Presa de una obsesión

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Summary

Earth que solo buscaba escapar de una vida difícil, acepta casarse con Adam Müller, quien es un hombre apuesto, poderoso. Pero el sueño se convierte en pesadilla cuando descubre que su esposo no es el príncipe azul que imaginó, sino un hombre obsesivo, controlador y con secretos que jamás debieron salir a la luz. ¿Qué hará Earth cuando se entere de su más oscuro secreto? ¿Cómo tomará Adam su cambio de actitud?

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18+

Capítulo 1 Luna de miel

Sus palabras fueron: "Eres el único que ha hecho latir mi corazón de esa manera. Cuando estuvimos juntos, supe que eras el indicado”.

Dios sabe cuánto lo creí. Y ahora mismo, Adam estaba tratándome como ese hombre: golpeando, embistiendo y mordiendo como si fuera un pedazo de carne; entrando en mí sin ni siquiera prepararme adecuadamente; abriéndome de piernas, doblando mi cuerpo como si la espalda no me estuviese doliendo y mi cadera no estuviera punzando. Era una pésima posición.

Finalmente, me doy cuenta de la verdad. No soy su esposo: soy su propiedad o peor aún, un juguete.

Pero cuando supe que todo iba a terminar, fui demasiado ingenuo. Adam jamás estaba satisfecho y lo descubrí hoy, cuando se había quitado la máscara de ”esposo perfecto”.

Me alzó en brazos, aún desnudo, y me llevó hasta la sala. Me arrojó al sofá más cercano y siguió. Me moví sobre él con un entusiasmo fingido, con la sonrisa de quien ha aprendido a disfrutar el dolor, ignorando la sangre que se deslizaba entre mis piernas.

Le fascinó ver su regazo manchado, tanto que lo volvió loco.

Incluso tu sangre me pertenece, Earth.

Eso fue lo que dijo. Al terminar, me besó lentamente, disfrutando cada segundo como si saboreara su victoria. Cada segundo que él creía que ganaba, en realidad, me acercaba más a mi libertad.


Días antes.

—Adam Müller, ¿aceptas a Earth Suwanphong como tu esposo, en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte los separe?

Sonreí con un ligero rubor y una mirada soñadora, mientras Adam me contemplaba con intensidad.

—Acepto.

—Yo también acepto —respondí.

La rapidez y desesperación de Adam por llevarme a la cama de una vez por todas era emocionante. También yo quería hacerlo. Por eso, agilizó todo para que nos casáramos y nos fuéramos de Tailandia lo más pronto posible. Tras una despedida rápida de mi familia, ambos nos fuimos al aeropuerto, rumbo a un destino sorpresa que, según Adam, sería el más hermoso que haya visto.

Decenas de horas después, estábamos en el paraíso. Frente a mí, una interminable extensión de montañas y árboles se alzaba como una barrera natural. Era hermoso, como sacado de un cuento, y la idea de vivir allí me llenaba de una sensación extraña, pero agradable.

—Te prometí un hogar digno de un cuento de hadas, ¿no? —susurró a mi oído, pasando su brazo sobre mis hombros con un gesto protector.

Sonreí y asentí, apoyándome levemente en él. Hasta ahora, todo había sido un sueño: un hombre perfecto, una historia de amor como las de las películas y, ahora, una casa en un paraíso escondido. ¡No podía pedir más!

La casa estaba frente a nosotros, enorme e imponente, con su estructura de madera oscura y grandes ventanas que reflejaban la luz del atardecer. Parecía acogedora, cálida, como si hubiera estado esperando por nosotros.

—Bienvenido a casa —dijo, empujando la puerta con un movimiento fluido.

El interior era acogedor. La chimenea encendida llenaba la sala con un resplandor dorado, haciendo que todo pareciera más cálido y familiar. Todo estaba decorado con un gusto impecable, como si cada detalle hubiera sido pensado para hacerme sentir bienvenido.

—Te va a encantar aquí —murmuró, entrelazando sus dedos con los míos.

Inspiré profundo y le sonreí, porque esto era lo que quería. Él me había dado todo, me había llevado de un infierno a una nueva vida llena de posibilidades.

Nací en Tailandia, en una familia pobre, rodeado de problemas y consumo de sustancias ilegales. Por suerte, salí ileso, con todos los dedos de mis pies, mi rostro y cuerpo perfectos, a pesar de que mi madre consumió durante el embarazo. Terminé vendiendo mi cuerpo en Pattaya a extranjeros con dinero, siendo uno de los más cotizados por mi gran belleza. Muchos de mis amigos no tuvieron la misma suerte que yo; sin embargo, confié en que había algo bueno para mí en el futuro. Ahora soy feliz con Adam, quien me rescató y se casó conmigo.

Siempre estaré en deuda con él.

Al cruzar el umbral, una sensación de felicidad plena me invadió. Era nuestro comienzo, y nada podía ser más perfecto que esto. Caminé lentamente por la sala, dejando que mis dedos rozaran la suave superficie de la madera pulida.

—Es perfecto —susurré, girándome hacia él.

Sus ojos grises me observaban con intensidad, como si tratara de leer cada emoción en mi rostro. E inmediatamente, me dedicó una sonrisa tranquila antes de acercarse y besar mi frente con ternura.

—Quiero que seas feliz aquí —dijo, envolviéndome en un abrazo firme, pero delicado—. Olvida tu pasado, piensa solo en nosotros. ¿Puedes hacer eso?

Apoyé la cabeza en su pecho, escuchando el rítmico latido de su corazón y asentí. Todo estaba en calma, hasta que un crujido en la escalera rompió la quietud del momento.

Me aparté levemente, mirando hacia el origen del sonido. Las sombras se extendían por el pasillo superior, donde una tenue luz parpadeaba como si alguien hubiera dejado una vela encendida. Fruncí el ceño, sintiendo un leve escalofrío recorrerme la espalda.

—¿Estamos solos? —pregunté en un susurro.

Él soltó una leve risa y me estrechó más contra su cuerpo.

—Por supuesto. La casa es vieja, la madera se acomoda con el cambio de temperatura. No te preocupes.

Asentí, aunque la inquietud no desapareció del todo. Respiré hondo, obligándome a relajarme, porque no quería dejar que una simple casa grande y desconocida me jugara malas pasadas.

—Vamos, quiero enseñarte algo. —Me tomó de la mano y me guió hacia una puerta de cristal que daba a la parte trasera de la casa.

Ante nosotros, un lago se extendía bajo la luz plateada de la luna. La superficie era un espejo perfecto, reflejando el cielo estrellado con una claridad sobrecogedora. Por un instante, el aire se quedó atrapado en mi garganta.

—Es hermoso... —murmuré.

—Y es todo nuestro —respondió con orgullo. Su brazo volvió a rodear mis hombros, como si quisiera protegerme de cualquier duda que pudiera asaltarme.

Me dejé envolver por la magia del lugar, por la sensación de estar en un rincón apartado del mundo, donde todo lo demás dejaba de importar. Sí, este era el comienzo de algo nuevo, debía ser agradecido con Adam y complacerlo en todo lo que él quiera.

—Quiero que esta casa sea un refugio para ti —dijo él, deteniéndose en la entrada de una habitación.

Era un estudio, con estanterías altas repletas de libros y una ventana amplia que daba al bosque. La vista era impresionante: árboles altos y oscuros se extendían hasta donde alcanzaba la mirada, un mar inmóvil de follaje que parecía susurrar secretos con el viento.

—Es perfecto —dije en voz baja, con una sonrisa sincera.

Caminé hasta la ventana y apoyé la mano en el cristal frío. El bosque parecía más denso de lo que recordaba al llegar, pero quizás solo era el efecto de la luz de la luna. Pronto, sentí su presencia detrás de mí, con su calor envolviéndome con un gesto protector.

—Mañana te llevaré a conocer el resto de la casa —susurró junto a mi oído.

Me llenó de emoción la promesa de explorar este nuevo mundo juntos. Hasta ahora, todo había sido un sueño; sin embargo, Adam y yo, no habíamos hecho el amor, y menos después de rescatarme de ese lugar. Finalmente, hoy era nuestra noche.

Nuestra habitación estaba en el tercer piso, con una gran vista del lago y las montañas. Pero eso no era lo mejor. La cama con dosel de estilo victoriano estaba cubierta de tela roja para combinar con el diseño de la habitación y rodeada de grandes espejos. Hubo un segundo en que pensé que era demasiado, que me arrepentiría; sin embargo, la idea de verme reflejado en los espejos me parecía interesante.

De pie junto a la cama, Adam tomó mi rostro con ambas manos y comenzó a deslizar sus dedos hacia abajo, disfrutando del tacto. Encendió el fuego que ardía dentro de mí y comenzó a salirse de control. Él lo sabía y disfrutaba manteniendo vivo el hilo de mi razón en esa atmósfera frágil y ardiente hasta que no pude soportarlo más.





“El amor es el deseo de dar lo mejor de ti mismo a otra persona" —Platón.

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