Prólogo
La gente odia "lo diferente", y Mina es aquello desde el día cero.
La gente mira burlona al "más raro", y se ríe tanto a carcajadas que, rápidamente, su estómago comienza a arder a causa del "gran protagonista extravagante".
Mina es rara y extravagante.
En el fondo, algo le dice que pudo haber sido esa chica extrovertida y divertida con el público, pero los traumas y la mala relación con sus padres terminaron por arruinar su posible éxito como persona.
Realmente es llamativo... Mina sigue siendo una persona... solo que nadie lo nota en verdad.
La bicicleta cae duramente contra la cerámica negra. Llora con desesperación huyendo a través del pasillo topándose, de inmediato, con el patio de la casa ajena.
"Mantén el equilibrio".
La voz masculina de su padre se repite constantemente en su cabeza. Aquella voz grave y autoritaria se graba como una película en sus pensamientos.
No puede. Simplemente no puede mantener el equilibrio. Se cae de la bicicleta y siente la mirada penetrante y llena de diversión por parte de la gente de la plaza... eso la pone más nerviosa, eso la hace querer huir para siempre de allí.
"La estás presionando demasiado".
La oración que su madre lanza cuando su padre ingresa enojado a la cocina atraviesa como una bala en su corazón.
«"Papá es así, presiona a la gente por naturaleza. Es su personalidad"», piensa mientras se sienta en uno de los primeros escalones de la escalera que da a la terraza.
"¡Si no fuera por mí, esa niña tendrá veinte años y no sabrá cómo mierda montarse a una bicicleta, mujer!"
Baja la cabeza por inercia. No quiere ver la expresión decepcionada de su madre y trata, por otro lado, alejar el sentimiento de culpabilidad. Esconde la cabeza en sus propias piernas y no salta en el lugar como lo haría cualquier infante que vive en un ámbito familiar normal al oír que otra discusión está ponderando en la cocina.
La casa se convierte en una habitación terapéutica. La misma, tiene dos macetas, un gran escritorio, una computadora, paredes extremadamente blancas y una mujer mucho más grande de edad que ella sentada en un sillón individual sosteniendo en una de sus manos una libreta mediana.
Es un escenario completamente distinto. Un lugar desconocido. Mina intenta adaptarse a medida que los minutos corren, pero no es capaz de decir ni una sola palabra.
"¿Qué te trae por Seúl, Corea del Sur?"
Mina observa el movimiento que hace la psicóloga al acomodarse los lentes. Enseguida, comprende que sabe que es extranjera porque en su aparente ficha se expresa perfectamente que nació en otro país. A pesar de que vivió la mitad de su vida en Japón, no le causa un buen sabor de boca recordar sus días en dicho lugar del mundo.
"Quería... no solía soportar el recuerdo de mi madre fallecida ahí".
En gran parte, es cierto. Padeció junto a su madre el procedimiento mortal de las quimios y se la pasó las últimas semanas en Japón llorando más de la cuenta y pidiendo internamente que todo el dolor que estaba sintiendo la mujer en aquel momento fuera transferido, por una para lógica razón, a ella misma.
"¿De qué murió?"
Pregunta y Mina pone los ojos en otro sitio más alejado de la habitación. Nuevamente, no siente la suficiente valentía de conectar miradas con la mujer sentada.
"Cáncer de mama".
Murmura. Su piel inevitablemente se eriza. Prácticamente, como una necesidad enfermiza, desea con toda el alma sacar su billetera del bolsillo de su saco y besar pacientemente la foto que lleva siempre consigo de su madre. Pero no lo hace, al contrario, juega con sus manos quedándose, al final, callada frente a la especialista.
Desde hace años, se mantiene al margen de todo y vive una vida repleta de soledad y frustración.
Una vida que no quiere.
"Mina".
La psicóloga la llama dulcemente.
"Puedes soltarte, estoy aquí para eso, para que hables y te liberes".
Cabizbaja, su labio tiembla.
Una vez más, la imagen cambia y se encuentra acomodada en uno de los tantos bancos de madera que hay a un lado de cada una de las aulas de la primaria.
Se está dando cuenta de la situación. Las expresiones preocupadas y algo alteradas por parte de su madre le demuestran que la maestra se halla quejándose con ella de su conducta distinta y reservada.
Traga saliva. Es su culpa. No se anima a conversar con los demás por aquel miedo persistente de ser nuevamente rechazada.
La odian por eso. Sus compañeros son malos por eso. La miran con lástima y burla.
Burla.
Es "la burla".
"Tienes un corazón muy triste en este momento, Mina".
Cuando el escenario del consultorio regresa, la frase la golpea abruptamente. Pero tiene razón. Sus sentimientos son oscuros y tristes.
"La semana que viene, en este mismo horario. Cuídate".
Hace una reverencia rápida y finalmente sale de la habitación cerrando la puerta detrás de sus espaldas. Mira a la recepcionista como una especie de despedida para luego comenzar a caminar hacia su bicicleta. Al dar con ella, le saca el candado y se sube. Fijándose ambos lados antes de tocar la calle y abandonar la vereda, piensa que no hay remedio alguno para su vacío en el pecho. De ese modo, pedalea con precaución a un lado del cordón hasta el diminuto departamento que está alquilando gracias a los ingresos que le brinda ser camarera en Starbucks.
Es responsable con su empleo... su madre le enseñó a serlo. Pero no cree, sinceramente, que esté trabajando de la manera más perfecta y ordenada. Se pone nerviosa cuando, a veces, su empleador la manda al sector de la caja registradora. El estar frente a frente con cualquier persona y el hecho de tener dinero en la mano, todavía la hace querer escapar o... morir.
Prefiere limpiar pisos, mantener el lugar limpio, simplemente juntar los restos de basura que queda en cada una de las mesas y enviar todo al cesto. Pero no siempre puede hacerlo.
No conoce el nombre de la mayoría de sus compañeros en el trabajo, no lo niega, tampoco existe una razón coherente y particular para que alguien le diga que está obrando bien.
Puede que se deba a su falta de concentración. Habitualmente, se propone a recordar las cosas que en verdad le importan. Y si es realmente sincera, no le interesa en lo más mínimo el cumpleaños de ninguna de sus pares.
Escucha los comentarios de felicitaciones mientras le echa producto a una mesa que se encuentra extremadamente cerca del mostrador por parte de varias muchachas. Decide no prestarle más atención y continuar haciendo su trabajo.
"¿Qué haremos para festejarlo?"
Nunca supo lo que es tener algún amigo verdadero. Gracias a eso, ha aprendido a lidiar con su soledad y el convivir 24/7 consigo misma. Mucha gente le expresó que es aburrida y que no hay nada especial en ella.
Mina acepta aquel mensaje porque lo considera como única alternativa a su personalidad "diferente".
Todos los testimonios, las conclusiones sobre su persona son ciertas. Porque jamás alcanzó a acomodarse lo suficiente en la escuela, porque los pocos años en los que estuvo en la universidad tampoco logró llamar la atención, porque ahora, en el trabajo, no es más que una simple mesera con un sueldo desagradable y bajo viviendo el día a día cabizbaja.
"¿Qué te gustaría pedir?"
Sus ojos se fijan en un pequeño grupo de estudiantes mujeres. Son tres y de distintas estaturas. De inmediato, deja de mirar hacia esa dirección para dirigirse a la caja, lugar en donde sus dedos se aferran histéricos debajo del mostrador esperando que los clientes ordenen y ella tomarles el pedido.
"Dos lattes y un capuchino, por favor".
Mina asiente antes de hacer una reverencia tonta. Teclea en la computadora para después decir en voz alta el total de las tres bebidas. Una de las chicas de recién, le pasa una cantidad bastante elevada de dinero, pero esta niega pagando por todo. No es necesario que Mina le devuelva el vuelto porque dio el número acertado. Acto seguido, el ticket sale de la máquina y se lo da con amabilidad. Cuando otra tanda de clientes llega, una vez más su mirada regresa al mismo lugar, mira con atención al grupo de hace rato, específicamente a la chica más baja y de cabello negro.
"¿Creen que la fiesta de este sábado esté buena? Sinceramente, muchos ánimos de ir no tengo".
Dahyun murmura sosteniendo las tiras de su mochila escolar como un acto nervioso. En eso, Tzuyu hace una mueca estando de acuerdo rápidamente con su amiga.
"Entonces, quedemos en casa de alguna o vayamos al cine. Tampoco estoy preparada para soportar el olor a alcohol y tener que ver cómo otras personas comporten saliva".
Chaeyoung se mete en la conversación arrugando la nariz.
"La chica de hace rato fue muy callada, ¿será muda?"
Dahyun pregunta mirando a Tzuyu, quien solo sonríe uniéndose a su broma de mal gusto envuelta en un cuestionamiento infantil.
"¿Y si solo es tímida?"
Chaeyoung dice encogiendo los hombros.
"Puede que sea su primer día aquí. No sabemos".
Continúa opinando.
"¿Hoy nos levantamos defensora del pueblo?"
"Cállate, Dahyun".
Chaeyoung no puede evitar sonreír ante la inmadurez de su mejor amiga.
"¡Eres una inepta, ¡¿cómo diablos hiciste para terminar la escuela, idiota!?"
Mina ve perfectamente cómo una de sus compañeras es atacada por un cliente malhumor e insoportable. Cuando el hombre está a punto de lanzarle el café prácticamente lleno por su enojo elevado, Mina abandona la caja y llega a apartar a la chica del sitio en donde el masculino pensó, minutos antes, despreciarla el doble.
"No es necesario que haga esto, señor. Solo dígame con qué desea abonar su pedido".
Con una voz grave y hasta intimidante, cuestiona observando fijamente al hombre, quien ahora, parpadea más de la cuenta dando un paso hacia atrás a causa del acercamiento inesperado por parte de Mina.
"Ve, yo me encargo".
Susurra para que escuche exclusivamente su compañera. Esta, enseguida, se va dejándola a solas con el señor.
"En total, serían 4.700 wones".
Mina toma el dinero que le da el hombre y corrobora si tiene que brindarle el vuelto. Al notar que no, guarda el efectivo en su delantal.
"Siento lo que ha ocurrido, buenas tardes".
No espera la respuesta de este y simplemente vuelve a su lugar de trabajo.
"Eres muy amable, Mina. También añoras que «el otro» lo sea contigo".
Con esa frase dolorosa de su psicóloga, termina su jornada laboral.
Mina está sola, y últimamente no está tolerando lo que aquel sentimiento provoca en ella día a día.
Necesita un cambio, probablemente un soplo de vida, pero el abismo está ahí, vive allí, y no sabe exactamente si podrá en algún momento ser feliz en verdad.
[...]