YO TE INVENTÉ (adaptación kookmin)

Summary

Él está acostumbrado a la locura, pero desea ser normal. Anhela con toda su alma saber si lo que ve es o no real.... Jimin emprende una guerra contra la esquizofrenia. Decide afrontar la batalla diaria de buscar la diferencia entre la verdad y los inventos de su mente. Tiene un plan: entrar a la universidad, estar alerta, usar su cámara de fotos, su bola 8 mágica y la ayuda de su hermano menor. Todo parece ir bien hasta que inician las clases, conoce nuevos amigos y se enamora de Jungkook. Pero.. ¿Realmente existen o son otra trampa de su imaginación? 💥💥OJO, ESTA ES SOLO UNA ADAPTACIÓN AL KOOKMIN DE UNO DE MIS LIBROS FAVORITOS, TODOS LOS CREDITOS A SU AUTOR ORIGINAL💥💥

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Complete
Chapters
66
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n/a
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16+

Prólogo: La liberación de las langostas

"Cierro los ojos y el mundo se muere; abro los ojos y todo vuelve a nacer (creo que en mi cabeza te inventé)"

Si me portaba bien en el supermercado, me compraban una leche sabor chocolate. Si me portaba muy bien, me llevaban a ver a las langostas.

Hoy me porté muy bien.

Mamá me dejó junto a la pecera de las langostas, en medio del pasillo principal, mientras iba a la sección de embutidos a comprar las chuletas de cerdo que pidió papá. Las langostas me fascinaban. Me gustaba todo de ellas: su nombre, sus tenazas y su increíble color rojo.

Mi cabello era del mismo tono, del tipo de rojo que se ve bien en todo menos en la gente, porque las personas no deberían tenerlo de ese color. Naranja, si. Castaño, seguro. Pero no rojo langosta.

Tomé un mechón de mi cabello y lo presioné contra el cristal, y miré directamente a los ojos de la langosta mas cercana a mí.

Papá decía que mi cabello era rojo langosta. Mamá decía que era rojo comunista. Yo no sabía lo que era un comunista, pero no parecía ser algo bueno. Tampoco pude comprobar si papá tenía razón, ni siquiera cuando puse mi cabello contra el cristal. Una parte de mí no quería que ninguno de ellos la tuviera.

- Déjame salir - dijo la langosta

Siempre decía lo mismo. Froté mi cabello contra el cristal de la pecera, como si fuera una lámpara mágica y el contacto pudiera despertar la magia. Tal vez podría sacar las langostas de algún modo. Se veían triste, todas amontonadas una encima de otra, con las antenas retorcidas y sus tenazas amarradas con bandas elásticas.

- ¿Vas a comprar una?

Vi el reflejo de ojos azules en el cristal de la pecera antes de que me hablara. Unos grandes ojos azules, como las moras. No, ese tomo era muy oscuro. Azules como el océano.  No, demasiado verde. Azules como todas mis crayolas derretidas en una sola.

El popote que había metido en el cuello de la botella de mi leche con chocolate colgaba de mis labios.

- ¿Vas a comprar una? - preguntó otra vez

Negué con mi cabeza. Se acomodó los lentes sobre la nariz, empujándolos hasta que regresaron a sus mejillas llenas de pecas doradas. El sucio cuello de su playera se había deslizado hacia abajo dejando al descubierto un hombro lleno de pecas. Olía a pescado y agua podrida.

- ¿Sabías que los fósiles de las langostas con tenazas se remontan al periodo cretácico? - preguntó

Volví a negar con la cabeza y le di un trago a mi leche. Tendría que preguntarle a papá lo que era un "cretácico".

Ojos azules no estaba viendo a la langosta, sino a mi.

- Animalia athropoda malacostraca decapoda nephropidae - dijo

Se atoró un poco en la última palabra, pero no me importó porque no había entendido nada de lo que dijo.

- Me gustan las nomenclaturas científicas - comentó

- No se que significa eso - respondí

Volvió a acomodarse los lentes

- Plantae sapindales rutaceae citrus

- Tampoco se que significa

- Hueles a limones - eso si lo entendí!

Sentí una oleada de alegría delirante porque había dicho hueles a limón en lugar de tu cabello es rojo.

Ya sabía que mi cabello era rojo. Todo el mundo podía verlo. Pero no sabía que olía a frutas.

- Tu hueles a pescado - le dije

- Ya sé - su cara palideció y sus mejillas se pusieron rojas

Mire al rededor buscando a mamá. Seguía formada en la fila de embutidos y no parecía tener planes de regresar muy pronto. Lo tomé de la mano. Dio un brinco y se quedo mirando fijamente nuestras manos, como si acabara de pasar algo mágico y peligroso al mismo tiempo.

- ¿Quieres ser mi amigo?

- Bueno - levantó la vista y se volvió a acomodar los lentes

- ¿Quiere un poco? - le ofrecí la botella

- ¿Qué es?

Acerque la leche un poco mas a su cara, por si no había visto bien. Tomó la botella e inspeccionó el popote.

- Mamá me dijo que no debía compartir bebidas con nadie. Es antihigiénico

- Pero es leche con chocolate

Estudio detalladamente la botella antes de darle un débil sorbo y empujarla hacía mi. Se quedo quiero y en silencio por un segundo, luego se inclinó a dar otro trago.

Resultó que ojos azules sabía más que nomenclaturas científicas de plantas y animales. Sabía todo: los precios de lo que había en la tienda, cuanto dinero costaría comprar las langostas que había en la pecera (101.68 dólares, sin incluir el impuesto de venta), los nombres de los presidentes y el orden en que habían ocupado el cargo. Conocía todos los emperadores romanos y eso me impresionó todavía más.  Sabía que la circunferencia de la tierra media cuarenta kilómetros y que solo el cardenal macho es de color rojo brillante.

Pero lo que mas sabía eran palabras.

Ojos azules tenía una palabra para todo.

Palabras como dactylion, brontide y petrichor. Palabras con significados que se escapaban de mi comprensión.

No entendí casi nada de lo que dijo, pero no me importó. Era el primer amigo que tenía.  El primer amigo real. 

Además me gustaba mucho tomarlo de la mano.

- ¿Por qué hueles a pescado?

- Estaba en un estanque

- ¿Por qué?

- Alguien me aventó

- ¿Por qué?

Se encogió de hombros y se agachó para rascarse las piernas, que estaban llenas de banditas adhesivas.

- ¿Por qué tienes heridas?

- Animalia annelida hirudinea

Las palabras sonaron como una grosería. Sus mejillas se pusieron rojas mientras se rascaba las piernas con mas fuerza y los ojos se le pusieron llorosos. Nos detuvimos junto a la pecera.

Uno de los empleados de la tienda salió de atrás del mostrador de los mariscos e ignorándonos, abrió la tapa de la pecera. Metió una mano enguantada y saco al señor langosta. Cerró la tapa y se llevó al crustáceo. Y entonces tuve una idea.

- Ven conmigo - jalé a ojos azules a la parte trasera de la pecera, se secó los ojos. Lo miré fijamente hasta que me devolvió la mirada - ¿Me ayudas a sacar a las langostas de la pecera?

Se sorbió la nariz y asintió, puse mi botella de leche en el piso y levante los brazos.

- ¿Puedes cargarme? Puso sus brazos al rededor de mi cintura y me levanto, mi cabeza pasó por encima de la pecera y mis hombros quedaron a la altura de la tapa. Yo era un niño regordete y ojos azules pudo  haberse partido a la mitad, pero solo gruño y se tambaleó un poco.

- No te muevas

La tapa tenía una manija cerca del borde, la tomé y la abrí temblando, por una ráfaga de aire frío que salió de la pecera.

- ¿Qué haces? - preguntó ojos azules, con su voz ahogada por el esfuerzo y mi playera.

- ¡Cállate!

Me apresure a mirar alrededor, nadie nos había visto.

Las langostas estaban apiladas, metí la mano y un escalofrío me recorrió la espalda. Mis dedos tomaron la langosta mas cercana.

Pensé que iba a sacudir las tenazas y a enrollar y desenrollar su cola, pero no hizo nada. Sentí como si estuviera sosteniendo un caparazón pesado.

- Gracias - dijo la langosta

- De nada - respondí, poniéndola en el piso

Ojos azules volvió a tambalearse pero no me soltó, la langosta se quedo quieta un instante y luego comenzó a arrastrarse por el piso de azulejos.

Metí la mano y saqué otra, y otra, y otra, y muy pronto todas las langostas de la pecera estaban arrastrándose por el piso del supermercado Meijer. No sabía a donde irían pero ellas parecían muy seguras. Ojos azules me bajo y ambos aterrizamos en un charco de agua fría

- ¿Siempre haces cosas así? - sus gafas en la punta de su nariz

- No, solo hoy

Sonrió

Entonces comenzaron los gritos, unas manos me tomaron de los brazos y me alzaron. Mamá estaba gritándome mientras me alejaba de la pecera, miré hacia otro lado y vi que las langostas ya se habían ido, gotas de agua helada caían de mi brazo.

Ojos azules seguía parado en medio del charco, tomó del suelo mi botella de leche y se despidió con la mano, traté de hacer que mamá se detuviera, para regresar y preguntarle su nombre, pero somo empezó a caminar mas rápido.

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