AMOR CRUEL

All Rights Reserved ©

Summary

¿Qué pasa cuando Alexander Ivanov se cruza en tu camino?, lo más razonable sería inclinar la cabeza y darle el paso, pero ¿Qué pasa cuando el obstáculo es una chica cuya identidad le resulta indescifrable? Dicen por ahí que la curiosidad mató al gato y que el deseo de poder se puede convertir en un pecado. Todos ocultan secretos oscuros, secretos que no respetan estatus social ni edad. Por eso no confíes en la inocencia de una cara bonita, porque ¿Quién no es capaz de matar para salvar su propia vida o la de alguien que ama? El amor es cruel, ¿quieres averiguar que tanto?

Genre
Mystery/Romance
Author
Ana
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

ADVERTENCIA

Esta novela está clasificada para mayores de 18, al contener escenas sexuales explicitas, mención y uso de drogas, violencia y abusos.

Esta novela es una secuela de Cruel, enfocada en Alexander Ivanov, que mostrara un poco de lo que ocurrió con la familia Ivanov después de finalizar Cruel. Ambas novelas tocan temas diferentes, por lo que no se ocupa leer Cruel para entender Amor Cruel, más esta contiene mucho espóiler de Cruel, por lo que si piensan adquirir Cruel, la cual se encuentra en Amazon tanto digital como físico, y gratis para aquellos que tengan kindleunilimited, no se recomienda leer Amor Cruel antes de Cruel.

Dicho eso, quiero recordarles que todos los personajes, lugares, instituciones, religión y eventos que aparecen en la novela, son producto de mi imaginación. Cualquier similitud que tenga con la realidad, es pura coincidencia.



ALEXANDER

El sonido de la punta fina deslizarse por el papel, en busca de plasmar la repuesta correcta, llenaba el tormento silencio que me rodeaba.

Dicen, que cuando ocurre un gran sucedo en tu vida, se genera un gran cambio, pero ese gran cambio, sea positivo o negativo, no siempre llega a ti, a pesar de que hayas estado en medio del caos.

Nuestras vidas habían dado un giro rotundo luego de la muerte de mi abuelo, la partida de Raisa y la caída de los Montemayor, empezando con la vida de Andrew, quien ahora mediaba su tiempo en dirigir la empresa y mantener sus estudios en medicina, seguido la de mi madre, quien luego de suplicarle a mi padre, salvó el club que alguna vez fue de los Montemayor, y ahora llevaba el nombre de mi abuelo, convirtiéndose en poco tiempo en el más popular de la ciudad, y luego estaba mi padre, que se volvió un hombre más ocupado al hacer la mitad del trabajo que le tocaba a Andrew.

Y al final estaba yo, resolviendo problemas matemáticos, con un pastel frente a mí, bajo las sombras de la fría noche, rodeado una soledad que me recordaba que no le importaba a nadie. Que ese gran cambio que envolvió a todos de manera positiva, no llego a mí, o al menos de la misma manera, pues mientras a ellos los hacía brillar, yo me llenaba cada vez de más penumbras.

Desvié mi atención al celular, al concluir el último problema, pero no marcó llamadas o mensajes, a tan cerca de la media noche y por ende el fin de mi cumpleaños.

—Mañana cumples diecisiete años, ¿Qué te gustaría de regalo? —Rompió el silencio mi madre, mientras desayunábamos.

Cierto, cumplía años, pero no diecisiete.

—Cumplo dieciocho, madre —corrijo.

—¿En serio?, vaya, has crecido tan rápido que no me di cuenta.

—Quizá sea porque siempre están más al pendiente de otras cosas —dije, y mamá pareció incómoda, pero Andrew y papá fingieron no escuchar mi comentario.

—Entonces, ¿Qué quieres de regalo? —preguntó al recuperarse.

Quiero un poco de atención, eso quiero. Quiero que también les importe y se preocupen por mí, que presuman de ser mis padres, que no me excluyan de la familia.

—Nada, no hay nada que deseé —mentí.

—Qué te parece un pastel, un cumpleañero siempre debe tener un pastel, eso haremos, mañana en la cena, festejaremos tu cumpleaños. —La mire con interés—, e invitaré a los O´Kolly, escuche en el club que Raisa viene de vacaciones, será una buena ocasión para que se reúna con Andrew…

Por una parte, quería ver a Raisa, pero aquella ilusión que comenzó a crecer dentro de mí, se esfumó, porque el objetivo de festejar mi cumpleaños, pasaba a segundo plano, y se centraba en el encuentro de Andrew y Raisa.

Algunas personas están rodeadas de sueños, otras de esperanza e ilusiones, pero yo estoy rodeado de mentiras, mentiras que no parecen tener un fin, porque la mayoría del ser humano cree que es mejor mentir que callar. Pero vivir a base de mentiras, con ilusión quebrantada, es como flotar en el aire y morir con lentitud durante la caída. Es cansado vivir así, preguntándome si realmente les importo, porque sin importar el camino que elija para llegar a ellos, siempre termino encontrándome con una gran muralla al final, diciéndome a mí mismo, que ya debería estar acostumbrado a vivir ignorado. O bien, dejar de confiar en ellos y destruir la esperanza de un cambio, así dolería menos.

Solté un suspiro. No quiero estar solo, no me gusta la sensación que te provoca la soledad, me resulta demasiado aterrador. Y eso me hace sentir lástima por mí mismo, por desear más de lo que me pueden brindar.

Cerré los ojos con fuerza, al sentir mis ojos humedecerse y eché la cabeza hacia atrás, para evitar que las lágrimas se escaparan.

¿Qué necesitaba hacer para importarle a mis padres?

—Niño Alexander —llamó Ofelia.

Me enderecé con rapidez y oculté mi agonía.

—¿Qué haces despierta?, te dije que fueras a dormir.

—Lo sé, pero su abuelo, que en paz descanse, me dijo que le diera esto en su cumpleaños. Al principio no lo entendí, pero ahora lo hago —me entregó una caja, con su mirada llena de triste.

—Gracias.

—Buenas noches, mi niño —acaricio mi cabeza antes de retirarse.

Abrí la caja, que reveló una esclava de oro, con una frase tallada.

‹‹El amor más valioso, es el amor propio. Así que no te pierdas a ti mismo, eres tu mejor compañía››

Una sonrisa débil escapo de mis labios, mientras mis ojos se humedecían.

—Viejo sabio, ya no estás aquí, y aún sabes qué decir —dije.

Al escuchar un auto estacionarse frente a casa, me puse de pie y recargué en la mesa, para ocultar el pastel detrás de mí.

—Cariño, ¿Qué haces despierto tan tarde? —Preguntó mamá al verme en el comedor.

Sonreí con ironía, y me hice a un lado, revelando ante ella el pastel. Abrió los ojos con sorpresa, como si acabara de recordar que hoy es mi cumpleaños. Saqué un encendedor de mi bolsillo y prendí la vela, para seguido tomar el pastel, al tiempo que Andrew y papá entraban a la sala.

—Sé qué dije no querer nada, pues creí que nada me hacía falta —sonreí—. Pero al parecer si necesito algo —mire la llama de la vela—. Necesito una familia, una a la que en verdad le importe —sople la vela y deje caer el pastel a mis pies, algo que sobresaltó a mi madre—. Buenas noches.

Tome mi lapicera y libros, y dirigí a mi habitación, con la ira quemando mi pecho.

Estoy tan cansado de esto, de vivir con personas a las cuales no parezco importarles, incluso este lugar no se sentía como mi hogar, sino como una montaña rusa entre la tristeza y la agonía. En donde sujetarse con fuerza no es suficiente para alejar los pensamientos negativos de cada noche que he pasado solo aquí.

¡Demonios!, soy su hijo, un hijo que ha intentado cualquier cosa para llamar su atención, para hacer que se sientan orgullosos, pero que ha fallado porque nada parece funcionar como debería, porque al parecer mi familia era una maldita causa perdida.

Cerré la puerta con fuerza, y al ver mi cama llena de los regalos que me dieron en la escuela, mi ira aumentó más con el deseo desquiciado de destruir todo, porque la atención de mis compañeros no era suficiente, no era lo que añoraba.

Miré hacia la puerta al ser tocada y seguido revelar el rostro de Andrew.

Lo miré, sin decir nada, por lo que entro. Cada vez lucia más demacrado, al punto que sus pómulos comenzaban a verse más pronunciados y su mandíbula más perfilada, sin mencionar las ojeras que se marcaban bajo sus ojos. Su salud me preocupa, pero sé que aunque hable con él, nada va a cambiar, no abandonara su labor en la empresa o sus estudios. Quiero que mi hermano luche por sus sueños, pero no que enferme por ello.

—Lo siento, por no llegar a tiempo —me ofreció una caja—, pero no olvide tu cumpleaños.

La contemplé con duda.

—Si es una maldita cucaracha como el año pasado, te voy a partir la cara —advertí, y él rio.

—No lo es, es algo que te gusto mucho, pero decidiste no comprar —mencionó, lo que despertó mi curiosidad y disminuyo mi ira.

Lancé el libro a la cama y tomé la caja, que revelo el reloj que he visto en aquella tienda comercial una noche que escapé de casa con mis amigos para ir a Junior, el club nocturno más popular en este momento.

—¿Me estás espiando? —levanté una ceja.

—Dan es difícil de burlar —respondió, haciendo referencia a mi guardaespaldas.

—¿Entonces sabe lo que hice esa noche?

—Te refieres a la paliza que le metiste a un pobre chico, o el hecho de que te acostaste con su novia —expuso, y sonrió por mi expresión—. Sé todo lo que haces durante el día y noche Alexander. No apruebo tus acciones…

—Pero no me corriges porque no tienes tiempo, como ellos —me referí a nuestros padres, con amargura.

Andrew sonrió, y eso me confundió.

—No lo hago, porque sé que sabes diferenciar entre lo que es correcto y lo que no, y que eres más maduro que los chicos de tu edad, aunque a veces hagas cosas estúpidas por atención —expuso, sincero.

—Yo…

Se acercó a mí y me abrazo. No correspondí su abrazo, pero se sintió muy bien que me sostuviera de esta manera, era justamente lo que necesitaba luego un cumpleaños de mierda.

—Te amo, este a tu lado o no, lo hago, y siempre cuidaré de ti —se apartó, para seguido colocar su mano en mi hombro—. No estás solo, no dejes que tu mente te engañe —agregó, para seguido salir del cuarto.

Baje mi atención al reloj y seguido a la esclava en mi mano.

—No es tan fácil, cuando mis ojos lo ven —murmure con tristeza, para seguido acercarme a mi escritorio y tomar el libro de historia, en busca de desconectar mis emociones.