Devórame

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Summary

El día que Colin conoció a May su vida cambió para siempre. Luego de ser abandonado por su especie, no imaginaba volver a acercarse a ellos. Sin embargo, terminó desviando su camino hacia aquella mansión en lo profundo del bosque. El día que Rouben conoció a May su vida cambió para siempre. Los fantasmas de su pasado volvieron para atormentarle en la forma de un muchacho que no había visto en quince años. Alguien oculta sus secretos, y alguien busca una respuesta.

Status
Ongoing
Chapters
30
Rating
n/a
Age Rating
18+

I - Colin

En el campo de trigo a las afueras de la ciudad, el sol intenta ocultarse entre los árboles del horizonte. ¡Le está costando mucho! Casi puedo sentir como se me agrieta la piel con cada movimiento.

Las gotas de sudor caen por mi frente, mezclándose con la tierra y los restos de raíces que también tengo encima. Falta bastante tiempo para que se termine mi jornada, pero no veo la hora de irme a cualquier lugar que no sea aquí. El sonido lejano y refrescante del caudal del río me llama, lo primero que haré al salir será correr al agua.

—Colin—. Me llaman desde atrás—. ¿Puedes venir a mover unos fardos?

—Claro, Francois—. Sigo a mi anciano colega hacia el camino, donde una carreta tirada por caballos espera ser cargada. Varias veces al día vienen personas de la ciudad en búsqueda de alimento para su ganado, o para lo que sea que utilicen los fardos. Eso no es nuestro asunto.

Unos minutos y varios kilos de trigo después, vuelvo a mis tareas habituales.

El arado se convirtió en mi amigo desde hace cinco años, cuando abandoné a mis padres adoptivos y me recluí en una cabaña a las afueras de la ciudad. A mis trece comencé a trabajar en el campo, donde hasta ahora me ha ido bien. No soy un acaudalado señor, pero puedo vivir con relativa comodidad. Me gustaría ser capaz de decir lo mismo de mis compañeros, con esposas e hijos que alimentar.

Minutos después, al escuchar las campanadas de la iglesia rural se da por finalizado nuestro horario laboral, así que luego de despedirme de mis compañeros tomo el camino más rápido hacia mi destino.

Mientras me dirijo al río a través del bosque me sacudo la ropa y el cabello, quejándome cada tanto del dolor producido por los nudos en mi cabeza. Desde polvo hasta insectos, todo eso cae dejando un pequeño rastro por donde voy. No es el trabajo ideal si tienes tanto cabello rizado como el que tengo yo. Estoy exhausto, impulsado únicamente por el tentador sonido del río que se escucha a varios metros.

Quince minutos de caminata me dejan frente al cordón de agua cristalina que baja de las montañas. La temperatura aquí es espectacular comparada con la del sol primaveral del campo.

Afilo mis sentidos al máximo para asegurarme de estar solo, confirmándolo poco después. Hay olores lejanos y sonidos de la naturaleza, pero nada especial o alarmante.

Me deshago de mi camisa roñosa, mi pantalón harapiento y mis zapatos al borde del colapso. Me quitaría el resto, pero nunca hay que descartar la posibilidadde pescadores atrevidos o herboristas exploradores.

Siento que revivo cuando me arrojo al agua. Todo el peso de mi trabajo desaparece por un instante, hasta que saco la cabeza hacia la superficie. Mis pies están firmes en la arena, intentando no ser arrastrado por la corriente, mientras yo disfruto la frescura reconfortante. Aprovecho la tranquilidad del día para cerrar mis ojos por un momento.

¿Cuánto tiempo llevaba sin tomar un descanso de esta forma? Casi olvido lo que significa darse un buen baño, supongo que es consecuencia de no tener tina en casa y tener que lavarme con una palangana.

Debería ahorrar para remodelar un poco la cabaña, o directamente encontrar otro lugar.

—Disculpa.

Una voz femenina hace que de un salto. ¿Por qué no la había oído? O mejor, ¿por qué no había sentido su olor? ¿El agua y el cansancio me habían distraído?

Dirijo mi cabeza en dirección a la señorita en las cercanías al río. Cabello dorado, piel clara y los ojos azules más penetrantes que había visto en mi vida. Sostiene en su mano unas riendas, que a su vez están sosteniendo a la yegua que la acompaña.

—Perdón por haberte asustado—. Su voz muestra preocupación real—. Resulta que me he perdido,y eres la única persona que pude encontrar. ¿Podrías ayudarme a encontrar el camino? Por favor—. Junta sus manos frente a ella.

—Sí—. Respondo por reflejo, todavía sorprendido por no haber sentido a la mujer frente a mí—. ¿Dónde quieres llegar?

Olvidando mi aspecto actual salgo del agua, haciendo que ella desvíe la mirada mientras retrocede un par de pasos. Volviendo de a poco a la realidad, me cubro con mis trapos y la llamo. Intento distinguir su olor, pero hay algo más fuerte que me bloquea. No sé qué es lo que sea, pero sé que está en la bolsa que lleva la yegua. Huele delicioso.

—Mi nombre es May—. Dice casualmente, estirando su mano hacia mí.

—Yo soy Colin—. Tomo su mano y la estrecho, mojando su piel blanca con agua del río—. Lamento mi aspecto.

—Está bien—. Sonríe. Ella es resplandeciente, de cierta forma me recuerda al sol—. Mira, necesito llegar a este lugar—. Saca un pequeño dibujo de su bolsillo.

Reconozco el mapa al instante, y temo al ver el destino final de la muchacha. Desde la ciudad, yendo por la carretera, pasando por el campo de trigo donde trabajo.Siete kilómetros más adelante, a un lado del camino, se encuentra una mansión construida con piedra casi tan vieja como la ciudad misma. Allí se encuentra un monstruo aterrador. Nadie desea acercarse a él, y me han advertido bastante sobre el peligro que resulta.

Normalmente, nosotros no nos enemistamos con ninguna raza. Somos muy temidos, por lo tanto debemos evitar problemas. Pero con este tipo es diferente.

Ni siquiera sé su nombre, y si le pregunto a mis hermanos es probable que tampoco lo sepan. Lo único que sabemos es que él asesinó a muchos de mis compañeros. Los más ancianos cuentan historias increíbles, tanto que me pongo a temblar al recordarlo.

¿Por qué una señorita de tan buen aspecto iría sola allí? ¿Con quién estoy hablando?

—¿Pasa algo? —. No sé si es su voz dulce o el agua que cae por mi cabello, pero siento un escalofrío en la nuca.

—Debes volver al camino, pero es complicado que vuelvas montando a caballo, tendrás que ir a pie. Te acompañaría, pero estoy algo atareado.

¿Qué digo? Es obvio que no tengo nada para hacer. Solo estoy jugando en el río, como si fuese un niño.

En condiciones normales, iría con ella para asegurarme de que llegue a salvo. Después de todo, es solo una señorita. Lamentablemente las condiciones no podrían ser más desfavorables. No quiero ni acercarme a esa mierda de mansión ni al ser repulsivo que la habita.

—Si sigues en esa dirección—. Señalo al norte con el brazo tenso, no quiero seguir hablando con ella—. Seguro volverás al camino. Espero que tengas suerte.

—Gracias—. La sonrisa en su rostro desapareció, siendo reemplazada por una expresión llena de confusión. Lo siento, chica.

Sin decir mucho más, May mueve la cabeza en señal de despedida y avanza hacia donde le indiqué seguida por el equino. Después de un tiempo en el que permanecí inmóvil, dejo de escuchar el sonido de las pisadas o el aroma de la bolsa misteriosa.

Todavía siento escalofríos al pensar en la mansión gigante escondida en el bosque. Quiero irme a casa y, luego de un rato de analizar la situación, eso es lo que hago.

Mi cabaña me recibe a oscuras, me toca a mí encender la única lámpara de aceite que pude conseguir en una tienda de segunda mano. Desde que abandoné mi hogar, las baratijas me ayudaron a construir una casa en la que puedo vivir.

Luego de quitarme la ropa y meterme en la cama, miro hacia la ventana. A través de ella puedo ver la luna en creciente, de la cual no puedo apartar la mirada. He pasado horas de mi vida observando al gran cuerpo blanco que ilumina el cielo, es parte de mi naturaleza.

A pesar de que se refugia en la noche, cada vez que siento su luz me llena de un calor amoroso que me hace sentir seguro. Pero, a su vez, me aterra.

Un círculo brillante, un cuerpo hermoso que flota en la oscuridad. Hay tantos secretos allí arriba que me intrigan.

No puedo quedarme acostado, la situación que había vivido en la tarde sumado a la cercanía de la luna llena no van a dejarme dormir.

Decido transformarme, sintiendo como mis huesos cambian y mis articulaciones se retuercen. Duele tanto como la primera vez, nunca llegaré a acostumbrarme a la metamorfosis.

Salgo por la ventana, asegurándome de que no haya nadie a la vista. Cualquiera se asustaría al verme en mi forma animal.

El bosque está tranquilo alrededor de mi hogar. Me gusta vivir cerca de la naturaleza, así se facilita el salir a donde yo tenga ganas de la manera en la que crea conveniente. Al menos ahora no tengo a mis padres regañándome.

Doy un paseo hasta mi claro favorito, donde los árboles se separan y se pueden ver las estrellas en la noche. Este lugar me ayuda a calmarme cuando me siento desorientado.

Me recuesto en el césped, sintiendo cómo me acaricia el pelo de la barriga y las almohadillas de las patas. Doy un amplio bostezo antes de apoyar el hocico, pero en cuanto termino de acomodarme un olor inusual y penetrante me invade.

Está bastante lejos, a varios kilómetros de distancia. Aun así, es inconfundible para mí. Dulce, férreo y apetitoso. El nostálgico olor de la sangre.

Con un simple olfateo puedo distinguir que es humano, eso me alerta. Preocupado por la persona herida me dirijo de inmediato al lugar. Desearía nunca haberlo hecho.