QUERIDO DORIAN

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Summary

En un día aparentemente común, Nicolás, un joven estudiante apasionado por el voleibol, vive un evento inesperado que cambia su perspectiva. Durante su hora libre, mientras observa el entrenamiento del equipo que sueña integrar, recibe una carta de un misterioso chico castaño que, preso del nerviosismo, se marcha sin decir una palabra. La carta deja a Nicolás lleno de preguntas, especialmente sobre la identidad del remitente. Aunque asegura no sentir atracción romántica hacia chicos, el acontecimiento despierta una curiosidad persistente y un anhelo por entender por qué fue elegido para recibir esa declaración. Un mes después, Nicolás sigue sin encontrar al chico castaño, buscando en cada rostro una pista que lo lleve a descubrir su identidad. Este encuentro inesperado lo confronta con sus propias emociones y deja abierta una puerta para futuros comienzos. Inicio: 26 de Marzo del 2025 Final: 18 de Enero del 2026

Status
Complete
Chapters
27
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prologo.

A veces, los días que parecen tan comunes y rutinarios suelen ocultar algo: nuevos comienzos.

Los comienzos suelen ser fugaces; ni siquiera parecen algo fuera de lo común. Son tan inocentes que uno no les da importancia. A veces, tanta inocencia pasa desapercibida, sin siquiera notar el aleteo de esa mariposa y, por supuesto, el efecto que este puede tener.

El día soleado de abril, las flores en su punto exacto para apreciar su belleza, el aire fresco… no era más que una fecha normal. Aquel miércoles 15 era eso: un miércoles, sin importancia a primera vista.

Nicolás había decidido pasar su hora libre en las canchas de voleibol. Sabía que a esa hora entrenaban los miembros del equipo de la escuela. Su sueño era ser parte de ellos. Jugar representando a la escuela era algo que había decidido incluso antes de entrar a esa preparatoria.

El sonido del balón golpeado y yendo de un lado a otro llenaba el espacio. Los gritos de los jugadores que exclamaban “¡Voy!” y, por supuesto, el silbato del entrenador, hacían eco en el domo.

Sus ojos rasgados observaban el juego con diversión. Analizaba cada falta y cada táctica que usaban los jugadores. En sus audífonos sonaba You Give Love a Bad Name de Bon Jovi. Sus pies se movían al ritmo de la canción e, incluso, había momentos en los que movía las manos.

Su atención estaba completamente en la música y el juego, tanto que ni siquiera notó cuando alguien se acercó a él. Mucho menos se dio cuenta de cuánto le había costado a ese chico dar el primer paso. El castaño pasó desapercibido.

Nicolás estaba sumergido en su mundo, un mundo que estaba a punto de dar un giro de 180 grados sin que él estuviera preparado para ello. Un mundo que, sin saberlo, cambiaría por completo su forma de ver todo.

Apenas el chico castaño llegó a su lado, tomó aire. Con todo el nerviosismo que provoca declararse, le picó el hombro.

Nicolás volteó desconcertado y miró al chico con gran confusión. El castaño solo le entregó un sobre azul y se fue. No dijo nada. No había preparado nada que decir, y al final, su nerviosismo decidió por él: huyó.

Nicolás, por otro lado, observó el sobre con curiosidad. Finalmente, lo abrió con cuidado, con miedo de romperlo y con nerviosismo. Era evidente que se trataba de una carta. Una carta que, al sacarla y leerla por completo, le hizo sentir mil y un cosas. Pero, entre todas ellas, la que más resonaba en su mente era:

“¿Quién es él?”


Había pasado un mes exacto desde aquel acontecimiento. Nicolás no volvió a ver al chico castaño y se culpaba a sí mismo por no haber prestado atención a su rostro. Quizás, si lo hubiera hecho, ya lo habría encontrado. Aunque también se preguntaba si eso era lo correcto, pues, según él, no le gustaban los chicos. No le interesaban de manera romántica, aunque claro, tampoco tenía problemas con el tema; le parecía algo completamente normal.

Aun así, su mente seguía llena de dudas. ¿Por qué él, entre tantas personas? No sentía que resaltara y, según él, nunca lo había visto antes. Aunque, claro, su pésima memoria para los rostros era algo que lo caracterizaba bien.

Los ojos cafés de Nicolás miraban en todas direcciones, buscando al castaño. Incluso llegó a confundirlo con uno que otro chico. Parecía desesperado, como un príncipe buscando a la damisela con la que había bailado la noche anterior en una fiesta de antifaces.

Nicolás buscaba a ciegas.

Al final, nunca lo encontró.

Pero aún esperaba volver a verlo algún día.