Something is wrong [Jicheol • One Shot +18]

Summary

Algo anda mal en la relación que SeungCheol y Jihoon tienen, no sólo por lo rudo que suele ser el sexo, y la vestimenta de Jihoon que tanto excita a SeungCheol. -Contenido adulto 🔞 -One Shot. -No se aceptan copias y/o adaptaciones. -Historia de mi propia creación: SVTJicheol00017 -Pareja principal: JiCheol. 📌Fecha de publicación: 20 de enero del 2020. 📌Capítulo: único.

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n/a
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18+

🖤Something is wrong🖤

El trasero redondo y rosado por las fuertes nalgadas que recibía, rebotaban con los fuertes movimientos de las caderas de Seungcheol. Cada vez se empujaba con más fuerza hacia el interior, las pieles chocaban creando un sonido que excitaba demasiado al de cabellos negro, junto a esos fuertes gemidos que salían sin permiso de la boca del contrario. Respiraba pesadamente y sólo aumentaba el ritmo de sus embestidas para conseguir su orgasmo.

Jihoon llevaba un diminuto vestido en color rojo, que dejaba ver su redondo trasero cada vez que se paraba dándole la espalda a Seungcheol -eso era lo que más excitaba al mayor- su cabeza era adornada con una diadema con orejas negras peludas y a veces solía usar un plug con cola de gato, pero no era algo que le gustara demasiado. Para Seungcheol era inevitable excitarse si usaba aquel vestuario, lo hacía ver sexy, y si él lo pedía, también sucio y pervertido.

¡Ah ah ah~! Tu pene... es tan grande... ah~—gimió el pelirosa sin poder controlar lo que salía de su boca.

—Tranquilo gatito mmgh~— apretó el agarre de sus manos en su cintura —sé lo mucho que te encanta esto.

Sintió como un leve cosquilleo se acumuló en su pelvis, se inclinó sobre Jihoon, dejando su pecho sobre su espalda y aumentando el ritmo para conseguir su orgasmo. Golpeó tan duro y certeramente la próstata de Jihoon, que logró hacerlo correrse justo antes de que él lo hiciera en su interior. Jihoon gimió sonoramente y apretó sus puños en la sábana blanca, apretando los ojos al cerrarlos mientras dejaba escapar su esencia en el borde de la cama.

Los dos respiraron pesadamente, tratando de normalizarla antes de poder moverse. Seungcheol dejó un último beso en el hombro de Jihoon, y se levantó alcanzando los pañuelos sobre la mesa junto a la cama; se limpió y subió sus pantalones para luego abrocharlos. A Jihoon le temblaban las piernas, pero hizo el esfuerzo para levantarse y poder limpiarse adecuadamente.

Seungcheol lo observó atentamente, amaba ver su faldita sacudirse por sus movimientos al caminar. Se sentó en el borde de la cama y tomó su celular para sacar un par de fotos de ese precioso trasero que amaba torturar con nalgadas y algunas mordidas. Sonrió al ver a Jihoon quejarse mientras subía su ropa interior.

—Por favor, no las vuelvas a poner en tu perfil.

—¿Por qué no? A todos les gusta ver tu trasero.

Las mejillas de Jihoon se ruborizaron de enojo, él no quería que alguien más viera su trasero, pero su tonto hermanastro terminaba colgando alguna que otra foto de su trasero cuando tenían sexo; lo hacía desde una cuenta donde subía cosas random, a veces eran cosas de su universidad, así que era bastante popular ahí por su contenido totalmente variado, pero sólo sus dos amigos sabían de quién era ese perfil. A pesar de que estudiaban en universidades distintas, ese perfil también era popular en la universidad de Jihoon y obviamente nadie pasaba desapercibido ese trasero; fue así como Jihoon supo del segundo perfil que manejaba el pelinegro.

Negó y suspiró —no lo hagas, es vergonzoso— dijo molesto.

—Nadie sabe que eres tú, ni tampoco que soy yo quien publica las fotos, así que no tienes de qué preocuparte— siempre eran fotos de sus redondas nalgas, a veces de sus piernas o de su ropa interior junto a las faldas, jamás tomaba fotos más allá de eso, pero cuando lo hacía y lograba capturar la espalda o nuca de Jihoon, conservaba las fotos en secreto, incluso para Jihoon. Estiró una mano para hacer que Jihoon se acercara; el menor no dudó en hacerlo a pesar de lo molesto que estaba, subió sobre la cama, arrodillado a los costados de sus piernas. Seungcheol comenzó un fogoso beso, colando las manos por la falda y metiéndolas entre sus bragas —es hora de que te vayas— murmuró en medio del beso.

Una sonora nalgada lo hizo gemir al apartarse. —No lo hagas— repitió refiriéndose a la foto antes de salir de la habitación.

Hace dos años sus padres decidieron casarse sin el consentimiento de sus hijos, se habían enamorado en un viaje de negocios que tuvieron y decidieron casarse a los pocos meses de haberse conocido. Los presentaron dos semanas antes de la boda, cuando tuvieron una cena para dar la noticia, Jihoon quedó inmediatamente flechado por el apuesto hijo del señor Choi, pero, después de conocer la arrogante y engreída personalidad de Seungcheol, decidió que era mejor eliminar cualquier sentimiento por él.

Los dos no se llevaban tan bien, Seungcheol solía molestar mucho a Jihoon por su baja estatura y su complexión no tan masculina. La cosa empeoró un año después de comenzar a vivir juntos, cuando Seungcheol descubrió sus vestidos cortos, sus faldas y su fetiche por usar esas cosas de chicas.

—¿Tienes novia y olvidó toda su ropa aquí?— preguntó el pelingro cuando Jihoon entró a su propia habitación.

—¿Qué haces aquí? ¡Sal!— gritó enfadado.

—Tu mamá me mandó a buscar la sudadera que quieres que te arregle— levantó la mano donde tenía la prenda que fue a buscar.

—Ya la tienes, vete.

—Lo haré cuando respondas, ¿usas esos vestidos?— comenzó a caminar en su dirección, sin intención de detenerse.

La sonrisa lasciva y lo sensual de su voz puso nervioso a Jihoon —v-vete de aquí— dio dos pasos hacia atrás, queriéndose alejar del mayor, pero terminó siendo acorralado en la pared.

—¿Por qué no modelas algunos para mí?— puso una mano en la barbilla de Jihoon, y lo tomó fuertemente, acercando su rostro para que pudiera deslizar su lengua sobre los labios del pelirosa.

—L-largate— trató de que su voz fuera lo más firme que pudiera.

Después de aquel día, Seungcheol insistió con verlo con alguna falda o vestido, incluso iba a su habitación para molestarlo e insistirle. Jihoon no entendía para qué quería verlo así, ya le había dicho que nada en él formaba parte de sus gustos, prefería que los chicos fueran más dulces y menos gruñones e incluso más altos y varoniles que como era Jihoon. Pensaba en que seguramente quería verlo con aquellas prendas para burlarse de él.

Pasaron algunas semanas de insistencia, hasta que Seungcheol recurrió a algo más efectivo. Los dos estaban en la habitación del menor, Seungcheol sobre la cama y Jihoon sentado en su escritorio, tratando de hacer tarea, pero la molestosa voz de Seungcheol no lo dejaba.

—Si no me modelas tus vestidos le diré a todos en tu universidad que te vistes como niña.

Jihoon lo miró para fulminarlo con la mirada —hazlo— dijo retándolo.

En seguida Seungcheol tomó su móvil para teclear algo y Jihoon corrió para detenerlo, el menor sabía que SeungCheol tenía algunos contactos con personas de su universidad —¿vas a ponerte los vestidos?— lo miró apartando el teléfono antes de que Jihoon se lo quitara.

—Bien— dijo de mala gana— pero no ahora, si mi mamá me ve así va a matarme.

Seungcheol asintió levantándose de la cama del menor —le diré a mi papá que la lleve de fin de semana a la playa, así podremos pasar tiempo de calidad como hermanos— guiñó un ojo y salió de la habitación.

Jihoon estaba que se quería morir, que la tierra lo tragara profundamente y jamás lo dejara ir. La primera falda que consiguió era de su mejor amiga, tenía diecisiete años y fue cuando descubrió que le fascinaba cómo le quedaban; desde eso, siempre iban juntos para comprar faldas o vestidos. Pero ahora que Seungcheol sabía de su secreto, probablemente quemaría todas sus prendas para que jamás vuelva a burlarse de él.

Su mamá no estaba muy segura de ir todo el fin de semana a la playa sin los chicos, quería que todos fueran juntos, pero Seungcheol insistió en que sólo ellos dos debían pasar tiempo a solas, así les daba la oportunidad a él y a Jihoon de crecer sus lazos como nuevos hermanos. Fue así que en cuanto los dos adultos abandonaron la casa el sábado por la mañana, Seungcheol arrastró a Jihoon hasta su habitación.

—¿Para qué quieres que me los ponga?— preguntó mientras caminaban por el pasillo.

—Quiero sacarte unas fotos y burlarme de ti hasta que seamos ancianos— dijo con un tono burlesco.

Jihoon se dejó caer al suelo, negándose a ponerse sus vestidos. Seungcheol miró detrás de él y al verlo con ese ceño fruncido y ese pequeño puchero, sonrió y se acercó para tomarlo en brazos y cargarlo como un saco de papas. Jihoon pataleó, se negó y suplicó, pero no funcionó; llegaron a la habitación y Seungcheol lo aventó a la cama para luego acercarse al armario y tomar una de las faldas.

—Póntela— exigió cruzándose de brazos frente al menor.

Sin más remedio, Jihoon se la puso sobre sus pantalones deportivos —¿contento?— desvió la mirada y se cruzó de brazos. Repentinamente sintió las manos de Seungcheol bajar su pantalón, fue empujado ligeramente para que cayera sobre la cama y pudiera deslizar la prenda por sus piernas para quitárselo.

—Levántate y da una vuelta— retrocedió dos pasos para mirarlo mejor —¿qué esperas?

El pelirosa suspiró y se puso de pie para hacer lo que le pidió. Dio una vuelta lentamente, dejando que Seungcheol admirara las curvas que se creaban en su cintura y cadera por la falda verde pastel. Al darle la espaldas, se detuvo cuando Seungcheol se lo pidió, la falda era lo suficientemente corta como para dejar que sus bóxers ajustados se vieran.

—¿Con qué ropa interior usas tus faldas?

—Bragas, ¿por qué? ¿Quieres mirarlas?— dijo con algo de sarcasmo, pero al escuchar el silencio, miró hacia atrás y el rostro de Seungcheol sugería que de verdad quería mirarlas —es una broma, ¿cierto?

Seungcheol negó —póntelas.

Jihoon suspiró sonoramente y se acercó a su cajón de ropa para sacar del fondo las bragas que ocultaba. Sin dar la vuelta, ni pensar en que sería observado por su hermanastro, deslizó el bóxer por debajo de la falda y los quitó para ponerse a cambio las bragas de encaje color beige.

El pelinegro pudo ver el trasero de Jihoon cuando levantó ligeramente la falda al subir las bragas y acomodarlas. Esperó que Jihoon regresara y le hizo una seña para que diera la vuelta nuevamente.

Una vez más, Jihoon giró con lentitud y se detuvo cuando le dio la espalda al mayor —¿ahora si estás contento?

—Lo estaré cuando tenga mi pene entre esas nalgas.

El pelirosa no se dio cuenta del momento en el que Seungcheol se acercó a él hasta que sintió sus manos después de haber dicho aquello, se deslizaron por sus muslos hasta meterse debajo de la falda y acariciar con suavidad la piel de sus nalgas que no eran cubiertas por las bragas. Jihoon se estremeció, pero intentó alejarse del pelinego. Las manos de Seungcheol eran más fuertes y apretaron su cadera para impedirle que se moviera de su lugar.

La respiración de Seungcheol ya era pesada, y chocaba contra el cuello de Jihoon, donde sus labios comenzaron a dejar húmedos besos. Sonrió cuando consiguió que un gemido saliera de los labios de su hermanastro, una de sus manos se coló por la camisa del menor hasta llegar a su pezón y jugar con él mientras su lengua se deslizaba por su cuello y la otra mano en su trasero.

Desde que Jihoon se deshizo de su pantalón, Seungcheol se colocó duro como una roca, cosa que empeoró al ver las bragas subiendo por sus piernas. Sus caderas comenzaron a empujarse hacia adelante, haciendo chocar su pene con el trasero de Jihoon. Harto de la prenda en el torso de Jihoon, se deshizo de la camisa para dejar marcados besos en su espalda, la piel cambiaba de color cuanto dejaba que sus labios succionaran de más la zona.

Jihoon quería evitar gemir, no quería darle la satisfacción de que lo estaba disfrutando, cuando era muy evidente que sí lo estaba haciendo. Una de sus manos se aferró a la cama delante de él, cuando las falsas embestidas lo empujaron hacia adelante, y la otra cubrió su boca conteniendo los gemidos. Sus mejillas estaban sonrojadas por el calor que había en la habitación y el sudor se acumulaba en sus cuerpos.

Seungcheol deslizó sus pantalones hacia abajo junto a su ropa interior, deslizando su pene entre las nalgas de Jihoon y humedeciendo las bragas. La falda se había deslizado ligeramente hacia arriba, dejándole la perfecta vista al mayor para admirar ese precioso trasero. Levantó un poco la ropa que cubría entre las nalgas, frotándose entre la piel y la tela y dejando escapar jadeos por lo excitante que era la imagen que tenía a la vista. No desaprovechó la oportunidad y capturó aquella imagen, olvidando que su teléfono tenía el sonido alto y Jihoon pudo escuchar la fotografía ser tomada.

—¿Qué haces?—miró hacia atrás, pero no podía ver lo que ocurría.

—Me gusta tu trasero— no dudó en confesarlo —así que acostúmbrate a que le tome fotos más seguido.

Jihoon rodó los ojos e inclinó su trasero hacia atrás —¿quieres apresurarte y meter tu pene?— abrió los ojos en par al darse cuenta de lo que había dicho, sus mejillas enrojecieron más, así que miró hacia el frente queriendo ocultarse.

Seungcheol sonrió contento de escuchar aquello y humedeció sus dedos para comenzar a dilatar la pequeña y rosada entrada. Los gemidos de Jihoon no tardaron en salir, sus dedos eran más grande que los del pelirosa, así que aquella intrusión fue más placentera y dolorosa. No dudó en mover sus dedos de adentro hacia afuera con rapidez, descubriendo que Jihoon amaba que fuese rudo con él.

Eventualmente los dedos fueron remplazados por el pene de Seungcheol. El pelinegro no se deshizo de las prendas restantes de Jihoon, pues le excitaba verlo con esa falda y deslizar la braga hacia un lado para que su pene tuviera la accesibilidad al trasero del pelirosa. Las embestidas fueron fuertes desde el inicio, golpeando el trasero y queriendo hundirse mucho más, sus manos se aferraban a la diminuta cintura y amaba ver esa falda sacudirse ligeramente por los movimientos certeros de sus caderas. Sin dejar que ninguno de los dos llegara a su orgasmo, SeungCheol se separó del menor, y sonrió al ver esa cara de confusión y descontento por no continuar con lo que estaba haciendo. Se deshizo de toda su ropa antes de subir a la cama y palmear su muslo derecho.

—Ven y móntame— su voz ronca y sensual lograron que las piernas de Jihoon temblaran.

Sin dudarlo, Jihoon se arrastró desde el borde de la cama hasta el cabezal, donde se encontraba sentado su hermanastro. Sus rodillas quedaron a los costado de SeungCheol, tomó de su pene con una mano y lentamente fue bajando por la extensión, soltando un largo y sonoro gemido; su cabeza se tiró hacia atrás por el placer, manteniéndose quieto por un momento al comenzar a sentir unas manos paseándose por los costados de su torso y una húmeda lengua dejando su rastro muy cerca de sus pezones. Tenía la intención de comenzar con los pequeños saltos, pero al bajar la cabeza y ver la excitada cara de SeungCheol, se arrepintió.

—No quiero verte la cara— dijo de mala gana.

—Entonces date la vuelta.

—¿Por qué no me seguiste follando? No quiero hacer el trabajo yo— formó un pequeño puchero en sus labios.

—Porque quiero verte perder el control.

Colocó una mano en el rostro del mayor y lo empujó ligeramente —te odio— murmuró pero se levantó de su regazo para dar la vuelta y volver a bajar por el pene de manera lenta, prestando atención a las sensaciones que recorrían su cuerpo. Colocó las manos sobre la cama, entre las piernas de Seungcheol, para tener un soporte y comenzar a subir y bajar sobre el miembro.

SeungCheol amó mucho más aquella vista, en la que podía apreciar la pálida piel de su espalda y donde podía ver rebotar ese redondo trasero junto a la pequeña falda, la cual era de su color favorito aunque Jihoon no lo supiera. —Ah~ Jihoon... eres tan bueno— gimió por lo bien que lo estaba haciendo el pelirosa.

Con el tiempo pasando y la excitación subiendo, Jihoon perdía el control de sus saltos, siendo más errático en sus movimientos y soltando gemidos que en ocasiones pronunciaban el nombre de SeungCheol. —Aaahh~ Cheol~— terminó corriéndose cuando el pelinegro deslizó una mano hacia su miembro, comenzando a masturbarlo al ritmo de las estocadas. Jihoon contrajo su interior, apretando el pene de Seungcheol y con su agudo gemido, logró extasiarlo hasta el punto de hacerlo soltar todo su semen en el interior de Jihoon.

Los dos se quedaron en esa posición, mientras sus respiraciones se tranquilizaban y trataban de analizar lo que recién había pasado.

—Esto...— suspiró —no debe volver a pasar— dijo Jihoon levantándose del regazo de SeungCheol para derrumbarse en la cama a su lado.

—¿Por qué no?— preguntó no muy contento de lo que había escuchado.

—Somos hermanos ahora, esto no es correcto.

—¿Y qué? No somos hermanos de sangre. Vamos, sólo será sexo sin compromiso; cuando uses esas faldas, no serás Jihoon, serás...— tardó unos cuantos segundos pensando en el apodo que le pondría —serás Woozi, la zorra que ama que la azoten.

Jihoon frunció el ceño —ni te atrevas a llamarme así durante el sexo o te dejaré con las ganas a la mitad.

SeungCheol río —está bien, sólo serás Jihoon, mi pervertido hermanastro.

—Como quieras— rodó los ojos y trató de ocultar una sutil sonrisa.

Esa tarde tuvieron varias rondas, en distintas posiciones para que SeungCheol descubriera la posición en la que el trasero de Jihoon se veía más excitante, logrando encontrar la posición perfecta. La relación como hermanos también mejoró gracias al sexo, cuando tomaban descansos antes de continuar o cuando terminaban, hablaban de cualquier cosa, se conocían contando historias de cuando eran más pequeños, o contando su día a día.

Ahora que llevaban un año teniendo sexo demasiado seguido, sus padres no sospechaban nada y en la universidad ni sus mejores amigos lo sabían, para los dos no era nada importante que tuvieran sexo entre ellos, así que no valía la pena que contaran su vida sexual. Además nadie imaginaba que Jihoon, uno de los chicos más gruñones e intimidantes del plantel usara faldas y dejara que su trasero fuera marcado por alguien, agradecía que nadie supiera que ese perfil donde sus foto eran publicadas, era de SeungCheol y que nunca le dijera a sus amigos quien era el chico de sus fotos, porque aunque lo presumía ahí, sólo él podía tocarlo y disfrutar de tenerlo cuando quisiera.

Seungcheol posteó la foto del trasero de Jihoon con el vestido rojo en cuanto el menor salió de la habitación, aunque le pidió que no lo hiciera, igual lo hizo. Algunas personas dejaban comentarios en las fotografías, preguntando de quién se trataba, si estudiaba en la universidad, o si era alguien que conoció en otro lado, algunas otras personas preguntaban de qué película pornográfica había sacado la fotografía cuando a veces la tomaba mientras su pene estaba dentro del menor.

—¿Cuándo dirás quién es el chico de tus fotos?— preguntó Vernon mirando la última fotografía del perfil falso de Seungcheol; él y Jun eran los únicos que sabían de ese perfil.

—¿Cómo sabes que es un chico?— siguió mirando su apuntes, se supone que tenían un examen en menos de una hora y ellos no habían estudiado nada.

—Nunca he visto por aquí a una chica con el trasero de esa magnitud— levantó una ceja sugestivamente —¿es Seungkwan?

—¿Qué?— levantó la mirada, con algo de confusión, pero la regresó en lo que trataba de leer.

—¡Vamos! Esos pantalones ajustados que marcan muy bien su enorme trasero, luce similar al de las fotos. Aunque parece ser un poco más grande en persona— murmuró lo último pensando en aquel chico de su clase de historia de la cinematografía —¿entonces, quién es?

—¿Para qué quieres saberlo?— respondió desinteresado.

—Pensé que tal vez podrías compartirlo; por que si es Seungkwan, de verdad me encantaría meterle mi...

—¡Basta!— Seungcheol levantó la cabeza de su libreta, mirando con el ceño fruncido a su amigo —nunca te diré quién es, ni lo compartiré con nadie— refunfuñó —tendré que dejar de subir fotos de él— murmuró para sí mismo, pero terminó siendo escuchado.

—Aaah— expresó entendiendo la situación —no es sólo sexo lo tuyo con ese chico— Seungcheol dio un gemido de queja, sin responder lo que Vernon dijo —dime, ¿son novios, o sólamente es sexo sin compromiso, pero terminaste enamorándote?

—¿Quieres callarte y dejarme estudiar?

Vernon sonrió —lo tomaré como un sí a la segunda opción.

En realidad, Seungcheol no se enamoró de Jihoon por tener sexo, siempre le pareció atractivo aunque lo negara, aunque le dijera que estaba enano, feo, que era poco varonil y que no entraba en sus gustos. Había sido un inocente flechazo, algo que pensó que después de algunas semanas de estar viviendo juntos ya no sentiría, pero fue todo lo contrario, sobre todo cuando lo vio desnudo.

En aquella ocasión ya habían pasado como siete meses desde que comenzó a vivir con Jihoon y su mamá, le encantaba molestarlo porque le parecía tierna su cara de enfado, así que no dudó en jugarle una pequeña broma cuando el menor salió de la ducha. Ambos iban caminado por el pasillo, Jihoon sólo llevaba una toalla enrollada en su cintura, usualmente no salía así después de ducharse, pero aquel día lo hizo. Al pasar junto a Seungcheol, este tiró de su toalla desde la parte de atrás, haciendo que cayera al suelo y lo dejara completamente desnudo.

Jihoon gimió en sorpresa y giró la mitad de su cuerpo para mirarlo —Ja. Ja. Ja. Qué maduro eres Seungcheol— se volteó y recogió su toalla, enseñando todo su trasero al mayor al hacerlo.

El cuerpo de Seungcheol reaccionó al instante, y no pudo quitar la mirada de ese precioso trasero que se meneaba al caminar por el pasillo, porque si, Jihoon no se colocó la toalla para regresar a su habitación. Quedó paralizado y enamorado al ver lo perfecto que era su nuevo hermanastro desnudo, sólo pudo moverse para regresar a su habitación y terminar con su tortura, mientras reproducía en su mente una y otra vez el cuerpo de Jihoon.

El pelinegro regresó a casa después de su examen, pensando en aquella ocasión y deseando volverlo a ver salir de la ducha, con el cuerpo húmedo, y su respingado trasero meneandóse al caminar.

—Ya no podemos tener más sexo— dijo Jihoon dando vuelta en la silla giratoria de su escritorio

SeungCheol, quien recién había entrado a la habitación, se quedó de pie en la entrada —¿tu mamá ya lo sabe?— al ver a Jihoon negar, continuó —entonces sí podemos seguir— dio un paso dentro de la habitación y cerró la puerta. Sus padres llegaban tarde del trabajo, así que les daba al menos para hacerlo por una hora.

Usualmente cuando lo hacían en la habitación de Jihoon, era porque SeungCheol andaba de calenturiento y terminaba escogiendo el outfit que usaba Jihoon; así que se acercó al armario y destrabó la puerta que Jihoon le había dicho a su madre que se rompió para que no abriera esa sección y viera los vestuarios.

—¿Sabes que hay más razones que esa para que ya no sigamos con esto?

—Ponte este— sacó una falda de color azul marino, era un poco más corta que el resto.

Jihoon frunció el ceño, había sido ignorado completamente —mañana voy a tener una cita con JeongHan y sus amigos me dijeron que va a pedirme que sea su novio.

—¿Y? No tiene porque enterarse de esto.

—¿Estás loco? Yo no soy de infiel como tú. Por eso SoonYoung te odia.

—Bueno, ya está, descubrió que tenía sexo con alguien más y se fue— se encogió de hombros —ahora ponte esto— extendió la prenda.

—¿Es que a caso no entiendes?— parecía más molesto de lo usual. En ese momento el teléfono de Jihoon sonó sobre el escritorio, rápidamente contestó al ver que se trataba de JeongHan —hola Hannie.

SeungCheol se cruzó de brazos con el ceño fruncido.

—No, no estoy ocupado— dijo a través del teléfono esperando que JeongHan le dijese algo. —Claro, puedo verte ahora— sonrió olvidando que era observado por el pelinegro, quien le arrebató en ese instante el aparato —¡Hey!

—No, no puede, está ocupado y ya tiene novio— colgó la llamada en ese momento, dejando desconcertado a JeongHan al otro lado de la línea.

—¡¿Estas loco?! Ahora va a creer que sólo he estado jugando con él— ya estaba demasiado alterado.

—Excelente, así te deja de molestar, y seguiremos teniendo sexo.

—¿Qué es lo que quieres? ¿Por qué haces esto?

SeungCheol suspiró —creí que después de un año te darías cuenta.

—Tú...

—Olvídalo, ya no tengo ganas— dio la vuelta dejando la falda sobre la cama y saliendo de la habitación.

Jihoon fue a su encuentro con Jeonghan, disculpándose por la llamada, diciendo que sólo era su tonto hermanastro jodiéndole la vida. A Jeonghan no le importó, conocía a Jihoon para saber que no era de esos chicos que conquistaban a dos al mismo tiempo; cosa que era cierto, pero no le quitaba lo de sentirse culpable por tener sexo con Seungcheol mientras Jeonghan trataba de ser su novio.

SeungCheol comenzó a ignorarlo después de aquello, ya no hablaba con él, ya no le pedía que se pusiera los vestidos o las faldas, pasaba menos tiempo en casa; pero cada vez que sus miradas se cruzaban, lo miraba intensamente. Creyó que no iba a extrañarlo, que comenzaría a sentirse cómodo al hablar con JeongHan y no tener que ocultarle lo que hacía con SeungCheol, pero lo que más extrañaba era el sexo; a pesar de que era rudo, y que debía usar esas faldas que a veces se volvían incómodas para él, le encantaba y le excitaba más cuando SeungCheol se volvía loco y metía sus manos debajo de la falda para darle fuertes nalgadas.

Pasadas algunas semanas, descubrió que Seungcheol también lo extrañaba, pensó que buscaría a alguien más para deshacerse de sus deseos, pero una noche al llegar tarde a casa lo descubrió masturbándose. Tenía la puerta de su habitación abierta, y al pasar para ir a la suya, pudo verlo sobre la cama con los pantalones abajo y su miembro en su mano.

Seungcheol sabía que Jihoon estaba ahí observándolo, pero no fue hasta llegar al climax que lo miró con deseo, colocándolo nervioso y haciendo que se fuera de inmediato a su habitación. En cuanto las ganas de tener su pene en el trasero de Jihoon se hicieron presentes, planeó encontrar a otro chico con quien desahogar sus deseos, pero ninguno lo excitaba como Jihoon lo hacía, así que tiró a la basura ese plan. Prefería llegar a casa y masturbarse pensando en todas las veces que había tomado a Jihoon, y viendo alguna que otra de sus fotografías.

Después de dos meses de relación con JeongHan, Jihoon lo invitó a su casa cuando no había nadie más, no estaba listo para presentarlo a sus madre y sabía que el padre de Seungcheol no estaba muy a favor de los homosexuales, pero a él lo aceptaba por ser el hijo de su amada, sin saber que su hijo también lo era. JeongHan se acomodó sobre la cama, bastante contento porque sabía lo que una casa vacía significaba; Jihoon se notaba nervioso, así que trató de calmarlo comenzando a besar su cuello, mientras una mano se deslizaba por su muslo.

Jihoon le dio más acceso a su cuello, pero frunció el ceño al darse cuenta de que aquellos besos no eran nada parecido a los demandantes besos de SeungCheol, estos eran suaves y dulces, como si no quisiese que Jihoon se rompiera. JeongHan estaba siendo demasiado cuidadoso con sus movimientos, lo acariciaba con suavidad y sus besos parecían pedir permiso cada vez que avanzaban a una nueva zona. Jihoon prefería la rudeza, que lo dominaran y que hicieran con él lo que quisiesen, pero no quería dar ese detalle y que al final, JeongHan no le gustara lo sumiso que es en la cama.

Pasaron varios minutos incómodos para el pelirosa, donde tuvo que soportar toques y besos que no estaba disfrutando. JeongHan pensó que con aquellos besos Jihoon ya estaría duro, pero al tocar su miembro, pudo darse cuenta que no causó ni una reacción. —¿Estás incómodo?— preguntó apartándose de su novio.

—N-no— bajó la cabeza, no quería mirarlo —sólo no estoy listo.

JeongHan asintió —está bien, podemos hacer otra cosa— sonrió.

Jihoon asintió y optaron por ver alguna película, cada uno sentado al extremo de la cama para que las tentaciones del mayor no se hicieran presentes y Jihoon tuviera que rechazarlo una vez más. La puerta de la habitación quedó abierta en una ocasión cuando JeongHan fue al baño del pasillo, así que al estar acostado boca abajo al pie de la cama, Jihoon pudo ver a SeungCheol entrar a su habitación y quedarse en la puerta, donde se miraron por un largo rato. Pudo notar la intención de SeungCheol de ir a su habitación pero se detuvo en cuanto escuchó la risa de JeongHan, frunció el ceño y se encerró en su habitación.

JeongHan vivía un poco lejos, así que decidió irse temprano. Jihoon lo despidió en la puerta y regresó a su habitación, dándose cuenta de que aún era temprano para que alguno de sus padres regresara del trabajo; abrió la puerta de su armario, la que estaba descompuesta y miró todos sus vestidos, hace dos meses que no tenía sexo, y sentía esa necesidad de ser manoseado por SeungCheol.

Aún recordaba la imagen de Seungcheol mientras se masturbaba, envíando una señal directa a su entrepierna y endureciéndolo. Tomó la falda azul marino que SeungCheol había escogido cuando terminaron con todo eso, era nueva así que el mayor aún no tenía la oportunidad de verla en el cuerpo de Jihoon. Decidido, se colocó la falda junto a unas bragas negras, eran de un suave encaje, que no dejaba nada a la imaginación. Respiró hondo y cruzó a la habitación de enfrente.

SeungCheol estaba sobre su cama viendo la televisión y no pudo evitar recorrer con su mirada las piernas de su hermanastro. —¿Así recibiste a tu novio?— preguntó regresando la mirada a la televisión.

Jihoon no respondió, pero se acercó a la cama para subir sobre el regazo de SeungCheol, tomando y guiando las manos del mayor hacia su trasero por debajo de la falda —extraño que me toques— no dudó en decir.

SeungCheol comenzó a moldear y masajear con sus manos el redondo trasero, haciendo que Jihoon soltara suaves jadeos —¿qué hay de tu novio?

—Terminaré con él.

—¿Sólo porque extrañas el sexo conmigo?— Sonrió propinándole un suave nalgada.

Jihoon gimió suave —n-no es sólo el sexo, te extraño a ti.

SeungCheol puso una mano en el cuello de Jihoon, atrayéndolo para besarlo con intensidad en los labios. Su sabor era dulce y sus labios suaves, se había vuelto adicto a esos labios desde el primer instante en el que los probó y ahora que había estado en abstención por un tiempo, se volvió loco besándolo de manera posesiva y demandante, tal como a Jihoon le gustaba. Los jadeos no fueron contenidos en ni un solo momento, las manos de los dos se deslizaban por el cuerpo contrario para acariciar con prisa y emoción, estimulando cada parte, erizando sus pieles y disfrutando de la ligera rudeza que había en sus movimientos.

Las caderas de Jihoon no pudieron quedarse quietas por mucho tiempo, se movían de atrás hacia adelante sobre el ya endurecido pene de su hermanastro. El ruido de sus labios y sus lenguas deslizándose juntas lo hacía perder las cordura —p-por favor...— sus palabras salieron en un hilo de voz cuando tuvo que separase de los labios contrarios para respirar —quiero tu pene dentro— murmuró sobre sus labios.

SeungCheol deslizó sus manos en el interior de las bragas, dispuesto a complacerlo. Pero tuvieron que separarse de inmediato, con sus rostros asustados, enrojecidos y preocupados de lo que pasaría de ahora en adelante.

—¡Jihoon! ¡SeungCheol! ¿Qué demonios están haciendo?— preguntó la mamá de Jihoon aterrada —¿qué es eso que traes puesto Jihoon?

—M-Mamá...

—Tienen cinco minutos para bajar a la sala y explicarme esto, y Jihoon cámbiate esa cosa— dio la vuelta y salió de la habitación, parecía más asustada que enfadada.

Jihoon y SeungCheol se miraron preocupados, respiraban rápido y no sabían si era por los besos y la falta de aire, o si era la adrenalina que les causó el susto por ser descubiertos. Habían estado tan sumergidos en el placer, en los besos, en las caricias, y en los sonidos obscenos que sus labios soltaban, que nunca escucharon a la madre de Jihoon llegar a casa. No tenían palabras en esos momentos, así que Jihoon salió de la habitación lo más rápido que pudo para ponerse nuevamente sus pantalones.

SeungCheol bajó las escaleras arrastrando los pies, no temía de la mamá de Jihoon, pero le aterraba que fuese capaz de decirle a su padre, no sabía la exacta reacción que tendría, pero sabía que iba a ser malo si sabía que era gay y que para el colmo, había terminado enrollado con Jihoon. No fue capaz de mirarla cuando llegó a la sala, se sentó frente a su madrastra y decidió mirar hacia el piso; en pocos minutos Jihoon se encontraba sentado junto a él, lo suficientemente lejos para no meterse en más problemas.

—¿Qué es lo que estabas pensando Jihoon?— fue lo primero que dijo su mamá, su tono era elevado, casi enojado —te he permitido muchas cosas, y creo que ese fue mi error— negó con decepción —sabes que te amo, y que no me importa que te gusten los chicos, pero no puedo permitir que ustedes tengan algo juntos, además no sabía que usabas faldas, ¿por qué las usas? Esas cosas no son para chicos— hacía preguntas, pero no los dejaba responder. —Díganme que es la primera vez qué pasa.

Los dos negaron en silencio, sin ser capaces de mirarla a los ojos.

—¡Dios!— expresó con preocupación —¿qué tan lejos han llegado?— el silencio en la habitación le hizo saber que han llegado demasiado lejos. —Voy a tener que decirle a tu padre, SeungCheol.

—No, por favor, no lo haga, él no entenderá— dijo rápidamente levantando la mirada.

—¿Entender qué?— la mirada que SeungCheol le dio a Jihoon, le hizo saber que había sentimientos de por medio —no, chicos, ustedes no pueden enamorarse.

—¿Por qué no?— esta vez replicó Jihoon, mirando a su madre por primera vez en todo el rato.

—Son hermanos...

—No es cierto— interrumpió con algo de enfado —ustedes se casaron y a nosotros no nos tomaron en cuenta, prácticamente nos obligaron a vivir juntos.

Antes de que pudiera decir algo más, la puerta de la entrada principal fue abierta. Los corazones de los dos se aceleraron, más el de Seungcheol por el miedo a que su padre supiera lo que estaba pasando.

—¿Qué sucede?— preguntó con una diminuta sonrisa.

La mamá de Jihoon suspiró y no dudó en delatarlos —los encontré besándose.

El papá de Seungcheol los miró a ambos, su expresión era neutra, no sabían si estaba enfadado, preocupado, o si simplemente no le importaba nada. Se acercó hasta su hijo, lo hizo levantarse bruscamente y le dio una fuerte cachetada que lo hizo caer nuevamente al sillón. La mamá de Jihoon cubrió su boca asustada, mientras Jihoon tuvo la intención de acercarse al mayor y verificar que estuviera bien.

—Tú no te acerques— le dijo a Jihoon con voz firme y fuerte —a ti no te doy una sólo porque no eres mi hijo— escupió las palabras como si en todo el tiempo en el que llevaban viviendo juntos, nunca le hubiera pedido a Jihoon que lo llamara padre en lugar de su nombre. Dio la vuelta y miró a su esposa —te dije que Jihoon era una mala influencia para Seungcheol, no debiste permitirle que le sigan gustando los chicos, debiste corregirlo— dicho eso, tomó sus cosas y se marchó a su habitación, sin decir nada más.

—Lo siento— murmuró la mamá de Jihoon.

Seungcheol empuñó sus manos y contuvo las lágrimas, sin mirar a Jihoon se encerró en su habitación con seguro.

Jihoon y su mamá se miraron, el menor negó y se fue a encerrar de igual manera.

Jihoon: ¿Te encuentras bien?

No sabía si Seungcheol contestaría el mensaje, pero al menos debía saber si se encontraba bien, y si no le había dañado demasiado la fuerte cachetada. Esperó con impaciencia, pero después de cinco minutos obtuvo respuesta.

Seungcheol: ¿Tu qué crees?

Jihoon: Lo siento, fue mi culpa. Si hubiera resistido mis impulsos, ellos no lo sabrían ahora.

Seungcheol: No importa, igual iban a saberlo tarde o temprano.

Jihoon: ¿Qué crees que nos hagan?

Seungcheol: No sé.

Jihoon estuvo removiéndose en su cama la primera parte de la noche, incluso cuando escuchó el silencio invadir la casa, se supone que debía dormir como todos, pero simplemente no podía. Se levantó de su cama y con mucho cuidado y sin hacer ni un solo ruido, cruzó a la habitación de enfrente; agradecía que SeungCheol no haya puesto el seguro en la puerta, para que no tuviera que golpear o llamar al mayor para que le abriera.

SeungCheol tampoco podía dormir, así que sus miradas se conectaron en cuanto Jihoon cerró la puerta —¿qué haces aquí?— preguntó en un susurro.

Jihoon no respondió, y se metió a la cama entre las sábanas de SeungCheol —no podía dormir.

—¿Y tu mejor solución fue venir aquí?

—Quiero abrazarte— sin esperar repuesta, se acercó al cuerpo de Seungcheol para abrazarlo, metiendo sus manos debajo de la ropa y sintiendo la cálida piel.

SeungCheol gimió por lo frío que estaban sus manos, pero dejó que las mantuviera adentro de su ropa. Finalmente los dos pudieron conciliar el sueño, que solos no conseguían. La noche pasó demasiado rápido para los dos, desde muy temprano fueron despertados por la mamá de Jihoon, o la menos hubo la intención de despertarlos, pues había ido a visitar a su hijo y no estaba en su cama. Con preocupación, llegó rápido hasta la de SeungCheol, encontrándolos acurrucados en la cama, suspiró porque sabía que había amor entre ellos, y era algo que nadie cambiaría.

—Jihoon, vamos, levántate, no puedes estar aquí.

Era tan temprano, que ninguno despertó, SeungCheol se removió en la cama apretujando más el cuerpo de Jihoon a su pecho, como si los dos supieran que ahí es donde pertenecen. Nuevamente hizo el intento de separarlo logró hacer que Jihoon se levantara y caminara adormilado hasta la otra habitación, dejando a SeungCheol con frío en su cuerpo, aunque estaba cubierto por las sábanas.

Tanto Seungcheol como Jihoon no supieron en que momento fueron separados, pero no querían salir de sus habitaciones y ver a ninguno de sus padres, ni mucho menos escuchar los gritos que ahora estaban dándose, todo porque ambos tenían pensamientos distintos con respecto a lo que harían con los dos. Abrieron las puertas de sus habitaciones al mismo tiempo y se miraron fijamente, Jihoon pudo ver el moretón que tenía en el ojo, no tenía idea que la cachetada terminó en su ojo y no en su mejilla.

—Buenos días— murmuró con un poco de miedo.

—Buenos días— contestó Seungcheol, dibujó una pequeña sonrisa para darle ánimos al menor, aunque sabía que no sería suficiente para hacerlo sentir mejor.

Jihoon miró hacia las escaleras, los gritos de su mamá y el papá de Seungcheol se escuchaban con más fuerza. Regresó la mirada a Seungcheol y se acercó rápidamente para dejar un beso en su mejilla —deberías usar un parche, te verás menos feo así— sonrió suavemente haciendo sonreír también al mayor.

Seungcheol asintió y dejó que Jihoon bajara primero las escaleras.

Los gritos se detuvieron en cuanto los adultos vieron a Jihoon asomarse por el comedor, el desayuno estaba servido y los dos estaban sentados en sus lugares. Jihoon se acercó con timidez y tomó su lugar en la mesa, con la cabeza hacia abajo y mirando únicamente su plato. En pocos minutos Seungcheol llegó, tuvo la intención de sentarse a desayunar, pero fue detenido.

—Busca otro lugar donde comer— dijo su padre sin verlo y llevando un bocado a su boca.

La mamá de Jihoon lo miró feo, antes de mirar a Seungcheol y decirle con la mirada que debía obedecer si quería que las cosas resultaran mejor. Seungcheol suspiró y tomó su plato, pero nuevamente lo detenían en sus acciones.

—Antes de que te vayas— dijo su padre —no quiero verlos cerca el uno del otro, instalaré cámaras y los vigilaré de ahora en adelante.

—¿Y sino, qué?— preguntó Seungcheol con enfado.

—¿Quieres que te deje el otro ojo morado?— levantó la cabeza para mirarlo a los ojos.

—Ya no tengo hambre— asentó el traste sin cuidado, casi rompiendo el plato y salió de casa para ir antes a la universidad.

Para los dos jóvenes fue toda una tortura, no porque no pudiesen tener sexo, besarse, tocarse, hablar, o estar juntos, porque si querían estar juntos, lo único que hacían era verse fuera de casa. Seungcheol lo pasaba a buscar después de sus clases, se veían, hablaban y cuando estaban lejos de la universidad y de cualquiera que pudiese verlos, se agarraban de las manos sutilmente y se besaban en los labios.

—Jihoon— llamó JeongHan en la puerta de la universidad al verlo salir.

Jihoon se detuvo y miró a su lado, se había olvidado completamente de él, hace una semana fue lo ocurrido, y desde entonces no volvieron a hablar —Hannie, ¿qué sucede?— se acercó al mayor, diciéndole a su amigo, con quien iba caminado, que lo esperara un poco.

—¿Te incomodé mucho cuando fui a tu casa?

—N-no, ¿por qué?

—No has respondido mis mensajes, ni mis llamadas y por los pasillos casi no nos vemos.

Jihoon suspiró —seré sincero contigo.

—Vamos a terminar, ¿verdad?— vio a Jihoon asentir y suspiró —no era lo que querías, ¿cierto?— una vez más vio a Jihoon mover su cabeza —está bien, terminemos. Si algún día necesitas de mí, no dudes en llamarme, pero no esperes que sea para que regresemos.

—Lo siento— murmuró y lo vio alejarse.

—¿Por qué estos días ha venido tu hermanastro por ti?— preguntó Seokmin acercándose a su mejor amigo, viendo hacia el estacionamiento del plantel, justo al lado contrario de donde miraba Jihoon.

El menor se giró y pudo ver a Seungcheol parado afuera, entretenido en su celular y aconchado en un árbol en el estacionamiento —nos hicimos bastante unidos.

—Siempre te quejas de él y lo muy molesto que es.

—Sigue siendo molesto, pero ahora es divertido— se encogió de hombros.

—Dime que no te enamoraste de él— Seokmin lo miró, esperando por la facción de su rostro que lo delataría.

—¿Y si lo hice, qué? ¿Es un delito amar a una persona?

—Jihoon, es tu hermano.

—No es mi hermano, sólo nuestros padres se casaron. Yo no quería que mi mamá lo hiciera, sé que mi padre fue un idiota al dejarnos por una mujer más jóven, pero yo no quería otro padre, ni mucho menos un hermano tan apuesto.

Seokmin rió ligeramente —¿y qué hay de Seungcheol?

—Él tampoco quería, su mamá murió y a los cinco años su papá encontró un reemplazo.

—¿Él también está enamorado de ti?

Jihoon asintió —yo no lo sabía, pero me lo hizo saber el día que JeongHan y yo nos hicimos novios.

—Por eso no estabas contento— intuyó Seokmin. Jihoon siempre hablaba de Jeonghan y lo apuesto que es; para él, los sentimientos de su amigo por el mayor eran como los de un fan hacia un idol, por eso no le extrañó que duraran tan poco y que tuviera que verlos romper.

Los dos comenzaron a caminar en dirección hacia Seungcheol, Jihoon odiando que siempre hubieran chicas hablando de él y murmurando a su alrededor, aunque el pelinegro no levantara la vista de su móvil.

—Hoy tengo que ir a casa de Seokmin— dijo Jihoon parándose frente al mayor.

—Hola— saludó con una gran sonrisa.

Seungcheol hizo un gesto de saludo, levantando las cejas y moviendo ligeramente su cabeza hacia arriba —los acompaño hasta la estación.

Jihoon asintió y continuó hablando con Seokmin sobre el trabajo que debían realizar para entregar al día siguiente, mientras Seungcheol caminaba detrás de ellos y oía la animada voz de su hermanastro. Luego de varias cuadras hacia la estación de trenes, Seungcheol creyó que sería bueno visitar a Vernon un rato, vivía por el lugar, así que podía desviarse un rato antes de llegar a casa.

—Me quedaré con Vernon un rato— dijo llamando la atención de los más jóvenes.

Jihoon asintió, se acercó a él y se paró de puntitas para besar sus labios, dejando a Seungcheol congelado. Se supone que los besos sólo eran entre ellos, nadie más debía verlos —Seokmin me descubrió— susurró para que sólo fuera escuchado por él.

Seungcheol asintió, estando ahora más tranquilo —de acuerdo— dijo y volvió a unir sus labios suavemente —nos vemos en casa.

—Adiós— se despidió con una gran sonrisa.

—De verdad te gusta— murmuró Seokmin cuando el más bajo se acercó a él.

El pelirosa prefirió encogerse de hombros y sonreír como si hubiera cometido una inocente travesura.

Llegó tarde a casa, su mamá ya sabía que se había quedado con Seokmin toda la tarde, y Seungcheol no se había quedado tanto tiempo con Vernon, así no les hacían pensar a sus padres que pasaron la tarde juntos en otro lado, ya que tenían prohibido siquiera dirigirse la palabra en la casa. Estaba un poco animado por alguna razón, pero esa alegría que sentía se derrumbó cuando al entrar a la casa su mamá y su padrastro estaban discutiendo.

Estaba harto de esas peleas, no sólo porque eran ruidosos, o porque sabía que discutían sobre él y Seungcheol, sino porque su madre cada vez se veía más agotada, lo que le hacía pensar que lloraba por aquellas discusiones. Se habían casado porque se supone que se amaban, porque descubrieron en la persona contraria la bondad y el amor que hace tiempo no encontraban en alguien más, y que de un día para otro el cuento de amor y magia se haya destruido, parecía afectarle demasiado a la mamá de Jihoon.

Seungcheol planeaba salir un rato con sus amigos, era jueves así que no era tan pesado para él pasar la noche despierto, bebiendo un poco y divirtiéndose con sus amigos. Pero como había sucedido en toda la semana y la anterior, su papá lo detuvo camino hacia la puerta, donde recién había llegado Jihoon.

—¿A dónde crees que vas?

—Iré con mis amigos.

—No puedes, estás castigado— dijo molesto.

—¿Desde cuando estoy castigado? No habías mencionado nada de eso.

—Desde hoy lo estas entonces— se cruzó de brazos.

Seungcheol sonrió incrédulo, pero continuó caminando hacia la salida, tomó la perilla y abrió un poco la puerta cuando volvió a escuchar la voz de su papá.

—Si te vas ahora, no pienses en regresar.

Jihoon miraba la escena un poco asustado, temía que Seungcheol saliera de la casa y su padre no le permitiera regresar nunca.

El pelinegro miró la expresión de Jihoon, sólo por esa linda carita, que esperaba no ver nunca más porque su corazón se estrujaba cada vez que lo veía triste o asustado; fue que suspiró profundamente y cerró la puerta de golpe, haciendo que Jihoon brincara ligeramente. Regresó molesto a su habitación, odiaba el comportamiento de su padre, odiaba no poder acariciar el cuerpo de Jihoon como lo hacía, odiaba no poder verlo con sus faldas o vestidos, pero lo que más odiaba era no poder ser libre de amar a Jihoon.

Fue un mes difícil para todos en la casa, el ambiente era tenso, silencioso en muchas ocasiones, o ruidoso cuando los dos adultos discutía; ya no había sonrisas en el rostro de los cuatro, al menos no dentro de la casa, ya no habían conversaciones tranquilas en las que alguien no terminara enojado.

Seungcheol regresó tarde a casa, fue a buscar a Jihoon en la universidad como ya era costumbre, escuchando los murmuros que preguntaban si eran novios, a veces escuchaba que alguien decía que sólo eran hermanastros y que sus padres los obligaban a entablar una mejor relación, no dudaba que Jihoon se quejara de él lo suficiente en la universidad, como para que creyeran aquello. Lo acompañó a casa hasta la esquina de la calle, y se regresó para estar con alguno de sus amigos.

Al llegar, vio a Jihoon sentado en el sillón, con la cabeza hacia abajo, su mamá en el sillón de enfrente y a su padre en el de en medio, mirando hacia afuera de la casa por la ventana que estaba enfrente.

—Seungcheol, cariño, siéntate— dijo la mamá de Jihoon.

El pelinegro caminó al sillón, sentándose al lado de Jihoon, pero lejos de él para que su padre no armara un alboroto —¿qué sucede?

—Vamos a divorciarnos.

Ambos levantaron la mirada sorprendidos, creyeron que tenían un castigo para ellos, o algo que los hiciera separarse, pero no que ellos se separarían.

—Yo quiero que ustedes se sigan amando, si es que de verdad lo hacen, pero...

—Nos regresaremos a Daegu— interrumpió el papá de Seungcheol —no permitiré que ustedes dos terminen juntos, tengo algunos amigos, que tienen unas hijas estupendas para ti.

—No— dijo rápidamente Seungcheol —no vas a hacerme eso, me quedaré aquí, con Jihoon— se movió en el asiento, acercándose al pelirosa y tomando su mano para entrelazar sus dedos.

Su papá asintió, su expresión era neutra, pero no creía que estuviera de acuerdo con lo que su hijo decía —bien, entonces ya no tengo hijo— se levantó de su asiento —no quiero volver a saber nunca más de todos ustedes— se levantó y salió de la casa decidido.

Jihoon y Seungcheol se miraron, no podían creer lo que estaba pasando, pero la realidad les cayó cuando la mamá de Jihoon comenzó a llorar, ya no podía contener más el enojo, la rabia y la tristeza que sentía porque el hombre que amaba se iría sólo porque su hijo era gay; ni siquiera sentía el suficiente amor por ella como para olvidar un simple detalle y que siguieran viviendo como antes.

No volvieron a saber del padre de SeungCheol, más que cuando los papeles del divorcio llegaron, seguramente había vuelto a Daegu, donde nada le recordaría a la mamá de Jihoon. Por otro lado, Seungcheol sentía que ya no pertenecía a esa casa, aunque era de él y su padre antes de que Jihoon y su mamá llegaran. Comenzó a ahorrar para comenzar a rentar su propio departamento, y en pocos meses, salió de la casa dejando a Jihoon y a su mamá viviendo ahí, después de todo, el padre de Seungcheol le había dejado todo a la mamá de Jihoon, y nada a Seungcheol.

—Es muy pequeño— murmuró Jihoon visitando por primera vez el departamento del mayor.

—Es lo más que puedo pagar, ¿qué esperabas?

—Algo mejor— dijo burlescamente.

Seungcheol negó con una sonrisa en su rostro —¿trajiste tu ropa?

—Claro, tuve que llevarla con Amy en cuanto mi mamá dijo que me deshiciera de todo esto— dijo jalando la maleta que dejó en la entrada y cerrando la puerta del departamento.

—¿Qué le dijiste cuando te volvió a interrogar?

—Le dije que tenias fetiches extraños y que me pediste que vistiera así— sonrió maliciosamente cuando Seungcheol se sentó en el único sillón del departamento. Al verlo levantar su ceja incrédulo, rió a carcajadas y volvió hablar —le dije la verdad, que me gustan demasiado, pero aún así no me dejó conservarlas— hizo un pequeño puchero.

Seungcheol palmeó su pierna un par de veces y Jihoon caminó hasta él con los hombros caídos, no borró su puchero, incluso cuando se sentó en el regazo del mayor.

—¿Quieres que te modele algunas? Tengo dos nuevas— sonrió colocando sus antebrazos en los hombros de Seungcheol.

—No— negó suavemente y sonrió al ver nuevamente ese puchero de tristeza —¿te parece si por primera vez, lo hacemos sin rudeza?

Jihoon sonrió con entusiasmo, y besó los labios de Seungcheol con lentitud, jugando con sus lenguas en la boca del mayor. Normalmente no se besaban cuando comenzaban con el sexo, Seungcheol se apresuraba a voltearlo para hacer que su miembro chocara con el trasero de Jihoon en falsas embestidas, y sólo al final, cuando el contrario debía regresar a su habitación, o tomaban algún descanso, es que se besaban con intensidad.

Así que estaban disfrutando del beso, así como las caricias en sus cuerpos, dejando que sus manos se pasearan por toda la piel descubierta, y sobre la tela de sus ropas. Jihoon no pudo evitar gemir cuando Seungcheol apretó una de sus nalgas, amaba que lo hiciera y lo encendía más cuando lo hacía. Sus labios se separaron, pero sus frentes no lo hicieron, respiraban apresuradamente, recogiendo todo el oxigeno que hacía falta en sus pulmones.

—¿Vamos a tu habitación?

—¿Quieres que los vecinos se enteren?

—Igual se enteraran si lo hacemos aquí— frunció el ceño, creyendo que se refería a lo ruidoso que suele ser.

Seungcheol rió ligeramente —vas a pedir que regresemos al sillón, y voy a reírme por eso— dijo para tomar a Jihoon del trasero y llevarlo hasta la habitación.

Había un escritorio, una cama, y un armario empotrado a la pared, no era una habitación muy grande, pero por la falta de cosas se podía escuchar el eco de sus labios al besarse. Seungcheol dejó al pelirosa sobre la cama, para quitarse la ropa él mismo mientras era observado; de igual forma, él no quitó la mirada de encima de Jihoon cuando este comenzó a deshacerse de sus prendas.

Lo ayudó a deslizar los pantalones por sus piernas, para luego acercarlo al borde de la cama y hacer que sus miembros se deslizaran juntos, los dos gimieron suavemente, y continuaron haciéndolo cuando Seungcheol comenzó a mover sus caderas de atrás hacia adelante, causando aquella exquisita fricción. Jihoon estiró los brazos, envolviendo ambos penes y acariciando ocasionalmente con suavidad, finalmente ambos soltaron un largo y fuerte gemido al dejar escapar sus esencias, humedeciendo todo el abdomen de Jihoon.

Normalmente resistían más que unos simples roces, pero llevaban tiempo sin tener intimidad, sin poder acariciarse y sin poder deleitarse con el cuerpo del contrario. Seungcheol se acercó a los labios de Jihoon, comenzando un nuevo fogoso beso; sin separarse, se movieron por la cama hasta llegar al cabezal, haciendo que la cama rechinara suavemente y donde el pelinegro pudo acomodarse sobre el cuerpo de Jihoon.

Fue cuestión de caricias, besos y un poco de tiempo para que sus miembros volvieran a reaccionar. Seungcheol se tomó el tiempo de dilatar la entrada de Jihoon, haciéndolo gemir cada vez más alto, erizando su piel por la cercanía de su aliento y su voz en su oído, amaba ese agudo sonido que salía desde el fondo de su garganta. Mordió ligeramente el hombro de Jihoon cuando reemplazo sus dedos con su miembro, excitándose más con el sonoro gemido del pelirosa.

Sus labios envolvieron a los de Jihoon, esperando la señal de que podía moverse en el interior. Sonrió en medio del beso cuando sintió las inquietas caderas del menor moverse de arriba a abajo, buscando más profundidad, fue entonces que comenzó con las embestidas. Ellos no sabían hacerlo con cuidado, ni tranquilidad, así que desde el principio se dejaron llevar por la rudeza. Sus pieles chocaban creando un obsceno sonido, sus bocas no podían evitar soltar sonoros gemidos, y la cama no dejaba de rechinar, ni de golpear la pared, aquellas combinaciones hacían eco en las paredes, volviéndose realmente ruidoso.

Ah ah ah ah~ ¡Cheol! ah d-de... d-detente... Ah ah~ ¡Morita!— alcanzó a pronunciar el pelirosa.

Seungcheol detuvo sus movimientos, y sus labios soltaron la piel del cuello de Jihoon en cuanto escucho la palabra clave, muy pocas veces la usaban a pesar de que terminaban adoloridos por la intensidad con la que follaban, pero lo soportaban durante el sexo —¿te lastimé?— preguntó con preocupación.

Jihoon tragó saliva y movió su cabeza hacia atrás sobre la cama, arqueando la espalda y mirando a la pared —r-rompimos la pared— murmuró.

El mayor miró hacia donde lo hacía Jihoon, dándose cuenta de que la pared tenía un hoyo, donde podía verse la tubería que pasaba por ahí y parte de la habitación al otro lado —luego lo arreglo, el vecino no está, así que podemos seguir tranquilos.

—Es que...— bajó la mirada y miró a Seungcheol —me duelen mis oídos con el ruido que hay aquí.

Seungcheol no pudo evitar reír a carcajadas —te dije que era mejor quedarnos allá, aquí hay demasiado eco y los vecinos de arriba y abajo nos escuchan. Quizás también el de al otro lado ya se hartó de nuestro ruido.

Jihoon rió —bueno, que sepan que eres estupendo en la cama, continu... ah~— gimió sin terminar de hablar, Seungcheol comenzó con las estocadas nuevamente, sin previo aviso.

Muy pocas veces habían tomado la posición del misionero, Seungcheol prefería una posición donde tuviera una mejor vista del trasero de Jihoon, pero sin duda, besar a Jihoon mientras lo penetraba con intensidad era mucho más placentero. Sus caderas golpeaban con intensidad, cada vez más rápido y buscando sus orgasmos, la cama seguía rechinando y golpeaba la pared con fuerza, agrandando el hoyo que ya había.

Aaah~ Cheol~ ¡si!— gimió al llegar a su orgasmo.

SeungCheol continuó penetrándolo, alargando un poco más su orgasmo y finalmente consiguiendo el suyo al sentir que su pene era estrujado por las paredes anales de peligrosa. No contuvo su gemido, ni tampoco evitó que el nombre de Jihoon saliera de sus labios. —¿Te mudas conmigo?— preguntó aún sin salir del interior de Jihoon, dejando descansar su cabeza sobre el hombro del contrario.

Jihoon respiraba rápidamente y apenas podía asimilar las palabras —¿qué?

—Por favor, hazlo, ¿si?— levantó ligeramente la cabeza, mirándolo a los ojos —ya no quiero extrañarte por las noches.

El menor sonrió —¿también te gustó que durmamos abrazados toda la noche?— al verlo asentir su sonrisa se agrandó— me mudare esta noche.

Los dos sonrieron y se besaron con suavidad antes de comenzar una nueva ronda, donde Jihoon se pondría una de sus nuevas faldas.

🖤 Fin 🖤