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Summary

Los MMA y MAMA son grandes eventos en Asia donde el grupo de idols, Bastard, ha sobresalido. Sonrisas, gritos y mucho amor por parte de ambas partes, tanto de los artistas como de los fans no dejaron de inundar cada rincón de los escenarios. No obstante, durante esos dos dias de evento, los fanáticos han notado al lindo y tierno omega de la agrupacin, y cabe aclarar que el unico al menos presentado de forma oficial, un poco... Quizás muy... ¿Embarazado? ⚠️ Portada Temporal ⚠️

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|Blind On Stage|

Los MMA y MAMA son grandes eventos en Asia donde el grupo de Idols, Bastard, ha sobresalido.

Sonrisas, gritos y mucho amor por parte de ambas partes, tanto de los artistas como de los fans, no dejaron de inundar cada rincón de los escenarios.

No obstante, durante esos dos días de evento, los fanáticos han notado al lindo y tierno omega de la agrupación, y cabe aclarar que el único, al menos presentado de forma oficial, un poco... Quizás muy...

¿Embarazado?

Sabían que el bonito Omega, Yoichi Isagi, era la pareja del líder de la agrupación, el emperador Michael Kaiser, quien durante los MMA no dejó de mirar amenazadoramente a los Alfas que posaban su mirada en su adorable pareja. Pero era inevitable, las dulces feromonas de pastel de fresa provenientes del chico eran realmente embriagadoras.

Y aquellos grandes abrigos que usaba lo hacían resaltar entre la multitud, atrayendo incluso más miradas hacia su vientre, el cual gracias a algunos movimientos del Omega sobre el escenario, le demostraron al mundo que, sí, la pareja se encontraba en la dulce espera.

Yoichi no tenía un vientre tan grande, no por ahora quizás, la mayoría de las personas intuyeron que tenía pocos meses, lo cual no representaba mayor riesgo, pero otro grupo creía el chico de baja estatura, a comparación de su pareja, era de aquellos Omegas a los cuales el embarazo no se les hacía realmente notable, preocupándose inmediatamente por la salud del talentoso Idol. Claro que no se necesitó de nada más que un cariñoso mensaje de Yoichi por la cuenta oficial del Bastard X Twitter para alegrar y calmar a todos.

Por no decir a toda la nación, después de todo, era el Omega de la generación que robaba suspiros hasta los de su misma casta.

Algunos de los mensajes que recibían a través de las redes, eran algo como:

“¡Se merecían ese premio, chicos!”

“¡BASTARD como siempre brillando en la pista de baile!”

“Ya no sé de quién enamorarme más”

“Esos trajes realmente los hacen ver como Dioses”

“¡¿DÓNDE SE REZA?!”

“¿Cuándo anuncian oficialmente el embarazo de Isagi-San?”

Yoichi, quien se encontraba actualmente bañadito, cambiadito y limpio sobre la cama de la habitación, dispuesto a dormir dentro de su pequeño nido, formó una bonita “O” con sus labios, al leer ese último mensaje.

¿Sus fans ya sabía sobre su pancita? No podía esperar menos de sus estrellitas.

Eso explicaba mucho el comportamiento de su Alfa el día anterior, sobretodo cuando ya venían de regreso hacia el hotel, del cuál ahora no podía salir por lo sensible que Michael le había dejado.


El Omega había cerrado uno de sus ojitos al sentir la nariz de Kaiser pasar cariñosamente por su carita, queriendo llamar su atención. Volteó a su dirección, notando cómo el resto del grupo se encontraban enfocados en su propios teléfonos, sin tomarle importancia al resto, Kaiser volvió a llamar su atención, dándole pequeños besos.

El Omega ladeó la cabeza en confusión, no entendiendo qué quería decirle el mayor con esa mirada de ojos, aunque azules cielo, era sombría, junto a esa sonrisa coqueta que tanto lo irritaba durante los primeros meses desde que se conocieron. Menos entendió cuando el rubio de mechones azules acarició sus muslos por encima de la tela del pantalón, bajando lentamente.

Quería entender qué pasaba por la mente del Alfa.

Después de su respectiva presentación en los MAMA, Kaiser no había dejado sentarle al lado de sus amigos, lo había mantenido a su lado mientras acariciaba su vientre y sostenía su cintura con algo de fuerza, pero no tanta como para lastimarlo.

Yoichi había querido dormirse sobre su regazo. Su aroma, el cual extrañamente había estado expulsando con un poco más de fuerza que lo normal, lo calmaba tanto, que quizás por eso sus fans notaron cómo recostaba su cabecita en el hombro del Alemán y este le daba pequeños mimos.

—¿Mihya?—Las manos de Michael pasaron entonces a posarse sobre su vientre, acariciando suavemente.

—¿Nuestro cachorrito se ha portado bien, bebé?

—¿Hm?—Soltó en confusión, su pregunta le había parecido muy espontánea y hasta curiosa, pero no podía quejarse, tal vez el hombre extranjero quería asegurarse de que no hubiese problemas con su bebito después de estar rodeados de tantas personas—Claro que sí, sabes de sobra que es muy tranquilo—Kaiser asintió, uniendo sus labios. Yoichi creía que sería nada más un simple y dulce contacto, pero se equivocó, la rosa azul había estado a nada de devorarle la boca si no se apartaba a tiempo, sintiendo las manos del mayor acariciar descaradamente su cuerpo—C-Comportate, están los chicos—Murmuró realmente bajo, sintiendo sus mejillas colorearse al ver la sonrisa burlona del rubio de mechones azulados.

—No importa, no es como si fuesen a vernos o a interrumpir.

Y era verdad, la agrupación estaba agotada después de tanto trabajo, la mayoría estaba en sus celulares, muchos otros ya se encontraban durmiendo, sus chismosos amigos parecían estar en otra realidad como narnia, algunos hasta compitiendo para vencer a Hiori en un videojuego. Pero Yoichi estaba tan avergonzado, tan repentinamente sumiso, no quería que le hicieran burla porque su pervertido Alfa se lo manoseaba en público. 

El corazón del Omega comenzó a latir desbocado al sentir los besos húmedos que el Alfa depositaba mortalmente con lentitud sobre su cuello, queriendo hacerlo chillar cada vez que los labios producían un pequeño chasquido al separarse de su piel.

Yoichi estaba avergonzado, tratando de impedir que la escena pasara a mayores. Justo cuando fue dejado sobre el regazo del más alto, el aliento del de cabellos oscuros se congeló al ver que Kunigami los veía de reojo, por lo que sonrió dulcemente, distrayendo al joven Alfa antes de que este se colocase sus airpods, cerrando sus ojos, era tan dulce que a pesar de todo lo que han crecido juntos como grupo en los últimos años, siga siendo tan considerado como si fuese su hermano mayor.

Le avergonzaba tanto que el chico fuese tan inteligente como para saber las intenciones del pervertido Alfa atrás suyo.

—¿Qué te asusta, precioso?—Había susurrado con descaro Michael sobre su sensible oído.


—¿Cuánto falta?,¿Cuánto falta?, ¿Cuánto falta?, ¿Cuánto falta?—Se preguntaba el avergonzado Omega, quien intentaba ocultar discretamente la gruesa y dura erección que “apenas”, valga la redundancia, restregaba su Alfa contra su trasero.

Como si el jodido movimiento de la camioneta ayudara, los vaivenes provocaban que el bonito Omega mordiese sus labios, ganándose una sonrisa socarrona por parte del Alemán.

Iba a matarlo.

Leyendo al parecer los pensamientos de su bonito Omega, Michael acomodo nuevamente a su pareja sobre su propio regazo, viéndolo frente a frente, rodeando su cintura para evitar que cayera de espaldas.

Aunque de todas formas no le importaría verle desde arriba en esa posición.

El solo pensamiento le hizo relamer sus labios frente a esos ojitos grandes que le miraban con curiosidad y hasta ternura. Era como si los pequeños berrinches del más joven se hubiesen calmado con solo haberse visto mutuamente.

La nariz del Japonés comenzó a moverse inconscientemente, acercándose hasta el cuello del Alfa para sentir de lleno su reconfortante aroma, haciéndole ronronear.

Llevaban un largo camino oliéndose mutuamente, disfrutando de la cercanía del otro, siendo el Alfa quien escuchaba los adorables ronroneos de su Omega en cinta, y ese aroma dulzón solo aumentando de sobremanera que lo mareaba.

Lo deseaba.

—¿Qué pasa, lindura?—Cuestionó el rubio de mechones azulados cuando el más joven se separó después de haberle lamido el cuello, mandándole un pequeño escalofrío al de cabellos oscuros.

—K-Kaiser—Isagi le miró con los ojos bien abiertos, haciéndole fruncir momentáneamente el ceño al Alfa por pensar que algo malo estaba pasando. Estaba por montar un escándalo hasta que vio el tierno sonrojo que azotaba las mejillas de su pareja, luego fue que pudo percatarse, o mejor dicho, sentir, el problema, con sus manos.

El Japonés estaba lactando y lubricando en medio del auto, siendo esto último lo que había traspasado la tela de su pantalón, llegando a humedecer incluso los dedos del Alfa.

—M-Mihya.

Isagi ocultó su avergonzada carita en aquel firme pecho, negándose a salir de allí.

El olor del pastel de fresa se había incrementado con más fuerza, atrayendo la atención del resto de aquellos que venían con ellos, incluído del mismo chófer, quien curioso los veía momentáneamente por el retrovisor.

—Son las hormonas.

Dicho eso, el Alfa se ganó un golpe sin fuerza en el pecho por parte de su avergonzado mate.


El emperador llegó abrazando a su Omega por la espalda, enterrando su nariz sobre el brote de su cabeza, aquel que parecía una pequeña planta. Isagi suspiró gustoso al sentirse impregnado del aroma del Alemán.

Los más jóvenes fueron los primeros en ir a pedir comida, excusando a los mayores, e incluso la pareja para que solo ingresaran a la habitación que ambos compartían.

El Japonés pudo soltar un aliviado suspiro al quitarse aquel parche del mismo tono de su piel que durante las presentaciones de esos agitados días le habían estado cubriendo la gran mancha sangrienta y rojiza que su Alfa le había hecho especialmente para él, siendo un distractor potencial para sus fanáticos, para que no le prestasen tanta atención a esa zona en específico de su cuerpo.

En redes aún se divagaba la noticia de por qué “aún” no había sido marcado por su pareja, cuando claramente llevaba orgullosamente por las noches aquel símbolo tan significativo y amoroso para ambos.

Tenía que admitir que la primera vez le había dolido como la mierda, su Mihyaeru tenía una mandíbula demasiado fuerte y sus gritos eran la prueba suficiente de cuántos se enteraron de lo ocurrido al día siguiente.

En cuanto a su embarazo, no se preocupaba, sabía que aquellos que no aceptaban su relación con el Alemán volverían a hablar y los atacarían, pero confiaba plenamente en que el resto de sus fans los cuidarían y defenderían, a parte de que contaban con el apoyo de la empresa, sus amigos y familiares.

No tenía por qué estar asustado, menos a esas alturas.

Sí, admitía que el día que se lo dijeron a su Manager él empezó a llorar como un pequeño niño indefenso, escondiéndose detrás de su Alfa porque se negaba a escuchar regaños y palabras feas hacia ambos.

Pero su amorosa rosa azul había estado siempre frente a él y su bebito, defendiéndolos y calmando al pobre beta que solo quería tener todo controlado y en orden en su trabajo.

Al salir del baño, una vez ya había controlado su lactancia y las extrañas ganas de ser follado por su mayor horas más temprano dentro de la camioneta, dió un pequeño brinco por el susto que su Alfa le había dado al ser tomado entre sus brazos.

Ya era muy tarde, estaba cansado y el colchón era realmente tentador.

—¿Micha?

El mayor no respondió.

En cambio, solo comenzó a olfatear su cuello, al igual que en la camioneta, dejando expuestas sus partes lobunas; al menos lo que constaba de sus orejas y cola, la cual meneaba constantemente con insistencia.

—Micha, ¿qué ocurre? Desde ayer estás muy berrinchudo—Dijo con un puchero, acariciando el pecho su Alfa—¿Es el estrés?—Preguntó, pegando su carita a la cabellera rubia—Vamos a dormir, Micha.

El lobo de Yoichi se removía algo inquieto, ronroneando feliz al sentirse cubierto por el aroma del lobo más grande, el cual expulsó intensamente para que no le prestase atención a otra cosa.

Típico narcisista egoísta, su Alfa solo quería que le prestase atención.

Estaba por dormirse en los brazos del más alto cuando el Omega volvió a dar un pequeño brinco, al sentir que Kaiser le nalgueó en lugar de haberle respondido sus preguntas, dejando una de sus manos apretar a su gusto esa zona, mientras su cadera era aprisionada por la otra.

Sus labios habían sido tomados con más fuerza de la característica, haciéndole jadear apenas Kaiser le permitió inhalar por unos segundos algo de aire.


Las piernas de Yoichi flaquearon, obligándole a sostenerse de la mesita de noche de aquella habitación para evitar golpear su vientre. Sintió cómo Michael tomaba sus glúteos y los separaba, permitiéndole ingresar su lengua hasta su dulce anillito, quien comenzó a recibirlo gustoso.

El sorprendido Omega cubrió sus labios con ambas manos, ahogando el agudo gemido que escapó desde el fondo de su garganta.

Eso era nuevo.

Era la primera vez que Kaiser tocaba esa zona con otra cosa que no fueran sus dedos o su propio miembro.

Dios, ¿se iba a desmayar? Se sentía tan malditamente bien.

—¡Micha!—Chilló, con sus ojos ahora cristalizados, soltando otro agudo gemido apenas Kaiser introdujo su mano por debajo de su camisa, la única prenda que cargaba realmente, ya que su pantalón de pijama y su ropa interior ahora vagaban por alguna parte de la apenas iluminada habitación, comenzando a jugar con sus erectos pezones—M-Micha—Sollozó con un marcado puchero, dando otro pequeño brinco cuando la respiración del Alfa se posó cerca de su oído.

—Te estás poniendo tan húmedo, bonito Omega.

Los labios del menor volvieron a separarse de la sorpresa, pero no tardó mucho, puesto que un cosquilleo algo extraño comenzó a pinchar el hogar de su cachorrito, probablemente ni siquiera provenía de allí, pero si podía sentir claramente que el solo escuchar la voz del lobo interno de su Alfa, le había hecho más sumiso ante sus toques, mojándolo y accidentalmente volviéndole a hacer lactar.

¡No!, ¡Estaba volviendo a lactar!

¡¿No era normal lactar cuando uno se calentaba, verdad?!

Se supone que esa cosa en su pecho solo debía salir más adelante, cuando ya tuviese a su cachorrito.

—A-Apenas había podido controlarlo—Se quejó en un pequeño berrinche, arqueando su espalda cuando un espasmo recorrió todo su cuerpo.

El Alfa pegó su rostro justo sobre la marca, inhalando el rico aroma de su pequeño.

Ingresando lentamente en aquella cavidad que tanto amaba, el Omega se sostenía fuertemente de sus brazos, temblando ligeramente por la expansión e intromisión en su parte baja, mordiendo su labio inferior mientras sus ojitos eran cerrados con fuerza.

—Mi bello Omega.

—Q-Quizas deberíamos parar... N-No sé si sea buena idea hacerlo en mi estado—Comenzó a decir un poco nervioso el joven Omega, gimiendo bajito cuando sentía las pequeñas estocadas del mayor—¿E-Esto es correcto? N-No he hablado con mi médico antes—El más se apegó al pecho de su Alfa cuando las estocadas comenzaron a ser un poco más profundas, pese a seguir siendo lentas—H-Ha pasado un tiempo desde la última vez...

—Estarán bien, yo sé que hacer.

—¿S-Seguro?—Yoichi soltó otro pequeño gemido cuando el Alfa lo pegó un poco más a la pared, apartándolo lejos de aquella mesita y cualquier otra zona donde su cachorrito pudiese verse herido—A-Alfa, mi cuerpo cambia, s-se está preparando para adaptarse a nuestro bebé, s-seré incluso más sensible y...—Yoichi negó levemente, sintiendo un pequeño cosquilleo cuando el Alfa comenzó a acariciar su vientre con suavidad. Su respiración se estaba tornando más pesada, haciéndole jadear sofocado—T-Tendré que tener aún más cuidado, pero aún así, sabiendo esto yo no entiendo por qué...—El Japonés contuvo la respiración al notar que aquellos profundos ojos de depredador le veían fijamente, sintiéndose realmente pequeño ante su presencia—M-Me siento tan caliente.

Solo un pequeño roce de labios había sido suficiente para mojar aún más al rojizo Omega, quien cayendo poco a poco en los encantos de su pareja, comenzó a intensificar sus besos, drogando al Alfa.

Eso era lo que le encantaba de su Yoichi, le daba pelea.

Isagi amaba los besos, pero por el bienestar de los tres, no podían llegar demasiado lejos si querían tener al menos un poco de compostura para su horario de las horas siguientes.

Pero se sentía tan deseado... Quería tener a su Alfa dentro.

Era extraño.

Era como si el celo se hubiese apoderando de ambos.

Un segundo...

—¡E-Estás en...!—Los labios del mayor le callaron antes de que pudiese continuar con su afirmación.


El avergonzado Omega comenzó a sudar frío cuando la puerta de la habitación había sido tocada.

Santa Diosa Luna, dime que la puerta tiene seguro” Casi chillaba el pobre Japonés.

Solo bastó un gruñido de advertencia de Kaiser para que nadie más se atreviese a molestar. Sí, definitivamente su Alfa estaba en celo y aquello había alterado sus hormonas por estar en cinta.

Sus aromas combinándose y perfumando el ambiente, la pareja no podía sentirse más extasiada que con eso, sintiendo la cercanía de sus cuerpos, los colmillos del lobezno amenazando con volver a rozar la suave y nivea piel.

Las manos del más joven fueron apresadas contra la pared por las del mayor, impidiéndole moverse libremente.

Yoichi no podía callar sus gemidos por más que luchaba contra si mismo. Cada vez que Kaiser le tocaba tan bien, se derretía.

Su espalda se arqueaba conforme las embestidas a su persona eran más profundas y certeras, su rosa azul masturbándolo y llenándole de besos era algo que no sabía que le haría tanta falta luego de entrenamientos y presentaciones tan exhaustivas.

No se había sentido estresado por el bien de su cachorrito, pero de verdad era tan reconfortante sentirse tan liberado.

Un ronco gemido fue lo que escapó está ocasión cuando logró eyacular sobre la mano del rubio de mechones azulados, sintiéndose realmente cansado cuando este se corrió en su interior, permitiéndole recostar su perlada frente de la pared, jadeante.

El semen comenzó a caer por esas gruesas y trabajadas piernas, manchando el suelo apenas llegaban a los pies del Omega. Michael veía los labios de su pareja temblar, sabiendo de sobra lo que le exigía, por lo que sin prisa alguna, comenzó depositando pequeños besos hasta intensificarlos, desesperando al menor cuando los llevó al centro de la cama, donde comenzó a jugar con los húmedos pezones de su adormilado pequeño.

—¡N-No!—Espetó de repente con las mejillas más rojizas que antes, intentando separarse del Alfa—N-No... P-Podemos seguir, h-hay muchas personas fuera, no bastará con decirles que y-ya estamos descansando.

Y es que aquella excusa era dicha, porque a Isagi siempre le daba vergüenza mirar los ojos profundos de su Alfa mientras era tomado con fuerza o dulzura por el lobezno extranjero, precisamente en esa posición, donde Michael podía ver todas sus expresiones.

No importaba si ya habían pasado algunos pocos años desde su primera vez, para él seguía siendo vergonzoso, ¡y más ahora sabiendo que alguien podría llegar a verlos en esa situación!

El Alfa había movido sus orejas atento, Isagi creyó que parecía un cachorro.

No te resistas, Omega—El Japonés volvió a gemir a gusto cuando el aún erecto miembro del Alfa ingresó en su interior, ensanchando aún más sus paredes, estaba tan profundo que ante las primeras embestidas Isagi estaba perdido. Se sentía realmente bien—Eres un Omega tan bueno, tan bueno para tu Alfa—Isagi asintió con orbes llorosos, por culpa de su calenturiento hombre, ahora él volvía a tener ganas de ser follado.

Kaiser tenía al más bajito controlado por su cadera, siendo “algo” cuidadoso en dejar marcas rojizas por su agarre. La piel de su mate era tan suave y brillante, que tentación y dilema más complejo el decidir si adueñarse de ella o no.

A la mierda, si lo haría.

Isagi apenas balbuceaba su nombre, su mirada toda acuosa y brillante no podía enfocar al mayor con facilidad, al contrario, apenas era capaz de distinguir que lo que estaba viendo era el techo de la habitación, aferrándose a las sábanas, mientras su Alfa colocaba sus piernas por sobre sus hombros, embistiendo aún más profundo y con certeza el punto dulce de su pareja.

Siguió con su tarea de mordisquear levemente las zonas cerca de su vientre, depositando en este cariñosas lamidas, saludando al cachorrito aún en formación.

Michael sonrió un poco burlesco cuando al correrse, admiró la exhausta mirada de su Omega. Por lo que lo tomó en brazos, alzándolo para que quedase sobre su pecho, mientras él lo sostenía firmente desde sus antebrazos.

No te duermas, cariño.

—¿Eh?

Los labios del Omega se separaron para soltar un sorprendido gemido, los vaivenes que el Alfa hacia con su pelvis contra sus ahora rojizos glúteos habían logrado ingresar a su anillito con mucha, pero mucha más profundidad, gracias a lo dilatado que estaba por las eyaculaciones anteriores del mayor.

La cama era un desastre, las sábanas estaban revueltas, la mayoría de las almohadas se encontraban en el suelo y la madera chocaba constantemente contra el suelo y la pared.

Agradecía que por lo menos no se encontrasen habitaciones cerca de la suya, puesto se habían estado quedando en las últimas disponibles de los anchos pasillos, pero temía por los “vecinos” de arriba y abajo de ellos.

El celo de su Alfa estaba cercano a llegar a su máximo punto de calor, para ese entonces, ese desgraciado y pervertido lobezno dejaría de hablarle coherentemente, tan solo le gruñiría para intentar comunicarse.

—¡M-Micha! N-No hagas... ¡Ah! A-Alfa el cachorro, ¡recuerda a... Al c-cachorro! ¡Alfa!—El cuerpo de Isagi temblaba y se estremecía ante cada nueva embestida. Cerró fuertemente los ojos, llevando su cabeza hacia atrás—¡A-Anri-San puede venir, Micha!

El Omega se sentía mareado, no solo por la deliciosa sensación de ser penetrado por Michael en su punto dulce, si no también por la enorme cantidad de feromonas que cubrían toda la habitación.

Lo más probable es que todo el piso del hotel estuviese oliendo a su Alfa en celo.

—¡M-Me vas a matar!—Gritaba agitado, sollozando por la deliciosa sensación que aturdía su cabeza—¡Alfa me vas a matar! S-Se siente tan bien—Kaiser volvió a besarlo, provocando que un pequeño hilo de saliva cayese por la comisura de los labios del menor—¡Ngh!

El Alfa, dominado y cegado por los pensamientos de su Lobo, solo quería volver a anudar a su pareja sin importar si estaba preñado o no. Quería que lo tuviera todo.

Yoichi, quien hace tiempo había ya clavado sus pequeñas uñas sobre el pecho del Alfa, soltó un chillido agudo al sentir como seguía creciendo su pareja dentro de su interior, haciendo temblar sus piernas aunque el Alfa lo sostuviera contra si, impidiéndole caer.

—¡M-Mihyaeru!

El Alfa recostó nuevamente a su agotada pareja contra el colchón, besando sus húmedos ojos y sus acaloradas mejillas, notando como su cuerpo presentaba espasmos y de sus labios aún salían incoherencias.

Al menos eso había calmado a su Lobo, por el momento, ya que ya se había liberado su primer nudo del celo, quedaban dos nudos más.


El jadeante y rojizo Omega colocó uno de sus brazos sobre sus ojos, soltando extensos suspiros conforme Kaiser lamía descaradamente la leche que brotaba desde su pecho, embistiéndole y sacudiendo el colchón donde se encontraban.

—Se supone que eso es para tu hijo, Alfa pervertido.

—Se supone, por ahora es solo mío.

El Alemán lo tenía sujeto por sus brazos, impidiéndole a su espalda terminar de recostarse sobre el colchón, sus piernas flanqueaban a pesar de estar aferrándose a la cadera del Alfa, sintiéndose cada segundo más húmedo que antes.

Isagi gemía placenteramente cada que sus labios eran tomados por los de su mayor, pidiendo por más de sus labios cuando se separaban para inhalar aire.

El Omega gritó el nombre de su Alfa en cuánto alcanzó el clímax, viniéndose entre su estómago y el del rubio de mechones azules. El embarazo lo tenía realmente sensible, se excitaba rápido y para su frustración, había descubierto que se corría aún si apenas era rozado por su mayor.

Michael pasó sus manos por el vientre del Omega, arqueando la espalda del Japonés por el sensible contacto contra su cuerpo.

Aún podía recordar su primera vez con el mayor, el cómo su poquita inocencia había sido tomada por ese macho de filosos colmillos y mirada coqueta, y la extrema vergüenza cuando sus padres pegaron un grito al cielo al enterarse que su pequeño bebé ya estaba marcado.

Ya estaba seguro de escuchar nuevamente esos gritos cuando se enterasen que un nuevo miembro iba a llegar a la familia.

—Te veías jodidamente lindo en nuestras últimas presentaciones—El Alemán gruñó cerca de su oído, erizando su piel mientras sentía las calientes manos del mayor recorrer con mortal lentitud sus muslos—Y tu olor tan exquisito... Solo me estaba embriagando—Isagi soltó un pequeño gemido cuando la húmeda lengua de Kaiser pasó por todo su cuello, haciéndolo sentir pequeño—¿Por qué tengo un Omega tan hermoso? Las personas no dejaban de observarte, aún si estabas solo o con nosotros en la tarima, y ni hablar de cuando veían tu lindo culito moverse—Kaiser tomó las nalgas del Omega y las amasó a su antojo, volviendo a retomar las embestidas de antes con un ritmo algo irregular. El Alfa sonrió ladino cuando vió la cara rojiza de su supuesto payaso, de preferencia, rey demonio o emperatriz, transformarse en muecas de placer, algunas veces de súplica—Que bendición tener tu bello cuerpo únicamente para mí.

—A-Alfa—Yoichi mordió su labio inferior con algo de fuerza, soltando pequeños sollozos por el vaivén entre su húmeda y ahora rojiza entrada, contra el miembro del mayor.

—¿No llegaste a quedar ciego en en el escenario porque no te pusiste a tiempo la venda, verdad bebé?—Yoichi asintió, aferrándose a la espalda de Kaiser en un abrazo, enterrando incluso sus pequeñas uñas en la espalda del emperador—Te veías tan sexy mordiéndola con tus dulces labios, y aún así te atrevias a disculparte con todos nosotros.

Acontecía que durante su última presentación, Yoichi no llegó a tiempo para amarrar una venda sobre sus ojos para hacer un dueto a ciegas con su Alfa, algo que le irritaba bastante por tantas horas de ensayo, así que había optado por ponerla en sus labios, como un maldito perro.

Aún si se insultaba en su mente por tan jodido error, al público le había parecido una acción muy seductora. No faltaría en internet algún comentario obsceno hacia su persona, o inclusive, que ya estuviera en alguna fantasía con alguien ajeno a su pareja.

—¡A-Alfa!—Suplicó a gritos cuando Kaiser aumentó las embestidas, teniendo su rostro cerca de los oídos del contrario, aturdiendo y endulzando al Europeo con su chillona y en ocasiones, ronca voz.

La mitad del cuerpo de Yoichi cayó contra el colchón, a excepción del brazo tatuado donde Kaiser lo sostenía, mientras una de sus piernas se encontraban descansando en el colchón y la otra se encontraba en el aire, sintiendo con más profundidad el falo de su Alfa, haciéndole gritar por la exquisita sensación.

Sus lagrimosos ojos se abrieron de a poco luego de sentirse completamente lleno del esperma de su pareja, sintiéndolo salir y verlo ahí, todo bañado de ese líquido blanco en su punta, mientras de su parte baja salían chorros y chorros con forma de hilo de este mismo.

Ya solo quedaba un último nudo, y para ese entonces, su Lobo Omega ya había hecho aparición.

Kaiser volvió a relamer sus labios, jugando con la entrada de su pequeño, sacando y metiendo únicamente la punta de su pene, viendo el puchero que Yoichi formaba por no tenerlo todo.

Escuchó el más delicioso gemido de su mate al morderle una de sus orejas mientras su peluda cola lobezna era jalada entre sus manos.

Y su anillito expuesto tan rosado, apretado y húmedo como a él le encantaba.

El joven Omega no tenía de qué preocuparse, porque lo tuvo todo, y de una sola estocada, provocándole un nuevo grito de sorpresa.

Sus ojitos se mostraban nublados y perdidos, la baba se escurría de la comisura de su boca.

El Omega más deseado de la actual generación en todo el territorio, era suyo.

—¿Te gusta, bebé?, ¿Se siente bien?

S-Se siente... M-Muy bien—Intentó decir en medio de sus lágrimas, soltando pequeños gruñidos y dulces gemidos.

—He querido comerte desde hace algunas jodidas horas. No sabes cuánto...—Isagi volvió a gemir, llevando su cabecita hacia atrás. Kaiser lo torturó un poco, dándole pequeños mordiscos—Dolía mi pene estando atrapado dentro de ese ajustado pantalón, dolía tanto... Porque no podía comerte en público, pero no sabes cuántas ganas tuve de hacerlo, no sabes cuántas ganas tuve de follarte al verte vestido tan lindo, ese traje resaltaba toda tu belleza. Me importaba poco que un millón de personas nos estuviesen viendo, solo quería hacerte mío.

Alfa...

Recibeme, Omega. Todo.

Yoichi arqueó la espalda nuevamente al sentir su marca ser reabierta por los filosos colmillos del Alfa, sintiéndose realmente mareado y sin fuerzas.


—¿No crees que es muy tarde para estar comiendo papitas? Van a ser las cuatro de la madrugada, bebé.

Yoichi arrugó la naricita, si él y su cachorrito tenían hambre, tragaría lo primero que viese. Así que amenazó al Alfa, apuntandole con una papita.

—Las cuatro de la madrugada y un carajo, Kaiser, ¡tenemos hambre!

—Aún no es el mes de los antojos, no empieces con eso—Dijo, robándole una papita al Asiático—Y esto no es muy sano que digamos.

—¡Mi papita!—El Omega se abalanzó sobre el mayor, buscando recuperar su preciado alimento, no obstante, se terminó cansando y quedando sobre el pecho descubierto del contrario, formando un puchero—M-Micha...

—¿Sí?

—C-Creo que la gente me mirará extraño mañana en la presentación de los chicos del Manshine y Barcha—Confesó Isagi con un puchero—Cuando me vean caminar...

—Cuando te vean caminar, sabrán que le dí mucho, pero mucho, amor a mis dos cachorros—Respondió, besando las esponjositas mejillas de su pareja—Pero si se pasan... Verán por qué soy tu Alfa—Isagi le dió un pequeño golpe en el pecho, su lindo pucherito seguía estando marcado en sus labios.

—¡Micha! Sé que nuestros fans en Asia son más intensos que los internacionales, pero por favor no los asustes.

—Extras pueden haber montones, y aprecio que muestren su cariño como fans—Se sinceró, formando una sonrisa—Pero mi amor son ustedes—Dijo, dándole un pequeño piquito a su avergonzado Omega—¿Te sentaras mañana a mi lado si es que vamos?

—Hmm... Solo si Micha me da muchos, muchos mimos. Y mis papitas—Isagi lo pensó un poco más, abriendo sus ojitos—¿Cómo que “si es que vamos”?—Kaiser sonrió con travesura—¿Micha?

—¿No quieres que nuestro pequeño tenga otra rica sesión de masajes?

Michael rio bajito al ver cómo las mejillas de su pareja se teñían de un furioso color rojizo.

—¡N-No, No, espera!—Comenzó a gritar cuando su pareja se le abalanzó encima.

Isagi amaba ser follado por su Alfa estando en cinta, no importaba cuánto dijera o gritara lo contrario.