𝐓𝐀𝐊𝐄 𝐘𝐎𝐔 | TR

Summary

Escenarios sacados de mí mente en donde Kiyomi protagoniza cada uno de ellos junto con el cast de Tokyo Revengers.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

RAN HAITANI

REDFLAGS

Manipulación

Te tenía en la vista mucho antes de conocerte personalmente.

Al primer momento que cruzaron palabra se dio cuenta que tenías todo lo que él quería en una mujer. Pero, solo había algo que le molestaba y tenía que encargarse de resolverlo antes de tomar el primer paso que los uniría de por vida: la manera en la que te ganabas la vida.

Sabía que tu trabajo era todo para ti, habían discutido varias veces sobre eso y creyó que aclararte indirectamente que él era quien mandaba en esta relación sería suficiente para que dejes de ser una bailarina erótica, pero al parecer te gustaba superar sus límites.

Aunque Ran sabía en dónde se metía cuando te conoció siempre pensó que serías tan fácil de convencer como las otras chicas con las que había estado antes.

Se equivocó por completo al juzgarte de esa manera.

Y eso era lo que lo tenía tan enganchado a ti. No lo entendía bien al principio pero eras la primera mujer que lo rechazaba sabiendo la riqueza que lo acompañaba y los privilegios que venían con él.

No eras como las demás chicas con las que había estado, no había que manipularte comprando regalos caros que quisieras porque probablemente ya lo tendrías, eras independiente y siempre habías trabajado duro para comprarlo por ti misma.

Ran había mostrado varias veces su descontento por esto. No porque fueras autosuficiente, si no, porque no había manera de sobornarte.

Odiaba que trabajes. Su más grande deseo era volver de un estresante día de trabajo y poder desquitarse con aquel cuerpo que tanto deseaba y extrañaba durante las horas, o a veces días, que no estaba a tu lado.

Anhelaba verte en su departamento, fantaseaba con la idea de que lo esperes con las piernas abiertas lista para absorber su desahogo sobre tela que era tu piel, chupando, mordiendo y marcando con desesperación mientras soportabas esos gestos porque sabías que era su forma de mostrarte cuánto te había extrañado.

Pero no.

Estabas negada a quedarte en casa y gastar su dinero tanto como quisieras, negada a una vida llena de caprichos y lujos viniendo de su fortuna. Negada porque sabias que eso solo le daría el poder de controlar tu vida y eso era lo que le molestaba; no poder utilizar el dinero para tenerte bajo su control.

Jamás había experimentado unos celos tan crudos y desgarradores como cuando sabia que ibas a el trabajo, solo con el hecho de saber que otros hombres se deleitaban y admiraban las curvas de tu cuerpo lo hacía enloquecer.

Además, odiaba la reputación que construías con sus socios dentro de Bonten.

En más de una ocasión había perdido el juicio por comentarios vulgares que hacían sobre ti, sobre tus bailes o tus atributos. Incluso, hubo quienes se atrevieron a ofrecer dinero para alquilarte, asumiendo erróneamente que solo eras una prostituta vip que lo acompañaba.

Todo esto había ido erosionando su paciencia, hasta el punto en que dejaba de contener su furia, dejando a cada uno de esos insolentes sufriendo las consecuencias de faltarte el respeto.

“Nadie con un poco de sensatez haría negocios con un hombre que no sabe manejar a su perra” Las palabras de Sanzu resonaban en su mente esa noche, repitiéndose una y otra vez volviéndolo loco.

Ran sentía que tu comportamiento estaba llevándolo al límite de su tolerancia. Por lo tanto, sabía que debía salirse con la suya para poder tenerte donde te quería.

Lamentablemente, Ran Haitani no conoce otra forma de actuar que no sea manipulando la situación para que todo quede a su favor.



La madrugada transcurrió durante largas horas de trabajo.

Era un orgullo la cantidad de billetes que había en tu bolso por las generosas propinas que ganaste esa noche.

Amabas cuando los hombres se ponían tontos al verte y derrochaban más dinero del que deberían mientras solo te dedicabas a bailar sobre ellos sin siquiera dejar que te toquen un pelo. Por supuesto, esta idea de trabajo sería vergonzoso para cualquier mujer pero no para ti. Gracias a tu confianza y seguridad lograrías dentro de poco ganar dinero suficiente como para pensar en comprar tu primer departamento.

Te despediste de tus compañeras y saliste del club siendo escoltada por un guardaespaldas, tenías presente que Ran no podría ir por ti porque estaba en una importante reunión, no te molestaba, de todas maneras era normal que tomaras un taxi a estas horas de la madrugada para volver a casa.

El auto llegó sin problemas y luego de que te despediste del guardia que te acompañaba cada mañana al salir del strippclub, subiste al vehículo cansada y rendida.

Estabas tranquila chequeando los mensajes que no respondiste durante la jornada laboral cuando notaste que la ruta que el conductor del auto estaba tomando no era conocida.

— ¿Disculpa? No sé si eres nuevo, pero creo que te has confundido, mi departamento queda en el distrito de Ginza. — hablaste acercándote un poco para ver su rostro y en ese mismo momento te diste cuenta de que no reconocían a aquel conductor te llevaba a casa. Una mala sensación se apoderó de todo tu cuerpo en cuanto escuchaste el sonido de los seguros bajarse asegurándose de que no escaparías mientras comenzaba a subir la velocidad entrando a la autopista .— Déjame bajar.—pediste desesperada mientras tratabas de abrir la puerta a tu lado sin éxito alguno.

— ¡Cállate, perra!. En cuanto lleguemos desearás quedarte dentro del auto. —gritó el anciano con sorna y burla, al mismo tiempo que manejaba a toda velocidad alejándose de la ciudad de Tokyo.

Tu piel se enchino completamente mientras tratabas de trabajar en tu respiración para mantenerte alerta sin dejar de intentar desesperadamente abrir la puerta.

─ Mierda, ¡déjame salir del auto! Mi novio va a matarte, hijo de puta, déjame salir.

Comenzaste a llamar a Ran, quien daba el teléfono ocupado rechazando las llamadas, rápidamente le enviaste tu ubicación mientras notaste el temblor de tus manos por los nervios provocando que no puedas escribir ni una palabra bien ni pensar con claridad.

Mientras más avanzaba el auto te dabas cuenta de que más real era lo que vivías y estabas segura de que al llegar a donde sea que iba aquel vehículo te esperaba un destino desgarrador y agonizante. La angustia se acumuló en tu garganta y un sollozo inconsciente se escapó de tu boca en el momento en el que comenzaste a llorar desesperada mientras con todas tus fuerzas batallabas para romper la ventana.

— ¡Cállate de una vez!

Supiste que seria tu fin cuando notaste como la mitad de tu cuerpo comenzaba a adormecerse de la nada y comenzaste a llorar más fuerte cuando te percataste de que poco a poco tu cuerpo dejaba de responder, tu vista empezó a nublarse y las luces que alumbraban la autopista por la que iban se mezclaban con las alucinaciones de tu cerebro, de repente sentiste el cuerpo pesado obligándote a caer hacia atrás en el asiento

Las lágrimas se resbalaban por tus mejillas mientras no podías dejar de pensar en Ran, cada último pensamiento que tenias estaban referidos a él y en cómo no volverías a verlo.

Tus ojos intentaban cerrarse mientras una parte de ti se resistía intentando luchar por tu vida, los segundos se transformaban en una eternidad, ni siquiera sabías que harían contigo si el plan era que llegarás al destino inconsciente. Tu corazón latía tan rápido por la mezcla de droga y adrenalina que era lo único que podías escuchar tapando los oídos tras cada latido.

Luego de unos segundos en el medio de tus alucinaciones las palabras de Ran pasaron por tu mente lamentándote. Más de una vez te sugirió dejar este empleo ofreciendote mudarte con él con tal de que te mantenga, sin embargo, jamás serias una de esas chicas, o por lo menos no lo eras.

Pensaste que tal vez, si le hubieras hecho caso, estarías en casa esperándolo en vez de pasar por esta situación en la que estabas a punto de morir.

Su iris violeta apareció frente a ti iluminando el agujero negro en donde te encontrabas decidiste verlo como una despedida a la ultima vez que se verian.



La luz brillante de la habitación provocó que el dolor en tu cabeza hiciera arder tus ojos, pero a medida que tu vista se aclaraba, pudiste comenzar a reconocer lo que te rodeaba.

La profunda preocupación que mostraba Ran era evidente. La droga que habían inhalado poco después de subir al auto te había hecho dormir durante dieciséis horas seguidas. Una punzada de culpa trato de consumirlo poco a poco durante el tiempo que te observo dormir. Aquello lo hacía reflexionar dado que, eras la primera persona que lo hacía sentir de esa manera. Su imaginación volaba mientras te observaba desde la silla que se encontraba al lado de la cama matrimonial en la descansabas. Su mente lo torturaba pensando en lo asustada que debiste estar al desmayarte, pero al verte despertar, esos pensamientos se desvanecieron como si nunca hubieran existido.

Frente a ti estaban los ojos violetas que tanto deseabas ver, tal como los recordabas en tu último momento de claridad. No podías creer que eran lo primero que veías al despertar.

— ¿R...Ran? —preguntaste, sintiéndote aliviada. Todo seguía dando vueltas en tu cabeza y casi creías que solo habías tenido una pesadilla. — ¿Qué pasó?

Reconociste su habitación en el departamento de Giza en cuanto tu visión se estabilizó. Intentaste levantarte de la cama matrimonial, pero en ese instante sentiste su fría mano sobre tu mejilla. Tus ojos se llenaron de lágrimas al encontrarse con los suyos. Su rostro perfectamente afeitado y suave, y su perfume inundaban tus sentidos, brindándote un inusual sentido de seguridad.

Jamás te habías sentido tan aliviada de verlo.

— Estos hijos de puta te entregaron. —dijo sin remordimientos, examinando tu rostro, donde las ojeras eran visibles bajo el maquillaje corrido por las lágrimas secas.

Tus pensamientos trataron de aclararse mientras procesabas la información que Ran te daba tan de repente.

— ¿Qué?

— El club para el que trabajas te entrego a una banda de criminales de la región de Tōhoku por una gran suma de dinero. Mis socios se encargaron de ellos, te dije que nadie iba a lastimarte mientras estés a mí lado, ¿no?.

Aunque esa revelación te sorprendió, no pudiste evitar pensar en cómo el lugar donde habías trabajado y crecido durante tanto tiempo te había traicionado de tal forma por una estúpida cantidad de dinero.

Como siempre, fuiste una estúpida en creer que podías confiar en ellos, habías provocado este desastre..

— Ran. —sollozaste con angustia. Te sentías tonta pero a la vez tan segura en estos momentos solo por el hecho de estar a su lado. Sus largos brazos rodearon tu cuerpo conteniendote. — Tenías razón...yo tendría que haber dejado el club...yo confié en ellos.

— Kiyomi, no te preocupes por eso en este momento, ya estás bien.— trato de contenerte, pero de una manera u otra la culpa lograba llegar a ti.

Levantaste la cabeza, tus ojos se encontraron con los de Ran, revelando un destello de tranquilidad en medio del caos que era tu mente. Estar a su lado era un refugio, una burbuja de calma que parecía protegerte de todo lo que había ocurrido.

— No sé qué habría pasado si no llegabas... tenía tanto miedo. Te llamé y no pude alcanzarte —susurraste, la fragilidad de tu voz resonando en el aire tenso que los rodeaba.

Tu sollozo, cargado de dolor y desesperación, hizo que el corazón de Ran se contrajera. Te envolvió una vez más en sus brazos con una fuerza renovada, como si quisiera absorber toda tu angustia, disiparla de ti mientras las lágrimas empapaban su camisa.

— Lo sé, cariño —respondió, acercándose aún más, casi fusionando sus cuerpos —. Desde aquí, el aroma de su perfume mezclado con el rastro de tabaco que impregnaba su ropa te envolvía completamente, dándote un extraño sentido de seguridad. — Te prometí que nadie te haría daño. No sabía lo que estaba pasando hasta que recibí tu mensaje.

El miedo aún lograba oprimir tu pecho.

— ¿Y si ellos regresan?.—preguntaste, el temor marcando cada palabra.

— Nunca más vas a tener que preocuparte por eso, estás a salvo conmigo —su voz, profunda y cálida, lograban transmitir tranquilidad en cada parte de tu cuerpo. — Mis hombres se ocuparon de ellos. Hice que paguen por lo que hicieron.

Mientras sollozabas, aferrándote a su cuerpo con desesperación, estabas agradecida de haber encontrado una persona como Ran. Por primera vez amabas a alguien que te cuidaba de esa manera y que haría cualquier cosa para protegerte.

O por lo menos eso era de lo que había logrado convencerte.

Ran, aunque luchando por contener la sonrisa que se asomaba en su rostro al haber logrado aquel estado tan vulnerable en ti, dedicó el día completo a tratar de apaciguar aquel mal recuerdo.

Sabía que después de lo que te había hecho pasar necesitabas tiempo y espacio para sanar.

Y tal como él quería desde un principio, al día siguiente, con una determinación renovada, presentaste tu renuncia, creyendo que dejabas atrás el miedo que te acechaba desde aquella madrugada.



Ran estaba emocionado apenas llegó al departamento que ahora le pertenecía a los dos.

Te observó con morbo desde la entrada, deleitándose con la imagen que tanto había fantaseado ver. Tu figura perfecta se apegaba al vestido que usabas mientras cocinabas, este marcaba con excelencia tu trasero.

Ran juro que su corazón se detuvo, cada curva de tu ser le provocaba un ardor en el pecho, un deseo incontrolable recorría su cuerpo provocando que se ponga duro al instante. Se sonrió a sí mismo aflojaba su corbata y despojaba del blazer violeta que combinaba con su cabello oscuro.

Últimamente cogían intensamente cada vez que él llegaba a casa.

Apenas puso un pie dentro del departamento, ya te sentías caer en sus brazos, Ran se abalanzó sobre ti, despojándote de cualquier prenda que impidiera que sus labios recorrieran tu piel. Cada beso, cada caricia, era una celebración de lo que significabas para él. Su excitación crecía a medida que revivía aquel deseo que había comenzado en aquel club de strippers donde te conoció; un lugar que, ahora, era solo un eco distante

Apenas ponía un pie dentro del departamento, tenías a Ran abalanzándose sobre tu cuerpo arrancando cualquier prenda de ropa que le impida a sus labios recorrer tu piel, chupar o besar cada parte de ella.

No podía evitar excitarse al revivir aquel deseo que había comenzado desde que te conoció aquella noche en el club de strippers donde solías trabajar; un lugar que, ahora, era solo un mal recuerdo.

La idea de que solo él pudiera ser espectador y disfrutar de tu cuerpo lo hacía perder la razón. No podía evitarlo; era su manera de cuidarte, de amarte con todo lo que tenía.

No había nada de qué disculparse porque solo así pudo lograr protegerte y que aceptaras ser suya para siempre.

No lo puedes culpar por amarte demasiado.