Capítulo 1. Él era bello (Parte I).
Él era considerado el omega más hermoso de todo el país, Oliver Kim el segundo heredero de la corporación Kim, un omega pequeño, cinco centímetros más bajo que el promedio y el “pequeño tesoro” como era llamado, de la familia Kim.
Oliver había participado desde los cinco años en concursos y torneos de danza y gimnasia y ese año iría por su quinta medalla de oro en danza contemporánea, la emoción le iluminaba el rostro haciéndolo lucir irreal, todo aquel que lo veía siempre terminaba por describirlo como angelical, un omega de silueta hermosa que por su gusto en ropa no resaltaba tanto sus curvas como a su madre le gustaría, pero se conformaba con que su hijo se viera hermoso, se notaba que su cintura era pequeña pero no se podía distinguir cuanto, al omega le gustaba la ropa ancha y su madre lo forzaba a utilizar colores claros o pastel argumentando que un omega hermoso y joven como el debía utilizar ésos colores y corte, esa noche sin embargo lo ínsito a utilizar un traje palazo negro con detalle plateados pegado al cuerpo resaltando sus caderas y hombros y dando a relucir su pequeña cintura, Oliver sentía el atuendo muy pegado, incluso diría que apretado pero su madre se lo había dado y no debía discutir, ella también le mandó a Yuna a que lo maquillara y peinara, cuando Oliver se vio al espejo la imagen frente a el era hermosa pero se veía vacío, el mismo sabia que esa belleza era efímera y no entendía porque para los demás era tan importante.
— señorito Oliver, su familia lo espera abajo— habló su nana Yuna, con una sonrisa cálida en su rostro.
— Yuna ¿Sabes algo de mi hermano?— preguntó el omega ilusionado, ignorando que su nana a quien le había dicho que lo tuteara lo llamo señorito — tengo un anuncio que dar y quiero que él sea el primero en enterarse — El mayor de los Kim, Omar Kim siempre apoyó a su hermanito menor en todos sus sueños y locuras, incluso invitándolo a salir un poco de aquella alá sobreprotectora que sus padres imponían sobre Oliver. Yuna miró sus manos agachando la cabeza sin saber que decirle a su niño, no lo quería desilusionar o hacerlo sentir triste, ella no pensaba como los Kim, a lo largo de los años ha visto como Oliver se habría camino en el mundo del arte de la danza contemporánea y había visto la fuerza y coraje que el pequeño ser frente a ella no había notado aún. Ella suspiró, no servía de nada mentir si el joven Omar no podría ir esa noche.
— Omar no vendrá, querido tu padre lo mandó a la sede de Italia a que dirija la administración del nuevo proyecto que tiene allá — dijo ella con sutileza esperando a ver la reacción de Oliver.
— oh, yo no sabía — se escuchaba triste.
—Fue algo de improviso, ya sabes como es tu padre— se acercó al omega abrazándolo sabiendo que el estar lejos de su hermano no era fácil para él, aunque Oliver no se diera cuenta sus padres nunca lo habían cuidado como merecía y quienes siempre estuvieron con él eran Yuna y Omar, por eso eran sus personas seguras, aún así Oliver buscaba a toda costa la aprobación de su madre y padre para poder ser digno de ellos y algún día ellos le demostrarán el amor que siempre había anhelado — ¿Quieres contarme a mí? — preguntó la señora mayor, queriendo ser parte de la vida del niño que con tanto esmero había cuidado.
Oliver sonrió — Claro, nana... fui seleccionado para participar en el concurso de París de danza contemporánea, soy uno de los representantes de Corea nana — sonrió y abrazó a su nana.
— Felicidades mi niño, es algo increíble— la señora mayor sonreía con Oliver — ¿Vas a contarle a tus padres? — preguntó con cautela, sabía que pese a que lo dejaban participar, llegaría un punto donde para ellos sería molesto pues nunca se interesaban en su hijo Oliver más allá de él como se veía y si podrían casarlo con uno de los hijos de sus socios comerciales para ampliar el negocio, era un miedo que sabía Omar tenía. Kim Oliver asintió emocionado y recordó que sus padres lo esperaban así que se despidió de su nana y salió de su habitación con dirección a la sala donde sus padres lo esperaban, pero no estaban solos, a su lado estaban los señores Kang y su hijo mayor Minho que es dos años mayor a su hermano y por lo mismo nunca se les permitió interactuar.
Oliver no sabía que estaba pasando. Todos estaban sentados a la espera de la cena, Oliver se sentía incómodo, los señores Kang lo veían disimuladamente fallando en la acción ponían aún más incómodo al castaño. Un carraspeo sonó en la mesa y todos miraron al padre de la familia Kim.
—Señores Kang, estamos felices de poder llevar a cabo esta cena y que Oliver y Minho se conozcan — Habló el patriarca de la familia Kim.
— Gracias señor Kim, realmente nos honra que de todos los alfas que hay ustedes eligieron a nuestro Minho para comprometerlo con su hijo — sonrió la señora Kang de forma suficiente, pero aquella declaración rompió todo el ánimo que Oliver albergaba en su corazón y deshizo su esperanza de que sus padres lo felicitaran por su brillante futuro en el mundo de la danza contemporánea, se limitó a sonreír, sin preguntar nada o decir nada, su madre le contaría después, estaba seguro, eso no quitaba que una extraña sensación se instalaba en su pecho.