Cosas que nunca diré || KTH&JJK

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Summary

Después de pasar meses en una clínica de salud mental, Jungkook regresa a casa con una lista de reglas para “ser normal”. Pero ser normal nunca ha sido su fuerte, y menos cuando su vida sigue siendo un desastre, pues tiene una familia complicada, amigos que no saben la verdad y, por si fuera poco, Taehyung, el alfa perfecto que siempre ha estado fuera de su alcance. Entre inseguridades, ataques de ansiedad y canciones que duelen más de lo que deberían, Jungkook escribe en su diario todo lo que no se atreve a decir en voz alta… especialmente sobre el chico que le hace sentir que tal vez, solo tal vez, también merece ser amado.

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
18+

El regreso a casa

Jeon Jungkook se subió en el asiento del copiloto, mientras su hermano mayor guardaba su maleta en la cajuela.

Una vez que estuvieron listos, emprendieron su camino para regresar a su hogar.

El motor del auto era más ruidoso de lo normal... o tal vez solo era porque todo lo demás estaba en silencio.

Jungkook iba en el asiento del copiloto, mirando por la ventana como si el paisaje pudiera ofrecerle alguna respuesta a las miles de preguntas que rondaban en su mente, pero solo vio lo mismo de siempre, las calles grises, tiendas con letreros que no han cambiado en años, y gente caminando como si su mundo no se hubiera detenido.

Namjoon, iba volante, intentaba no hacer ruido al conducir. Sus ojos lanzaban pequeñas miradas de reojo hacia su hermano menor, temiendo quizás incomodarlo.

—¿Te... sientes bien? —el mayor preguntó al fin, sin voltear a verlo, manteniendo todo el tiempo su vista al frente.

Jungkook asintió sin girarse.

—Sí. — se limitó a responder.

Mentira, no estaba bien.

Estaba lejos de estarlo, pero está muy cansado de hablar de cómo se siente. Lo hizo durante meses con una terapeuta que parecía más interesada en sus niveles de ansiedad que en el hecho de que, a veces, no quería existir.

—Podemos pasar por algo de comer si quieres —añadió Namjoon— Lo que sea que se te antoje. Hamburguesas, ramen, pide lo que te guste.

Jungkook se encogió de hombros. Tenía hambre, pero el nudo en el estómago le decía que no podría tragar nada sin sentir que iba a vomitar después.

—No, gracias. — el omega respondió bajito.

Justo cuando el auto se detuvo en una luz roja del semáforo, el motor de varias motocicletas rompieron el silencio.

Era un grupo de chicos se movía por el carril contrario.

Riendo y gritando algo que Jungkook no alcanzó a entender... hasta que una voz lo hizo girarse, aunque no hubiera querido hacerlo.

—¡¿Jungkook?!

Por instinto, Jungkook bajó la mirada y se encogió un poco en el asiento, intentando esconderse. Tal vez si se quedaba quieto, Jimin pasaría de largo.

Pero no, por supuesto que no.

Jimin frenó su motocicleta al lado del auto, se quitó el casco del todo y su cabellera rubia se removió con el viento. Se asomó por la ventanilla con una sonrisa amplia, como si no hubieran pasado ni un solo día sin verse.

—¡Hey! ¡No puede ser! — el rubio chilló luciendo muy emocionado — ¿Cuándo volviste?

Namjoon bajó un poco la ventanilla para no ser grosero, pero Jungkook solo se hundió más en su asiento.

—Hoy — respondió en un murmullo.

—¡Te ves bien! —Jimin sonaba genuino, como siempre.

Como si Jungkook no hubiera desaparecido de un día para otro sin explicación alguna.

—Oye... vamos a reunirnos en el parque esta noche. Están todos… Taehyung también —el rubio agregó, como si no supiera exactamente lo que ese chico provocaba en su amigo —¿Vienes?

Jungkook se obligó a sonreír.

—No lo sé. — respondió evitando su mirada — Tal vez.

—¡Vamos, no seas aburrido! —se rió Jimin antes de que la luz cambiara a verde— Es solo una salida, no tienes que hablar ni nada, solo estar con nosotros. Como los viejos tiempos.

Y entonces arrancó su motocicleta de nuevo, dejándolo con el corazón latiendo más rápido de lo que debería.

El auto siguió su camino.

Jungkook no dijo nada y volvió a mirar por la ventana, Namjoon no quiso hablar para evitar incomodarlo.

El resto del camino a casa transcurrió como antes, completamente en silencio, con algunos pensamientos rotos que navegaban sin poder evitar, con una casa que no cambió, una habitación intacta y ese viejo diario que esperaba que él lo llenara otra vez.

“Querido diario, estoy jodido, y lo peor es que lo saben, pero nadie dice nada.”

La puerta se cerró despacio detrás de Jungkook, y Namjoon no lo siguió.

El silencio en la casa era absoluto, tan pesado que podía escuchar el tictac del reloj y su propia respiración.

Jungkook dejó su mochila en el rincón de siempre. La cama estaba tendida y pudo sentir el olor a suavizante golpeándole la nariz, las cortinas abiertas, el mismo póster torcido de la banda que le gustaba en secundaria y las fotos que Jimin y él un día pegaron en la pared.

Todo estaba igual, exactamente igual...

Como si él no hubiera pasado los últimos tres meses desmoronándose en otro lugar.

Suspiró.

Se sentó en el borde de la cama, con los codos apoyados en las rodillas, y bajó la cabeza.

Escuchaba sus propios pensamientos...

Escuchaba lo mucho que se juzgaba por todo; por no saber si quiere quedarse encerrado, por no saber si quiere ver a alguien o a nadie, por no poder evitar pensar en Taehyung cada vez que recuerda la palabra “reunión”.

Namjoon tocó suavemente la puerta desde el pasillo.

—Hoy no voy a trabajar ¿Quieres hacer algo esta noche?— el alfa preguntó — No sé, podemos pedir pizza, ver alguna peli vieja... lo que tú quieras.

Jungkook no respondió, no quería ser grosero, pero no tenía ganas de hacer nada, así que solo respiró hondo.

—Estoy cansado —el omega respondió finalmente, y Namjoon entendía el doble significado.

El omega lo escuchó alejarse sin insistir, solo pasos que se alejaban de su habitación y nada más.

Pero unos minutos después, escuchó el sonido de un par de bolsas de papel dejadas en el suelo. Jungkook se levantó, abrió la puerta con cautela y vió que Namjoon ya no estaba, solo las bolsas.

Eran dos, de una tienda de ropa que solía gustarle antes. Sacó una prenda con cuidado, y sus dedos se detuvieron al rozar la tela.

Era un hoodie negro, sencillo, de tela gruesa, con la capucha amplia y el interior suave, tan suave como a él le gustaba.

Igual al que arruinó el día que todo se fue a la mierda. Lo había tirado al suelo aquella mañana, mojado en lágrimas, con la costura de una manga rasgada por un mal movimiento y manchado con un poco de su sangre.

Lo amaba, porque se sentía seguro con él, y ahora lo volvía a tener. Sin poder evitarlo, por primera vez en todo el día, sonrió. La curva que se dibujó en sus labios fue breve, pero eso lo hizo feliz un par de segundos.

Se lo probo frente al reflejo de su ventana.

Chasqueó la lengua al darse cuenta que le quedaba holgado, más de lo que le hubiera quedado meses atrás, pero se sentía cálido y con eso le bastaba.

“Tal vez sí vaya” pensó , mientras miraba su reflejo en la ventana con el hoodie nuevo y el corazón latiéndole rápido, porque no iba a mentirse, estaba nervioso.



La noche estaba fresca y el parque estaba iluminado por las farolas viejas que parpadeaban amenazando con apagarse. El sonido de voces y risas llegaron desde una zona donde habían bancos de piedra y césped seco.

Jungkook caminaba con las manos en los bolsillos, sintiéndose como si cargara mil kilos en la espalda.

Cada paso que daba era una discusión interna, pero ya estaba ahí, ya no podía volver atrás, después de todo, tenía que ser normal o al menos intentarlo.

Desde lejos vió a Jimin, que estaba montado en su motocicleta, haciendo bromas con otro chico. Alrededor había un grupo que conocía bien, estaba Yeonjun, Hoseok, Yoongi, Jihyo que era la hermana de Jimin e incluso Tzuyu, quien parecía haberse integrado al grupo en su ausencia.

Y también estaba Taehyung...

El alfa estaba de pie, con una chaqueta de mezclilla y llevaba un gorro beige en el cabello. Sostenía una bebida en la mano y reía con la cabeza inclinada hacia atrás. Tan encantador como siempre, tal y como Jungkook lo recordaba, como si toda la mierda del mundo no lo tocara.

—¡Hey! —Jimin es el primero en verlo, levantó una mano feliz para llamarlo — ¡Lo logró! ¡Está vivo!

Todos se giraron a verlo e inmediatamente Jungkook se congeló.

Un segundo... dos...

"Respira, Jungkook, respira"

—Hola —el omega dijo al fin, casi en un susurro.

Taehyung lo observó desde el otro lado del grupo. Sus ojos se detuvieron en el hoodie negro y una ligera curvatura apareció en su boca.

—Te ves bien —dijoe Jimin, palmeándole el hombro al omega mientras lo guíaba al centro.

Jungkook se sentó y no habló mucho, pero realmente no hacía falta, porque ellos llenaban el silencio con historias, bromas estúpidas y planes para un fin de semana que él no estaba seguro de vivir.

Pero estaba ahí, eso debía ser un gran avance en menos tiempo del que pensó.

Taehyung se sentó a su lado en algún momento, y aunque no se miraban directamente, sus brazos se rozaban.

—¿Sigues odiando el té de durazno? —el alfa le preguntó de pronto, sin girarse a mirarlo.

Jungkook se sorprendió de que el alfa recordara eso y solo asintió.

—Sí. — el omega respondió — Sabe a jarabe para la tos.

Taehyung soltó una risa breve y le pasó una bebida diferente.

—Entonces este es mejor.

No era gran cosa en realidad, solo era una bebida, pero para Jungkook, era suficiente.

Estaba ahí con ellos, especialmente con él, y no se sentía tan jodido como pensaba.

La conversación fluyó bien, aunque Jungkook no habla demasiado, pero está ahí con ellos. Escuchándolos y riendo cuando cree que es necesario y se siente bien.

De pronto, sintió un leve golpecito en el brazo.

Era Taehyung, que le estaba ofreciendo uno de sus audífonos.

Jungkook parpadeó, sintiéndose confundido al principio, pero el alfa solo se limitó a poner el otro en su oído y luego miró al frente, como si nada. Como si eso fuera algo cotidiano entre ellos, como si no fuera el primer contacto real que tienen en meses.

Jungkook se lo colocó con timidez, y entonces comenzó a sonar “Héroes” de David Bowie.

El corazón de Jungkook se detuvo un segundo. Esa canción siempre le pareció un refugio lejano. La consideraba una de esas melodías que uno escuchaba para sentirse parte de algo aunque sea por cuatro minutos y ahora la compartía con él.

Los acordes lo envolvieron. La voz grave, la letra, el ambiente y cuando giró la cabeza apenas un poco para mirar a Taehyung, lo vió sonriendo con la mirada perdida en el cielo.

Esa sonrisa...

Jungkook la había olvidado, o tal vez se obligó a no recordarla; pero verla ahí, iluminada por la luz de la luna y rodeada de risas, valía cada segundo que dudó en venir.

“Gracias” piensa, sin decirlo “Gracias por esto. Gracias por estar. Gracias por esa maldita sonrisa”

Después de un rato, cuando la noche había avanzado, Jungkook se levantó despacio y se sacudió las manos.

—Creo que es hora de que me vaya —anunció, mirando a Jimin.

—Te llevamos —respondió el omega rubio enseguida, señalando su motocicleta—Vamos, sube.

Jungkook negó, apretando las manos en la bolsa de su hoddie.

—Namjoon hyung no quiere que me suba a motocicletas —murmuró, sintiendose algo apenado — le dan terror.

—Yo puedo llevarte —dijo entonces Taehyung, girándose hacia él con tranquilidad— Prometo ir despacio, y seré muy cuidadoso.

Jungkook lo miró, a punto de responder, pero Tzuyu se adelantó con una sonrisa incómoda adornándole el rostro.

—Tae, siempre me llevas tú. — la chica se quejó.

Taehyung alzó una ceja y perdió el amago de sonrisa que le había dado antes a Jungkook.

—Ya no. — el alfa respondió — No a partir de esta noche.

Taehyung se puso de pie, se acomodó la chaqueta caminando hacia su motocicleta y luego giró el rostro hacia Jungkook.

—¿Vienes?

Jungkook tragó saliva, sorprendido por lo directo que fue y por lo simple que sonó cuando se dirigió a él con tanta naturalidad. Bajó el rostro enseguida, dejando que la capucha le cubriera el rubor de las mejillas.

Asintió sin decir nada y lo siguió en silencio.

Se subió detrás de Taehyung, con cuidado, y cuando el alfa le tomó las muñecas para guiar sus brazos para rodear su cintura, sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Todo el grupo iba en sus motocicletas y entonces, sin aviso, comenzaron a corear a todo pulmón la parte final de la canción que seguía sonando desde un altavoz portátil.

¡We can be heroes... just for one day!

Jungkook apretó un poco más los brazos alrededor de la cintura del alfa, el viento le golpeaba la cara, pero no le importaba. El aroma de Taehyung siempre fue su debilidad, porque era cálido, amaderado, y nunca había tenido la oportunidad de sentirlo tan de cerca y odiaba que no hubiera sido así antes.

Suspiró.

Por un segundo, solo uno, se permitió agradecer estar vivo, y agradecer no haberse rendido, porque esa noche, en ese instante, en esa espalda contra su pecho, todo se sintió diferente.

Cuando llegó a casa, Namjoon lo esperaba en la entrada y no le dijo nada, solo lo observó.

Jungkook se detuvo frente a él, esperando algún tipo de sermón por haber salido sin su permiso y haberse subido a una motocicleta, pero el regaño no llegó.

Namjoon solo le revolvió el cabello con una sonrisa.

—Feliz noche, Kook. — su hermano lo despidió y caminó hacia su oficina.

Jungkook subió a su habitación, se cambió, se lavó el rostro, y se sentó frente a su ventana con una manta. Desde ahí, el cielo se veía increíble, tan brillante y tan tranquilo.

Abrió su diario y escribió con las manos aún temblorosas por la emoción.

“Querido diario, estoy jodido. Pero hoy... fui un héroe. Solo por un rato, y eso para mi fue suficiente.”




*Flashback*

La casa estaba en silencio.

No era el típico silencio tranquilo de domingo por la mañana, sino ese que pesaba tanto que costaba respirar. Ese que se sentía espeso, como si el aire se negara a entrar a los pulmones a toda costa.

Jungkook tenía catorce años.

Estaba sentado en el suelo del baño, con las rodillas pegadas a su pecho, con el teléfono en la mano y habían varias llamadas sin contestar en la pantalla.

Había leído el mensaje tres veces o tal vez más veces, pero no lo recordaba exactamente.

“Lamentamos decirle que su madre no se presentó a la evaluación médica. Le hemos enviado el informe del centro de rehabilitación. Si no responde en las próximas 48 horas, retiraremos la custodia del niño.”

Ese mensaje no era para él, era para su hermano mayor, que no vivía con ellos, pero el celular estaba ahí... y él también.

Desde hacía semanas Jungkook sabía que algo iba mal.

El refrigerador estaba siempre casi vacío y el hecho de que la energía eléctrica había sido cortada un par de veces en las últimas semanas, se lo confirmó.

Las noches largas, las ausencias más largas todavía, pero leerlo en un mensaje lo hizo real.

Rehabilitación” “Custodia” “Retirar”

Palabras que no deberían pertenecerle a un niño de catorce años.

Lloró en silencio, porque ya no le salían gritos, porque llorar fuerte no solucionaba nada.

En algún momento bajó las piernas y se recostó apoyando la mejilla contra el suelo frío. Quería que algo lo despertara, que alguien entrara, que su madre apareciera y le dijera que todo estaba bien, que solo había sido un error.

Pero no apareció nadie.

Esa noche, Jungkook entendió lo que era sentirse invisible, sentirse reemplazable, sentirse jodido y no poder decirlo.

*Fin del flashback*


Jungkook se despertó de golpe.

El corazón le latía en la garganta.

Estaba sudando y no recordaba haber llorado dormido, pero lo hizo. Lo supo por el ardor en los ojos y el nudo en la garganta que no se iba.

Se quedó unos segundos recostado, mirando el techo como si esperara ver la respuestas a su sueño, pero solo estaba el techo blanco con algunas de las estrellas que había pegado meses atrás.

Ese baño... ese mensaje... esa sensación.

Todo volvió con una claridad maldita, y no podía ignorarlo.

Se sentó al borde de la cama, frotándose la cara con fuerza, como si así pudiera borrarse ese amargo recuerdo con las palmas.

Miró su diario, aún abierto sobre su escritorio, con la última frase escrita apresurada la noche anterior.

“...fui un héroe. Solo por un rato.”

Suspiró.

Caminó hacia el baño y siendo las seis cuarenta y tres, sintió el agua fría caer sobre su piel.

Salió del baño con un pie tras el otro, arrastrándose hacia un nuevo día.

El hoodie aún colgaba de la silla. El mismo que usó para abrazar a Taehyung por la espalda y que seguramente seguía impregnado con su aroma. El mismo que ahora, en contraste con sus pensamientos, parecía una mentira, pero no lo era.

Porque aunque su mente insistiera en arrastrarlo de vuelta al pasado, la noche anterior fue real.

La canción, la sonrisa, la moto, el viento...

Él.

Jungkook se levantó con lentitud y caminó hacia la ventana. La abrió apenas un poco y dejó que el aire fresco le tocara la cara. Era una mañana tranquila.

Quizás esta vez no quería esconderse del todo.

Se paro frente al espejo y su primer reflejo fue encogerse. Mirar sus piernas, su vientre, sus brazos... su cuerpo.

Ese cuerpo que no pedía atención, pero la recibía igual. Ese cuerpo que se convirtió en tema de conversación sin su permiso.

Se levantó con cuidado la tela del hoodie nuevo que caía sobre él como si lo protegiera, pero de pronto el espejo ya no tuvo filtros.

Ahí estaba él, crudo y expuesto al crítico más importante... él mismo.

La piel marcada por los meses de ansiedad. Tenía los hombros caídos, y ojeras adornando los bordes de sus ojos. El cuerpo que cargaba tanto más que peso, cargaba abandono, críticas, y miedos.

Se vistió en silencio, optando por algo más holgado para intentar pasar desapercibido o quizás desaparecer.

Luego bajó las escaleras, respirando hondo como si eso fuera suficiente para parecer normal.

Namjoon ya lo esperaba en la cocina.

Había preparado un desayuno simple que consistía en pan tostado, huevos revueltos y jugo.

—Buenos días —le saludó dándole una sonrisa.

—Hola —respondió Jungkook, apenas.

Se sentó frente al plato y lo miró por largos segundos.

El estómago le dolía, pero no era hambre. Era ansiedad y miedo, eran recuerdos de voces que lo empujaban a evitar la comida, a contarse las calorías, a pensar que cada bocado lo alejaba de ser “aceptable” o de lucir “bonito”.

Tomó un sorbo de jugo.

Namjoon notó su rigidez, pero no dijo nada. Solo se sentó frente a él, hojeando el diario con fingida despreocupación.

Solo cuando Jungkook dejó el tenedor a un lado, Namjoon lo miró de reojo.

—No tienes que terminártelo todo si no quieres —el alfa dijo con calma— Solo... cuida de ti, ¿sí?

Jungkook asintió. Agradecido por el gesto, pero sin saber cómo expresarlo, y solo se quedó callado.

Cuando estuvo listo para irse, se colgó la mochila y estaba preparándose mentalmente para salir a tomar el autobús, cuando Namjoon lo detuvo y le dijo que él lo llevaría.

Jungkook lo agradeció internamente, aunque sabía que llegaría el momento en el que debería decírselo en voz alta a su hermano, pero este aún no era ese momento ni ese día.

Camino a la escuela, el auto iba en silencio.

Namjoon conducía con una mano, con la otra descansando sobre sus piernas. La radio sonaba bajito, con una canción suave de los 90′s que nadie estaba escuchando realmente.

—El director quiere hablar conmigo —habló Namjoon sin apartar la vista del camino— Para actualizarme sobre tu regreso. ¿Te sientes listo?

Jungkook lo pensó.

—No, pero voy igual. — el omega respondió viendo por la ventana.

Namjoon sonrió con tristeza.

—Esa es una respuesta muy valiente.




Detrás del escritorio perfectamente ordenado, estaba Kim Woojun, tan impecable como siempre. Traje sin arrugas, gafas rectangulares y sonrisa torcida.

—Kim Namjoon, gusto en verte —dijo al levantarse y estrecharle la mano.

—Gracias por recibirnos. — el alfa menor respondió.

Woojun miró a Jungkook, tratando de analizarlo sin ser muy evidente aunque estuviera siendo muy evidente.

—Jungkook, te ves diferente. — el director intentó saludar para romper el hielo — Me alegra tenerte de regreso.

Jungkook solo inclinó la cabeza, sintiéndose un poco incómodo.

Mientras los adultos hablaban, él recorría la sala con la vista. Todo parecía más pequeño, o tal vez él era el que se sentía más grande, más torpe, más visible.