𝖼𝗎𝗉𝖼𝖺𝗄𝖾𝗌.
Un dulce silbido se podía escuchar por toda la casa, entonando una simple canción que sonaba en la radio. Carlos se encontraba terminando de preparar una de las recetas que le había enseñado su madre, unos deliciosos y muy antojables cupcakes de chocolate.
Vertió la mezcla con cuidado en los moldes, moviendo su cintura junto al tema que oía, cantando de vez en cuando aquellas partes que lograba identificar. Abrió el horno y metió la bandeja, satisfecho de haber logrado todo en tiempo record. Tomando su celular puso un temporizador, una hora para ser exactos, siendo el tiempo recomendando por su madre y quién era él para llevarle la contra.
Sus acciones se trasladaron a ordenar el desorden que había causado hasta qué unas manos se apoyaron en su cintura, sorprendiendolo, pero al oler ese perfume exquisito no pudo más que sonreír.
─ buenos días amor. ─
Pronunció con dulzura, sorprendiendose cuándo su pecho fué pegado a la mesada, sacándole un jadeo.
─ con estas vistas si que son buenos días. ─ Murmuró Charles mientras veía hacía abajo, su erección mañanera quedaba muy bien entre los glúteos de su esposo, comenzando a frotarse con ganas, realmente estaba caliente y que mejor que ese culo español para saciar sus deseos.
─ Charlie, ¿qué hacés? ─
Pronunció con dificultad Sainz, sintiendo su rostro rojo ante el desavergonzado roce que estaba teniendo su chico con él, pero aún así tirando sus caderas hacia el menor.
Una nalgada le quitó el aire, haciendo que mordiera su propio y carnoso labio.
─ ¿no te parece obvio lo que estoy haciendo, bebé? ─ Musitó con dejes de irritabilidad, era muy temprano para que le hicieran preguntas estúpidas, ─ soñé que te cogía con fuerza, y eso pienso hacer. ─
En un rápido movimiento logró quitarle su pijama y su boxer, dejando su blanco trasero totalmente expuesto para él. Relamió sus labios, llevando una de sus manos a la boca ajena, metiendo tres de sus dedos en ella, mientras la otra acariciaba esos glúteos gordos, deleitándose por como se sentían bajo su tacto.
El español se dedicaba a humedecer los largos dedos con devoción, no podía mentir, que Charles lo haya puesto así por sorpresa solo lo había excitado de sobremanera, amaba cuando el menor actuaba bajo sus más primitivos instintos y que lo usara a él para satisfacer sus más puras fantasías.
Cuando sintió que sus dedos estaban más que mojados, los retiro de esa caliente boca para llevarlos rápidamente a la entrada ajena, y sin ningún aviso, meter uno de sus dedos dentro del mayor. Sainz jadeó, cerrando sus ojos ante la intromisión mientras que Charles gimió levemente ante la abrasadora sensación de calor en su dedo.
─ dios, estás tan caliente. ─ murmuró comenzando a mover su índice dentro del español, comenzando de forma lenta para eventualmente aumentar la velocidad, metiendo cuando creía necesario los otros dedos que había lamido su chico para él.
Sus manos se aferraban a la mesada mientras gemía bajo las penetraciones de los largos dedos ajenos, le gustaba, sí, pero necesitaba algo mucho más grande, algo grueso que lo estire de forma exquisita, así qué, abrió sus labios dispuesto a hablar.
─ Charlie, te necesito dentro. ─ pronunció entre suspiros y chillidos, moviendo su cintura para poder sentirlo aunque sea un poco más profundo. Ante el pedido, el mencionado sonrió, sacando sus dedos para deshacerse de su ropa inferior con rapidez, suspirando cuándo al fin se había liberado su miembro, encontrandolo rojo y goteante ante la excitación.
Se escupió a sí mismo, masturbándose lentamente para lubricarse un poco antes de alinearse al esfinter ajeno, rozando su punta simplemente para molestar a su mayor, que al quejarse solo se limitó a sonreírle, comenzando a entrar suavemente en él, teniendo cuidado de no lastimarle.
Un fuerte gemido se escuchó por parte de ambos cuando al fin había terminado de entrar, quedándose quieto mientras esperaba que Carlos se acostumbrara al tamaño, clavando sus dedos en la cintura ajena ante la anticipación, quería moverse, claro que sí, y eso pudo notarlo el mayor, sonriendo.
─ muévete, Charlie. ─ suspiró acomodándose bien sobre el mármol de la cocina, dejando sus glúteos levantados hacia su menor, mientras pegaba totalmente su pecho en la mesada junto a una de sus mejillas, dejando su cabeza de lado, pudiendo ver así de reojo a su esposo, el cuál se veía increíble, era fascinante poder apreciar el rostro de Charles cada que se le diera la gana, esas facciones definidas, perfectas, su cabello despeinado al haberse despertado recientemente, su cuello, ese maldito cuello que amaba agarrar y sostenerse de ahí; sus hombros anchos y bien trabajados y su torso el cuál estaba descubierto al tener Leclerc la costumbre de dormir en ropa interior, amaba acariciar sus pectorales, su abdomen bien definido y lamer cada uno de sus abdominales hasta llegar a su pelvis, deleitándose por como se perdía su hombría entre sus glúteos. Una suave risa lo sacó de su mente, provocándole un tierno sonrojo.
─ ¿te gusta lo que ves? ─
Musitó el monegasco con altanería, sabía lo mucho que le gustaba a su mayor y eso solo le subía la autoestima, porque sí, sabía que era bonito, tal vez hermoso, pero el hecho de gustarle a Carlos Sainz era un sueño hecho realidad, tener bajo suyo a tremendo hombre era su logro más preciado, era suyo, y nadie podía hacer nada contra ello.
Su cintura comenzó lentamente a moverse, siguiendo la petición que anteriormente había tenido su chico hacía él, entrando y saliendo a un ritmo tortuoso para ambos pero necesario para aquello que estaba por venirse; pero parecía que al español lo mataba la ansiedad, por lo qué comenzó a inclinar su cuerpo, formando un pequeño vaivén en donde se penetraba a sí mismo con el miembro ajeno. Charles ante ésto solo sonreía, mirando como su pene entraba y salía de esa estrecha entrada, deleitándose por los sonidos que Carlos pronunciaba ante las suaves estocadas. Levantó una de sus manos, dejándola caer con fuerza sobre el gluteo derecho del español, viendo como cambiaba a un rojizo exquisito, volviendo a hacerlo pero en el otro lado, repitiendo varias veces ese patrón hasta notar su mano bien marcada en ese hermoso culo.
─ definitivamente el rojo es tu color, bebé. ─ inclinó su cuerpo hacía adelante, pronunciando esas palabras en forma de susurro sobre su oído, volviendo a tomar con fuerza la cintura del mayor, deteniendo así los movimientos que éste realizaba, empezando a moverse con rapidez él mismo, marcando un ritmo fuerte, duro, hostil, quería cogerse con rudeza a su Carlos y no había nada que pudiera impedirlo.
Su boca en forma de “o” dejaba en evidencia lo bien que lo estaba haciendo Charles. Sentía como sus entrañas se estiraban con cada penetración que recibía, teniendo múltiples corrientes de placer atravesando su cuerpo, haciéndolo estremecer bajo el tacto contrario. Su mano izquierda la levantó, dejando que vaya hasta el cabello del monegasco, sosteniendolo para poder escuchar los sonidos que este producía golpear directamente en su oreja, calentándolo de sobremanera; cada gemido que hacía su esposo lo hacia temblar, él era el causante de ellos, él lograba que ese tierno y amable chico se volviese una máquina sexual adicta a su cuerpo, lograba que sucumbiera a sus más profundos deseos y no había cosa que le diera tanto orgullo que eso, su Charles dominante, adicto a hacerlo un desastre, era una faceta que solo él podía ver, nadie más que Carlos Sainz.
Un golpe certero en su próstata lo hizo salir de su mente, tirando con fuerza de los cabellos entre sus dedos, gimiendo con ganas el nombre ajeno. Ante ésto, Leclerc solo pudo sonreir, comenzando a morder el lóbulo del otro mientras aumentaba la velocidad con la cuál lo penetraba, sin cambiar el ángulo en el cuál lo hacía.
─ Charles por favor, quiero verte. ─ pronunció con dificultades Carlos, sintiéndose abrumado ante la sensación de su punto siendo abusado por el glande ajeno, lo estaba llevando directo al orgasmo y él realmente queria disfrutar un poco más del momento. El monegasco ante la petición solo asintió, librandose del agarre en sus castaños cabellos para salir temporalmente, girándolo de forma rápida a la vez que las gruesas piernas del mayor se enredaron en su cintura, acercándolo casi al instante. Río por lo bajo, alineándose pero sin entrar, jugando con la paciencia ajena.
─ mueres por sentirte lleno, ¿no es así, Calos? ─ lamió sus propios labios, tomando con fuerza las piernas del otro, observando sus dedos marcarse de forma deliciosa en esa levemente bronceada piel, ─ si tanto lo quieres, deberías pedir por ello. ─
El glande rozando sus músculos lo hacían delirar, no estaba soportando el no tenerlo golpeando contra él, pero el tener que pedirlo lo hacía sonrojar. Mordió uno de sus belfos, mirándolo con sus ojos brillosos por la excitación, casi perdiéndose su color marrón ante sus pupilas dilatadas, quedando con un color negro profundo, estremeciendo al contrario.
─ Charlie, rompeme en dos ─ sus piernas lo atrayeron más a su cuerpo, logrando que la punta entrase sin permiso del menor, ─ destruime, soy todo tuyo. ─ Y no bastaron más palabras para tenerlo nuevamente hasta el fondo, dejando que su cabeza cayera hacia atrás, gimiendo alto mientras se sostenía de la mesada, cerrando sus ojos casi al instante, concentrándose en el placer que le estaba dando su monegasco.
El cuerpo de Carlos se sacudía en cada penetración, logrando de vez en cuando desestabilizar objetos que en el mármol estaban, hasta qué uno de los contenedores que había llamó la atención de Leclerc, una sonrisita se asomó en sus rojos labios, llevando unos dedos hasta tomar con ellos un poco de crema, comenzando a esparcirlo por todo el pecho contrario, bajando su cabeza al terminar; sin dejar de mirar los profundos y grandes ojos del español sacó su lengua, apoyándola por donde anteriormente había dejado que sus dedos pasasen, limpiando con lentitud, disfrutando de la dulzura que golpeaba sus papilas gustativas junto a la leve capa de sudor que tenía Carlos encima, deleitándose por esa increíble combinación.
Ante las vistas se quedó sin aire, sentir la humedad en su piel, poniéndose su piel de gallina por el tacto de la fría crema seguida de la cálida lengua; aquello lo llevó al límite, sintiendo múltiples cosquillas en su vientre bajo.
─ estoy cerca ─ pronunció en un hilo de voz, mirándolo ahora con sus ojos levemente llorosos. Al escucharlo su mano rápidamente fue a parar al desatendido miembro español, tomándolo con seguridad, comenzando a sacudirlo a la velocidad de sus embestidas, las cuales aumentaron ante las palabras ajenas, él también estaba más que cerca y quería correrse junto a él.
Su espalda se arqueó a la vez que sus ojos se abrían en forma de plato, yéndose sus pupilas levemente hacía atrás; su vista estaba borrosa, su cuerpo se tensó completamente y su boca se abrió pero nada salió de ella, corriéndose en finas lineas, manchando la mano de su menor junto a ambos pechos. Finalmente gimió desde lo más profundo de su garganta, casi parecía un grito adornado por el elegante nombre del contrario; cerró sus ojos, dejando así que las lágrimas causadas por su orgasmo cayeran por sus mejillas, perdiéndose bajo suyo, sus manos fueron a parar a los antebrazos de Charles, sosteniéndose con fuerza ante la rudeza con la cuál había terminado, sintiendo su cuerpo temblar violentamente por la sobreestimulación que estaba recibiendo por las embestidas que aún estaba teniendo por parte del monegasco.
Su miembro palpitó, las paredes ajenas lo estaban envolviendo de forma fantástica, se sentía abrumado, el calor, lo húmedo que estaba, los ruidos, su chico terminando gracias a él, todo lo estaba llevando al delirio y no estaba resistiéndose en lo absoluto; se dejó arrastrar por el orgasmo ajeno y por el propio también, enterrandose profundamente mientras liberaba su semilla en su interior, dejando su cabeza caer hacía atrás y sus manos sosteniéndose casi de forma dolorosa a las extremidades ajenas, su boca dejó salir un gemido de puro éxtasis, presionandose para que nada se saliera de ese condenado orificio, mordiendo su labio ante la sensación de ser casi exprimido por su mayor, sacándole una sonrisa llena de lujuria, temblando levemente ante ese acto.
Luego de unos segundos dejó que su cuerpo cayera hacía delante, sus respiraciones cansadas chocaban al estar sus frentes juntas, sus ojos cerrados, sus cuerpos aún pegados, disfrutando de tenerse cerca hasta que un sonido los sacó de su burbuja, asustandose por aquella alarma que comenzaba a sonar.
─ ¡mis cupcakes! ─ .
⠀⠀ ⠀⠀ㅤ𝟣𝟨︔ 𝟧𝟧.
Algo corto y un Charlos poco común para arrancar ésto, estaré subiendo los one-shot de chilli sauce separados por aquí. Así qué, espero les haya gustado, sin más, gracias por leer 𖹭.
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