Con, en contra y a pesar de tu familia

All Rights Reserved ©

Summary

Alguna vez has pensado en como salir de una familia tóxica?, alguna vez has pensado que estás solo y sin nadie? dejame decirte que no lo estas, solo necesitas abrir los ojos, elegir bien y conseguir a como de lugar el apoyo necesario, con, en contra o a pesar de tu familia.

Status
Ongoing
Chapters
9
Rating
n/a
Age Rating
18+

El pasado no se puede cambiar

¿Alguna vez has deseado cambiar el pasado? Imaginar cómo habría sido tu vida si todo hubiera sido distinto, ¿más feliz, quizás? ¡Ja! Pero el pasado no se puede modificar, por eso mi historia es la que es, y ahora me toca afrontarla.

Mi infancia fue caótica, algo de lo que no me enorgullezco ni deseo compartir con nadie. Puedo resumir en una palabra: “Loca”. Si las cosas hubieran sido distintas, tal vez sería más feliz; quién sabe. Lamentablemente, mi infancia sigue igual, con la ausencia de mi padre a mi lado. A veces me cuestiono si habría sido mejor perdonarlo y vivir con él, pero me quedé con mi madre, una mujer todo menos mentalmente sana. Por eso, casi nada ha cambiado; ahora soy yo quien tiene enfrentamientos con ella. Simplemente es inevitable.

Quizás las cosas serían diferentes si ella supiera cómo gestionarse. Pero, claro, alguien que no reconoce que necesita ayuda urgente y se niega a recibirla no puede manejarse correctamente. Supongo que es parte de su trastorno. Aún así, dudo que ella sea consciente de padecerlo, y mucho menos de necesitar ayuda. Sin embargo, eso no justifica sus malas acciones, solo proporciona una explicación de por qué actúa así. ¿Se dará cuenta ella de lo que hace? Quizás sí, pero nunca ha hecho nada para cambiarlo, como si las peleas no fueron razón suficiente para ello.

Si hubiera nacido en otra familia, mi infancia y yo seríamos diferentes... hubiéramos sido. Pero el ayer es inmutable, no se puede alterar, por eso me encuentro aquí ahora, recibiendo el quinto, ¿o cuarto? regaño del día. ¿Lo peor? Apenas he despertado hace dos horas. Pero claro, son las desventajas de ser fin de semana, aunque ya tenía una idea planeada.

-“Ya entendí madre. Solo necesitas-”

Fui interrumpido por otro intenso grito, lo que me hizo perder la paciencia. Aproveché que mi skate estaba cerca de la puerta, lo tomé y salí corriendo de la casa, dejando atrás los gritos de mi madre.

Mientras caminaba por la calle, me encontré con un “amigo”, Lev, quien me saludó. Instintivamente quise ignorarlo y ponerme los auriculares, pero ¡sorpresa! Los había olvidado en casa. Resignado, tuve que devolverle el saludo.

-“Hola Lev”, susurré de manera cortante, mientras lo observaba con una mirada afilada, indicando que no era el mejor momento para charlar.

-“¡Hola Alex! ¡Es la primera vez que me haces caso en la calle! ¿Acaso ya te agrade más?” dijo Lev, de manera pícara.

Miré a Lev con cierta molestia. A veces era demasiado insistente, pero no quería que el mal humor me dominara, así que esbozo una pequeña sonrisa y negué con la cabeza. -“Un poco, tal vez. Pero siempre que salgo a la calle llevo mis auriculares, por eso quizás no hemos conversado mucho.”

En el fondo, deseaba que la charla acabara pronto, pero no fue así. Por ello, tuve que escuchar su parloteo por un rato más. Me invitó a su casa, algo que claramente no pensaba aceptar, así que le dije que lo consideraría y me fui de allí.

Recorrí las calles sin rumbo por un buen rato hasta toparme con un chico que, evidentemente, no me prestó atención, pues estaba ocupado comprando algo. Sin embargo, algo en él llamó mi atención; quizás su energía o su sonrisa encantadora. Sin pensarlo, lo observé detenidamente por un momento, hasta recordar que no podía permitirme encariñarme con alguien en ese momento. Así, de un instante a otro, esa atracción desapareció tan rápido como surgió, y me marché de allí. Después de todo, ¿quién querría una persona con cambios de humor tan radicales como los del clima? A veces me comparaba con la nieve, que podía ser la mejor estación dependiendo de la persona, pero que también podía ocasionar desastres irreparables.

Tras deambular por las calles sin rumbo fijo, decidí regresar a casa. Para mi sorpresa o pesar, mi madre ya estaba más calmada. Ahí estaba, con su sonrisa hipócrita que detestaba. No lograba comprender cómo podía cambiar tan rápidamente sus emociones, pero supongo que era parte de su padecimiento. Intentando ignorarla, pasé de largo por su lado, quien esperaba abrazarme con los brazos abiertos. No malinterpreten, apreciaba las muestras de cariño, pero sabía que si hacía algo que desaprobaba, todo se echaría a perder.

-“Alex, ¿no vas a saludarme? Estuviste mucho tiempo fuera. ¿Estás bien? Ay cariño, hace mucho frío ahí fuera, ¿Quieres un té?” dijo esa mujer con una sonrisa alegre en el rostro y una mirada llena de preocupación que me hizo sentir culpable. Solo asentí y, con los ojos vidriosos, fui a abrazarla. A veces me sentía como un niño otra vez, especialmente cuando ella actuaba de esa manera. La abracé, escondiendo mi cabeza entre su hombro y cuello; el aroma de su perfume me transportaba a mi niñez.

Después de esa emotiva escena, ambos nos sentamos a tomar un té caliente, pues el frío exterior era inclemente. Sin embargo, no sabía que un pequeño error desencadenaría una cadena de eventos desafortunados.

- “Madre, ¿sabes dónde están las tazas?” pregunté de manera más relajada, antes de tomar una de donde ella me había indicado. Por cuestiones del destino o, quizás, por mi torpeza, la taza se cayó y se rompió en varios pedazos.

- “Mier... Perdona, madre”, me agaché con cuidado para recoger los fragmentos más grandes. Sin embargo, un tirón en mi cabello me hizo lastimar un poco. Reaccioné con cierto alivio o tal vez desconcierto por la sensación del corte en mi dedo. Mientras tanto, la mirada de rabia de mi madre me llenaba de culpa, como si hubiera cometido el peor y más imperdonable de los actos.

-“¡¿Qué te pasa?!, ¡Decides escapar de casa y luego vuelves a hacer estragos aquí?!, ¡Para eso es mejor pudrirte en la calle como la basura que eres! De verdad, ya no te aguanto para nada. ¡Es mejor que te largues a la calle y me dejes en paz! ¡No sé qué demonios pensaba cuando decidí dejarte vivir conmigo, o incluso tenerte; solo eres un estorbo!” Esas palabras se clavaron en mi mente como cuchillos afilados. Estaba al borde de perder el control, de no ser por la sensación de la sangre corriendo por mi dedo, manchando el suelo y enfureciendo aún más a esa mujer.

-“¡Y ahora me estás manchando el piso! ¡Déjame en paz, lárgate de aquí!” Miré a mi “madre” con vacío, si es que se podía llamar así. Luego de limpiar rápidamente con papel, me dirigí a mi habitación para empacar algunas cosas para esa noche. Tenía algo de dinero que mi padre me había enviado, así que eso me sería útil. Guardé mis auriculares hasta el final y, antes de marcharme, revisé mi herida. No era grave, pero algo dentro de mí comenzó a aflorar.

Huí rápidamente de la casa y caminé hasta una farmacia cercana y... bueno, ya saben lo que compré (no me enorgullece, pero no vi otra salida en ese momento).

Al llegar al parque, lo primero que hice fue comer unas cuantas galletas que había adquirido. Medité durante un buen rato y, antes de decidir lo contrario, subí la manga y... de repente me sentí mejor. El dolor y el agotamiento mental desaparecieron, así que lo dejé por ese momento. Traté la herida y, con una expresión serena, me recosté en una de las bancas. Me sentía mucho mejor, como si todo estuviera en su lugar en ese instante. Un momento de éxtasis invadió mi mente, pero el problema llegó cuando toda esa dopamina desapareció. El dolor regresó, con una intensidad aún mayor, aunque en ese momento pensé “es preferible el dolor físico al mental”. Sin embargo, el arrepentimiento se hizo presente. ¿Realmente esa era la solución? Quizás no, pero sin apoyo, sin amigos, sin nadie en quien confiar, la navaja parecía ser mi única salida en ese momento, sin saber que me adentraba en un círculo vicioso del que no podría salir solo.

No me agrada compartir esto, supongo que es uno de mis secretos más profundos que no todos conocen. Al final del día, no pude conciliar el sueño. La sensación de ardor en mi piel me incitó a repetir aquello varias veces más. Repentinamente me sentía feliz tras hacerlo, pero la felicidad era efímera y pronto era reemplazada por dolor. Así transcurrió toda la noche en la que no pude dormir. No fue hasta que vi los primeros rayos del sol asomarse que salí a caminar por las calles, desvelado, fatigado, adolorido, pero afortunadamente llevaba un suéter y una gorra. Una idea surgió en mi mente y, con rapidez, me dirigí a una peluquería para llevar a cabo una completa locura: corté mi cabello desordenadamente y lo teñí. El resultado final fue una mezcla de colores que me hacía lucir mucho más extravagante. Sabía que causaría revuelo en la escuela, pero no me importaba. En ese momento, agradecía que mi padre siguiera enviando dinero en secreto para mí. Aunque lo odiaba, en esos momentos agradecía que al menos se preocupara por mí.

Investigué durante un buen rato y terminé por acudir a una tienda poco convencional, donde disfruté del estilo de las prendas ofrecidas. Rápidamente elegí un conjunto que me encantó. Probé el atuendo y al verme en el espejo, me agradó la imagen que reflejaba.

Tras aquello, salí a las calles con confianza. Me sentía bien, y lo primero que hice fue regresar a casa. El regaño no se hizo esperar, pero no me afectaba. Con su apoyo o sin él, forjare mi propio camino. Después de todo, ya tenía diecisiete años y una vez en mi habitación, encendí la computadora y comencé a investigar sobre diversos temas. Todo parecía ir de maravilla; abrí mi mente a nuevas posibilidades y dejé de ser tan cerrado en mis pensamientos. Sencillamente, estaba labrando mi propio ser conforme a mis creencias. Así, decidí tomar las riendas de mis asuntos y mi destino...



NOTA DE AUTOR

este capítulo ya fue corregido gramaticamente. Si encuentran un error en los proximos capitulos me avisan, por favor.