Un beso por cada estrella

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Summary

Desde los quince años, Chiara y Luca no han conseguido pasar cinco minutos sin discutir. Tras su graduación, ambos creyeron que sus caminos no volverían a cruzarse... hasta que el destino los junta de nuevo en la universidad. Y, como si fuera poco, deberán trabajar juntos en uno de los proyectos más importantes del año. No importa si empiezan a pasar más tiempo juntos. Tampoco si Luca memoriza detalles de Chiara que ni ella misma nota. Ni siquiera importa si a Chiara le resulta imposible dejar de mirar los ojos de Luca. Después de todo, se detestan. ¿No?

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

01

01 | Jodido e insufrible Luca Di Tomasso.


Chiara

—Entonces, ¿qué dices?

Miro de reojo a Dain mientras subimos por las escaleras de la universidad. Sus ojos marrones me observan expectantes. 

—No creo que pueda esta noche, lo siento —intento no sonar borde; Sin embargo, mi tono de voz es mucho más punzante de lo que me gustaría.

Nos conocemos hace menos de un mes, es estudiante de Diseño Gráfico y me agrada pasar tiempo con él. Es atento, inteligente e incluso divertido. No obstante, él comenzaba a confundir las cosas, y no es que a mí no me gustara. Es guapo, sin duda, pero en estos momentos mi cabeza no estaba puesta en salir con alguien. O, bueno, para ser honesta, mi cabeza nunca estaba puesta en salir con alguien. Quizás nunca lo estaría.

—No te preocupes. ¿Quizás mañana? —insiste. 

—Tal vez... —Meto la mano dentro de mi bolso y saco de allí una pequeña agenda verde. La utilizo para organizar mi día a día.

—Genial. Puedo pasarte a buscar si quieres.

Sin respuesta; Mis ojos están fijos en la agenda entre mis manos. Hay varios puntos tachados, pero la mayoría aún sigue pendiente. Observa el próximo punto a realizar del día y mi ceño se frunce casi al instante: asistir a la primera clase compartida con los estudiantes de teatro.

Los estudiantes de actuación no me agradaban. Bueno, en realidad, solo los que eran el típico estereotipo de personas alegres, carismáticas y extremadamente sociables. Básicamente: todo lo opuesto a mí.

Lo sé, es un prejuicio estúpido.

Más que nada porque estudio Cinematografía, e interactuar con actores y actrices es una de las cosas que un cineasta está obligado a hacer.

—¿Chiara? —la voz de Dain me trae de vuelta a la realidad.

Pestañeo varias veces.

—¡Si! Lo siento, ¿decías...?

—Que mañana puedo pasarte a buscar por tu residencia si quieres.

Dudo antes de responder.

No tenía planes para mañana y, después de todo, Dain me caía bien. No me molestaba pasar tiempo con él mientras las cosas no estaban más allá.

—Sí, está bien —accedo finalmente.

—Genial —me dedica una amplia sonrisa—. Bueno, llego tarde a mi próxima clase. Nos vemos luego. 

Comienza a alejarse por el corredor.

—Claro. ¡Adiós! 

Observo la hora en mi móvil. Aún quedan siete minutos antes de la clase, y debía darme prisa si no quería llegar tarde yo también. El salón de Teatro Musical, donde se dictaría la clase, quedaba en la otra punta de la universidad.

Guardo la agenda y el móvil en mi bolso, y comienzo a encaminarme hacia la ubicación.

La universidad de arte, Saint-Exupéry, era una de las más prestigiosas del país. Había deseado venir aquí desde muy pequeña.

Pero, siendo de una familia de clase media —mi madre profesora y mi padre médico—, pagar la matrícula de la universidad estaba totalmente alejado de mis posibilidades. Así que mi única opción era conseguir una beca.

Y luego de años de estudiar sin dormir, de inscribirme a cada actividad extracurricular que pudiera sumar puntos a mi expediente... lo logré.

Y aún me cuesta creerlo.

Al llegar al salón, me alegra de que aún esté vacío. Subo por las escaleras hasta llegar a las butacas de arriba del todo, casi al final. Desde allí, todo parece más grande y majestuoso. Al frente, a diferencia de un salón de clases normal, en donde hay grandes pizarras, se ubica un mini escenario que utilizan los estudiantes de teatro para ensayar.

Dejo mi bolso a un lado mientras me acomodo en el asiento. Aprovecho los minutos libres para utilizar el móvil y me distraigo tanto que ni siquiera noto cuando alguien más se adentra en el aula... hasta que pasa por mi lado y roza accidentalmente mi hombro.

Levanto la vista del móvil, sorprendida, y sigo con la mirada al chico que acaba de entrar. Me da la espalda, así que no puedo verlo con exactitud.

Se encamina unos asientos detrás del mío, sin dar señales de haber percatado de mi presencia. Y cuando estoy por voltearme nuevamente hacia el frente, se acomoda en su asiento y deja su rostro al descubierto.

Se me corta la respiración.

Trago grueso; mi garganta se ha secado por completo.

Niego con la cabeza. No puede ser real.

Las posibilidades eran mínimas y, aun así, habíamos tenido la mala suerte de coincidir.

Jodido, e insufrible Luca Di Tomasso. 

Arruinándolo todo; como siempre.

Y como si lo hubiera llamado telepáticamente, levanta la vista de su móvil y posa sus ojos directo sobre mí.

Me volteo hacia el frente, con el rostro ardiendo. Y no tardo en arrepentirme.

Ya me había reconocido. Era inútil evitarlo.

—¿Chiara? —me tenso de pies a cabeza.

No quiero darme la vuelta, solo puedo pensar en las ganas que tengo de salir corriendo, alejarme de él tanto como sea posible; pero, por obvias razones, solo conseguiría quedar más ridícula de lo que ya me siento. Así que, con todo el valor que puedo reunir, me giro lentamente hacia él.

Al instante, me encuentro con unos ojos azul oscuro.

Mientras él me sonríe burlón, yo solo intento contener mis ganas de borrarle aquella sonrisita de un sopapo. Ahuyento aquel pensamiento tan pronto como llega a mi mente. Ya no éramos adolescentes, no iba a dejar que me sacara de quicio con tanta facilidad.

— ¿Qué haces tú aquí? —pregunta, mientras me repasa de arriba abajo.

Ruedo los ojos.

—Lo mismo que tú, supongo.

Él suelta un resoplido.

—Igual de encantadora que siempre.

Solo con escucharlo hablar, ver su manera de moverse, desbordante de confianza, como si se creyera el maldito dueño del mundo... mi irritación aumenta.

—Simplemente no me agrada verte.

Sonríe de medio lado.

—Igual de sincera, también.

—Y tú, igual de insoportable.

—Tú, igual de odiosa.

—Y tú, igual de imbécil.

Su sonrisa se ensancha.

Yo, no sonrío en lo absoluto.

—Admite que te agrada verme, Anderson.

—Oh, sí, ni te imaginas cuánto. —Bufo.

De pronto, el timbre resuena en toda la universidad y el salón se convierte en un barullo de voces, risas, pasos y sillas arrastradas. Aparto mis ojos de él y me doy la vuelta nuevamente hacia el frente. Ignoro las cosquillas en mi vientre y el repiqueteo inconsciente de mi pie contra el suelo. Fuerzo una sonrisa cuando Mackenzie, la única de todas las personas con las que comparto clase a la que logré acercarme, se sienta a mi lado.

Me sonríe abiertamente mientras ata su cabello pelirrojo en una coleta baja.

Al instante, los profesores comienzan a introducir la clase sin darnos tiempo ni siquiera de medir palabra. Pongo todo mi esfuerzo en no divagar, pero me resulta imposible tener a Luca sentado solo unos asientos detrás.

—...Bien, con la profesora Jenkins hemos decidido que el primer trabajo del año será en duplas —comenta el profesor Stuart, de Producción Audiovisual, casi al final de la hora—. Un estudiante de Cinematografía junto a uno de Teatro. Y, antes de que pregunten, sí, nosotros elegiremos a sus compañeros.

Se oyen algunos resoplidos y quejas de varios estudiantes, pero los profesores deciden ignorarlos.

Pese a que no me apetece trabajar con alguien que no conozco, no lo digo en voz alta ni doy señales de estar en desacuerdo.

—Comenzaremos armando los dúos y luego les explicaremos en qué consiste el trabajo —siguió la profesora Jenkins—. A medida que los nombres, les pido que vayan levantándose de sus lugares y pasando al frente. —Se aclara la garganta—. Mackenzie Philips y Jenifer Jackson.

Mack se levanta del lugar y comienza a caminar hacia el frente. Una chica rubia y muy alta la imita. Y así continúan durante varios minutos. La profesora nombra a cada dupla, y estos se levantan a la par y se dirigen al frente, comenzando a formar una hilera de estudiantes sobre el escenario.

Mi turno tarda en llegar; solo quedamos seis personas sentadas. Mi corazón se acelera cuando noto que Luca también está sentado.

—Di Tomasso...

No me nombres. No me nombres. No me nombres. Pido con todas mis fuerzas.

Por favor...

—Y Anderson.

Mierda.