Prólogo
…Y entonces el señor de todo lo conocido, mirándole con desdén, inquirió—: Mis dominios se extienden hasta los márgenes del gran mar salado, cubriendo montañas y selvas. Todas las criaturas se postran ante el hijo de Sol y le rinden homenaje…Entonces, ¿por qué debemos evitar poner pie en las cumbres brumosas que se alzan desafiantes en medio de mi reino?
El viejo sacerdote se postró con respeto y respondió con un tinte inquietante en la voz.
—Está escrito, desde el inicio de los tiempos, que ningún vástago del Sol podrá pisar la tierra de los ancestros de T´kmal, aquellos que renegaron del supremo creador y fueron sumidos en la oscuridad perpetua…
Fragmento de las crónicas de Arzal, el escriba.