar lo que sea que estaba cortando y se dio lentamente la vuelta.
Mierda, estaba a punto de orinarse del miedo y ni siquiera tenía pantalones.
El demonio rodeo el mesón caminando con lentitud hacia él, su mirada fija en él y recorriendo su cuerpo entero con...¿fascinación? Era extraño y sus ojos empezaban a empaparse con lagrimas de miedo.
— Sigues siendo tan hermoso como cuando te fuiste, solo tu cabello es un poco más corto y de otro color. — Murmuró demasiado cerca de él, sus manos bajaron a su rostro y tomó con una delicadeza y adoración casi ridícula sus mejillas, los ojos ahora más humanos de aquel demonio no dejaban de alimentarse de su imagen y darle hasta el último vistazo.
Parecía no notar su confusión y extrañeza, demasiado concentrado en seguir inspeccionándolo, él sonrió con todo el amor del maldito universo centelleando en sus ojos color rubí, y fue casi incómodo de ver. No entendía que carajos estaba pasando con ese tipo demonio-humano que había interrumpido sin invocación en su hogar.
Cansado de la ignorancia, buscó la valentía para volver a hacer oír su voz y tratar de averiguar cómo se había metido él en esa situación. — ¿Cómo...Cómo sabes mi nombre? ¿Cómo me conoces?
El demonio-humano seguía con una sonrisa luminosa, con un par de colmillos que recién acababa de darse cuenta que tenía.
— Se que aún no puedes recordarme, han pasado más de cien años esperando a que esto ocurriera, a que regresaras y ahora que estas aquí, que te he encontrado, no volveré a dejarte nunca. — Susurró eso último contra sus labios, fue así que él impacto sus labios contra los suyos y forzó a su boca a abrirse para él.
No sabia que hacer.
Los labios de aquella espeluznante criatura eran suaves, esponjosos y ahora resbaladizos por la saliva del beso que estaba dándole con todo el deseo que tenia guardado al parecer. Él sabía exactamente como incentivarlo, quizás en cualquier otra ocasión habría enredado sus brazos alrededor del cuello del hombre y dejar que hiciera con él lo que se le antojase, preferiblemente que su pene terminara en su boca.
Sin embargo, hace menos de cinco minutos estaba cagandose de miedo y no podía ser posible que estuviese endureciendose con el deseo que ese hombre sentía por quien sea que él pensase que fuese él.
No podía, no debía estar disfrutando de los lujuriosos besos que el demonio-humano estaba dándole, más bien parecía querer comer su boca, tomar todo lo que tenia y disfrutar cada segundo de ello. El hombre de quien no tenía idea de cuál era su nombre palpo con confianza todo el camino de su torso hasta que arranco con fuerza la camisa que aún llevaba y se separó de sus labios un segundo para volver a gozar de la vista de su cuerpo ahora por completo desnudo.
— No sabes cuanto he extrañado tocar tu sedosa piel, disfrutar de tus labios y llenarme del aroma natural que siempre traes. — Él susurraba contra la piel de su cuello, repartía besos por todo el camino de su pecho llegando a sus pezones erectos, los tenía sensibles por el roce que ese hombre había estado dándole con sus manos.
— N-No se d-de quien estas hablando, n-no se a q-quien te refieres. — Su voz se oía jadeante, su cuerpo listo para recibir más de las atenciones de las que estaba siendo colmado por ese desconocido. — Yo no quiero aprovecharme de ti, no soy yo a quien buscas.
El hombre tomó sus caderas con ambas manos y lo acostó en el piso, tenía una fuerza descomunal para maniobrarlo como un muñeco de trapo y él no era un hombre pequeño, su metro setenta y cinco y los días constantes de ejercitarse eran prueba de ello.
— Estoy seguro que estoy amando que te aproveches de mi, soy Yoongi, JiMinie. Yo soy tuyo. — Dijo lanzándole una mirada salvaje y metiéndose de lleno uno de sus pezones que desde hacía rato esperaba la atención de su pecaminosa boca, con sus dedos iba estimulando deliciosamente en el otro botoncito.
Ninguno de los hombres con los que había estado antes fue capaz de hacerlo delirar como en ese preciso momento ese hombre estaba haciéndole temblar con su boca sobre su pecho.
— N-No h-hagas eso...
— No creo que pueda parar o que quieras que pare, JiMinie, estas empujándome contra tu pecho.
Sus mejillas se colorearon de un rosa intenso, de su boca no podía parar de salir soniditos llenos de gusto, YoonGi, como le había dicho que se llamaba, no paraba de satisfacer sus sensibles botones, su boca caliente estimulaba estos y prendía sus ganas de más.
Más, más, más. Eso era en lo único que podía pensar, parecía como si su cuerpo estuviese en sintonía con YoonGi, respondiendo gustosamente a cada atención que este le daba a su cuerpo. Él se separó de su pezon ya bastante humedecido y siguió recorriendo con su boca todo el camino de su abdomen hasta encontrar su pene endurecido y goteando líquido pre-seminal, intento cerrar sin éxito y sin ganas sus piernas, pero como siempre él las agarro y las separó hasta que su cabeza cupiera cómodamente entre sus muslos, parte en la que se deshizo en besos y chupones que iban a oscurecerse más tarde.
— Tu aroma es simplemente embriagante.
Fue lo que escucho decir a YoonGi contra su dureza antes de que se la tragara sin preámbulos.
— ¡Ah! ¡Mierda, si!
Gritó sin inhibición alguna, sus razonamiento y cordura siendo absorbidos por el demonio entre sus piernas que chupaba muy gustoso toda su dureza, su lengua serpenteaba alrededor de este y las venas que se marcaban furiosas, sus bolas se apretaban ansiando el orgasmo que probablemente lo dejaría deshuesado y casi inconsciente si YoonGi seguía con ese ritmo.
Sus manos desesperadas fueron hasta el rojizo cabello del demonio y sujeto con fuerza metiendo hasta la última pulgada de su miembro a este, pero el maldito sabía hacer garganta profunda y los destellos brillaban tras sus ojos. YoonGi dirigió su mirada hacia el rostro desfigurado de placer del amor de su vida, era precioso en cada una de sus facciones y estas se acentuaban cuando estaba siendo satisfecho por su humilde seguidor.
Aunque para la ironía de las cosas, quien debería postrarse de rodillas era JiMin, no él, puesto que su nombre y el cargo que heredará lo hacían un simple esclavo de su placer, hecho para satisfacerlo a él y no lo contrario. Pero nunca había podido ser tan desagradable con JiMin, ni siquiera cuando intentaba ser cruel con él cuando había sido mandado al infierno por sus pecados y este intentaba por todas partes parecer tranquilo con su destino, aunque se le notara el miedo que habitaba en él.
Chupo con más fuerza cuando los chillidos de JiMin comenzaron a ser más fuertes, el sabor del pene del hombre en su boca lo estaba volviendo loco; hacia ya tantos años que fue la última vez que pudo probar el sabor de su semen explotar en su boca, el gusto del sudor en su piel y la dulzura en su boca.
— ¡Mierda~! M-Me voy a v-venir, YoonGi. — Gimió con la voz aguda, el placer se acumulaba en un nudo en su vientre bajo y estaba a punto de explotar en la boca de YoonGi si no se alejaba.
Él sacó el miembro de su boca un segundo y dijo con voz ronca. — Quiero que te corras en mi boca, cariño, vamos. Déjate ir. — Volvió con su trabajo oral poniéndole aún más ganas para obtener del néctar en su boca del amor de su vida.
— ¡N-No...! — JiMin tenía pequeñas lágrimas acumuladas en las esquinas de sus ojos, el placer que esa criatura le daba lo estaba haciendo desfallecer, su mente nublada de lujuria y su cuerpo nada más que receptivo a todas las caricias.
Si era sincero consigo mismo, era el mejor sexo oral que había tenido en su vida, los hombres con los que se encontró por la vida tenían la osadía de jactarse de ser maquinas de sexo, tendían a priorizar su propio placer y olvidarse de su acompañante. Y por otro lado, a pesar de también preferir de vez en vez a las mujeres, nunca podría comparar la sensación de estar con otro hombre en la cama, como en ese preciso momento con YoonGi, este ser desconocido que se había aparecido en su apartamento como una clase extraña de sueño húmedo dispuesto a satisfacer cada una de sus más sucias fantasías con las que se divertía en la oscuridad de la noche.
Su orgasmo fue como un atropello, la intensidad con la que se vino lo dejo con la vista borrosa, su cuerpo tenso por las oleadas de placer recorriéndolo y de su boca emitió un chillido casi inhumano.
Vio el cielo y el infierno por unos segundos.
— Wow...Creo que lo has tenido guardado durante mucho, mucho tiempo. — Dijo YoonGi después de haberse tragado la corrida de JiMin, su miembro tan duro que dolía y se mojaba con las gotas de presemen por el roce constante de sus pantalones, su ropa interior era un desastre en ese momento. Y sin embargo, aún no quería terminar con eso, al ver volver a recordar la maravillosa vista de JiMin corriendose con tal intensidad que casi parecía inconsciente era algo que sabía nunca olvido ni podría olvidar.
Era el amor de su vida de nuevo entre sus brazos.
— Bueno, realmente estuviste aguantando por mucho tiempo, yo...— Subió por el cuerpo de JiMin deleitándose con el aroma natural que siempre tuvo, el dulzor de su sangre combinado con el almizcle y el sudor durante el día que traía. —...creo que me aprovecharé de ello y vas a sentirte tan bien, cariño. Vas a recordar lo que era estar conmigo.
El cuerpo laxo de JiMin tembló como la cuerda de una guitarra al ser tocada, las manos de YoonGi lo tocaban con profundo deseo y simplemente ya no pudo resistirse, su cuerpo se sentía tan bien contra el cuerpo más duro de ese hombre que aún iba vestido, si aún estando así era tan vigorizante no podía imaginar como sería sentir su piel cremosa contra la suya.
El sudor combinándose y deslizándose de sus cuerpos acalorados por la lujuria repentina y desconocida de la que YoonGi le estaba dando a conocer, todo ese mundo del que se había perdido por las responsabilidades de su vida y los insípidos hombres humanos.
Tal vez le hacía falta algo fuera de toda razón y ciencia.
Fue por eso que abrió aún más sus piernas para recibir enérgicamente a YoonGi en el mapa de su cuerpo, que se hiciese en el su propio camino y grabara permanentemente sus huellas en cada trocito de piel que con solo el más mínimo roce evocaba los más acalorados recuerdos de la noche que hoy iba a pasar. YoonGi hizo realidad cada uno de sus pensamientos cuando lo hizo girar sobre su sitio y lo coloco en cuatro para ir directamente por su desatendido agujero, su cuerpo estaba sensible y perceptible a cada movimiento o roce que hacía detrás de él YoonGi.
La primera lamida fue tentativa, apreciando cada segundo de su tiempo en la parte tan especial de su cuerpo. A la segunda le siguió una tercera con más seguridad, y para cuando ya estaba jadeando ansioso por algo más que eso, YoonGi metió su lengua y exploraba con ella cada rincón de su estrecho agujero.
— Por favor...Por favor...— Susurró entre gemidos, su cuerpo sudoroso resbalaba en el suelo de madera y sus cabellos se pegaban a su frente. Necesitaba cosas que no estaba dispuesto a externalizar a ese completo desconocido.
Apartándose de su dulce culito por un momento, YoonGi preguntó con impaciencia — ¿Por favor qué? Di lo que quieres, amor mío, espero escuchar esas maravillosas súplicas.
— No...YoonGi, n-no puedo — Intento girar su rostro, cuando lo hizo se encontró cara a cara con la criatura sonriéndole de manera lujuriosa, el hambre con la que lo miraba era tan intensa que tuvo un escalofrío y su agujero se tenso en torno a los dedos de YoonGi. — E-Esto esta m-mal, Y-YoonGi.
— Solo disfruta de mi y de todo lo que estoy haciéndote y a punto de hacerte. — Susurró contra sus labios, solo fue un mínimo roce y evoco sensaciones que lo hicieron estremecer.
Estaba tan concentrado en los labios esponjosos de YoonGi rozando los suyos que ni siquiera fue capaz de escuchar la bragueta de YoonGi siendo bajada y acomodando su miembro duro, mojado del líquido pre-seminal contra su sensible agujero.
— Solo relájate...— Susurró con voz jadeante. — Y toma todo lo que te de.
Entonces YoonGi lo penetro de una sola embestida que le quito el habla, las lágrimas se acumularon en las esquinas de sus ojos y abrió la boca soltando un chillido. A pesar de haber sido preparado con bastante paciencia, la polla de YoonGi era demasiado gruesa como para que su pequeño agujero la tomara cómodamente. Se sentía abierto de par en par y las manos acariciando sus caderas para tranquilizarlo eran discordantes, ellos no se conocían y probablemente lo que sea que fuese eso era un sueño.
Él se había ¿desmayado? Y ahora estaba teniendo uno de los sueños húmedos más increíblemente eróticos que hubiese tenido alguna vez. Pasaron unos cuantos minutos cuando YoonGi fue saliendo lentamente para volver a entrar de la misma forma, por el ángulo en el que estaba su próstata era torturada con la misma lentitud en la que YoonGi se movía.
Estaba temblando.
Su pene babeaba contra su abdomen abultado, casi más abultado por la verga penetrándolo; solo se había corrido hace menos de diez minutos y ya estaba a punto de volver a venirse sin siquiera tocarse.
YoonGi sonrió ante los bajos soniditos que JiMin desprendía tratando de impedir que sus gemidos fueran escuchados, era gracioso por la manera en como él estaba balanceándose contra su verga y esperando a llegar cada vez más profundo, su culito esponjoso era cautivante mientras se trataba cada centímetro de él, su espalda arqueda y el tatuaje de las fases de la luna en su espalda lo hacían ver demasiado sexy como para poder seguir soportando la lentitud con la que iba. Así que tomando con fuerza las caderas de JiMin lo insto a abrir más sus gorditos muslos, salió hasta dejar la punta abultada en su entrada y empujó sin piedad contra él, él no pudo contener el alarido de placer que dio, como tampoco pudo detener los demás que le siguieron.
— ¡Oh dios, dios, YoonGi!
YoonGi sonrió con suficiencia y el amor calentándole el corazón, aún recordaba cuando se veía a escondidas con JiMin para solo “unos cuantos besos” que en la mayoría de esas ocasiones terminaba con JiMin inclinado contra cualquier superficie reteniendo sus gemidos mientras lo follaba hasta que él no podía evitar gritar. Amaba cuando no podía cambiarse de ropa y tenía que andar con su semen escurriendo por sus muslos hasta secarse en ellos.
¿Era sucio? Si, pero siendo hijo de quien era su padre, definitivamente se podía esperar toda clase de mierda de él.
JiMin se sujetaba del piso con todas sus fuerzas, las embestidas de YoonGi eran brutales samaqueando su cuerpo sudoroso en el piso, su punto dulce siendo abusado deliciosamente provocando gemidos placenteros en él, no podía ya evitarlo, el grueso miembro de aquel desconocido lo llenaba tan bien e impactaba contrar ese botoncito que lo hacía temblar y olvidarse de toda decencia que tenía.
— Esta tan p-profundo d-dentro de m-mi, más, más!! — Suplicó susurrante esperando ser y no escuchado, para su suerte YoonGi tenía un buen oído y se inclinó para cubrirlo con su cuerpo y besar su nuca mientras cambiaba el ángulo a uno mucho más directos contra su próstata.
— ¿Eso se siente bien? Solo puedo pensar en tenerte eternamente entre mis brazos esta vez y seguir haciéndote el amor. — Murmuró contra la piel en la nuca de JiMin, el sudor que brotaba de su piel lo volvía loco, quería consumirlo.
JiMin se sentía mojado en su interior, sus paredes estaban cada vez más humedecidas aún más de lo normal, nunca había sucedido aquello con algún otro hombre y estaba completamente seguro de que aquello solo era por la criatura y lo que sea que fuese esa especie de íncubo. De todas formas no iba a quejarse mucho, era perfecto y absolutamente placentero escuchar como YoonGi resbalaba en su interior una y otra vez mientras sus bolas impactaban pesadas en sus nalgas.
— ¡Oh demonios, si! — Gimió cuando la criatura golpeó repetidas veces su próstata sin descanso alguno, era más de lo que podía soportar y las manos de YoonGi serpentearon por todo su cuerpo hasta llegar a sus botones erectos y bastante sensibles. Él no pudo seguir así, el orgasmo que tuvo a continuación fue arrasador, su semen salió disparando en chorros que parecían nunca detenerse golpeando el suelo de madera, su vista se nubló y solo pudo abrir la boca en un grito silencioso.
Su cuerpo no dejaba de estremecerse en cada toque de YoonGi en el momento que este llegó al clímax y semen caliente lleno cada rincón de su agujero codicioso, era abundante y YoonGi no paraba de embestir mientras se corría. Los sonidos que hacía, sus jadeos y gemidos satisfacía una parte profunda muy profunda en él que no sabía que existía, él necesitaba escuchar más de YoonGi y lo mucho que disfrutaba de su cuerpo.
Aún si no fuese a él a quien buscaba.
CHAPTER 02: My Demon
YoonGi sujetaba con una mano su cadera y le rodeaba los hombros con el otro brazo, su boca estaba pegada a su cuello y sabía que quedarían marcas de todas las tonalidades de rojo y morado que pudieran existir.
Parecía un maldito vampiro tratando de chupar toda la sangre que había en su cuerpo.
— ¡Ah, Ah! Si, si, si, así — Gemía y murmuraba sin descanso, ya delirando del intenso placer al que había sido sometido durante horas, aquella criatura desconocida no parecía querer tomar un descanso o necesitarlo, para variar, era insaciable y siempre estaba mirándolo con ojos hambrientos y...llenos de adoración; comenzaba a asustarlo un poco puesto que no quería que YoonGi realmente llegara a convencerse que era a él a quien buscaba porque creía que era el “amor de su vida” que dio a entender que había perdido, era confuso y al mismo tiempo ni siquiera pudo tomarse el tiempo de pensar en ello.
Tampoco hacia mucho esfuerzo por escapar de las maravillosas manos de YoonGi, para ser francos.
Apretó con fuerza el brazo de YoonGi que lo rodeaba cuando este arremetió mucho más fuerte directo a su muy abusada próstata, su agujero emitía sonidos húmedos por todo el abundante semen que había recibido en el transcurso de las horas, sus muslos se habían mojado del mismo y no había parte de él que no tuviera fluidos de YoonGi encima o dentro de.
El pelirrojo fue regando besos hasta encontrarse con la boca ansiosa de JiMin y comenzar un lujurioso ósculo que borro todo pensamiento coherente de sus mentes. Él sabía que el hombre entre sus brazos aún mostraba bastantes dudas sobre lo que le decía, pero él realmente era aquel al que había perdido hace tantos años atrás, su cuerpo recordaba sus toques, su boca aún ansiaba sus besos y había algo dentro de JiMin que lo impulsaba actuar con mucha más confianza con él. JiMin también buscaba tocarlo y satisfacerlo aunque no quisiese aceptar eso, hace un rato había sido él quien se arrodillo entre sus piernas y comenzó a chuparsela con mucho gusto, gemía alrededor de su miembro y no tenía reflejo nauseoso que le impidiera llevarse cada centímetro de su verga dentro de su sensible boca.
Su lengua lo hizo ver estrellas.
Fue por ello que habían terminado, de nuevo, así, con JiMin siendo sostenido sin ningún apoyo más que los brazos de YoonGi con solo las puntas de sus dedos contra el piso. Era como la quinta o sexta vez que follaban durante esas horas que se sintieron infinitas, aún se sentía así, el tiempo parecía no correr para ellos y en el pequeño núcleo que habían creado durante ese tiempo.
— ¡YooooonGi!, v-voy a-a c-correrme. — Chilló JiMin mientras sentía su vientre apretarse preparándose para el orgasmo inminente que volvería a tener. YoonGi salio de su interior de golpe y lo volteó para cargarlo y pegarlo contra la pared de al lado de la puerta de su habitación. Lo beso de inmediato y no perdió el tiempo en volver a hundirse en su calor sacándole un alarido de placer, sus muslos eran sostenidos por los antebrazos de YoonGi y rodeaba su cuello con sus brazos.
— Tocate, amor mío, déjate ir y déjame verte. — Susurra jadeante contra sus labios hinchados, JiMin baja su mano a hasta su pene babeante contra su vientre, esta tan duro que duele y solo quiere correrse hasta desmayarse del placer que cada recoveco de su cuerpo recibe. Alza la mirada y el brillo carmesí aterrador en su mirada lo hizo estremecer, sin despejar sus ojos de los contrarios se masturbo acariciando el tronco, sintiendo las venas que se marcaban alrededor de este, su cabeza bulbosa estaba sensible y brotaba copioso líquido de ella, no había más tiempo que extender, iba a volver a correrse por YoonGi.
—Eres precioso, Jiminie...— Susurró, para a continuación darle un beso mientras él se corría entre sus dedos temblando hasta la última célula de su cuerpo. —...Y todo mío.
Las embestidas de YoonGi fueron erráticas y directas a su punto dulce sobreestimulado, era demasiado y al mismo tiempo amaba esa maldita sensación de estar a punto de desmayarse del placer, la criatura volvió a correrse en su interior y él también lo hizo con un largo gemido saliendo de su boca.
No supo cuantas horas habían pasado, luego de que YoonGi lo había follado de nuevo cuando fue al baño a limpiarse, habían terminado en la cama mientras YoonGi acariciaba su cuerpo sin descanso; él era dulce y tierno a la vez, adoraba su cuerpo como quien ama fervorosamente a su amante y vive por su amor.
Era aterrador, pero al mismo tiempo cautivante. YoonGi tenía el aspecto de un demonio (probablemente lo era, cualquier persona normal no podría durar horas follando y no necesitar descanso alguno), pero también tenía sentimientos que expresaba con una fácil libertad que envidiaba, no tenía temor de demostrar cuanto amaba a la persona que buscaba y constantemente decía las más bellas palabras que hechizaban su oído y lo hacían desear de corazón que alguien hablara de él tan bonito como esa criatura lo hacía.
Él solo deseaba ser amado.
— Se que aún te caben dudas, amor mío. Pero cree en mi cuando te digo que eres tu a quien he buscado por siglos. — Beso con delicadeza su frente y siguió. — Y está vez te prometo que voy a protegerte, cueste lo que cueste.
Escucha a YoonGi suspirar hasta que minutos después él se duerme y puede sentir su respiración acompasada, así que abre los ojos y observa fijamente cada rasgo e imperfección de su hermoso y tenebroso rostro, él parece ser un ángel oscuro con una belleza tal que absolutamente nadie podría comparársele. Él también tiene cicatrices de las que recién puede caer en cuenta, su pecho esta lleno de ellas y de igual forma en su rostro y, sin embargo, parecen sólo acentuar sus maravillosas facciones.
JiMin desea que lo que sea que este empezando a sentir se disuelva cuando este extraño ser se vaya de su cama y de su vida, porque él no puede explicar lo que en la profundidad de su ser llama con desesperación a YoonGi y llora porque no se aleje.
Él se siente confuso cuando el sueño llega a él y morfeo lo recibe entre sus brazos, acunándolo en ellos hasta que la luz de la mañana espante a las sombras de la noche.
[...]
Los rayos del sol que entran por la ventana lo hacen gruñir entre sueños, ama el día y ama el ventanal que hay frente a su cama, pero detesta con todo su ser despertarse y tener obligaciones con las que cumplir. Obviamente él solo es exagerado por el fastidio de levantarse temprano después de una noche de sueño y desvelo tan satisfactoria, rueda en su cama intentando abrir los ojos y no volver a dormirse entre el montón de almohadas que tiene.
Abre los ojos y siente ese momento preciso en el que su mente queda en blanco y nada más que deseos de seguir durmiendo le invaden. Es entonces cuando a él le llega un magnífico olor a un delicioso desayuno cocinandose en casa se estremece sin poder evitarlo y su piel se pone de gallina, los recuerdos insólitos de la noche anterior le llegan como bombas cayendo y explotando en su mente aturdiéndolo por unos segundos.
Se quita las sábanas y se sienta al borde de su cama, es ahí cuando la puerta se abre dejando pasar a la misma criatura de la noche anterior con una bandeja de sopa; fideos salteados con verduras, kimchi y una taza humeante de té. Las palabras no se forman en su mente y tampoco puede producir sonido alguno, esta completamente en estado de shock y ni siquiera puede moverse, solo observa fijamente cada uno de los movimientos del hombre que para su alivio, y su desgracia, ahora está vestido de la manera más pulcra y prolija que puede existir, sin ni un cabello rojizo tal cual sangre fuera de su lugar.
— Me alegra que hayas despertado por fin, estaba empezando a preocuparme porque ya es bastante tarde y no me gustaría que yo hubiera sido culpable de tu falta en el trabajo. — YoonGi dejó la bandeja al lado de él y se mantuvo a una distancia prudente que le hizo cosas que no deberían de pasarle.
Lo necesitaba más cerca. ¿Por qué estaba tan lejos?
— ¿Qué eres?
Preguntó cuando por fin pudo encontrar su voz, el pelirrojo sonrió con sarcasmo y sus ojos brillaron como fuego avivándose dentro de ellos.
— ¿No sabes lo que soy? Me parece que estas tratando de verme la cara de estúpido.
JiMin trago con fuerza sintiendo el miedo creciendo en su interior, estaba seguro de que iba a morir por más que algo retorcido dentro de él se sintiera seguro de estar con esa criatura y querer dar algo de pelea.
Él no estaba quedándose callado.
— Eres alguna clase de demonio, ¿y qué? Aún no pareces querer matarme.
YoonGi levantó sus cejas de la impresión, el deseo y el amor hervían en su interior ansiando volver a tomar a JiMin entre sus brazos una y otra vez hasta que le quedara claro que él era a quien estaba buscando, el amor de su vida y la dicha de su alma.
Su complemento.
— Tu tampoco pareces muy asustado por eso, podría hacerte desaparecer...— Se inclinó para quedar frente a él para mostrarle su naturaleza. —...en cuestión de milisegundos, y nadie te recordaría.
Vio como el cuerpo desnudo de su amado tembló solo haciendo más evidente lo desnudo que estaba, mostraba tanta piel y sus manos picaban por tocarlo por todas partes, quería hundirse en él hasta que no quedara nada que los diferencie el uno del otro.
— Sigues mirándome como si fueras a comerme, degenerado.
— Eres divertido, cariño, tu estas duro por ello.
JiMin se sonrojo hermosamente, sus mejillas se tornaron rosáceas y sus manos apretaron las sábanas con fuerza. Él desvió la mirada queriendo ocultar el hecho de que estaba teniendo una erección con toda esta charla pasivo-agresiva entre ellos, tal como lo recordaba y nunca se olvidaría, así era su JiMin.
Era él.
Tomo la bandeja prosiguiendo a dejarla en la comoda frente a la cama para no estropear el desayuno de JiMin mientras satisfacía muy alegremente sus necesidades.
— ¿Cuánto tiempo tenemos?
— Hora y media.
— Puedo hacer mucho en veinte minutos.
Bajo su boca en un reguero de besos hasta su miembro endurecido, el rubio abrió las piernas de buena gana y suspiro complacido cuando su boca comenzó a hacerle maravillas en él. Sus manos se dirigieron hacia su cabello y lo instaron a bajar más sobre su pene hasta que no quedara ni un centímetro fuera, su boca era cálida y húmeda a su alrededor, su lengua se encargaba de serpentear por todo el largo de su pene y sus manos agarraban con fuerza sus muslos.
YoonGi lo acostó colocando sus piernas sobre sus hombros, su mano derecha desaparecio entre sus piernas y sintió un dedo presionar contra su esfinter sensible, un solo toque lo hizo estremecerse y abrir la boca soltando un gemido silencioso.
Luego de aquello no supo que fue lo que sucedió, YoonGi lo hizo correr, ya no recordaba la cantidad de veces que lo había hecho y de repente estaba montando a YoonGi dando su vida en ello, gemia y gemia disfrutando del estiramiento y como la punta de su polla impactaba con fuerza en su próstata en esa posición.
— T-Tendría que estar d-desayunando ahora- Ah! — Gimió contra su cuello, lamio todo el costado y termino succionando toda la piel pálida que tenía a su alcance, YoonGi gemia bajo en su oído y besaba sus mejillas intentando morderlo disimuladamente. — No v-vas a-a morderme, YoonGi!
— Hace unas horas parecías bastante deseoso de ello. — Su voz jadeante contra su piel no hizo más que intensificar el placer que sentía, giró su rostro y conectaron miradas, desde ahí no hubo vuelta atrás. Se besaron apasionadamente mientras YoonGi lo ayudaba a subir y bajar con sus manos masajeando sus nalgas, su mente poco lucida en ese momento y la cosa dentro de él disfrutando cada maldito segundo tanto como quería desesperadamente más de YoonGi.
Después de un rato sus muslos comenzaron a arder por el esfuerzo y, sin embargo, no podía parar, YoonGi succionaba sus pezones con intensidad haciéndole poner los ojos en blanco a causa de todo el increíble placer que su cuerpo recibía. El demonio se despego de su pecho con una sonrisa siniestra pintandose en sus rosaceos labios, jadeante lo observó distraído y confundido, este no dudo ni un segundo en cambiar sus posiciones, colocándolo en cuatro y sujetando su culo entre sus manos con gran deleite. Las embestidas continuaron, pero bajando a un ritmo torturador, toda su carne acariciaba las paredes estrechas del agujero de JiMin, este se estremeció y se agarro de las sábanas fuertemente.
— Estas s-siendo u-un h-hijo de put-ta- Ah! — Su culo fue azotado haciendo rebotar la carne entorno a su pene, cerró los ojos complaciendose entre los brazos de YoonGi, se movió hacia atrás y se follo a sí mismo con el ritmo que tanto deseaba, puesto que el orgasmo estaba construyéndose de manera rápida y quería correrse tan mal.
Sus bolas se apretaron preparándose para dispara su carga,
Se corrio con un largo gemido siendo presionado contra el colchón por YoonGi y con su mente pendiendo de un hilo, pronto el semen caliente volvió a llenar cada rincón de su interior derramandose por sus nalgas hasta bajar por sus muslos. Para cuando el subidon ocasionado por el osgarmo bajo, YoonGi se acostó extasiado a su lado observándolo fijamente, JiMin volteo hacia él un poco jadeante; el sudor hacia que las sábanas se le pegaran al cuerpo y su trasero se sentía demasiado tan húmedo como suelto.
— ¿La abundancia de tu semen tiene algo que ver con que eres un demonio?Algo así como para asegurar que tuvieras muchos hijos con cuanta mujer te invocara.
El rostro de YoonGi fue todo un poema que poco a poco se fue transformando en una sonrisa divertida. — ¿Supones que me presento ante la primera mujer que me invoque?
— No, en realidad no lo sé, por eso lo pregunto. Tu realmente eyaculas mucho, como demasiado. — JiMin tuvo la descencia de no señalar alguna otra grandeza que tuviera en abundancia.
Su incorregible potencia sexual, por ejemplo.
YoonGi rió un poco ante las palabras del chico de cabellos rubios, aunque no quería desviarse del tema, era toda una obra de arte ver a JiMin tan vivaz con los rayos del sol temprano en la mañana, sus cabellos parecían brillar y su piel sudada lo invitaban a lamerlo de pies a cabeza.
— Si te soy sincero, no tengo la más mínima idea, tal vez tenga que ver con procrear más pequeños demonios horrorosos en el mundo o quizás solo soy yo, de mi padre preferiría no saberlo. — Respondió observando cada una de la más mínima reacción que tuviera.
JiMin se sintió avergonzado ante su mirada intensa