Capítulo 1
Faye
El aula estaba en completo silencio. Solo el sonido de las hojas de papel deslizándose entre sus dedos rompía la quietud, mientras Faye guardaba sus cosas con movimientos lentos y cansados.
El dolor en su cabeza palpitaba con cada latido de su corazón. Un suspiro frustrado escapó de sus labios mientras se masajeaba las sienes.
"¿Cuándo será el día en que estas malditas jaquecas desaparezcan?"
Cerró la mochila con un ligero chasquido y se la colgó sobre el hombro. Se odiaba un poco por quedarse hasta tarde otra vez. Siempre era la última en salir, siempre la que tardaba más en entender las cosas. Por más que se esforzara, siempre sentía que no estaba al nivel de los demás.
Al salir del salón, el pasillo ya estaba casi desierto. Solo unos pocos estudiantes pasaban por ahí, pero ninguno se molestó en mirarla.
"Una vez más, soy la perdedora que se queda en la escuela hasta el anochecer", pensó, con una sonrisa amarga.
La noche comenzaba a envolver el campus en su manto oscuro cuando Faye cruzó el patio principal. El frío se aferraba a su piel, recordándole lo sola que se sentía a veces.
—Mira quién sigue aquí-
La voz la hizo detenerse en seco.-A pocos metros de ella, un pequeño grupo de chicas se encontraba reunido cerca de las canchas, sus rostros iluminados por las luces artificiales del campus. Las reconoció al instante: eran sus compañeras de clase, las mismas que siempre encontraban una razón para burlarse de ella.
-Faye apretó los dientes
—Pensé que ya vivías aquí —se burló una de ellas, con una sonrisa maliciosa.
No contestó. Sabía que cualquier respuesta solo prolongaría la diversión de las demás. Pero justo cuando estaba a punto de seguir de largo, algo bloqueó su camino.Una pelota de baloncesto rodó hasta sus pies.
—Oye, pásala —ordenó otra de las chicas, cruzándose de brazos.
Faye suspiró y se inclinó para recogerla. Pero, en cuanto sus dedos tocaron el balón, sintió un escalofrío recorrer su espalda
.Una sensación extraña la envolvió, un presentimiento inexplicable. -Algo estaba mal.-
Al otro lado de la cancha, bajo la tenue luz de los reflectores, alguien la observaba.
Era una chica, pero no parecía pertenecer a este lugar.
Algo baja y esbelta, con una silueta que se recortaba contra la noche como si no perteneciera del todo a este mundo. Su piel era demasiado pálida, casi irreal, y sus ojos, grandes y oscuros, parecían esconder un brillo carmesí en su profundidad. La manera en la que la miraba, fija e intensa, hizo que un escalofrío le recorriera la columna.
Faye sintió que su pecho se oprimía.—¿Qué…? —susurró, sin darse cuenta de que había soltado la pelota.
La extraña ladeó la cabeza con una expresión casi entretenida.Y sin previo aviso, pronunció su nombre.
—Faye-
El corazón de la joven casi se detuvo.-Era imposible- La distancia entre ellas era demasiada. No había forma de que pudiera haberla oído. Pero, de alguna manera, aquella desconocida había dicho su nombre como si lo hubiera sabido desde siempre.
El pánico se apoderó de su cuerpo. Dio un paso atrás, su respiración acelerándose.
-Parpadeó.-
Y, de pronto, la chica ya no estaba ahí.Las luces de la cancha titilaron por un instante, como si el propio campus se estremeciera con su presencia.
—Idiota, ¿qué te pasa? —preguntó una de las chicas mirándola con una ceja arqueada.
-Faye tragó saliva y apartó la vista.
—Nada —murmuró, aunque sus manos temblaban ligeramente. Se apresuró a recoger y lanzar la pelota y sin decir más continuó caminando para lograr llegar a la entrada
Mientras se alejaba, la sensación de que aún la estaban observando no desapareció.
Cada farola que iluminaba su camino parecía más tenue de lo normal, y el eco de sus propios pasos en los pasillos oscuros del campus le resultaba inquietante.
"Solo estoy cansada", intentó convencerse.Pero, en el fondo, sabía que esa noche algo había cambiado.
Que tal vez esa extraña no era solo una ilusión Y que, por alguna razón desconocida, su destino acababa de enredarse con el de aquella presencia oscura.