Introducción 🕯
Parte de – Mayurachat
Bip … Bip … Bip...
Esos sonidos eran como el despertador de un lunes perezoso en la cama.
Eso me obligó a mover los párpados para abrir los ojos lentamente, con un dolor punzante en el rostro. También podía escuchar el tic-tac de un reloj en algún lugar cerca, marcando los segundos hasta llegar a sesenta, según conté. Aun así, el sonido constante de una máquina seguía resonando.
Bip. Bip. Bip
Yo no sabía desde cuándo, qué día era o qué hora exactamente era. Mi mente era incapaz de recordarlo, como si esa parte de mi memoria se hubiera desvanecido por completo. Solo sentía el dolor recorriendo mi cuerpo, especialmente en el centro de mi garganta, seca como si mi tráquea hubiera sido quemada y algo la estuviera oprimiendo sin descanso. Causando demasiado dolor.
Ni siquiera podía tragar saliva. Solo podía sentir cómo se acumulaba y desprendía un olor desagradable a mi alrededor.
Un lado de mi mejilla estaba cubierta por algo. Algo rodeaba mi nariz y mi boca, ayudándome a respirar mejor.
Mi vista estaba borrosa. No podía distinguir con claridad lo que había a mi alrededor, como si fuera alguien con miopía. Sin embargo, parecía que varias personas se movían de un lado a otro cerca de mí.
Escuchaba el sonido de zapatos de goma rozando el suelo limpió, un ruido que me producía un escalofrío en los dientes. Deduje que esas personas debían estar bastante ocupadas. La curiosidad me impulsó a intentar mover los ojos y descubrir qué estaba pasando.
—¿Paciente, puede oírme? —La imagen frente a mí era tan borrosa que ni siquiera podía distinguir quién hablaba. Solo su tono de voz, con la terminación formal, me dejó claro que era un hombre—. Si puede oírme, parpadee dos veces.
Pude hacerlo. Había escuchado su voz con claridad.
—Respirar le resultará un poco difícil —continuó diciendo—. Su tráquea sufrió daños por un accidente. Voy a hacerle un chequeo rápido y administrarle un analgésico por vía intravenosa. Al principio el dolor será intenso, pero si no lo soporta, avise a la enfermera, ¿de acuerdo?
Parpadeé dos veces en señal de entendimiento.
Mi visión comenzó a aclararse, y finalmente distinguí el origen del sonido que había escuchado antes: el segundero de un reloj colgado en la pared blanca, al pie de mi cama. El olor a desinfectante se volvió más evidente dentro de la mascarilla. No supe en qué momento había comenzado a percibirlo con tanta claridad, ni cuándo había empezado a notar la sensación estéril del aire en la habitación.
El aire era tan frío que cada vez que lo inhalaba me ardía la nariz. El dolor... Era una agonía insoportable.
Bip. Bip. Bip. Bip. Bip. Bip.
Esa maldita máquina no dejaba de sonar, sonando de manera insoportable. Me sobresaltó tanto que mi cuerpo entero se quedó entumecido cuando el ruido de su alarma sono fuerte de repente. Mi corazón latía con tal fuerza que mi respiración se volvió irregular. Podía sentir los golpes retumbando dentro de mi pecho, tan fuertes que ensordecían todos los demás sonidos. Mis párpados se cerraban a medias, pesados, como si toda mi energía me abandonara.
Mi garganta me ardía, seca y áspera, haciéndome imposible tragar. Escuchaba voces, las de médicos y enfermeras, hablando con urgencia en términos que no entendía. Un pitido agudo me perforó los oídos. De repente, una sensación helada recorrió mi cuerpo hasta la punta de mis pies. No sabía qué estaba pasando.
Al final, mis ojos se cerraron por completo, y la oscuridad me envolvió de nuevo.
¡Clack!
Esta vez desperté sobresaltada nuevamente por el sonido de la perilla de la puerta, como si alguien del exterior intentara girarlo para abrirla y empujarla hacia dentro.
En la habitación, que supongo que es una sala de recuperación compartida, hay varias camas con otros pacientes acostados. En este momento, no puedo pensar en nada más que en el dolor que se extiende desde mi cerebro por todo mi cuerpo, especialmente en el cuello. Siento ganas de toser, pero duele demasiado como para decidirme a hacerlo.
El aire en la habitación se calienta repentinamente cuando la gran puerta se abre. Un hombre vestido de blanco en la parte superior señala en mi dirección con una mano, mientras con la otra aún sostiene la perilla de la puerta. A su lado, apareció la figura de una mujer de altura similar, vestida con un vestido negro de terciopelo que le llega hasta las rodillas. La parte superior es una blusa de mangas abullonadas hasta los codos, con un escote cuadrado que deja ver su piel blanca y suave sobre la clavícula. En su cuello, lleva un collar de perlas blancas con un colgante redondo en el centro.
Con esa apariencia, es fácil reconocerla porque me resulta muy familiar.
—"Ratri..."
En mi mente, imagino que pronuncié su nombre con la voz más fuerte posible, pero la realidad es que mi voz suena ronca y apagada. Además, el dolor es insoportable y siento una picazón molesta por dentro. Sin embargo, Khun Ratri me miró y me dio una leve sonrisa.
Nuestros ojos se encontraron antes de que ella desviara su atención hacia el enfermero. Mis ojos están llenos de anhelo, mientras que los suyos reflejan una cierta melancolía. Espero que ella también me haya extrañado.
—"Dame un momento, por favor."
La mano que no sostenía el bolso rozó el dorso de la mano de aquel hombre antes de que él asintiera levemente y se retirara. Khun Ratri caminó directamente hacia mí, sin siquiera mirar a las demás camas, aunque todos los pacientes en la sala la observaban fijamente.
La mujer que era amiga de mi madre permanecía de pie junto a mi cama, con los brazos cruzados y en completo silencio. No habían palabras entre nosotras, ya fuera porque yo no tenía suficiente voz para hablar o porque no sabía cómo saludarla.
La tía Ratri apoyó una mano sobre su pecho y se inclinó hacia mí con una sonrisa. Su cabello, peinado en suaves ondas, cayó ligeramente sobre mi rostro, haciéndome cosquillas. Olía delicadamente a perfume, pero la sensación de las hebras en mi piel era insoportablemente cosquilleante.
—"Vine a llevarte a casa, Chat. Ven conmigo. Quédate conmigo."
No sé exactamente qué palabra fue la que me hizo quebrarme y derramar lágrimas. Tal vez fue "llevarte a casa" o "quédate conmigo", pero algo en esas frases desbloqueó una emoción profunda dentro de mí. De repente, sentí como si realmente estuviera regresando a casa.
Hace cinco años tuve la oportunidad de conocer a la tía Ratri en una reunión de exalumnos a la que mi madre me llevó porque le daba vergüenza ir sola. No era común verla vestida con elegancia, pero esa noche llevaba un vestido de gala, algo que rara vez sucedía.
Mi padre había fallecido cuando yo era muy pequeña, lo que explicaba por qué nunca había visto a mi madre asistir a eventos sociales.
Nuestra familia no es una familia acomodada, para decirlo directamente. El pilar de la familia era mi madre, y apenas teníamos ahorros para emergencias.
Hasta que conocí a Khun Ratri. Cuando la conocí me dijeron que era una amiga de mi madre de la universidad. Sin embargo, la forma en que la miraba era demasiado suave para ser solo una conocida superficial.
La tía Ratri era un poco más alta que mi madre, algo que se notaba aún más cuando se quitaba los tacones. Desde entonces, vi que la persona a quien yo más amaba sonreía más y se encontraba con ella con mayor frecuencia. Sin embargo, aquella sonrisa de mi madre no duró mucho.
Tres años después, la sonrisa de mi madre se convirtió en una mancha en mis recuerdos. Fue la primera vez en mi vida que sentí la pérdida de alguien verdaderamente importante. Me invadió una soledad abrumadora, con el corazón hecho añicos, en fragmentos tan diminutos como granos de arena, imposibles de recoger con mis propias manos. Lloré hasta que mi rostro se hinchó, hasta quedarme sin lágrimas en la primera noche. Para la segunda, ya no quedaba nada que pudiera brotar de mis ojos. Se podría decir que lloré hasta quedar completamente vacía.
Un accidente se llevó a mi madre sin previo aviso. Solo la tía Ratri estuvo allí. No tenía familiares por parte de mi madre desde que crecí, y menos aún por parte de mi padre. Mi madre nunca mencionó su nombre, solo decía que mi padre estaba muerto y que no había razón para hablar de él. Nunca vi su tumba ni su lugar de descanso, incluso después de haber crecido. Y nunca pregunté. Simplemente asumí que
seguramente mi madre tenía alguna razón personal, pero no es que nunca quisiera conocer a mi padre.
—"Si Chat cambia de opinión, puedes decírmelo, yo misma vendré a recogerte."
No pensé en aceptar su invitación porque no creía que tuviera derecho o que fuera digna de ello. La tía Ratri nos ayudó tanto que me sentí completamente avergonzada. Los gastos del funeral de mi madre, el costo de los rezos, la organización del evento y todo lo demás en lo que ayudo; prácticamente en el funeral de mi madre no habían invitados ni parientes que asistieran al funeral. Solo estábamos yo y la tía Ratri hasta el día en que recogimos las cenizas de mi madre del crematorio. La tía no obtuvo nada a cambio, ni siquiera las cenizas, y además perdió dinero y derramó lágrimas, aunque fingió ser fuerte frente a mí.
Después de eso, quise intentar vivir por mi cuenta y ganar dinero para pagar mis estudios, como mi madre siempre había hecho por mí. Fue mucho más difícil que solo dedicarme a estudiar, más de lo que había imaginado. Aunque tenía el dinero que la tía me enviaba cada mes para cubrir mis necesidades, lo transferí a una cuenta que había planeado usar para comprar un coche de segunda mano. Esperaba que eso me ayudara a generar algo de ingresos, y ese coche ha estado conmigo hasta ahora.
—"Chat, ¿en qué estás pensando? ¿Estás escuchando lo que digo?'"
La voz de la tía me trajo de vuelta al presente. Ese coche acaba de quedar destrozado en el accidente, quizás desde hace varios días, desde que estoy internada en el hospital.
El coche es algo querido para mí porque hemos pasado por tantas cosas juntos incluso ambos quedamos destrozados.
Solo pude sacudir la cabeza ligeramente para responderle a la tía Aratri.
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—"Te dije que llevaría a Chat al coche primero. Espera ahí dentro hasta que termine mis asuntos en la oficina de finanzas, ¿entendiste?'
Asentí con lágrimas en los ojos. Ella probablemente sintió lástima o algo por el estilo, porque me acarició la cabeza suavemente. Pero eso solo hizo que las lágrimas corrieran aún más por mis mejillas. El cansancio, las dificultades que había enfrentado sola durante todo este tiempo, me hicieron recordar las palabras de la tía Ratri, donde me invitó a vivir con ella en la última noche del funeral antes de la cremación.
Fue la tía otra vez quien empujó la silla de ruedas y me ayudó a subir al coche, dejándome mientras ella regresaba a terminar sus trámites financieros. Yo había planeado devolverle todo el dinero que me había dado. Con un dinero que yo había ahorrado, aunque no era mucho. Pero en mi estado actual, no me veía nada bien. Mi cuerpo estaba cubierto de heridas y cortes causados por algo. Quería verme la cara, saber cómo lucía ahora, especialmente con este dolor tan intenso en el cuello. Así que pensé en usar el espejo retrovisor y comencé a inclinarme hacia el centro. En el se reflejaba el rostro del conductor, que levantó la mano para empujarlo hacia él.
—"La señora Ratri ordenó que no te mires en el espejo hasta que te recuperes por completo.'
¿Tan mal estoy? Sentí un leve dolor en la mejilla, lo que indica que mi cara probablemente esté llena de cortes. Solo pude levantar la mano para frotarme el rostro suavemente, buscando las heridas. Seguí haciéndolo hasta que la tía Ratri regresó.
El sonido de la puerta lateral al cerrarse. 'Arranca', ordenó ella, antes de girarse para mirarme como si quisiera preguntarme algo.
—"¿Hay algo en tu casa que quieras que traiga especialmente, además de las cenizas de Resh?'
Sacudí la cabeza con timidez antes de levantar un poco la cara, lo suficiente para que la herida del cuello no doliera, y susurrarle al oído a la tía Ratri:
—"Solo ropa y los documentos guardados en el armario."
Pero no es que no hubiera cosas que me preocuparan.
La tía fue a buscar lo que necesitaba: la ropa que tanto quería usar especialmente. Ella dijo que la escogiera y se ofreció a cargarla, y no pude negarme. Su cuerpo frágil no era muy diferente al mío. La única diferencia era su cuerpo completo y sano, mientras que yo no estaba en posición de mostrar terquedad con ella. Apenas podía moverme.
—"Si ya está todo, Chat, ven conmigo, ¿sí?"
Yo asentí otra vez. La expresión de la tía parecía temer que pudiera cambiar de opinión a mitad de camino, así que volvió a preguntar para asegurarse. Hace dos años, ella me hizo la misma pregunta, pero aquella niña arrogante la rechazó sin mostrar ningún apego por su bondad y terminó siendo una tonta.
Pensar en ese día me hizo querer pedirle disculpas a la tía Ratri otra vez desde el fondo de mi corazón, y también agradecerle. Levanté las manos en un gesto de reverencia frente a ella, con lágrimas en los ojos. Si no fuera por su ayuda constante, no habría terminado mis estudios, agotada como estaba de ganar dinero hasta quedar exhausta. Ni siquiera somos familia, para ser exactas, ella solo era una amiga cercana de mi madre de la universidad.
—¿Qué pasa? ¿Por qué lloras otra vez?'
La tía Ratri tomó mis manos juntas y me acarició la espalda para consolarme hasta que dejé de sollozar. Después de eso, no hubo palabras entre nosotras durante todo el trayecto. Yo no sabía cómo actuar, tal vez porque he crecido. Solo miraba por la ventana del coche, observando los árboles, el césped y las verdes colinas.
Era la primera vez que viajaba a la casa de la tía Ratri. Esta carretera y el paisaje circundante comenzaron a cambiar, volviéndose extraños a la vista. Ya no habían casas de gente como antes. Los árboles verdes se transformaron en altos y majestuosos árboles de cola de pavo real. Mi nombre, Mayurachat, significa "cola de pavo real", el árbol favorito de mi madre, que siempre me señalaba cuando viajábamos juntas a otras provincias.
—¿Es bonito, verdad?' Giré la cabeza hacia la voz de la tía Ratri. Olvidé de nuevo que me dolía el cuello y me giré demasiado rápido, teniendo que llevarme la mano al cuello con una mueca de dolor. Mientras tanto, la tía se recostó en el asiento, mirando las flores de cola de pavo real como si nunca las hubiera visto antes. Sus manos en el regazo estaban entrelazadas con fuerza, y sus pulgares se frotaban entre sí.
—"Esta área de colas de pavo real fue plantada para marcar que estamos entrando en una carretera privada. Desde aquí, es el camino a nuestra casa. Recuérdalo bien, Chat."
Las palabras de la tía sonaban extrañas, pero no pude preguntar. Solo recorrí con la mirada mi lado, aún lleno de árboles de cola de pavo real. Eran tan hermosos, con flores naranjas en las ramas o cayendo y siendo llevadas por la brisa. Cada vez que las miraba, me acordaba de mi madre, tocándome el corazón. ¿Por qué mi madre y yo teníamos destinos tan similares? Pero esta vez, yo aún conservaba algo de suerte.
—"¡Oye!"
El tío conductor gritó fuerte. Giró el volante para esquivar algo, pero no alcancé a ver qué era. Mi cuerpo, lleno de heridas y dolor, chocó contra el de la tía. Ella levantó los brazos para protegerme, atrayéndome hacia un abrazo inmediato y apretado.
—"¿Qué te pasa? ¿Estás conduciendo distraído o qué?"
Es la primera vez que veo a la tía Ratri hablar con un tono de voz severo, o quizás sea algo normal en ella y simplemente la conozco poco. Parece que está muy preocupada por mí.
—"Lo siento, señora Tri. Es que... ese idiota se cruzó corriendo frente al coche."
—"Ajá, ten más cuidado la próxima vez."
La tía Ratri ya no parecía tan enojada. Su actitud había cambiado y no reprendió al conductor como antes. Pero lo que me llamó la atención fue que, cuando se dio cuenta de lo enojada que estaba, me abrazó con fuerza.
—"Lo siento, ¿te asusté?"
Yo sonreí levemente y negué con la cabeza.
—"¿Todavía te duele la garganta? Escuché al médico decir que tienes una herida ahí."
Esta vez asentí y levanté un poco el rostro, señalando el punto que más me dolía. "Aquí", pensé para mis adentros.
—"En unos tres o cuatro días estarás mejor. Bebe agua tibia en lugar de fría. No te preocupes demasiado por la herida, Chat. Si piensas demasiado en eso, solo terminarás dañando tu salud mental."
—"Sí..." Aunque mi voz estaba ronca, quería responder con palabras para no hacer el ambiente demasiado incómodo. Luego le sonreí a la tía Ratri, sintiéndome un poco avergonzada.
Al darme cuenta de que le estaba causando muchos problemas, me sentí aún más incómoda.
—"En nuestra casa hay algunas reglas que quiero que sepas antes. La primera, y la más importante: está estrictamente prohibido acercarse a la casa de madera detrás del jardín. Es peligrosa porque casi no se usa, y últimamente las serpientes han hecho nidos por allí."
Asentí, entendiendo sus razones.
—"La segunda: no salgas de la casa después de la puesta de sol. La mayor parte de nuestra propiedad es un jardín, y no quiero que te pase nada, sobre todo por las serpientes y otros reptiles."
Eso tenía sentido. Había escuchado de mamá que en las zonas rurales la gente no suele salir después de que oscurece. Quizás es una costumbre arraigada.
—"La tercera..." La tía se inclinó hacia mi oído.
—"No le cuentes a nadie sobre tu vida personal, excepto a mí. Habla con los demás en la casa solo lo necesario. Tienes que entender que, por naturaleza, los humanos no siempre son amistosos."
—"La cuarta... En esta casa se come a horas establecidas: el desayuno es a las siete de la mañana, el almuerzo al mediodía y la cena entre las seis y las siete. La Tía Tieab será la encargada de preparar la comida."
—"¿Qué comida le gusta a Chat? Dímelo para comprarla. Ah, y puede sentarse a comer en la misma mesa con el tío."
Empezaba a sentir curiosidad por cómo vivía la familia de la tía Ratri bajo estas reglas. Si todos comían exactamente a la misma hora, entonces cada comida debía de ser un gran banquete, y eso tres veces al día.
—"Regla número cinco: Debes estar en tu habitación antes de las diez en punto de la noche, terminar todos tus asuntos personales y no salir hasta que el sol haya salido y si escuchas sonido de golpes en la puerta. No te asustés la casa es vieja, solo hay fotos y cosas antiguas. Te lo digo porqué la tía teme que Chat pueda asustarse."
Simplemente asentí para indicar que comprendía. Al final, sin importar cuáles fueran las reglas, tenía que seguirlas. Aunque algunas sonaban extrañas o carecían de una razón suficientemente lógica, pero al final debía respetar a la dueña de la casa.
El simple hecho de poder quedarme en su hogar ya era más que suficiente. En los días que me quedaban antes de morir, solo quería que alguien me recordara, que mi existencia no se desvaneciera en la memoria de los demás. No quería que mi madre desapareciera del corazón de nadie tampoco.
Por eso, decidí que, mientras tuviera la oportunidad, intentaría devolver el favor a la tía Ratri. Y, en lo más profundo de mi deseo, quería grabarme en su memoria… de la misma manera en que mi madre lo había hecho. Eso era todo lo que quería.
Permiso 🕯👻