Capítulo 1
Erlea apareció nuevamente en la dirección de aquella escuela privada, quedó en shock ya que al ver a su alrededor vio todo muy grande. Y no tenía sentido ya que ella mide 1.83 cm.
Pov Erlea- ¿Funciono?
Se levantó de la silla y se dirigió a un espejo que estaba en la mesa de la directora.
Pov Erlea- Al parecer si, tengo nuevamente 7 años.
Estaba estresada, pero tuvo que cambiar su rostro al escuchar que alguien se acercaba.
Directora- Joven Erlea, acompáñame por favor.
La seguí hasta que se detuvo frente a la puerta de un salón. La directora tocó la puerta y salió una joven maestra que aparentaba unos 32 años.
Lesly- ¿Qué ocurre, señora directora?
Directora - Lamento interrumpir su clase, señorita Lesly.
Pero hoy tenemos una nueva alumna de cuarto grado.
Lesly- ¿Eh?
Se agacho hasta la altura de Erlea y la miro.
Lesly-Hola, linda.
¿Cómo te llamas? ¿Cuántos años tienes?
Pov Erlea- Al parecer todo es igual que en mi dimensión.
Erlea- Mi nombre es Erlea Scarlet Rosi Petrov, tengo 7 años de edad.
Dijo con un tono seco, pero infantil. Ya no era nerviosa ni alegre como en el pasado, ya no después de todo lo que vivió.
Lesly- Tranquila, pequeña.
Es duro hacer nuevos amigos en una nueva escuela, pero no te preocupes. Aras muchos amiguitos nuevos.
Deja me presento, Soy Lesly, tu tutora de curso y maestra de matemáticas.
Después de que la maestra se presentará ante Erlea, la acompañó a entrar al salón de clases.
En aquel salón se encontraban muchos de sus amigos, los cuales vio morir en aquel horrible día. Pero en especial vio a alguien, a su verdadero amor, a su prometida en aquel tiempo, pero ahora solo eran dos desconocidos. Bueno ella era desconocida para todos de aquel salón.
Lesly- Muy bien niños.
Atención. Hoy tenemos a una nueva compañerita.
Preséntate, por favor.
Erlea dio un paso al frente viendo a todos los niños que estaban allí, alfas, omegas, betas. Ella ya sabía que eran los recordaba a todos, pero ellos no, por ser de diferentes mundos.
Erlea- Mi nombre es Erlea Scarlet Rosi Petrov, tengo 7 años de edad.
Es un gusto ser su compañera.
Lesly- Muy bien, niños.
Su compañera se presentó, les toca a ustedes.
Mientras todos se presentaban y saludaban alegremente a Erlea, ella no paraba de mirar a aquella niña de ojos verdes, su amada, siempre será su amada, en todas las dimensiones y universos ella será su amada. Pero su paz fue interrumpida por un niño odioso de pelo rojizo, el cual ya conocía desde antes.
Darrell- Mucho gusto, Erlea.
Yo soy Darrell Sanchez, espero que nos llevemos super bien.
Aquel niño con tono arrogante la saludo, era tan irritante. Pero le dio risa ver a su amigo después de verlo morir millones de veces.
Erlea- Nos llevaremos super bien.
Sonrió con un tono de arrogancia, mientras veía a aquel chico de cabello rojo.
Lesly- Muy bien, ya que todos se presentaron. Asignare un asiento para su compañera.
Dio una ojeada rápida y señaló al lado de Julieta.
Lesly- Erlea, siéntate al lado de Julieta.
Erlea no esperó y se sentó al lado de Julieta.
Erlea- Mucho gusto, es un gusto conocerte.
Sonrió dándole la mano muy alegremente.
Julieta- A mi también me da gusto conocerle. Soy Julieta Brambilla.
Me encanta tu camiseta.
Dio una cálida sonrisa, lo cual hizo que Erlea se sonrojara.
Erlea- Gracias, Me encanta tu color de ojos.
Te hace ver única.
Julieta rio un poco.
Julieta- Gracias, eres muy graciosa Erlea.
La maestra ordenó que hicieran silencio, ya que la clase iba a empezar.
Erlea sintió cómo su corazón latía con fuerza al escuchar nuevamente la voz de Julieta. Aunque en esta dimensión eran unas niñas, el sentimiento seguía siendo el mismo. Se mordió el labio ligeramente y trató de actuar con naturalidad.
Erlea- Gracias, me encanta tu color de ojos. Te hace ver única.
Julieta rió un poco, con una dulzura que hizo que el pecho de Erlea se llenará de nostalgia.
Julieta- Gracias, eres muy graciosa, Erlea.
La maestra ordenó que hicieran silencio, ya que la clase iba a empezar. Lesly comenzó a explicar un problema matemático en la pizarra, y Erlea intentó concentrarse, pero no podía evitar lanzar miradas furtivas a Julieta. Se veía tan inocente, tan ajena a todo lo que pasaría en el futuro.
En ese mundo iba a cambiar todo, solo para ver feliz a Julieta. No importaría que sacrificaria.
Mientras tomaba apuntes, sintió un leve codazo en el brazo. Se giró y vio a Julieta sonriéndole con dulzura.
Julieta- ¿Te gustaría jugar en el recreo?
preguntó con entusiasmo.
Erlea sintió un nudo en la garganta. Su instinto era abrazarla con todas sus fuerzas, pero se contuvo. Sonrió con dulzura y asintió.
Erlea- Claro, me encantaría. Pero solo un rato, Tengo que ir a la dirección por mi uniforme.
Darrell, quien estaba sentado unas filas atrás, observaba la escena con curiosidad. Se inclinó hacia adelante y habló en voz baja.
Darrell- Oye, nueva. No creas que por ser amiguita de Julieta puedes hacerte importante.
Erlea giró los ojos. En cualquier otra circunstancia, hubiera ignorado su comentario, pero decidió divertirse un poco.
Erlea- Oh, Darrell, me alegra que te preocupes tanto por mí.
Dijo con una sonrisa ladina.
Darrell la miró confundido. No esperaba una respuesta tan tranquila.
Darrell- ¿Eh? Yo no.
Erlea- Ni que fueras mi guardaespaldas.
Añadió Erlea, guiñandole un ojo antes de volver a mirar al frente.
Julieta rió bajito, tapándose la boca con las manos. Darrell bufó y se hundió en su asiento, cruzando los brazos.
Lesly- Erlea, ¿Puedes resolver el ejercicio de la pizarra?
Erlea- Claro, profesora.
Erlea se levantó y en menos de un minuto resolvió aquel ejercicio.
Lesly- Increíble, era una división de 3 cifras. es muy avanzado para alguien de tu edad.
Erlea- Solo fue suerte.
Se sentó nuevamente y rió un poco junto a Julieta.
Julieta- ¿Cómo hiciste eso?
Esa clase recién nos la estaba explicando antes de que llegarás.
Erlea- Solo fue suerte.
Rio un poco.
El timbre del recreo sonó y todos los niños salieron corriendo. Julieta tomó la mano de Erlea y la arrastró con entusiasmo al patio.
Julieta- Vamos a mi lugar favorito.
Dijo emocionada.
Erlea se dejó guiar, disfrutando el simple placer de estar con ella.
Erlea dejó que Julieta la llevara de la mano por los pasillos de la escuela hasta un rincón del patio, donde un árbol enorme proporcionaba una sombra agradable. Había un par de bancos de madera y algunos niños jugaban cerca, pero la mayoría prefería correr por el césped o jugar en los columpios.
Julieta se dejó caer sobre el banco con una gran sonrisa y palmeó el asiento junto a ella para que Erlea se sentara. Erlea la miró con ternura y obedeció, sintiendo un extraño cosquilleo en el estómago.
Julieta- ¿Te gusta este lugar?
Preguntó Julieta, balanceando los pies en el aire.
Erlea- Sí.
Respondió Erlea sin dudar.
Erlea- Es muy tranquilo.
Julieta- Siempre vengo aquí cuando quiero pensar.
Dijo Julieta, mirando hacia el cielo.
Julieta- A veces es difícil estar con todos los demás, pero aquí me siento bien.
Erlea la miró con nostalgia. Sabía lo que Julieta significaba con esas palabras. Recordaba perfectamente los días en que la veía apartarse del grupo, buscando un respiro de la presión social. En su otra vida, había sido su refugio. Ahora, tenía la oportunidad de serlo otra vez.
Erlea- Si quieres, podemos venir juntas siempre.
Ofreció Erlea con una sonrisa.
Julieta la miró con sorpresa y luego sonrió ampliamente.
Julieta- ¡Eso sería genial!
Erlea vio la hora, ya faltaban como 20 minutos para que acabase el recreo.
Erlea- Ya tengo que irme, te veo en el salon.
Erlea al darse la vuelta cambió su rostro y se dirigió a la dirección, y recogió su uniforme, no demoró mucho y se cambió de ropa en el baño del mismo lugar. Luego se dirigió a un lugar apartado en donde ningún profesor, ni nadie la vería.
Erlea- Galaxy, Regresa a en donde la estrella empezó en sus inicios.
Después de esa frase, Galaxy apareció y observó a una pequeña Erlea.
Galaxy- La estrella nuevamente regresó a su rumbo, ahora no debe dejar que se desvíe del rumbo que el destino le designó.
Ambas se miraron y Erlea corrió a abrazar a Galaxy.
Erlea- Lo arruine todo, en un momento todo iba perfectamente bien. Pero luego todo se vino abajo, no era solo Kim leán, y luego.
Se puso a llorar mientras abrazaba a Galaxy.
Galaxy acarició suavemente el cabello de Erlea mientras la pequeña sollozaba contra su pecho.
Galaxy- No has arruinado nada, estrella. Todavía tienes la oportunidad de cambiarlo todo.
Erlea apretó los puños contra la tela del vestido etéreo de Galaxy, sintiendo la calidez reconfortante que solo ella podía brindarle.
Erlea- Pero ¿y si vuelvo a fallar? ¿Y si no puedo proteger a Julieta esta vez?
Galaxy se apartó apenas lo suficiente para sostener el rostro de Erlea entre sus manos.
Galaxy- Ya no eres la misma niña indefensa que vivió ese día fatal. Ahora tienes el conocimiento del futuro y la determinación de cambiarlo.
Erlea tragó saliva y asintió. Tenía razón. No importaba cuántas veces tuviera que intentarlo, haría lo que fuera necesario para salvar a Julieta y a todos sus amigos.
Galaxy- Pero recuerda, el destino no es fácil de alterar. Cualquier cambio, por mínimo que sea, puede traer consecuencias inesperadas.
Erlea respiró hondo. Lo sabía. Pero no tenía otra opción.
Erlea- Lo sé. Pero estoy lista para lo que venga, haré todo para proteger a los que más amo.
Galaxy sonrió con ternura y, con un leve movimiento de manos, una luz envolvió a Erlea, secando sus lágrimas y renovando su determinación.
Galaxy- Entonces sigue brillando, estrella. Yo siempre estaré observándote.
Erlea asintió y, con un último abrazo, Galaxy le dio la bolsa con todas las gemas, a excepción de la gema negra, galaxy se iba a quedar con esa. Galaxy desapareció en un resplandor suave.
Respiró profundo y sacó la gema azul, la que le pertenecía. Al sacarla y acercarla a sí misma, la gema volvió a convertirse en un hermoso collar.
Erlea- Necesito encontrar a Darrell y a Kitsu.
Dijo con determinación.
Con la gema azul colgando de su cuello, Erlea sintió una oleada de energía recorriendo su cuerpo. Sabía que este era el primer paso para reunir a sus amigos y prepararse para lo que vendría. Apretó el collar entre sus dedos y respiró hondo.
Erlea- Primero encontraré a Darrell. Luego, a Kitsu.
Recordaba bien que Darrell solía pasar el tiempo en la cancha de baloncesto durante los recreos. No importaba la edad que tuviera, siempre le había gustado demostrar su fuerza y liderazgo ante los demás niños. Con pasos decididos, se dirigió hacia allí.
Desde lejos, pudo ver a Darrell jugando con otros niños. Su cabello rojizo resplandecía bajo el sol mientras intentaba encestar una pelota. Su actitud arrogante seguía intacta, y eso le sacó una pequeña sonrisa. Algunos niños le gritaban palabras de ánimo mientras otros lo desafiaban.
Erlea- No ha cambiado nada.
Cuando Darrell notó su presencia, dejó de jugar y la miró con curiosidad. Erlea podía ver en sus ojos que algo en ella le llamaba la atención, aunque no lograba descifrar qué era. Caminó con seguridad hasta quedar frente a él.
Darrell- ¿Qué haces aquí, nueva?
¿Quieres jugar o solo vienes a admirarme?
Dijo con una sonrisa burlona. Erlea rodó los ojos y cruzó los brazos.
Erlea- Ni una cosa ni la otra. Tengo algo importante que decirte, Darrell.
Darrell levantó una ceja y cruzó los brazos también, mirándola de manera provocadora.
Darrell- ¿Ah, sí? ¿Y por qué debería escucharte?
Tan solo eres una niña horrorosa.
Erlea- Sígueme.
Ambos caminaron hacia una parte en donde no había niños, ni maestros. Erlea sacó la bolsa con la gema de Darrell y se la dio.
Erlea- En donde una llama que antes brillaba, ahora su fuego ha disminuido con el tiempo.
Aquella gema brillo volviéndose un collar y regresando los recuerdos a Darrell.
Erlea observó cómo los ojos de Darrell se abrían con terror y confusión al recuperar sus recuerdos. Su respiración se volvió errática, y su cuerpo tembló ligeramente mientras sujetaba con fuerza el collar que ahora colgaba de su cuello.
Darrell- James.
¿Dónde está James?
Murmuró Darrell, su voz cargada de desesperación. Sus manos temblaban mientras miraba a Erlea, esperando una respuesta que temía recibir.
Erlea sintió una punzada de dolor en el pecho. Sabía lo que estaba pasando por su mente en ese momento. Recordar a James, a todos los que habían caído en aquel fatídico día, era demasiado.
Erlea- Darrell, cálmate.
Intentó decir con voz serena, pero su amigo la interrumpió con un grito ahogado.
Darrell- ¡Dímelo, Erlea! ¿¡Dónde está James!?
Sus ojos estaban empañados por lágrimas contenidas, sus puños apretados con tal fuerza que sus nudillos estaban blancos.
Erlea tragó saliva y cerró los ojos por un instante. Sabía que este momento llegaría, pero verlo de frente era más difícil de lo que había imaginado.
Erlea- Él no está en este lugar, él estudia en otra escuela.
Este ya no es el mundo en el que estábamos, es uno parecido. Pero para cambiar aquellos errores del pasado hay sacrificios.
Darrell golpeó con fuerza la pared detrás de él, provocando un sonido seco y ensordecedor. Su respiración era entrecortada, y su cuerpo entero temblaba de rabia y frustración.
Sus ojos ardían con un fuego intenso, uno que Erlea reconoció de inmediato. El mismo fuego que había visto en él el día que todo se derrumbó.
Darrell- Yo lo tenía en mis brazos, y de un momento a otro sentí un dolor punzante en mi pecho.
Ella colocó una mano sobre su hombro, sintiendo cómo sus músculos estaban tensos por la ira contenida.
Erlea- Y ambos murieron.
Yo y Galaxy fuimos las últimas, bueno yo fui la última que vivió.
Pude traer a galaxy y a mi con nuestros recuerdos, pero fue difícil traer los de ustedes.
Pero eso no es importante, los recuerdos se los puedo regresar. Lo que me preocupa es la reunión de nuestros padres.
No se si te acuerdas, hoy me manifiesto como alfa, y además es en donde me comprometo contigo. Pero no quiero ver a mi padre después de todo lo que descubrí.
Dijo temblando con unas pocas lágrimas.
Darrell se quedó en silencio por un momento, tratando de procesar todo lo que Erlea acababa de decir. Su mente aún estaba abrumada por los recuerdos que habían regresado de golpe, por el peso de su pasado y por la angustia de saber que James no estaba con ellos en este nuevo mundo, al menos hasta que lo encuentre. Pero cuando escuchó las palabras “compromiso” y “nuestros padres”, su expresión cambió drásticamente.
Darrell- ¿Qué? ¿Nos comprometemos hoy? ¿Ese horroroso dia es hoy?
Su voz sonó entre la incredulidad y la furia. Cerró los ojos por un momento, respirando hondo para no perder el control.
Erlea asintió, bajando la mirada con frustración. Las lágrimas que intentaba contener amenazaban con caer, pero no podía permitirse mostrarse débil en ese momento. No ahora que Darrell estaba volviendo en sí.
Erlea- Sí, es la reunión en la que nuestros padres anunciarán nuestro compromiso. Siempre estuvo planeado, pero con todo lo que hice ese día no pudo pasar.
Darrell rió sarcásticamente, pasándose una mano por el cabello.
Darrell- ¡Por supuesto que no tiene sentido! Ni en esta vida ni en la anterior. Tú amas a Julieta y yo apenas salga de aquí, buscaré a mi esposo. Bueno no se que seriamos ahora ya que estamos en cuerpos de niños de 7 años.
Se detuvo, tragando saliva. James no estaba allí. No tenía idea de cómo encontrarlo, pero la idea de estar atado a alguien por un compromiso que nunca quiso le repugnaba.
Darrell- No pienso casarme contigo, Erlea. Lo sabes.
Erlea- ¡Y yo tampoco quiero casarme contigo! Pero nuestros padres no nos preguntaron. Siempre han manejado nuestras vidas como si fueran un juego de ajedrez.
Ambos se quedaron en silencio, sabiendo que no podían rebelarse abiertamente sin consecuencias. Sus familias eran poderosas, y desobedecerlas podría traer repercusiones terribles, en su otra vida ambos fueron castigados severamente por aquel deshonra. Pero si estaban juntos en esto, tal vez podrían encontrar una forma de salir de la trampa que les habían tendido.
Antes de que pudieran seguir hablando, la campana sonó, anunciando el final del recreo.
Darrell- Tenemos que volver a clase.
Erlea- Hablaremos en el auto, de camino a la reunión.
Asintieron mutuamente, aún con el peso de la situación sobre sus hombros. Sabían que el tiempo jugaba en su contra, pero si habían sido capaces de desafiar al destino una vez, lo harían de nuevo
Erlea y Darrell caminaron en silencio hacia su salón de clases. Aunque sus pensamientos estaban revueltos por la inminente reunión y el compromiso arreglado, sabían que debían actuar con normalidad por el momento.
Al entrar al aula, notaron que estaba casi vacía. La mayoría de los estudiantes se habían ido al patio, disfrutando de la hora libre. Sin embargo, la escena que encontraron hizo que ambos se detuvieran en seco.
Julieta estaba de pie junto a su escritorio, con el uniforme empapado y una expresión de incomodidad en su rostro. A su alrededor, tres chicos reían entre susurros, mirándola con burla. A sus pies, una botella de agua vacía giraba lentamente sobre el suelo mojado.
Erlea- ¿Qué pasa aquí?
La voz de Erlea sonó firme y cortante.
Los tres chicos se giraron, sorprendidos de verlos. Uno de ellos, el más alto, sonrió con burla.
Hector- Nada, solo un accidente. ¿Verdad, Julieta?
Julieta apretó los labios y miró hacia abajo, sin responder.
Darrell avanzó sin dudar y se colocó junto a Julieta, cruzándose de brazos.
Darrell- ¿Un accidente?
Repitió con sarcasmo.
Darrell- ¿Entonces por qué se están riendo?
El chico alto se encogió de hombros, pero antes de que pudiera decir algo más, Erlea dio un paso adelante y miró a los tres con frialdad.
Erlea- Recojan esto. Ahora.
Los chicos dudaron, pero la intensidad en su mirada los hizo moverse. Mientras uno de ellos tomaba la botella vacía, otro murmuró algo entre dientes y salieron del aula rápidamente.
Erlea suspiró y se giró hacia Julieta, notando que la chica aún evitaba su mirada.
Erlea- ¿Estás bien?
Preguntó en voz baja.
Julieta asintió, pero su expresión traicionaba la incomodidad que sentía.
Julieta- Sí, solo fue un poco de agua.
Murmuró, aunque su voz temblaba levemente.
Darrell miró el charco en el suelo y luego a los pasillos vacíos.
Darrell- No podemos dejar esto así. Si alguien se resbala, nos meteremos en problemas.
Erlea- Los profesores siguen en la junta. No terminarán hasta la hora de salida.
Julieta suspiró, sabiendo que no había otra opción.
Julieta- Vamos por trapeadores a la bodega de aseo.
Los tres salieron del aula y caminaron hacia la bodega de aseo, que estaba en el fondo del pasillo, Pero antes Erlea cubrió a Julieta con el abrigo que venía con el uniforme , ya que se lo había sacado antes, pero ahora era para cubrir el uniforme mojado de Julieta. Al llegar, Erlea abrió la puerta y entraron en la pequeña habitación llena de productos de limpieza y herramientas. Tomaron unos trapeadores y un balde, pero justo cuando iban a salir, un ruido sordo llamó su atención.
Un golpe. Luego otro. Provenía del armario en la esquina de la bodega.
Julieta frunció el ceño y se acercó un poco.
Julieta- ¿Escucharon eso?
Susurró.
Darrell y Erlea intercambiaron miradas. Un escalofrío recorrió la espalda de Erlea cuando otro sonido resonó, ya había recordado lo que estaba hay adentro.
Erlea- Darrell, lleva a Julieta al aula. Los alcanzo luego.
Haciéndole señas que significaban que Kitsu, su jefa estaba dentro.
Darrell- Está bien.
Al momento que ambos salieron, Erlea golpeó fuerte la puerta.
Erlea- Par de adolescentes con hormonas alteradas, tienen que salir.
Se escuchó un golpe proveniente de adentro.
Kitsu- ¡Auch!
Sin darse cuenta que Erlea estaba ahí, bueno hasta que bajó la mirada y la vio.
Erlea- En primera, tu deberías estar en España, y en segunda, si no quieres que abra la boca dame 5.000 dólares.
Kitsu- Maldita chantajista.
Sacando el dinero, mientras Naoki los veía confundidos.
Erlea- Es un placer hacer negocio con usted.
Saca la bolsa con las gemas.
Erlea- Esto es de ustedes.
Le da la gema primero a Kitsu.
Erlea- Así como la luna ilumina la noche más oscura, tú estás aquí para guiarme en mis momentos difíciles.
En un instante la gema se convirtió en un collar, regresando los recuerdos a Kitsu. Ahora le tocaba a Naoki.
Erlea sacó una gema, entregando a Naoki.
Erlea- Tu amor es tu refugio, como la cálida tierra que abraza cada semilla hasta que florece.
Unas lágrimas cayeron por el rostro de Erlea, al ver a las personas que la criaron recuperar sus recuerdos.
Continuará.








