AD INFINITUM

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PROMT 61: Louis está perdidamente enamorado de Harry y es recíproco. El problema es que Harry es su cuñado, hermano de su esposo, el emperador de Roma.

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ÚNICA PARTE

AD INFINITUM

Conceptos que deben saber:

Argot: prostituta

Akribos: término griego para “cariño” o “amor”

Subucula: Toga interior que usaban las mujeres romanas al vestir en época de frío o para dormir.

Patagium: Tela que se usaba encima de las togas romanas, más que todo por parte de las mujeres, a fin de adornar.

Termas: Sitios públicos destinados a baños típicos en la sociedad romana.

Los demás términos, estarán explicados dentro del texto.

“Amor omnia vincit”

“El amor todo lo vence”

Proverbio Latín.

Año 47 D.C

Louis observó a su marido reír con una omega fémina en un rincón en muy cerca del trono, mientras el sonido suave de una lira se escuchaba en el fondo y unas flautas acompañaban a los cómicos. Claudio parecía estar de buen ánimo aquel día. En su caso particular, a él le parecía intoxicante la mezcla de tantos aromas, incluyendo la de los lujuriosos de omegas y betas, que parecían entusiasmados por estar ante un alfa de poder como lo era su esposo.

Ajustó los broches de oro en sus hombros, tratando que, de alguna forma, los movimientos sutiles de su mano sobre sus hombros avivaran su aroma fértil a granada y que este se notara aún por encima de la variedad de perfumes.

Notó la mirada oscura de Claudio posarse sobre él de inmediato, causando que él arrugara la nariz ante la presencia del aroma dominante a Hierro; si había algo que él despreciaba con demasía era el aroma de su marido, pues el aroma siempre le recordaba la sangre y la guerra.

Claudio no era un alfa pacífico en lo absoluto, como se supone que un Emperador Romano debe ser y a Louis eso lo hacía encogerse un poco; sin embargo, el arreglo de su matrimonio, fue la mejor cosa que pudo ocurrirle jamás, vivir lleno de lujos y con el título de Emperatriz del territorio romano le hacía sentir cosquilleo en el vientre. Él se había enamorado del poder y no necesitaba ser alfa para ejercerlo.

Le dio una sonrisa ladeada al alfa ocultando en el fondo de su expresión, el asco que le generaba el gobernante. Vio que los ojos claros del alfa brillaron al igual que la corona de laureles que adornaban su cabeza, Louis sabía que el celo del alfa estaba cerca, tal vez demasiado, al punto que él mismo podía sentir su matriz bajando con la anticipación de atrapar el pene de su marido y engendrar el futuro emperador de Roma.

En efecto, él deseaba con todas sus fuerzas tener a su cachorro; que su vientre cargara con un emperador, sin embargo, no había ninguna forma que él imaginara que por las venas del pequeño corriera la sangre de alguien como Claudio. Él quería que su cachorro fuera producto de lo que más amara en la vida, de su verdadero alfa, el que él eligió y no el que el Senado y sus padres eligieron por él.

Notó que su alfa se desatendió de él nuevamente, cuando regresó a la conversación con los miembros del senado. En ese instante lo sintió, aquel aroma fresco y herbal, ligeramente bañado por aroma a flores, él estaba cerca. Louis trató de no entrar en combustión inmediatamente, para que Claudio no notara la creciente excitación por un alfa que no era él.

Si bien, los matrimonios no eran más que con fines legales y de procreación, eso no quitaba que la naturaleza de los alfas no fuera dominante al respecto; mientras él toleraba las innumerables amantes de Claudio; aquello no podía cometerlo él, pues la infidelidad de los omegas era prohibida, al punto que él sería enviado a una isla completamente aislado en caso que el emperador se enterara de una infidelidad de su parte.

En esos momentos, Louis deseó haber sido esposo de otros emperadores más fáciles en cuanto a la fidelidad se refería; que aceptaban la obligación de su matrimonio pero que dejaban a sus omega libres para disfrutar de los placeres carnales tanto como ellos.

Louis se giró, observando de reojo tras él, a Harry, su cuñado. El alfa tenía ojos claros y gentiles, aunque dominantes, era mucho más joven que su esposo y más cercado a su edad. Por momentos Louis no comprendió cómo es que es alguien como Claudio había sido designado emperador y no Harry, quien tenía un aura dominante y encantadora que casi siempre lo tenía goteando a su alrededor.

No había forma en su momento de que un Harry de catorce años fuera inferior a alguien como Claudio en lo absoluto, Harry debió ser emperador, entonces él con gusto pasaría en su lecho matrimonial todo el tiempo, sólo esperando obsesivamente que su alfa estuviera dentro de él y lo colmara de sus cachorros, él sería la emperatriz más famosa, con más cachorros, lo que sería un gran honor.

Notó la forma en que aquella toga blanca reservada para los aspirantes a cargos públicos caía sobre su cuerpo. Harry era atlético, demasiado aficionado al atletismo, por lo que su cuerpo era duro y fibroso, su cabello castaño y ligeramente cenizo, era corto, aunque lo suficientemente largo para que Louis tirara de él cuando el alfa bebía cada gota que provocaba febrilmente en su interior.

Notó un asentimiento del alfa, lo cual resultaba ser una señal.

Con el pasar de los minutos, su vientre se sentía más tibio, su omega estaba despierto ante la sensación de quemazón en la marca que anticipaba el celo del emperador, un celo en que Claudio esperaba engendrarle, ya que no había ocurrido antes en sus celos.

Avanzó por los pasillos del palacio imperial sintiendo el ligero cosquilleo de la seda contra su piel, acomodó el patagium púrpura sobre su lado izquierdo, notando como cada paso que daba arrastraba un poco la tela.

Cuando se acercaba a aquella habitación, bajó un poco el cinturón a su cintura permitiéndose darle una visión fértil de sus caderas a su alfa. No había nada que enloqueciera más a los alfas romanos que unas caderas amplias y un busto pequeño, porque para ellos eran un símbolo de juventud, lo que por alguna razón generaba una predilección por los omegas masculinos como él, extremadamente raros, pero adorados.

Sintió el crujir de la puerta bajo sus pequeñas manos, antes de adentrarse en el aroma a sabiduría que exudaba Harry, pues el aroma de su alfa era a laureles.

En medio de la habitación recostado en un mobiliario mientras estiraba su mano para tomar un poco de fruta de una mesa cercana, estaba el dueño de su corazón.

Louis sintió el palpitar furioso de su corazón cuando el alfa le sonrió mostrándole aquellos hoyuelos que adornaban sus mejillas.

—¿No te acercaras, amor? —le escuchó preguntar con aquel tono ronco. Los ojos del alfa parecían tornarse sombríos y Louis conocía cuales eran las razones por la que estaban así; una de ellas era la anticipación de lo que estaban por hacer, la más grande manifestación de su egoísmo, su ambición, pero bajo ellos todo su amor.

Louis avanzó lentamente, con la tranquilidad que estaban refugiados sólo ellos dos en aquella habitación, ante la ausencia de aromas presentes, más que el de él y el picante laurel, acechándolo como una promesa.

—Te extrañé, alfa —admitió. Harry había estado lejos en una pequeña misión consular, sin embargo, para Louis, eso no fue más que un intento de Claudio por quitar la atención del senado en su joven hermano.

Louis quitó la púrpura patagium que había mantenido oculto sus duros pezones bajo la seda blanca. Caminó con pasos lentos, acercándose a la parte abierta del mobiliario, que justamente permitía el paso de alguien más en aquel pedazo de lecho, así como la disposición de una mesa para alimentarse.

Vio las vaporosas cortinas moverse alrededor de las pesadas paredes y agujeros que permitían el paso del aire y de repente sintió una ligera sensación de frotar su piel febril y comprobar su sedosidad, así como sentir que eran tan costosas al punto que sólo era un gusto que podía darse en la casa imperial.

Una vez cerca del alfa, este se puso de pie y colocó aquella mano fuerte y callosa sobre su mejilla aplacando el calor naciente. Dejó que sus pestañas cayeran sobre sus ojos, mientras sentía la respiración superficial del alfa cerca de su rostro, hasta que este lo abrazó en un gesto posesivo y devoró sus labios con fulgor, con hambre.

Louis gimoteó en sus labios, mientras su mente alababa a los dioses por los sentimientos y las sensaciones que lograba sentir. Era sublime la forma en la que la lengua del alfa se adentraba en su interior e invadía cada pedazo, tomando posesión de lo que se le había sido negado por veinte lunas.

El omega sintió aquel hilo fino de lubricante deslizarse de su interior, así como su aroma a granada empezaba a dulcificarse completamente incitador, buscando un nudo en su interior que satisficiera el calor en su vientre y que justificara la caída de su útero fuera del celo.

Contemplar al amado siempre es un placer para la vista —le escuchó decir una vez sus labios hinchados fueron delineados por aquel grueso pulgar, luego de haber sido maltratados—. Te he extrañado, mi hermosa perla —dijo el alfa en aquel tono oculto haciendo referencia a la cara joyería que él solía usar

Entonces sus cuerpos se juntaron en un abrazo anhelante, una promesa luego de varios días separados. En esos instantes Louis deseó ser marcado por el aroma del alfa, pero eso sería muy notorio, sin contar que, ante el celo inminente de Claudio, este podría notar la marca de otro aroma de alfa en él.

Louis, sin embargo, se aferró tratando que de alguna forma la cercanía de sus cuerpos calmara sus anhelos.

—Te amo —dijo con voz afectada.

—Te amo también, omega —escuchó en respuesta—. No quiero pasar tantas lunas lejos de ti.

Louis deseó poder asegurarle que eso debía ocurrir pronto, pero con el emperador en medio de ambos, era complejo. Evitó maldecir su suerte y a los dioses, después de todo, ellos le habían dado la oportunidad de conocer a su alfa, algo que no ocurría a menudo.

—¿Qué tan cerca estás? —preguntó el alfa sacándolo de sus pensamientos mientras sus manos acariciaban gentilmente su ondeada cadera.

—Cerca, puedo sentirle caer y la mordida duele un poco, él entrará en celo en un par de horas y entonces, estaré listo para él —dijo en tono quedado. Aún había la sensación de insatisfacción pululando a su alrededor, sabía que para Harry era un sinsabor el hecho de que él fuera tomado por alguien más que no fuera él, sobre todo si esa persona era su hermano.

—Bueno, entonces solucionaremos eso ¿no, amor? —dijo en tono suave que distaba del agarre fuerte en su cadera que denotaba la incomodidad que sentía.

La toga de Harry empezaba a desarmarse debido a que su brazo izquierdo estaba despegado de su cuerpo, lo que impedía mantenerla en su lugar. Louis no se esforzó en acomodarla, porque la apariencia salvaje del alfa sólo lo ponía más caliente y luego estaba el hecho que más piel era revelada ante la caída de la blanca tela.

—Pondrás tus cachorros en mí —dijo Louis con seguridad—. Una vez él caiga, estaré aquí para ti y tomaré lo que es mío.

Entonces, el rostro del alfa se acercó a su cuello y gruñó provocando que más lubricante escapara de sus esponjosas entrañas; él podía tener un orgasmo con Harry hablando perversiones a su oído y su pene moliéndose contra su fértil cadera.

—Te llenaré tanto que escurrirás —Louis no pudo evitar aferrarse a la tela en los hombros del alfa, gimiendo sonoramente ante ese pensamiento—. No habrá suficiente aceite de olivo que saque mi aroma de ti. Entonces, todos sabrán que te has abierto para mí.

Aquel protuberante pene descansó por encima del hueso de su cadera dada la diferencia de altura entre ambos, pero Louis necesitaba tanto sentirlo de nuevo.

—Dámelo, alfa. Por favor —imploró con sus ojos azules oscurecidos posados en la mandíbula firme del alfa.

—No podemos, cachorro, no hoy. Te prepararé para él.

Louis asintió con pesar, sintiendo la melancolía del tiempo separados y aún él tendría que esperar que su esposo pasara su celo para poder estar nuevamente con su alfa.

—A ver muéstrame tu agujero —dijo el alfa en un ligero tono de mando, causando que el omega temblara ligeramente.

Se alejó del alfa levantando su chiton blanco, dejando a la vista, la tela enrollada que usaba como ropa interior. Notó que el alfa lo miraba con apreciación, antes de estirar su mano y acariciar ligeramente el hueso de su cadera, el cual era visible; el aroma propio a granadas empezaba a empapar la habitación del alfa, provocándolo para que omitieran el ritual que solían hacer y solo se dedicaran a explorar sus pieles.

El alfa se apartó de él, acercándose a una tinaja oculta en el fondo de la habitación, que sólo Louis sabía que contenía. Sus entrañas se comprimieron con anticipación, conociendo lo que seguía y la sensación que le producía los dedos del alfa palpando su interior con destreza.

Se acomodó ligeramente sobre la cama que Harry usaba para alimentarse, evitando que este le diera una orden, pues sabía cómo le gustaba al alfa, cómo lo quería. Así que se apresuró a hincarse sobre ella dejando su humedad completamente expuesta al aire tibio que azotaba a Roma en esos días.

Ronroneó suavemente, cuando un par de dedos masajearon circularmente el borde hinchado de su hendidura; estaba tan listo. Podía sentir el calor en su vientre incrementando, así como la humedad corriendo en la cara interna de sus muslos, recordándole la sensación de cuando vivía un celo propio, pero eso no ocurriría pronto, no hasta que ocurriera el de Harry, sin embargo, su matriz buscaba cachorros incluso fuera de ellos, en las épocas de calor del alfa que había marcado su fuente.

El masaje en la zona, lo hizo empujar sus glúteos hacia atrás buscando la penetración de aquellos dedos largos y gentiles que podían satisfacer su hambre. Sin embargo, se encontró cubriendo su boca con una mano en un gesto desesperado por ocultar sus altos gemidos desesperados, después de todo no necesitaba ser escandaloso, pero es que Harry en aquel instante estaba bebiendo de él, buscando que su orgasmo llegara rápido para cumplir la tarea.

Los labios gruesos del alfa succionaban con fuerza aquel agujero escondido entre sus glúteos, tomando cada gota de líquido que se fugaba de su interior, mientras él sólo podía dejarse ir y llorar contra el lino que adornaba y suavizaba aquella cama. El dedo de Harry se había apartado de su agujero y en esos instantes, apretaban rudamente, pero sin dejar marcas sus carnosos glúteos, manteniéndolos abiertos para él, para que aquella lengua arrasara como un torbellino dentro de él.

—Muéstrame lo que hemos estado practicando, Akribos —Y Louis lloró un poco más ante la expresión griega que estaba usando el alfa, “querido”. Era un término secreto entre ambos, que sólo usaban para el otro.

Cuando dos dedos ingresaron en su interior al tiempo que una lengua ondeaba en su borde suavizando la penetración, empujó hacia atrás contra el contacto de los dedos que acariciaban sus esponjosas paredes. Respiró lentamente antes de contraer su interior, apretando los dedos de Harry y simulando la sensación de un orgasmo y un útero apretando.

—Tan bonito, perfecto, mi hermosa emperatriz —elogió Harry intentando sacar sus dedos y fracasando en el intento, lo que quería decir que todo estaba funcionando correctamente—. Ahora, akribos. Vamos a ir por un orgasmo, sé que lo deseas cariño.

Louis se aflojó, gimiendo contra su mano mientras el aroma herbal del alfa lo invadía cada vez más, embriagándolo. Los dedos en su interior aumentaban con los segundos, mientras los colmillos del alfa raspaban en la tierna piel de sus glúteos, mordisqueando con gula. Inevitablemente, Louis continuó empujando hacia atrás, cada vez más cerca, su pene empezaba a doler por la necesidad de correrse, sería tan vergonzosamente pronto, pero con Harry no podía evitarlo; su vientre cosquilleaba incesantemente.

—Eso es, tan bonito —lo elogió el alfa y entonces, tuvo a su pulgar acariciando su agujero arrugado, él sabía lo que venía, la mano del alfa estaría dentro de él, provocando su próstata.

Alfa —suplicó—. Por favor.

Mordió el lino blanco bajo él, sintiendo como el placer empezaba a crecer y los dedos de Harry acariciaban aquel punto en su interior, los dedos más largos del alfa tanteaban la entrada hinchada de su útero que estaba por bajar. Louis sollozó mordiendo con más fuerza la almohada cuando su orgasmo se aproximaba y su cuerpo empezaba a sudar mucho más por la temperatura de su cuerpo se elevándose.

Con su mano desocupada, el alfa pasó el pulgar por la hendidura de su pene, esparciendo el presemen por la zona; solo eso bastó para que Louis estuviera corriéndose profusamente, con su espalda arqueada y su pene manchado la cama del alfa.

Cuando aún se convulsionaba por el placer, sintió un aroma a vino y otras especias, inundando el salón, así como los dedos de Harry saliendo, antes de presionar en su interior con la textura rasposa de la lana apenas suavizada por los tónicos que la recubrían.

Gimió bajo mientras los dedos de la mano de Harry empujaban aquella bola en su interior. De alguna forma quemaba un poco, aunque no lo suficiente para que dejara de hacerlo cada vez que tenía la posibilidad de embarazarse de Claudio.

—Eso es, ya está —Escuchó que dijo el alfa, una vez aquella bola estuvo cubriendo totalmente la entrada a su útero, bloqueado firmemente la entrada del esperma de su esposo.

Una vez la tarea estuvo culminada, Louis Se desparramó en el sofá, siendo abrazado por su cuñado, quien besaba su frente y lo reconfortaba como si acabaran de hacer el amor, besando todo su rostro y por último sus labios. El aroma de ambos perfumaba la habitación; al instante pudo sentir el pene grueso del alfa bajo su regazo, quería darle alivio, pero no había forma en que pudiera recibirlo en alguno de sus orificios, sin que su alfa lo notara.

Siendo ambicioso y coqueto como era usual, buscó fuerzas en su interior y se inclinó en el oído del alfa, pasando la lengua por su lóbulo, escuchando la respiración de este entrecortarse.

—Tócate —le susurró, ayudándole a levantar la tela de la túnica liberando aquel trozo duro de carne.

Notó que el rizado mantuvo su mirada en él, mientras envolvía su carne palpitante con sus manos y empezaba a subir y bajar, observándolo a él, sólo a él. Louis se mantuvo desnudo, tocando suavemente sus duros pezones bajo la mirada atenta del alfa, mientras él mismo observaba con hambre la cabeza roja del alfa que expulsaba más líquido entre trasparente y blancuzco de su hendidura cada vez que el apretado puño de la mano del alfa llegaba a la punta.

Louis gruñó en su oído sintiendo una réplica pequeña de su orgasmo anterior subir por su pene, no sería un orgasmo anal al parecer en esa oportunidad. Los gemidos roncos del alfa incrementaban, entonces Louis cubrió su boca con sus propios labios en un beso demandante, y acarició su pene a la misma velocidad que el alfa lo hacía con el suyo.

Entonces se corrió en la tela del alfa y se apartó lo más que pudo de la corrida salpicante de Harry que se esparció por la tela enrollada en su cadera. Louis apreció lo lujurioso y excitante que lucía el semen de ambos mezclados en la tela pulcra del alfa.

—Te espero pronto, akribos —le dijo el alfa una vez sus respiraciones se ralentizaron.

—Vendré a ti, soy tuyo por completo, mi alfa —admitió, antes de darle un beso suave.

Cuando tuvo los broches de oro del chitón ajustados en sus hombros, Louis se giró y observó a los ojos a Harry quien lo miraba con atención. Louis guiñó su ojo con coquetería, acariciando sus brazos expandiendo más el aceite de resina, eliminado el olor picante a laureles del alfa de su piel, antes de abandonar la habitación con piernas temblorosas.

Louis entró con aura dominante a la habitación donde estaba el lecho que compartía con su alfa para fines reproductivos, pues cada uno tenía su habitación aparte para dormir. El matrimonio después de todo, no era más que un contrato para procrear, sobre todo en su caso, donde debía cargar al futuro Emperador de Roma.

En medio de la habitación estaba su marido, a quien varios esclavos le ayudaban quitando la pesada túnica, la cual, al ser Emperador, tenía unos bordes hechos de oro y además envolvía su cuerpo de una forma tan extraña, que Claudio no era capaz de ponerlo por sí mismo; en todo caso, era un emperador, era normal que los esclavos hicieran la mayoría de cosas por él, incluso bañarlo.

El aroma a hierro estaba más fuerte en la habitación, así como había un embriagador aroma a celo que lo hacía lubricar, después de todo su omega no era ajeno al celo de su esposo y mucho menos al lazo que los unía.

La marca en su cuello empezó a picar con demasía, no era más que él llamado de su alfa para ser complacido. Una vez el cuerpo del emperador estuvo completamente desnudo, Louis trató de buscar un punto blanco en su mente donde perderse, pues el cuerpo de su esposo que era por mucho mayor que él, distaba de ser el cuerpo atlético de un joven, eso podía apreciarlo él de forma superficial, sin embargo, más allá de eso, estaba el hecho que Claudio no era Harry, no era su alfa, no más allá que una marca simple y molesta, y un contrato matrimonial.

—Déjenme con mi emperatriz —dijo el alfa en tono alto y siniestro, que hizo pensar a Louis en los gritos de guerra, mientras el aroma molesto a sangre seguía empapando la habitación.

Los esclavos asintieron con lentitud, antes de huir despavoridos y que unos guardias cerraran las puertas vigilando que nadie irrumpiera el celo del emperador.

Louis vestía una estola larga roja que cubría incluso sus pies protegidos por unas sandalias de cuero negras. Había unos broches de oro nuevamente uniendo los trozos de seda roja en sus hombros y un cinturón de cuero negro ajuntando la tela justo debajo de sus pectorales, permitiendo que de alguna forma se resaltara la curva de su cadera. Aquel día había decidido que el rojo representara la pasión y la fruta que personificaba su aroma, la granada.

Él mismo podía sentir el aroma de su propio deseo, pero este era opacado como era común por el aroma del alfa que dominaba su vida. Miró el falo pesado el alfa apuntar en su dirección, mientras caminaba hacia él, claramente Louis estaba lubricando y lleno de expectativa de ser anudado, pero era casi siempre frustrante fingir un orgasmo, debido a que por más placer que sintiera con Claudio, le era imposible llegar a la cúspide, esa era la razón por la que había aprendido con Harry a entrenar su apretado agujero, no sólo para fingir las contracciones de su orgasmo, sino que con ellos también la apertura de su matriz para concebir un cachorro.

Tenía unas perlas colgando en su cuello que Harry le había regalado y que Claudio pensó que su caprichoso omega había comprado a un mercader; Louis no se lo quitaba la mayoría de tiempo, ni siquiera en esas situaciones, porque a pesar de no tener una marca de Harry, el collar le recordaba a quien le pertenecía sin importar, quién profanara su cuerpo.

Claudio no fue amable, en realidad, nunca lo era, sin embargo, él no podía quejarse, porque a su omega le satisfacía ser tratado con rudeza. Sin embargo, las huellas del dolor que le eran infringidas duraban días, incluso su marca no era curada con delicadeza. El alfa de cabellos oscuros como la noche, era demasiado apegado a él, pero de alguna forma, no sabía ser gentil; era alguien aferrado a la guerra, completamente duro y desalmado, incluso con la persona por la que parecía desvivirse en apariencia.

Louis se encontró siendo empujado contra la pared, mientras se sostenía en la punta de sus pies, dada la estatura de Claudio, quien era incluso más alto que Harry, mientras arremetía en su interior con un hambre salvaje.

—Mi omega —le escuchó gruñir, a lo que él respondió con un gemido quedado, liberando más lubricante para suavizar los duros golpes certeros del alfa.

Sabía que cuando Claudio estaba por correrse, mordía su cuello, así que en el instante que lo hizo, Louis apretó los ojos instando a su aroma a revelarse más y empapar la habitación, entrelazándose con el aroma a hierro del alfa, el cual era magnificado por la sangre real brotando de su cuello dado a su mordida reabierta.

Gimió de júbilo, contrayendo sus paredes instando el nudo del alfa, el cual empezó a expandirse en su interior. Gruñó ligeramente cuando el alfa apretó su vientre que empezaba a hincharse levemente, aunque Louis sabía que no era precisamente a razón de su útero siendo llenado por la corrida tibia del alfa.

Claudio gemía en su oído como si hubiera corrido una carrera y sostuvo su cabeza pegada a la pared en un gesto de dominación.

—El omega más fértil de Roma —lo elogió el alfa, haciéndolo sentir aún más poderoso—. Quién me dará un heredero —gruñó a su oído.

Louis sonrió con malicia en su interior, él tendría un heredero, pero no exactamente el de Claudio.

El celo de su marido duró tres noches, dejándolo completamente exhausto y magullado. Estaba muy adolorido en su interior, sobre todo porque tuvo que limpiar su interior con sus propios dedos mientras el alfa dormía, evitando que aquel notara que su semen no estaba siendo absorbido por su cuerpo.

Se asomó por el amplio espacio que daba miras hacia afuera del palacio imperial, donde podía verse las macizas columnas hechas de mármol del complejo deportivo que Claudio había mandado a construir para que su hermano menor practicara sus deportes, así como una terma pequeña para cuando el emperador tomara baños sociales con los cónsules y senadores.

Justo frente a él estaba Harry ejercitándose completamente solo, vistiendo únicamente un subligar que estaba sostenido por un cinturón de cuero a su cintura. Louis propugnó por no lubricar nuevamente, pues a pesar del sueño profundo de su esposo, podría olerlo y lo último que quería era que el alfa quisiera poner sus manos sobre él de nuevo; la lana no soportaría mucho más y ya él deseaba con demasía salir de ella y que Harry se introdujera en su interior y lo fecundara.

Colocando rápidamente su mano sobre su corazón, se apresuró a apartarse del mirador, sobre todo cuando casi de forma enfermiza observaba las gotas de sudor del ojiverde correr por sus piernas, así como la forma en que el subligar se apretó justo sobre su bulto.

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Aquella mañana en particular, Louis se sorprendió al ver en la cama de alimentos frente a la suya a Tiberio, el primogénito de Claudio, a quien inicialmente habían nombrado como heredero imperial, sin embargo, el cachorro había nacido beta, no alfa, por lo que su padre lo había repudiado y enviado a vivir con Valeria, su segunda esposa, de quién se divorció.

Louis observó los ojos grises del cachorro posados en él con curiosidad, y es que ellos no se conocían realmente, pues Claudio había procurado mantener el cachorro lejos, buscando un verdadero heredero de parte de él.

Louis empezó a sentirse incómodo al respecto, por el simple hecho de que aquel cachorro pudiera ser una amenaza a lo que por ley le correspondería al cachorro que él estaba por concebir.

Si los dioses estaban de su lado, Claudio estaría marchándose lejos de él, para atender personalmente con el General Aulio, la conquista de Britania. Solo estaba esperando un pequeño aviso de este último, para partir junto con una guardia y elefantes de guerra, algo que no era usado con regularidad; pero Claudio era conocido por su empeño en el crecimiento del imperio, demasiado ambicioso para su bien, igual que él.

—¿Cómo está tu madre, cachorro? —preguntó el omega con sigilo; sabía que Tiberio estaba dotado de gran inteligencia, después de todo, si el cachorro de ojos grises hubiera sido alfa, a los catorce años hubiera sumido las riendas del imperio.

—Está bien, emperatriz —dijo en tono de respeto, e incluso inclinó su cabeza. A Louis le agradó.

No pudieron continuar la conversación, debido a que ambos se apresuraron a poner un poco de comida en su boca, siendo irrumpidos únicamente por el instante en que Claudio entró a la habitación. Louis le sonrió hipócritamente, cuando el alfa se inclinó sobre él dejando un suave beso en su frente.

El omega arrugó la nariz inconforme ante la presencia del aroma a hierro nuevamente cerca de él, opacando su aroma, pues Tiberio carecía de uno al ser beta. Sin embargo, su omega ronroneó cuando segundos después, con una túnica completamente blanca, Harry ingresaba al espacio de alimentos recostándose contra su hermano en un gesto amistoso.

Louis sintió un pequeño escalofrío cuando los ojos verdes se posaron en él, ligeramente oscuros, lo que denotaba que el otro alfa podía sentir su aroma a fertilidad, algo que no parecía notar Claudio.

—Emperatriz —dijo en respeto.

—Harry —replicó con seriedad, aunque sabía que sus ojos probablemente trasmitían más.

Los hermanos empezaron a juguetear ante sus ojos, tanto Claudio, como Harry solían ser muy táctiles como la mayoría de romanos, sobre todo debido al lazo de hermandad que trasmitían sus animales interiores.

Ellos no coincidían la mayoría del tiempo y Louis conocía perfectamente que solían discutir todo el tiempo, sobre todo porque Harry, aunque era tan poderoso y ambicioso como Claudio, solía ser más limpio para hacer sus fechorías.

En algún momento se creyó que quien sería emperador iba a ser Harry, al punto que de acuerdo a lo que se supo, al ser Claudio el mayor intentó envenenarlo, sobre todo porque el tío de ambos tenía una clase de predilección por el más joven. Sin embargo, prematuramente el Emperador Tiberio falleció antes de que Harry llegara a la mayoría de edad y entonces, Claudio ascendió al trono.

Ahora, ambos vivían en una tranquilidad que Louis se rehusaba a creer que fuera del todo, sin embargo, cuando ellos estaban juntos, no hablaban de Claudio en lo absoluto, pues era un recuerdo amargo de las razones por las cuales no podrían estar juntos.

—¿Cuándo conseguirás una omega? Te haces viejo —le dijo Claudio a Harry quien sonrió con gracia.

—Más pronto de lo que parece —dijo de repente el alfa y Louis se negó a que eso fuera cierto.

Lo alfas de pusieron alertas una vez hubo una entrada intempestiva de un soldado mensajero, quien dijo en voz alta la dicha que tenían de que el ejército romano avanzara en Britania. Louis sonrió agradeciéndole a Júpiter por sus bendiciones, pues en ese instante Claudio le sonrió con amplitud, lo que quería decir que él se marcharía.

Como una esposa abnegada, Louis visitó la habitación personal de Claudio implorándole que se cuidara en la guerra que planeaba iniciar. El alfa había creído su ferviente “amor”, cuando besó su frente y le prometió volver pronto.

Louis acarició suavemente los cabellos oscuros de Tiberio el menor, quien observaba a su padre marcharse a lo lejos con la bendición del pueblo romano. En aquel momento, Louis tenía una palla blanco crema cubriendo sus cabellos, mientras que su cuerpo era envuelto por una estola púrpura que denotaba su riqueza; había joyas y esmeraldas adornando los bordes de la tela, así como parte de su calzado.

Debía darle una imagen que recordar a su alfa.

Tras él podía sentir la presencia de Harry, la cual se aproximó, porque él podía sentirlo demasiado cerca. De hecho, sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, cuando una mano posesiva se posesionó en la parte trasera de su cadera.

Louis aferró al cachorro más pequeño a su costado, de acuerdo a lo que había dicho Claudio, de acuerdo a la nueva ley promulgada, su hijo era suyo y no de su exesposa, por lo que Tiberio, había pasado a las crueles garras de un padre que lo despreciaba por su género.

Una vez notó a lo lejos que el ejército se marchaba, ambos dieron la espalda y se adentraron por el gran arco del palacio imperial, con los sirvientes pisándole los talones. Louis tenía mucho trabajo que hacer, entre esos evitar que el techo del amplio palacio cayera sobre sus cabezas.

En la noche, Louis caminó por los pasillos del palacio con la vela en la mano, buscando la habitación del alfa. Había excusado a los guardias evitando que llegaran rumores al oído del emperador, él no quería ser demasiado obvio, no sabía hasta donde podía llegar la venganza del alfa.

Abrió la puerta de Harry encontrándose con la habitación del alfa iluminada por antorchas en las columnas de mármol, no había demasiadas, sino el aroma a quemado hubiera sido desesperante para ambos e incómodo. Las cortinas estaban corridas, permitiendo que la luz de la luna entrara, aunque Louis apenas y podía ver algo claramente.

Los ojos oscuros del alfa estaban fijos en él, mirándolo con atención, con una pequeña línea verde bordeando sus pupilas dilatadas. Louis vestía una subucula únicamente, aquella túnica de algodón que usaba para dormir, incluso era un poco invisible y apenas le llegaba a las rodillas, dado el clima caluroso de la época.

Habían transcurrido dos semanas desde que el celo de Claudio había ocurrido y más de cuatro desde que había compartido lecho con Harry.

—Akribos —le escuchó susurrar, antes de que el alfa palpara sus piernas desnudas en un gesto, que le indicaba que lo quería llenando su regazo.

Louis se apresuró evitando derramar lágrimas de alivio por finalmente tener aquella cercanía. Dejó la vela a un costado en una remilgada mesa de hierro, mientras se aproximaba al mobiliario donde el alfa dormía. Ellos no debían usar la cama del alfa para hacer aquello, pero al ser amantes se les complicaba tener un lecho especial para sus apareamientos; aunque como amantes de la adrenalina, Louis debía decir que disfrutaba más cuando simplemente levantaba sus telas y era tomado en cualquier rincón libre que encontraran ambos, dejándose llevar por el amor fogoso que se profesaban.

Puso una pierna a cada costado del alfa, sintiendo la suavidad del lino aplacar la dureza del mármol donde el alfa dormía.

Las manos de Harry acariciaron sus mejillas, que, si hubiera luz, le hubiera permitido ver al alfa que las había coloreado un poco de plomo y carmiña, así como había delineado sus ojos; él había querido estar bonito para su alfa.

—¿Estás fértil para tomar mi nudo, omega? —preguntó acariciando su corto cabello, y Louis tembló en sus brazos. Aún se preguntaba cuando pasaría la intensidad de sus sentimientos, sin embargo, luego de más de un año de amorío, Louis estaba empezando a aceptar que no pasaría, simplemente porque Harry era el alfa que los dioses habían creado justamente para él.

—Lo estoy, sólo para ti.

Su aroma a granada también empezaba a invadir la habitación, entrelazándose con el aroma a laurel del alfa. El omega era consciente de su lubricante bajando por sus piernas, tal vez con demasía, estaba más húmedo que la última vez que el alfa había puesto sus dedos en él.

Sintió la tela de la subucula siento levantada más allá de sus muslos; el tacto de Harry era tibio y sus manos estaban callosas por el deporte, Louis gimió silenciosamente ante la sensación en su piel caliente, abrazó al alfa por el cuello aferrándose a él como si fuera algo que lo mantuviera consciente de la realidad. Los labios de Harry se encontraron con los suyos en el instante en que él empezó a moverse moliéndose contra la erección del alfa cubierta por un subligar.

La lengua de Harry profanó su interior, mientras él se mecía con ayuda de las manos que apretaban sus glúteos con fuerza. Su propio pene se molía con el abdomen plano y duro del alfa y él ya deseaba estar desnudo para que sus cuerpos estuvieran completa conexión.

Contuvo la respiración cuando sintió la anticipación de lo que ocurriría previo a que estuvieran anudados, Harry confirmaría que podía darle lo que él le había implorado, lo que él tanto anhelaba tener, lo que ambos anhelaban tener.

Las manos de Harry se aferraron a sus glúteos con firmeza separándolos mientras él no dejaba de moverse sobre el duro falo del alfa. Estaba tan hambriento por ello, por ser estirado hasta el punto del dolor.

Dos dedos de Harry incursionaron en su interior con premura, incluso abriendo y cerrándose rápidamente acelerando su estiramiento, no estaban para esperar o hacerlo demasiado lento, tal vez su segunda vez en la noche sería más pausada, pero necesitaban una primera rápida para calmar su sed por el otro.

Louis se escondió en el cuello del alfa cuando este empezó a buscar en su interior, palpando sus tersas paredes, burlándose de su abultado montículo interior que tanto placer le generaba y que, a su vez, le permitía tener los más espléndidos orgasmos anales.

—Sácalo de mí —suplicó—. Acaba con mi tortura, alfa.

—Pero si a ti te gusta esta tortura, akribos. —dijo Harry dulcemente a su oído, lo que distaba de lo sucio que hacían en esos instantes, mientras ahora tres dedos entraban y salían de su interior—. Vamos cariño, elévate sobre tus pies para que me ayudes.

Hubiera sido más sencillo si Louis se hubiera inclinado dejando su húmeda abertura al aire, pero ellos no deseaban que fuera impersonal. Con trabajo y con las piernas temblando por la anticipación se levantó sobre sus pies dejando su trasero hacia abajo con los dedos del alfa de repente más profundo.

—Eso es —lo elogió el alfa, mientras movía sus dedos hacia adelante buscando la bola de lana que había introducido días antes para evitar el embarazo.

Cuando Harry pareció ubicarla, gruñó en su oído y el aroma a celo lo golpeó de repente dejándolo completamente atontado, mientras sentía la humedad escapar de un esfínter, así como aquella bola era retirada de su interior. Se aferró con más fuerza al cuello del alfa, exhalando el aroma a laurel directamente del cabello de este.

Gimió con alivio una vez los dedos de Harry estuvieron dentro y buscaban con desesperación, la suave membrana que indicaba el inicio de su útero que había estado sellado. Los dedos de Harry continuaban moviéndose en su interior, mientras él empapaba la tela de algodón con su semen infértil.

Se corrió cuando con un movimiento burlesco, los dedos de Harry acariciaron su matriz que parecía haber bajado, así que estaba completamente listo. Se dejó caer sobre el regazo del alfa recibiendo sus besos nuevamente y aferrándose a su cabello con fuerza, sintiendo incluso el roce de sus dientes ante la rudeza de su beso.

Escuchó el gruñido ronco del alfa, cuando se separó abruptamente, notando que en medio de las penumbras había un hilo de saliva que los separaba. Se echó hacia atrás, poniéndose sobre sus pies, agarrando la tela del borde de su subucula, antes de levantarla y sacar la tela cocida por su cabeza.

La respiración del alfa era pesada, quien por lo que podía apreciar por la luz pobre de las antorchas, empezaba a acariciar su propio pene sobre la subligar. Louis sintió que la saliva en su boca empezaba a aumentar por el deseo de llevar aquella sonrosada polla a su boca y saborear el semen agridulce del alfa.

Cayó contra el duro suelo, en medio de las piernas del alfa como si fuera a rezarle a los dioses y con un movimiento ágil soltó el trozo de tela que mantenía oculta la pesada erección del alfa. No podía ver con exactitud el pene grande del alfa dado el juego de sombras en la habitación, así que, puso su mano sobre su rostro y pasó saliva para tratar de suavizar en toque sobre la piel adolorida del alfa.

Lo escuchó gemir en el instante en que su pequeña mano empuñó aquel grueso falo y lo masajeó tratando de dibujar en su mente aquel largo que trastornaba a su omega quien ahora gemía extasiado en su interior. Lo direccionó a sus labios a pesar que sabía que cansaría que su boca se mantuviera en esa posición, sin embargo, quería complacerlo, dejar restos de sí mismo en el alfa, recordarle a quién le pertenecía, pero también recordar a quién le pertenecía él también.

Lo supo en el instante en que Harry no aceptó lamidas gentiles, sino que sus poderosas caderas se levantaron y sus cabellos fueron sostenidos por el alfa con rudeza, entonces, empezó aquella emboscada a su boca su garganta empezó a ser abusada con vehemencia por el mayor.

Louis lloriqueó y expulsó más lubricante, así como llevó su mano a su pene buscando siquiera un poco de alivio mientras el alfa lo usaba a su parecer. Le había dejado de preocupar los ruidos que ambos soltaban, así como la saliva que se escapaba de sus labios. El dolor en su mandíbula crecía con el pasar de los segundos, se dejó usar hasta que el alfa lo apartó suavemente con una última estocada.

Harry lo levantó, y ambos de pie, juntos, le permitió sentir a Louis cada detalle, desde la dura y húmeda erección del alfa golpeando su cadera, así como el roce de su vello púbico, el cual era muy poco; luego estaba su erección rozando con la pierna del alfa.

Sus duros botones presionando contra la piel caliente del alfa, el ligero sabor salado de la piel de Harry en su paladar luego de que lamiera su pectoral, justo encima de su corazón, sus manos callosas masajeando la piel tierna de su trasero.

Los labios de Harry eran esponjosos y húmedos cada vez que se besaban y su lengua era juguetona cuando pedía paso a su boca. Louis suspiró entregándose con devoción aferrándose a los hombros del alfa meciéndose contra él en una búsqueda desesperada de fricción.

—Muéstrame —le pidió el alfa, antes de apartarse—. Quiero ver todo de ti, akribos.

Louis tembló ligeramente en la oscuridad y se apartó el alfa apostándose en la cama, libre de cualquier trozo de tela que ocultara sus virtudes. Se acostó sobre su espalda y abrió sus piernas como una invitación; no sabía si Harry podía verlo con precisión dado a la pobre iluminación de la habitación, pero aun así, recostado en los almohadones, con su piel caliente siendo aplacada por el fresco lino, él se exhibió.

Harry observaba desde arriba la forma en la que Louis lucía sobre su lecho, en el juego de sombres y luces opacas, él podía apreciar el pequeño pene del omega reposando en su lampiña pelvis y su apenas abultado vientre. Las caderas de Louis eran amplias, el alfa debía reconocer que no era posible comparar a Louis con cualquier otro omega, porque era demasiado hermoso, demasiado fértil.

En la oscuridad pudo observar aquel agujero rebosante de fluidos sólo para él, para suavizar la forma en que él lo tomaría y engendraría en él. Sus piernas eran gruesas, pero delicadas, libres de cualquier vello, él mismo podía reconocer que era aficionado a ver a escondidas a Louis mientras los sirvientes depilaban su delicada piel y luego lo untaban de aceites, haciéndola lucir aún más suave y sedosa.

El alfa se sumergió en la bruma de deseo dejándose embriagar por el aroma fuerte a granada que tenía el omega y en medio de sus piernas, a través de la oscuridad lo observó como si estuviera venerando un dios. Hambriento y con el calor del celo acrecentándose en su vientre, se inclinó y bebió el lubricante que salía del castaño, sintiendo como su cabello era tirado con fuerza por la satisfacción que estaba generando en aquel pequeño cuerpo.

Pasó su lengua con lentitud por los pesados testículos del omega, antes de subir y chupar en su caliente boca, el sabor agridulce de la granada saliendo en el presemen del omega.

Si los senadores o su hermano supieran que él está tomando en su boca el pene de un omega se burlarían y lo apartarían, pues un alfa nunca debía rebajarse a degustar del pene de otro masculino, porque ello rebajaba su estatus. Sin embargo, a Harry no le importaba en lo absoluto, no había nada que lo obligase a privarse de cualquier sabor que pudiere explorar del cuerpo del dueño de su alma.

Cuando lo escuchó quejarse más alto, decidió que quería que el omega se corriera analmente sólo con su nudo y nada más. Sería la primera vez que ellos realmente intentarían embarazarse, no había tónico cubriendo su pene, así como el esfínter de su omega, así que estaban listos para sentir la sensación que implicaba un nudo y una presión de útero, con ese simple conocimiento su alfa estaba volviéndose loco, impregnaría a su omega.

—Mi hermosa perla —lo adoró, una vez ambos penes estuvieron juntos y él estaba a la altura de su rostro, observando el collar que brillaba con la luz de la luna en el cuello del omega, adorando que la oscuridad de alguna forma no le permitiera ver aquella marca que deseaba borrar y reemplazar.

Las suaves piernas de su omega rodearon sus caderas, y entonces supo que no podía postergarlo más, no cuando aquellos ojos azules lo observaban con la súplica dibujada en ellos, así como podía sentir el magnetismo de su piel tibia, en calor, sólo para él y aplacar un celo atípico.

Se introdujo en el omega disfrutando la suavidad y esponjosidad de su interior, estaba húmedo y demasiado ajustado. Observó a Louis tirar su cabeza hacia atrás antes cubrir su boca con su pequeña mano evitando que un grito de éxtasis saliera de su interior. Inmediatamente, succionó la tierna piel de su cuello, bebiendo el aroma, saboreando el ligero sabor dulce del aceite con el que el omega había perfumado su cuerpo en la tarde luego de la terma, donde él claramente lo había observado bañarse desde la lejanía.

Gruñó contra la piel suave e hizo su camino hasta el fondo, hasta que su pene estuvo por completo de aquel cálido lugar y asfixiado por las paredes de Louis aferrándose a él con hambre.

Estar dentro del omega siempre solía ser una experiencia divina, pero el conocimiento primitivo de lo que estaban por hacer, hacía crecer aún más su instinto animal, así como su calor. Apenas pudo procesar la mirada del omega en la suya, con lágrimas surcando sus ojos, cuando se apartó con abandono del interior del omega, antes de volver a enfundarse, duro, fuerte, como sabía que Louis lo apreciaba.

Besó, mordisqueó sus labios, lo hirió eróticamente, tragando cada sonido, cada balbuceo, cada súplica, pues conocía que él era dueño de cada una de esas cosas.

Las uñas de Louis se aferraban a su espalda en un agarre desesperado que él sabía que dejaría huellas y dolor por días, pero no le importaba, no cuando ese pequeño dolor engrandecía el placer que ambos estaban sintiendo. Louis era posesivo y él lo adoraba, así que golpeó su interior fuerte, escuchando la melodía hermosa que hacía el choque de sus pieles, así como la humedad chorreante del omega colisionando con sus testículos.

—Mi hermoso argot —dijo con tono tosco al oído del omega quien se aferraba más a él ante la forma sucia y dura en la que estaba siendo tratado—. Toda una argot por mi pene, sólo el mío. Sólo yo te hago correr ¿No es así, akribos?

Alpha —le escuchó gemir—. Sólo tuyo, por ti, por tu pene. —recitó en un balbuceo.

Eso lo excitó aún más, mucho más, golpeando con más aspereza, sintiendo que inclusive había un eco de sonido en su oído ante su presión sanguínea elevada. El calor de las velas y las pocas antorchas que iluminaban la habitación acrecentaba la temperatura, sus cuerpos húmedos por el sudor se movían en sincronía, estaba cerca, pues los últimos segundos, su pene estaba chocando contra una parte sedosa y curveada en el interior del omega.

—Por favor —le escuchó rogar

Harry continuó embistiendo, sintiendo el pene del omega rozarse febrilmente contra su duro estómago. Pasó su pulgar por él como la última vez, notando que más líquido salía del pequeño agujero, así como más lubricante anal era liberado y aquellas paredes se aferraban a él con más fuerza al punto del dolor.

—Eso es todo, ya casi estás, omega —susurró consoladoramente, sintiéndolo temblar en sus brazos violentamente, hasta que estuvo corriéndose, pero sólo era un orgasmo genital, era apenas el inicio.

Cuando lo sintió llorar, no se detuvo, porque sabía que eso no era sinónimo de algo negativo, sino la sensación abrumadora de un orgasmo reciente, además de uno construyéndose velozmente en sus entrañas.

Gruñó aferrándose a la cintura del omega, sin dejar que hubiera espacio alguno entre ellos cuando ocurriera. Su pene dolía mucho por correrse, así como por lo apretado que estaba el omega, si él no se hubiera apoderado del cuerpo de Louis antes, dudaría que no fuera virgen.

—Sí, si ¡Dioses! —rogó con voz gruesa y excitada, cuando sintió una succión en el interior del omega y algo recubriendo la cabeza de su pene.

Gimió roncamente al oído del omega, tratando de mantener la cordura para no marcarlo, no podían. Con frustración lo sostuvo aún más fuerte aferrándose al delicado y pequeño cuerpo bajo él.

Louis tiró de su cabello fuertemente e intentó desesperadamente apartarse de él ante la cantidad de sensaciones que atacaban a su pequeño cuerpo al tiempo; pero no podía, él sabía que Louis no quería, sólo estaba demasiado abrumado, soportando demasiado placer para su cuerpo.

Supo que el útero del omega se había aferrado a él cuando no pudo moverse más, porque de hacerlo heriría. Gimió vergonzosamente alto, cuando se corrió por primera vez y el nudo empezó a crecer aferrándose a las paredes del omega que balbuceaba cosas que él no podía entender, mientras la tela bajo ellos se humedecía con aquel líquido viscoso que les indicaba que Louis había tenido un orgasmo anal muy fuerte.

Gruño duramente cuando el nudo se ensanchó casi demasiado para el omega lloroso debajo de él. Había contracciones al interior del Louis que lo enloquecían, mientras pensó que no pararía de correrse ante la succión de la matriz del omega aferrada a la cabeza de su pene, así como su nudo en la base y al borde de la entrada del omega que se aseguraba que nada escapara del interior, hasta que la fecundidad fuera segura; era parte de su alma animal.

Sintió a Louis temblar bajo él, respirando con dificultad, sin embargo, se dejó ir en sus brazos.

—Te amo, Louis —dijo en voz alta afectado por las emociones—. Nada me separará de ti.

—Nada me separará de ti, alfa —le respondió Louis con voz cansada, pero segura.

Ambos continuaron unidos por varios minutos, mientras Louis soportaba su peso, acariciando su espalda tratando de calmar el instinto y los lobos de ambos.

Aquella noche, Harry perdió la cuenta de cuantas veces se había impregnado, en todas las posiciones, ya más calmados, con el calor ligeramente aplacado, haciendo el amor una y otra vez. Él, en definitiva, no olvidaría a Louis a Louis sobre él montándolo con maestría mientras lo provocaba con aquellos dulces pezones, que pronto alimentarían a su cachorro, al futuro Emperador.

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Louis caminó con pasos lentos, como lo hacía desde que su vientre le dificultaba su usual andar rápido. El cachorro en su vientre estaba por cumplir ocho meses, un poco más y estaba por salir, el futuro emperador de Roma, si por suerte resultaba ser un alfa masculino.

En el camino, se encontró al joven Tiberio, llorando en un rincón, oculto tras una columna. Louis había desarrollado una clase de vínculo con el menor, por lo que le preocupaba de sobremanera, verlo en tales circunstancias, pues el beta solía ser muy parecido a su padre y Louis no recuerda haberlo visto llorar alguna vez.

Acarició su vientre donde crecía su cachorro, dándole un poco de tranquilidad, pues este no parecía querer dejar de patear.

Claudio había enloquecido de felicidad por su embarazo y la oportunidad de tener un heredero para el imperio; Louis tuvo que morder sus labios cuando el alfa con aroma a hierro lo amenazó en caso que no le diera un alfa masculino, así como notó la forma en que Harry apretaba su puño cada vez que Claudio era despectivo, no sólo con él, sino con Tiberio.

El senado lo apreciaba como un gran Emperador, sobre todo cuando decidió no tomar el título de británico, sino que se lo cedió a su primogénito, por lo que Tiberio ahora ostentaba un título que realmente no le servía en lo absoluto.

—¿Qué ocurre, Británico? —le preguntó al joven, quien lo observó con los ojos grises inundados en lágrimas.

—Escuché a la guardia bromear sobre la forma en que el emperador había ordenado el asesinato de madre.

Louis sintió a su corazón enfriarse, en su interior su cachorro se movió con más intensidad, al parecer notando sus nervios.

En las líneas de sangre reales, los asesinatos eran comunes, más que todo por el poder, muestra de ello era el mismo Claudio intentando asesinar a su carismático hermano. Sin embargo, no tenía razones para asesinar a Valeria, no que Louis supiera, la omega no representaba mayor peligro para su poder, algo pasaba por la mente de Claudio y Louis temía que el alfa actuara más rápido que él.

No supo qué decir al respecto, no había consuelo para ello, así que abrazó al joven, mientras este acariciaba su gran vientre en un gesto cariñoso que lo confortaba. Las feromonas de Louis navegaban alrededor de él todo el tiempo desde su embarazo, así como el aroma propio a granadas se había dulcificado.

—¿Crees que él quiera asesinarme porque no soy lo que él quiso? —preguntó el beta aferrándose a su toga amplia de maternidad.

—Primero lo asesinaré yo —dijo Louis con convicción.

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Louis descansaba en la cama de su habitación, esperando las noticias por las que había pagado una generosa cantidad de joyas. Harry no estaba en el palacio, llevaba dos semanas fuera y ambos se habían consolado mutuamente, debido a que era una misión a la que lo había enviado Claudio directamente y no sabía si regresaría a tiempo para su parto. El omega trató de consolarlo diciéndole que sí, sin embargo, la realidad es que ninguno de los dos lo sabía.

Al omega no le servía que Claudio muriera tan pronto, la incertidumbre de la ausencia de un heredero era negativa y por más que Harry ascendiera al cargo, le exigirían adoptar un adolescente de la sociedad alta, así como desposarse, a fin de que no existiera vacancia en el cargo de heredero.

Su cachorro debía nacer primero, pero dadas las circunstancias y la actitud extraña del Emperador, no sabía si este siquiera quería que eso ocurriera. Él no estaba dispuesto a perder su lugar y tampoco el de sus cachorros, él era la Emperatriz Louis de Roma, no había alguna forma en que estuviera perdiendo no sólo el poder, sino las riquezas para él y sus futuros cachorros, no por nada había llegado a ese lugar.

Escuchó un ligero toque en la puerta y se incorporó como pudo, dejando a su espalda descansar un poco contra el borde superior de su lecho personal. Claudio estaba rindiendo cuentas al Senado, debido a la promulgación de una nueva ley sobre a la adoración y aceptación de extranjeros en el territorio recién conquistado.

Por la gran puerta de su habitación se asomó el rostro del General Aulio Placio, quien había ayudado a su marido en la conquista de Britania y además era uno de sus amigos más cercanos. Louis disimuladamente liberó más feromonas dulcificadas atrayendo al alfa, él mismo reconocía su poder y aspiraba en los próximos minutos saberlo todo.

Se supo de pie, caminando con pasos medidos hacia el alfa rubio y de ojos verdes; era sin dudas hermoso, pero a Louis no le interesaba en lo absoluto, pues estaba profundamente enamorado de Harry.

Lo necesitaba para sus fines, por eso se permitió acercarse al alfa y poner la mano en el rostro de este que lo observaba con atención y deseo, pues Louis conocía que él era la más ferviente imagen de la fertilidad, completamente ancho y cargando un cachorro.

—He venido a usted, adorada Emperatriz —le dijo el alfa sin tocarlo, pues Louis jamás se lo permitiría. Sin embargo, el omega disfrutó con malicia la forma en la que el alfa se inclinó al toque de su mano en su mejilla.

—Puedo verlo, alfa. —dijo con una sonrisa torcida—. Sin embargo, espero que tengas y dispongas decirme toda la información.

Louis hablaba en tono bajo y seductor muy cerca del General de las tropas romanas, quien, de acuerdo a su aroma, Louis podía notar que estaba excitado bajo las prendas de cuero de su uniforme militar.

Cuando había un omega como él de por medio, no había lugar a amistades.

—El Emperador ha estado frecuentando a Agripina la menor —Louis detuvo la caricia en la mejilla del hombre, ignorando deliberadamente su aroma a pinos mientras trataba de ubicar a aquella omega en su mente. La recordó rápidamente como la ex-esposa de un político, tenía un hijo alfa que estaba en los trece años—. La omega le ha pedido muestras de amor, a lo que él no se ha negado. De acuerdo a lo que me ha comentado, la omega le ha solicitado que adopte a su hijo ante la vacancia del cargo de heredero.

Louis sintió la sangre bullir en su piel, la omega fémina sí que era astuta, estaba conspirando con su marido, no sólo para ser Emperatriz, sino también Augusta al ser su hijo el futuro Emperador. Él no negaba que deseaba lo mismo, pero a diferencia de ella, su ambición tenía un límite y ellos eran Harry, su cachorro y el joven Británico.

Agripina la menor era un desecho, una omega abandonada que no quería más que reivindicar su poder nuevamente. Louis estaba seguro, que una vez Nerón cumpliera la mayoría de edad la suerte de Claudio estaría echada y entonces, Harry estaría lejos del trono, pues, un cachorro adoptivo o de sangre imperial siempre pesaba más.

Recordó con asco que la omega era sobrina de Claudio, aunque inicialmente las relaciones tío-sobrino eran prohibidas, con el tiempo habían sido aceptadas, sobre todo en las familias poderosas a fin de preservar el linaje, sin embargo, eso no lo hacía menos desagradable, compartían sangre y eso era enfermizo.

—¿Por qué mi esposo buscaría un heredero si yo estoy cargando el suyo? —preguntó con tono de duda que no sentía tanto realmente.

—Habrá una reforma legislativa, además busca perpetuarse en el poder. Sobre todo, está seducido por los encantos de ella —dijo el militar mirándolo a los ojos como en una insinuación—. Y lo entiendo, un omega puede enloquecer a un alfa hasta ese punto.

Louis le sonrió con hipocresía pretendiendo que entendía a lo que el alfa se refería. Como consuelo se inclinó hacia él y dejó un beso ligero en los labios de este a lo que el alfa respondió con hambre.

Se apartó con un chasquido, evitando mostrar un gesto de asco.

—Gracias por alertarme, amor —susurró, acariciando los labios del alfa—. En todo caso, si llego a tener un alfa no tendría por qué adoptar.

—No cree que usted sea capaz, pues no se embarazó en mucho tiempo —dijo el militar en confidencia—. En todo caso, creo que sobre él pesa más la influencia de Agripina, ella es la razón por la que Valeria no está más entre nosotros y ella sólo fue una prueba.

Louis asintió rehusándose a sentir miedo por él, aunque de seguro, empezaría a cuidar sus pasos y sus alimentos, hasta que su cachorro diera la primera exhalación, entonces, él daría su golpe final para poseer todo.

Louis dio vueltas una y otra vez al asunto mientras comía un poco las frutas frescas que su sirviente de confianza le había llevado. Claudio podía tener la facilidad de tener un acuerdo especial del senado para desposar a Agripina, pero ¿Qué haría con él?

Lo que más lo incomodó, no fue una inminente muerte, pues estaba tratando de indagar un poco más con el círculo que rodeaba la omega, sino la posibilidad de que Claudio no se divorciara de él, sino que ordenara su ejecución, no era el tratamiento normal para la infidelidad, lo sabía, pero Claudio era un emperador sanguinario y no tendría compasión de él, mucho menos si en esos instantes, estaba encantado.

Si él moría o se divorciaba, inevitablemente, su cachorro iría a manos de su padre “legítimo” que en ese caso era Claudio, y no con Harry, quién estaba en tanto riesgo como él.

Si no se iba con cuidado, todo podía irse: su vida, su amor, su hijo, sus riquezas y el poder que tenía en Roma. A lo lejos observó, a una comitiva avanzar al palacio imperial. Sintió la felicidad burbujear su pecho, pues dados los símbolos era la llegada Harry y eso hizo que se sintiera feliz, se apresuró a avanzar en medio de las columnas de mármol, acercándose al salón con conocimiento que el emperador estaría allí para recibir a su amado hermano.

El omega gruñó con molestia una vez la mano posesiva de Claudio se posó en su vientre y le sonreía de una forma sucia. El emperador rodeó su amplia cintura con su brazo, y entonces Louis trató de relajarse para no ponerlo en alerta, no quería una acusación de infidelidad fundada.

Apretó sus piernas, una vez Harry avanzó con la armadura de metal adornando su pecho; el aroma a laureles impregnó la instancia, haciendo que su omega se retorciera en deseo, hacía tanto tiempo que no tenía su nudo. Con el embarazo su deseo había crecido, Claudio lo había notado y había hecho “su mejor esfuerzo” por complacerlo, pero no era lo que él quería, casi que se alivió cuando el alfa dejó de tocarlo, aunque claramente ya conocía sus razones.

Harry tenía el cabello mucho más largo, incluso ya llegaba a sus hombros dándole un aspecto más rebelde y dominante que lo tenía jadeando internamente y con sed.

—Emperador —dijo en respeto—. Emperatriz —dijo mirándolo con intensidad. Aquellos ojos verdes observaban con una emoción bien conocida para él a su vientre. Louis quería decirle en voz alta que el cachorro de ambos estaba ahí.

Aquella tarde, mientras Louis observaba a Augusto en la terma tomando un baño con los senadores, tratando de estar lo más oculto posible tras el telar que cubría la ventana, gimió bajo, porque Harry lo estaba tomando desde atrás aplacando su calor incesante, profanando su interior.

—Mi lleno omega, siempre hambriento de tu alfa, aunque ya estás preñado de mí —le dijo el alfa en tono roco, mientras Louis empujaba hacia atrás encontrándose con las estocadas.

Las manos de Harry estaban sobre su vientre en un agarre gentil que distaba de la forma en que su pene atacaba duramente en su interior.

Cuando se corrió y el nudo se ajustó firmemente en su interior, Louis recobró la paz que había perdido hacía unos días.

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—Debes ganar el favor del senado —le escuchó Harry decir a su omega días después de su llegada.

—¿Ha ocurrido algo en mi ausencia? —preguntó, con preocupación al escuchar el tono del omega.

—Él ha sido quien ha ordenado la muerte de Valeria —dijo de repente—. También ha estado compartiendo íntimamente con Agripina la menor.

Harry se quedó sin habla ante la revelación, él personalmente conocía quien era la omega, así como su reputación de manipuladora, ahora entendía lo que pretendía Louis.

—Él me querrá a mí y a ti fuera, no necesita un heredero si tiene a Nerón, no me permito dudar ni por un instante que él conoce de mi infidelidad también, aunque no creo que sepa que es precisamente contigo —comentó el omega en tono reflexivo—. Sabes que él no me enviará a la isla, tengo la gracia del pueblo romano de mi lado, así como la del senado, por lo que mi muerte será más efectiva. No me importa morir, pero no quiero perder todo lo que he logrado y desde luego, no quiero a mi cachorro bajo lo cuidado de esos dos seres.

Harry se aproximó cayendo de rodillas en medio de las piernas del omega, sosteniendo su rostro; él asesinaría con sus propias manos a Claudio, si había alguna clase de complot para asesinar a Louis.

—Primero morirá en mis manos antes de que tu sangre y la de mi hijo estén en sus manos —esbozó el alfa con seguridad.

—Ya sé todo lo que pretende hacer, apenas y esperará el nacimiento del cachorro, pues aún está seguro que es suyo, pero entonces, yo moriré en el parto o me acusará para una ejecución, incluso hay un par de senadores dispuestos a aceptar un acuerdo para que tenga a Agripina en matrimonio, pues Nerón representa una continuidad en el poder.

—¿Qué debemos hacer? —le preguntó a su omega, quien tomó la mano de él que reposaba en su mejilla y le sonreía con malicia. Lejos de asustarlo, Harry estaba más que complacido con su inteligencia.

—Seremos más inteligentes que ellos dos —le respondió.

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Louis observó a Harry en las termas tomando un baño con un grupo grande de senadores y cónsules mientras Claudio estaba fuera. Louis pretendió ignorar dos visitas que hizo Agripina al palacio con su hijo alfa, aparentemente en un acercamiento a él, pues la omega había estado tiempo fuera y quería revivir lazos familiares y desde luego, conocer al compañero grávido de su tío.

El omega no creyó ni un poco en su palabra observándola con altivez, reconociendo la hipocresía en su tono de voz, entre dos manipuladores se conocían perfectamente.

La noche anterior había chupado el miembro de su marido y lo había complacido, postergando su inminente amenaza evitando que esta se anticipara. Sólo le daba tiempo a Harry para que creara lazos fuertes con los alfas correctos. Harry ya había tenido su aprobación en el pasado, ahora sólo debía recapitular un poco, para ser el primer candidato en la lista al emperador, una vez Claudio cayera enfermo y muriera sorpresivamente.

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En la noche fría de su parto, estaba iniciando el cambio de estación, por lo que las parteras lo habían cubierto con la mayor cantidad de lino y algodón que podían. Louis sabía que tras la puerta estaban los dos alfas que marcaban su vida, su esposo y su alma gemela quien a su vez era padre de su hijo.

Fue doloroso, pero cuando la tuvo en brazos, por más que sintió miedo por su naturaleza, aquello fue dejado detrás, pues más allá de los genitales de su cachorra, lo más importante, es que esta era producto del amor más profundo.

Empapada en sangre y fluidos, la pusieron en su pecho y anunciaron en voz alta que estaban frente a una alfa femenina; Louis jamás lo olvidaría, ni su primer llanto, ni la forma en que se pegó en su pecho de forma instantánea.

Con su cabello cubierto con un velo, y su cuerpo envuelto en una túnica especial y de colores vivos, Louis arrulló a la futura y primera emperatriz de Roma, porque ella lo sería, Harry y él lucharían por eso, era alfa y nadie debía quitarle su lugar, solo por lo que tenía entre sus piernas.

Claudio entró con un gruñido posesivo y se acercó a él, sin embargo, Louis no permitió que le tocase, no cuando palabras despectivas salieron de la boca del alfa dedicadas a su hija y a él por haberle dado una heredera inútil. Louis vio en el fondo de la habitación a Harry empuñar sus manos, así como su aroma tornándose agrio, mirándolo a los ojos, Louis vocalizó un “pronto”, a lo que el alfa se inclinó respetando su voluntad.

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Louis se negó a que su cachorra fuera amamantada por comadronas, era común que los omegas adinerados las utilizaran para evitar los dolores que conllevaba la lactancia, pero él no quería a Claudia, (como por supuesto se llamaría debido a su “padre” y su título) lejos de él, estaba paranoico por el momento que el emperador tomara para atacar.

Sólo permitía a su fiel sirviente estar cerca de la pequeña alfa, quien por supuesto tenía aroma herbal como su verdadero padre; también algunas veces, el joven británico se acercaba a él y cuidaba de la cachorra encontrándola demasiado hermosa en sus propias palabras.

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El omega de ojos azules le dio la espalda a su esposo quien no dejaba de vomitar desde hacía un par de días. Los médicos imperiales no sabían qué ocurría, sin embargo, como esposa abnegada, Louis no se separó de su lado en lo absoluto cuidando cada medicación que le era suministrada al Emperador.

—No sé qué me estás haciendo —dijo Claudio cuando él se giró con una tasa en sus manos—. Sé que planeas un complot contra mí, debes estar feliz por mi enfermedad.

Louis fingió sorpresa.

—No hago nada en contra de ti, a diferencia de ti, quien sí claramente me cambiabas por una vagina y seguías sus órdenes al pie de la letra dándole deshonra a tu título de Emperador, me da vergüenza ser esposa de alguien tan débil como tú. Débil y manipulable.

Tuvo que tapar su nariz en el momento que el aroma putrefacto a enfermedad invadió la habitación, entrelazado con el aroma a sangre de su marido. Cuanto despreciaba aquel aroma, los dioses lo sabían.

—Todos sabrán lo que hiciste —lo amenazó—. Ella hablará por mí.

En ese instante Louis rio con amargura e ironía, después de todo, los alfas si se volvían realmente estúpidos cuando de amor y su nudo se refería.

—Ella no tiene, ni tendrá la capacidad de hacer nada por ti me temo. Nunca te amó —dijo con socarronería—. Conmigo pudiste tenerlo todo, pero preferiste ir tras su chitón ¿Sabías que planeaba asesinarte a penas Nerón tuviera los catorce años para que fuera el nuevo Emperador? Creo que todos lo sabían menos tú, en todo caso, ella perderá la cabeza, literalmente, por intentar asesinar al Emperador y a su heredera.

Louis vio la genuina sorpresa y luego el dolor dibujándose en el rostro del alfa, había dado en el punto. Claudio siempre se había quejado de sus ex-esposas en el pasado, pero se había casado con una víbora y pensó en cortarle la cabeza para entonces, contraer nupcias con una peor, esa era demasiada ironía.

No había forma que alguien como él tuviera buenos omegas, después de todo él era un ser despreciable. Louis no era tan mal omega, pero tenía prioridades e inteligencia para ser mucho más que un omega que mantiene en orden el palacio imperial.

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Louis se acercó a su marido en medio del llanto que rondaba la habitación del emperador, siendo el familiar más cercano y su cónyuge. El omega de ojos azules dejó su cachorra de un par de meses en los brazos de su hijo adoptivo Británico y se acercó a su ex-esposo, dejando un suave beso en sus fríos labios y luego cerró sus ojos.

Con una toga negra cubriendo su cuerpo y una palla cubriendo su cabeza, Louis recibió todas las condolencias por la muerte infortunada de su marido, que no sólo dejaba un vacío en Roma, sino también en la familia imperial debido a que le correspondía la crianza sólo de la cachorra de ambos.

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Los días de duelo fueron decretados con Harry a la cabeza, mientras el pueblo elevaba una plegaria en el templo a los dioses para que acogieran el alma del Emperador.

Louis debía aguardar diez meses completamente “solo”, para mantener la paternidad de Claudio en caso que hubiera quedado embarazado en los dos meses posteriores al nacimiento de Claudia y antes de su muerte.

Por el amor que le tenía la población Romana, le permitieron quedarse en el palacio imperial, después de todo, hasta esa fecha la única heredera por su género era Claudia Caesar, heredera del Imperio Romano; sin embargo, los senadores más conversadores continuaban rechazando a una alfa fémina.

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Cuando el nombre de Harry empezó a resonar entre los miembros del senado, Louis sonrió con la satisfacción de que todo parecía ocurrir favorablemente para ambos, aunque el requisito era que el alfa adoptara a un heredero, si no conseguía casarse, sin embargo, habían logrado un consenso de hacer una excepción por Louis.

Harry aceptó, no casarse con Louis hasta dentro de diez meses para distinguir la casta de cachorros que habían nacido del Emperador Claudio y los que nacerían del Emperador Harry, a pesar que el alfa renegara diciendo que los hijos de su hermano fallecido trágicamente eran suyos, lo cual resultaba ser cruelmente real, pues Claudia era suya.

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Cuando Louis observó la posesión del nuevo Emperador Romano, mientras él sostenía su cachorra, sintió aquel amor burbujeando en él. A su costado Británico se aferró a su blanca túnica y Louis le sonrió.

A él no le importaba en lo absoluto que las manos de Harry y las de él estuvieran empapadas de sangre para haber obtenido lo que querían; después de todo, había logrado todo: poder, gloria y amor.