PRÓLOGO
KAI
La bruma espesa del bosque se alzaba como un muro impenetrable, apenas iluminado por la pálida luz de la luna. Mis pasos eran rápidos y firmes, aunque mi corazón golpeaba con la violencia de una tormenta. A mi lado, Celeste corría con el aliento entrecortado, su mano aferrada a la mía como si soltarme significara perderse en la oscuridad.
El eco de los cascos y los gritos nos perseguía como una sombra maldita. Sabía que no nos darían tregua. No esta vez.
—No te detengas, Celeste —susurré entre dientes, sintiendo el filo de la desesperación en mi voz—. No importa lo que pase, sigue adelante.
Ella se volvió hacia mí, su mirada reflejando el miedo y algo más profundo… algo que no debía permitir que la retuviera.
—¿Y dejaros atrás? —preguntó con un temblor en la voz.
Tragué en seco. No había tiempo para dudas.
—No hay tiempo para discutir —dije con dureza, pero cuando nuestros ojos se encontraron, sentí el peso de cada emoción que intentaba ocultar—. Lo que venga para mí no importa, mientras tú estés a salvo.
Un grito desgarrador perforó la noche, helándome la sangre. Sabía que estaban cerca.
Celeste vaciló, su voz quebrándose con un dolor que parecía venir de un lugar más antiguo que esta huida.
—Cedric, no puedo dejaros. No otra vez…
Cada palabra era un puñal en mi pecho. Pero no podía permitirlo.
—Debes hacerlo —dije, deteniéndome en seco y sujetándola por los hombros—. Celeste, si alguna vez me has amado, si alguna vez hemos compartido un destino, juro que nos encontraremos de nuevo. Pero ahora… ahora debes huir.
Ella me miró con los ojos empañados, las lágrimas brillando como estrellas rotas. Asintió, aunque su cuerpo parecía resistirse. No le di más opción. Con un movimiento firme, la empujé hacia adelante.
Entonces me devolví.
Las sombras de nuestros perseguidores emergieron de la penumbra. No habría escapatoria para mí. No la necesitaba. Desenvainé mi espada, sintiendo su peso familiar en mi mano.
—¡Cedric! —escuché su voz, desgarrada por la angustia.
No me permití mirarla. Si lo hacía, tal vez mis piernas flaquearían.
El estrépito del acero llenó el aire. Bloqueé el primer golpe, esquivé el segundo. Un tercero me alcanzó en el costado.
El dolor ardió como fuego, pero no caí de inmediato. Busqué su silueta en la distancia, deseando que ya estuviera lejos.
Entonces, la rodilla me falló y caí.
La bruma del bosque me envolvió como un sudario, pero en mi última mirada, no vi oscuridad. Vi su rostro. Y eso bastaba.
Me desperté de golpe, con el corazón aún desbocado, como si acabara de correr una maratón, pero sin haberme movido ni un centímetro. El sudor empapaba mi frente, y mis pulmones parecían vacíos, como si no pudiera recuperar el aire. Me incorporé en la cama, los dedos temblorosos al tocarme la cara, como si intentara asegurarme de que no estaba soñando aún.
El sueño había sido vívido. Demasiado vívido. La imagen de Cedric, la chica, y el bosque eran tan reales que aún podía oler la tierra mojada y escuchar el choque de espadas en el aire. Sentía su desesperación, esa urgencia palpable en su voz, y, sin embargo, cuando me desperté, todo lo que quedaba era un extraño vacío en el pecho. No lo entendía. ¿Por qué ese sueño? ¿Por qué me había afectado tanto? Y lo más raro de todo, ¿por qué me sentía como si hubiera sido parte de esa historia, como si algo dentro de mí me conectara con ellos?









el sueño de Alejandro 😭