LA RUPTURA
Creía que mi vida era perfecta, justo acababa de regresar de un concurso en el que fui reconocida como una de las mujeres más hermosas del planeta.
Estaba a punto de casarme con el hombre de mis sueños, la vida que tanto había soñado. Me encontraba tan emocionada con los preparativos para la boda. Faltaban tan solo un par de meses para poder unirme en matrimonio con mi prometido.
Una mañana quise sorprenderlo, me había comentado la noche anterior que estaría hasta tarde en juntas de negocios, así que pasé a comprar el desayuno y me dispuse a ir a su departamento. Cuando llegué ,iba saliendo de la ducha, todo parecía estar en orden, tomé algunos platos, preparé café en lo que se vestía, serví el desayuno. Entre a su habitación para avisarle que todo estaba listo, pero note algo distinto, había encontrado una botella de vino tinto destapada en la cocina pero pensé que era normal, cualquiera bebe una copa de vino cuando se encuentra cansado después de un largo día de trabajo. Al encontrarme dentro de su habitación noté que había dos copas de vino vacías.
Por primera vez sentí la sangre helada, en un momento mi mundo se derrumbó. No podía creer que había estado con alguien más en la habitación que muchas veces compartimos.
Sentí náuseas y estaba perdiendo el equilibrio, así que me senté en la orilla de la cama.
-¿Cómo te fue anoche? -Quería comprobar hasta dónde era capaz de llegar.
-Bien la verdad, llegué cansado, me tomé una copa y me dormí temprano, por eso ya no contesté tu llamada.
-Ya entiendo. -Asentí con la cabeza. -No te preocupes, entiendo que estabas ocupado.
-Pero ya estoy listo para disfrutar un día con mi bella prometida. -se acercó a mí intentando abrazarme, pero mi cuerpo reaccionó antes que mi cerebro y lo evadió.
-Lo siento.
-¿Qué te sucede Aranza?
-¿Estuviste sólo?
-Por supuesto, llegué cansado y por eso no contesté.
-¿Por qué me mientes? -Lo miré con tristeza.
-¿No entiendo a qué te refieres? -Tomé las dos copas que se encontraban en el mueble al lado de la lámpara de noche.
-Por favor, no me digas que piensas mal de mi.
-Pablo esta copa tiene labial. -Le señalé la copa y se la puse en la cara.
-No vamos a discutir por esto, además aún no estamos casados.
-¿Perdón?
-¡Si! que la fidelidad no es gran cosa.
-Pablo cómo puedes decir eso. -Nos vamos a casar...
-Todos los grandes empresarios de este país tienen amantes, no serías la primera ni la última. -Los hombres somos por naturaleza infieles, simplemente seremos como todos los demás, yo seré quien te de los lujos, la vida de ensueño y tu serás la esposa hermosa, la que va a criar a los hijos y que disfrute del dinero y las comodidades de su marido sin preguntar nada.
-Para mi la fidelidad engloba un concepto distinto y muy importante, porque he visto a mi padre dedicar su vida a su familia. -Desvivirse de amor por mi madre.
-Amor mi padre toda su vida ha tenido amantes y jamás he escuchado a mi madre quejarse por ello. -Al contrario, ella disfruta de la vida que mi padre le da. -Mi abuelo también fué un hombre así, no veo cual es el problema, nunca te va a faltar nada.
-¿Pablo te das cuenta de lo que me estás diciendo? -La sangre me hervía al escuchar sus respuestas. Mis pensamientos, mis valores y lo que yo creía no tenían nada que ver con lo que estaba saliendo de la boca de este hombre al que según yo conocía y amaba tanto.
-Amor por favor, no es algo del otro mundo, además la vida que tendrás compensará todo y mucho más.
-Pablo yo no sé si puedo con esto. -Tomé mi bolso y salí de su departamento.
Ya en mi auto y rumbo a casa puse la radio, se escuchaba una canción llamada<<Mil preguntas>>de Marina Reche. Fué la gota que derramó el vaso, me solté a llorar sin poder parar. Cómo era posible que el hombre que tanto amaba me hubiera traicionado, cuando yo lo había respetado cada uno de los días de nuestra relación. Había tenido tantos hombres dispuestos a lo que sea por mi, ofrecimientos de todo tipo y jamás di pie a nada porque amaba a Pablo y ahora él me había decepcionado con su actitud y que quisiera que yo lo tomara como algo normal. No solo eso, que yo me adaptara y me dolía aún más porque yo en casa tuve otra perspectiva totalmente distinta de lo que es el amor.
Lo que veía en casa era a un hombre que se había esforzado mucho en crear y crecer su negocio, que amaba a su familia y que todos los días se daba el tiempo para poder regresar a casa para comer con su esposa, salir del trabajo y en la cena compartir con nosotros el cómo nos iba.
Pude ser testigo de que en cada oportunidad que mi padre tenía, le demostraba a mi madre cuánto la amaba, no solo con detalles económicos, sino con muestras de cariño como cuidar de ella cuando enfermaba o despertarla con un desayuno en su aniversario.
Pensé toda mi vida que el hombre con el que me casara debería ser como él. Pablo parecía ser el hombre perfecto: caballeroso, atento, me apoyó a lo largo del certamen de belleza, me hacía detalles hermosos por mi cumpleaños y ante los ojos de la sociedad eramos la pareja ideal.
La desilusión al darme cuenta de que Pablo me había mentido y la decepción de escucharlo excusarse de esa manera, haciendo parecer que todo eso era tan natural. Mi cerebro comenzó a hacerse ideas, a cuestionarme sobre el tiempo en que seguramente me había engañado. Quien era la persona con la que él me había traicionado. El dolor que me causaron sus palabras era tan grande que al llegar a casa lo primero que hice fue llamar a mi padre.
-¡Hola! Pa.
-Hola mi amor. -¿Todo bien?
-Ne... Necesito tu consejo. -la voz me temblaba, no podía ocultar mis ganas de llorar.
-Princesa. -lo escuche tomar aire. -Sabes que cuentas con papá para todo. ¿Cierto?
-Papi... Los labios comenzaron a temblarme -Pablo me engañó. En seguida mis ojos se pusieron llorosos y el nudo en la garganta no me permitía hablar con claridad.
-Mi niña no lo pienses dos veces. -Sabes que cuentas con todo mi apoyo. -Busca un vuelo y ven a casa, aquí está tu familia que te ama.
-Pero papá...
-Sabes que yo te voy a apoyar en todo lo que decidas hacer, pero necesito que estés aquí para que lo platiquemos. -Toma una maleta y vente en el primer vuelo.
Así es como regresé a casa de mis padres. Al estar con ellos sentí que estaba en un lugar seguro, el simple hecho de tenerlos cerca eran mi bandita para el corazón. Al contarle a mi padre lo que había sucedido sus palabras fueron claras.
-Princesa tienes el ejemplo de amor, de una promesa de amor entre tu madre y yo, sabes que como es. -Tal vez en algunos momentos hay desacuerdos, pero siempre llegamos a una solución. -Sin embargo la fidelidad y nuestros valores como pareja no son cuestionables en ese aspecto. No puedes permitirte estar con alguien que no te ama lo suficiente para serte fiel. No cambies tus valores por adaptarte a alguien, al menos no de esa manera.
-Lo que me duele es que ya pagaste mucho por esa boda.
-Prefiero perder eso a dejar que seas infeliz por haberte atado a una persona que no te valora.
-Gracias papi. -Perdoname por esto. -Lo abrace fuertemente.
-No es tu culpa lo que está sucediendo. -La familia te respalda y lo que haremos es apoyarte. -Si necesitas que yo personalmente hable con Pablo o te acompañe, estoy contigo.
-Gracias papi, pero creo que debo hacerlo sola. -Me quedaré unos días aquí en casa con ustedes y cuando me sienta mejor regresaré a la ciudad y hablaré con Pablo para entregarle el anillo personalmente y dar por finalizado nuestro compromiso.
-Te quiero princesa. -Recuerda que mamá y yo estamos orgullosos de ti.
Así pasaron los días y cuando estuve más tranquila regresé a la ciudad. Busqué a Pablo para hablar las cosas como adultos.
-No puedes hacerme esto, es solo un berrinche. -¿Quieres que te compre alguna joya o nos vamos de viaje para que se te olvide lo que ocurrió?
-Ese es el problema Pablo. -Tú y yo no vamos a funcionar porque la infidelidad para mi no es negociable. -No tiene precio, no es algo que compras o pagas por él para mantenerlo a raya.
-¿Te has puesto a pensar en que van a decir nuestros conocidos? -El compromiso estaba anunciado en las revistas de sociales.
-Eso no me importa, pero si tanto te preocupa hagamos un trato. -Aquí se termina nuestro compromiso y por mi parte el único anuncio que haré es que se dio por terminado, pero nunca expondré los motivos.
-Bien si así lo quieres, tu te lo pierdes. -Pudimos haber sido una de las mejores parejas del entorno.
-Gracias Pablo, pero no podría hacerlo a costa de mi salud emocional y de traicionar mis valores. -le di un abrazo. -No eres mala persona, simplemente entiendo que tu no puedes cambiar ciertos aspectos de tu vida, al igual que yo. -Te deseo buena suerte.
-Quedamos en eso entonces. -Buena suerte. Me dio un abrazo.
Salí del restaurante y me fui a mi departamento, lloré mucho y cuando estuve más tranquila llamé a mis padres para contarles que había terminado oficialmente con Pablo.
Días después les conté a mis amigas y me ayudaron a acordar con algunos medios para dar la noticia sin tanta explicación.
Salió la noticia en algunas revistas, se hicieron bastantes especulaciones al respecto, pero como le di mi palabra a Pablo, de mi boca jamás saldrían los motivos de la ruptura.