Un jardín que nunca floreció.

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Summary

La guerra terminó, pero la lucha por la aceptación apenas comienza. Los Monkiyanos, una raza marginada y temida, buscan su lugar en un universo que los rechaza. ¿Podrán encontrar su identidad, o están condenados a ser solo un arma en manos de otros? Dentro de su reino, tienen sus mismas luchas políticas donde se dividen entre ellos mismos ¿Por qué? Unos quieren poder, gloria y ser venerados como los más fuertes, otros civilizarse por completo, han dado paso a cosas impensables para ellos, y una pequeña parte, quiere apegarse a la forma primitiva en la que se vivían antes, desean reencontrarse con su pasado, anhelan la barbarie, aunque eso también les traiga tristezas, pues se supone que sufrir es parte de la vida. 📖 Una historia de ciencia ficción, fantasía y romances juveniles que te hará reflexionar sobre la marginación y la redención. #Tameris #CienciaFicción #FantasíaÉpica

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo.

Tameris.

Punto de vista general.

El universo es infinitamente grande, cada galaxia entera podría ser tan solo una estrella.

Los Tamianos, los famosos “elegidos”, que vivían modestamente, eran quienes gobernaban todo aquello que se conocía de su existencia, no existía la escasez de nada, su mismo planeta absorbía todo lo que debía, al igual que sus habitantes.

Agua, frutas, energía, lo que sea, era simplemente infinito y renovable, como un paraíso prometido, seres casi inmortales, sabios y con sus espaldas adornadas de alas como si fueran ángeles.

Sin embargo, eso no significaba que fueran invencibles y mucho menos inmortales.

En camino, se avecinaba una tribu que era completamente desconocida, pues quien los llegaba a conocer, moría de forma cruel y despiadada. No se sabía nada de ellos, nada más que se aproximaban a acabar con todo a su paso.

—Esos demonios no quieren nada, solo cabezas de reyes… mujeres fértiles y virginales que puedan abusar —uno de los consejeros negó pensando en su hija y su esposa; su primera preocupación incluso por encima del pueblo—. Debe haber alguna manera de vencerlos —exclamó desesperado.

Tayson el rey actual de Tameris. Se puso de pie mirando a los súbditos de su reino, y también a esos cercanos aliados de otros lados muy lejanos. Aunque debería tener respuestas, no las tenía, todo era una maraña de dudas en ese momento.

—Han destruido los demás planetas, no sabemos de sus debilidades… —el baja su cabeza avergonzado y suspira profundo—. Yo… no tengo la respuesta.

—Los primeros que pagaremos por tu ineptitud… será mi pueblo… —susurró Celine, la reina de Shitar, suspirando y llevándose las manos al rostro.

—No… —el consejero real de Tameris, Hoshizaki, golpeó la mesa y caminó mirándolos con decepción—. ¿Cómo podemos tener miedo de esos inferiores? Nosotros somos reinos enteros, millones. ¿Y ellos quiénes son? ¿Bestias primitivas? Por muy fuertes que sean, no vamos a perder sin duda —Tayson se levanta viéndolo mal.

—¡Siéntate! ¡No he dado el permiso para que hables! —especto Tayson viendo mal a Hoshizaki.

—No permitiré que nuestro pueblo, ni usted, se mueran en las sucias manos de esos animales… —la corte estaba llena de silencio mientras todos miraban a Hoshizaki que finalmente volvió a hablar—. Enviaremos a todos nuestros niños con algunos cuantos adultos… Y cuando ellos lleguen, defenderemos este sitio por encima de nuestras vidas… no hay opción.

—¿Por qué la confianza? ¿Cómo te atreves a ser tan insolente de decidir por el rey de tu pueblo? —pregunta el Rey Xalithari.

—Haremos un arma, el arma más poderosa que pueda existir… con nuestros poderes unidos… nuestros herreros místicos y cualquier conocimiento que tengamos… lograremos lo que queremos —dice Hoshizaki, Tayson niega riéndose sin gracia.

—Sabes porque no hacemos ese tipo de armas en nuestro pueblo ¿Qué haremos si llega a malas manos? Somos gente de paz, tiene que haber otra forma.

—Alteza, no la hay. Esta gente no conoce la diplomacia, ni nada más allá de ganar batallas. Haremos una espada que solo alguien con sangre real pueda portarla, sacrificaremos las bestias más fuertes de todas, que corra la sangre que tenga que correr con tal de salvarnos.

Nadie dijo nada, pero era como si la decisión ya estuviera tomada, mientras los invasores se acercaban, ellos se encargaban de cazar las bestias más poderosas, cada místico se encargó de colaborar con los herreros, los conocimientos Rosalindes curativos, los tecnológicos y electrizantes de los Shitaros, y los de cualquier otro reino, fueron unidos en una sola espada que pesaba casi tanto como lo que estaba en juego.

Esa espada era el sello de otras, una que solo los mejores guerreros usarían.

El terrible día llegó, y ese fue el inicio de una guerra de milenios, la increíble fuerza de las bestias era interminable, y la voluntad de los atacados, era inquebrantable.

Había breves descansos de días donde cada uno lloraba, por un lado, sus caídos, esas familias habían dejado atrás para protegerlos, ni siquiera eran capaces de reconocer a sus hijos que seguramente ya eran grandes. Las bestias, por otro lado… Aunque tenían con ellos a sus hijos, todas sus esposas morían dar a luz ¿Por qué? Pues cada guerrero de ellos ya nacía siendo un asesino desde la cuna, y su primera víctima, casi siempre eran sus madres.

Eso golpeaba grandemente la moral de esos formidables guerreros, al punto de incluso perder grandes virtudes como la super fuerza. Esa fue la solución y el fin de la guerra, tantos milenios de destrucción y estudios sobre los guerreros les dio una luz hacia la paz.

Pero no todos estaba de acuerdo con esto, guerras internas empezaron hasta que finalmente llegó el día donde tratarían sus diferencias, El Rey Tamaris contra el más fuertes de las bestias.

La espada cumplió con la promesa, luego de una ardua batalla, el rey ganó a costa de su vida y pasándole el trono al mayor de sus hijos. Declaró que su sangre derramada y la de todos los caídos, no fueran en vano.

Y así fue, los Tamianos cumplieron con el pacto, redujeron las muertes de partos realizando cellos y collares místicos, les otorgaron un planeta donde vivir, les ofrecieron una civilización entera. Un planeta desolado que llamaron Monkaris, uno que con pocos meses se derrumbaba debido a que ellos solo sabían pelear. Fue entonces que la solución fue crearles una monarquía, una donde ellos decidirían a su manera quien sería el merecedor de tal título.

Aunque muchos planetas no estuvieron de acuerdo con rosarse con los Monkiyanos, no tuvieron de otra que aceptarlo. Los Monkiyanos, debido a esa insaciable necesidad de no renunciar totalmente a su vieja naturaleza, se convirtieron en ese factor esencial con el que muchos reinos se beneficiarían, empezaron a conquistar riquezas por todos lados en nombre de otros reinos.

Solo de esa forma fueron en una parte mínima aceptados, convirtiéndose en protectores y conquistadores de otros, incluso les inventaron condecoraciones. Los Monkiyanos eran marginados de muchas formas a veces por la mala fama y terror que les tenían, era como si los despreciaran a pesar de sacar beneficios de ellos. Mientras muchos reinos entrenaban arduamente para alguna vez “Salir de sus garras”, los Monkiyanos solo pensaban en nuevas cosas que miraban alrededor de las galaxias, imitando tradiciones, leyendas y muchas cosas, ¿Tenían algo propio? En realidad, no, ni quiera sabían cual había sido su lugar inicial, fueron perdiendo poco a poco la pureza de su sangre.

Nadie lo sabía por su temerosa fama, pero esa interminable búsqueda de aceptación y amor terminó haciéndolos más débiles que sus ancestros, mezclándose con otras especies a parte de ellos, por el resto de los milenios. Crearon lazos fuertemente leales con algunos mientras a sus espaldas eran estudiados.

¿De qué sirve la fuerza o el talento sino tienes visión o sabiduría para usarla? Con eso solo te conviertes en un complemento más para otros, una pistola láser es totalmente inútil a pesar del impacto caluroso que puede hacer en manos de otros.

Eso eran los Monkiyanos, solo que con muchos sentimientos de por medio a quienes no debían.