Alas de Esperanza
La tarde en la ciudad, era muy calma, un suspiro antes de la guerra contra AFO, se avecinaba. Hana Todoroki, y Keigo Takami, estaban en el apartamento acogedor del héroe alado. Las luces bajas bañaban el lugar, con la tele mostrando una serie que les gustaba mucho, pero la atmosfera cambió, porque el instinto animal de Keigo, comenzaba a surgir, entrando en un estado de celo difícil de contener.

Mas a medida que avanzaba la noche, algo cambio en Keigo. Una chispa de anhelo brilló en su adentro, un instinto que empezaba a aflorar, un empuje casi animal que lo hizo recatarse. La cara de Hana, mitad rojiza y mitad blanca, con ojos azules que refulgían de curiosidad, no paso inadvertida.
—Florecita... no... si inicio no puedo detenerme. —Murmuró, cortando el beso que empezó a unir con ella.
Hana, sentándose en él, sonreía, mientras lo veía atentamente.
—Keigo... Lo sé. Mas escúchame —dijo, con una voz estable y decidida—. Se que soy más joven, con 16 años, y tú con 23, un héroe activo.
Pero déjame terminar, su mirada expresaba que no quería que la interrumpiera esta vez... Los médicos me contaron, a causa de mi don, no puedo quedar en cinta. Si esto te trae paz mental.
Esa seguridad basto para que ambos se dedicaran a lo que anhelaban. Se besaron apasionadamente, sus lenguas participando en una danza de anhelo y querer. En ese instante, todo excepto el apartamento se esfumó; solo persistía el vínculo entre ellos, el amparo en los brazos del otro.

Transcurrieron los días y, tras la tempestad, el enfrentamiento contra AFO surgió. La batalla causó heridas duras en los territorios de los héroes y villanos, muchos volcados a la lucha por vivir. Keigo, batallando contra el enemigo, renunció a su poder y una parte de si. Sin sus magníficas alas, se topaba en el hospital, recuperándose con sus compañeros fueran héroes como estudiantes. La victoria conllevó un gran precio.
Entretanto, en la sala de un doctor, Hana obtuvo una noticia que la dejaría pasmada por la impresión.
—Señorita Todoroki, acaso está consciente de que se arriesgó, junto con su bebé, para defender a un héroe —dijo el doctor, su mirada grave.
—¿¡Qué bebé!? No puedo estar embarazada. Me lo dijeron desde que empecé a menstruar —respondió Hana, toda confusa.
—Por su quirk, quedar en estado es complicado, pero, hay veces que se anula. Tal vez su periodo de celo, específicamente, fue uno de esos momentos —comentó el doctor, revisando los análisis—. Tiene 10 semanas. Parece que usted y su bebé querían resguardar a Hawks, a toda costa. Enhorabuena.
Hana, en shock todavía, permitió que la noticia le calara. Por instinto, puso su mano en su vientre, con una conexión que no terminaba de comprender.
—Tengo que verlo —decidió, firme.
Al llegar al cuarto de Keigo, halló al héroe derrumbado, mas, verlo, le dio fuerzas.
—¡Hola, mi rugiente flor! —le saludó con una sonrisa leve— Ya no podré llevarte volando a los sitios que más te gustaban.
—¡Keigo Takami! —exclamó Hana, agarrándole la mano y guiándola a su vientre—. Ahora, esos sitios no me interesan. Es más importante, en este instante, que tú estés bien y que podamos ir los tres a esos lugares —dijo, mientras se escapaban unas lágrimas, algo inusual para ella.
—Oye, cálmate —dijo Keigo, abrazándola con cariño—. Ya buscaré la forma, lo primero, son ustedes.
—¿Ya le has dicho a tu…? preguntó Keigo, cálido y protectivo.
Hana rio, un tanto nerviosa.
—¿Quieres ser un pollo asado con mi familia? Solo mi mamá lo entendería.
Tiempo después, las heridas físicas se curaron. La guerra dejó huellas imborrables en sus corazones, sin embargo, en el fondo, sabían que habían sobrevivido a lo peor, juntos. Se transformaron en una familia nueva, construyendo un futuro lleno de esperanzas.

Ocho años más tarde, las risas resonaban por todo el hogar.
—¡Venga mami, papi! ¡El tío Deku nos espera en el parque!—gritó un pequeño, corriendo alegremente hacia sus padres.
Tenma, con alas heredadas de su padre, una blanca como la nieve, la otra roja como el fuego, tenía el cabello dividido entre el rubio de su padre y el blanco de su madre.
Con ojos dorados y azules, además de unas marcas bien particulares, hablaba del su heroico legado, tenía la energía de una nueva generación, listos ya para afrontar el mundo.
—Tenma, mi amor, tu tío Izuku no se va a mover de ahí —Hana respondió, mientras se arreglaba el abrigo.
Keigo, quien estaba a su lado observando, sintió orgullo. El anillo dorado en el dedo de Hana brillaba; era la unión de sus vidas.
—Tu mamá tiene razón, campeón —le dice, agachándose para acariciar la cabeza de su hijo—. Después, vamos a verlos.
—¡A ver al abuelo Enji y a los tíos! —exclamó Tenma, super emocionado—. ¡Vamos, vamos!
Mientras salían juntos, observando a su pequeño zambulléndose en ese nuevo día, Keigo y Hana pensaron lo lejos que habían llegado. Aunque la guerra dejo un eco en sus corazones, un nuevo amanecer aparecía, prometiendo un futuro repleto de esperanza y valor. En ese instante, se dieron cuenta de que, a pesar de los pesares, siempre iban a tener sus alas, aunque aparecieran de forma inesperada.