EL COMIENZO DE SU MALDICION
"Tan solo un minuto más, déjate ver un minuto más... tan solo te pido eso para lograr capturarte..."
Me encontraba en un bar donde lo único que podías oler era el licor barato y la desesperanza.
Las luces eran tenues, la música era antigua. Era uno de esos típicos lugares donde nadie te pregunta y solo beben.
Estaba sentado hasta el fondo, con el saco algo arrugado, la corbata igualmente suelta y mi copa a medio terminar.
Era un milagro que no me encontrara en servicio, no por esta noche. La noche en la cual mi suerte cambió...
Esa noche donde ella entró..
No hizo falta que entre los dos nos dirigiéramos una palabra, su presencia cambió por completo el aire del lugar, era ese tipo de presencia que no se aprende se nace y con ella lo comprendí por completo
Vestía de negro, sus labios rojos, mirada de alguien que ha visto más de lo que uno podía soportar.
Y cuando nuestros ojos se cruzaron, el tiempo parecía quedarse en pausa.
No porque fuera de forma clásicamente romántica, sino que era una advertencia...
- ¿Puedo? - Preguntó ella, señalándome el asiento frente a mí.
Asentí. No sabía el por qué lo hice. ¿O quizás sí?
No me brindó su nombre, al igual que yo no le brindé el mío.
Hablamos un poco, bebimos más.
Ella me preguntó qué hacía un tipo como yo, solo en ese lugar.
“Le mentí y ella, a mí.”
Y cuando se levantó para irse, dejo algo sobre la mesa: una pequeña tarjeta negra, con letra cursiva que decían:
“Tan solo espera un minuto más...”
Al leerla levanté la mirada y esa mujer ya no estaba como si el mismo viento se la hubiera llevado.
Exactamente un minuto después mi teléfono sonó de forma imprevista, al tomar la llamada se me informo un asesinato en el cual había cuatro víctimas de genero tanto masculino como femenino donde con la misma sangre de ellos estaba descrito en la pared un extraño párrafo que aclaraba:
“Tan solo espera un minuto más.”
Colgué la llamada en completo silencio.
¿Acaso me encontré con la criminal?
¿Como fue capaz de cometer ese atroz asesinato?
Pagué mi bebida...
Salí del establecimiento, con miles de dudas en mi cabeza sin poder frenarlas.
Esa noche cambió todo. Marcó el inicio de un misterio en el que ella.
Ella ya me tenía en sus manos, y no sabía cómo escapar.
Sin nombre, sin rostro definido. Pero algo dentro de mí. Quería volverla a ver...