No hay un principe esta vez

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Summary

Tayri Paredes, una joven de 27 años, fue asesinada al verse involucrada en una balacera cuando regresaba a su vasa después de salir del trabajo. Ella renació a la edad de 17 años, cuando su madre acababa de morir y su padrastro decidió mudarse con ella y su hermano a otra ciudad para empezar de nuevo. Su familia lo criticó por tomar la decisión de hacerse cargo de ella, una chica que no tenía ningún lazo sanguíneo con él. Sin embargo, él se negaba a dejarla a cargo de su padre biológico, quien era conocido por ser violento y tener problemas con el alcohol. Tayri que en ese entonces era demasiado tímida y no lograba encajar con los demás. Por lo que, su padrastro pensó que sería buena idea que Tayri asistiera al colegio en compañía de su prima, confiando que su hermana era la única que aceptaba la decisión que había tomado. Tayri confió ciertamente en Isabela, pese a que sabía las cosas desagradables que hacía a sus espaldas. Pero para ella, Isabela era su única conexión con el mundo. Su familia confió completamente en ambas mujeres, invirtiendo en negocios y colaborando con inversionistas presentados por su tía. Lo que al final terminaría costándole la vida a su padrastro y hermano, dejándola sola y vulnerable para los buitres que volaban sobre ella. Conociendo al hombre que sería su verdugo, y que terminaría por arrebatarle todo.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
13+

Capítulo 1. El Retorno

La tarde se había vestido de un gris sombrío, como si estuviera presagiando una tragedia que estaba a punto de desatarse en el bullicioso centro de la ciudad. Las calles, que usualmente estaban llenas de risas y conversaciones, se transformaron en un escenario caótico y terrorífico. 

Disparos resonaron en el aire, irrumpiendo la rutina de los transeúntes que caminaban despreocupados. El eco de las balas se mezclaron con los gritos de horror de quienes presenciaron la escena. En medio del caos, Tayri Sofía Fernández Amayra, una mujer de 27 años, se convirtió en víctima de la balacera.

Su cuerpo inmóvil quedó tendido en la acera. A su alrededor, el mundo parecía detenerse, los rostros de los testigos estaban pálidos, algunos de ellos se arrodillaban no muy lejos de la joven, cubriendo sus bocas en un gesto involuntario de desesperación, mientras otros se apresuraban a alejarse, buscando escapar de la horrorosa escena.

Los gritos y lamentos se escucharon a su alrededor. No obstante, Tayri, quien moría con cada respiración, sintió que por fin se liberaba de la pesada carga de la vida. Hace mucho tiempo que había querido que terminara.

No había nada en su vida, por lo que tuviera que sentirse orgullosa. Y hace solo unos minutos había descubierto que estaba completamente sola. La persona a la que se aferró, jamás pensó en ella, más que alguien de la que pudiera sacar provecho.

¿Qué fue lo último que le dijo antes de salir por la puerta esta mañana?

—No me esperes. No llegaré a dormir esta noche.

Él salió sin mirar atrás. Solo dejando a la vista su ancha espalda al alejarse y perdiéndose después de que la puerta se cerrara. Ella sabía a dónde iba, y con quién se quedaría.

¿En qué punto su vida se tornó así? Esa pregunta siempre rondaba su cabeza. Ella sabía la respuesta, lo sabía, pero era duro decirla en voz alta. Era difícil aceptar que todo se debió a su debilidad, que dejó que otros se aprovecharan. Era difícil de aceptar que, debido a sus miedos, no tomó la mano que alguna vez le tendieron.

El maldito miedo le impidió hacer muchas cosas y aceptar a fuerzas otras. El maldito miedo la condenó de tal forma que a sus veinte cualquier ilusión o sueños habían muerto.

Las lágrimas rodaron por sus sienes y miró el cielo nublado que empezaba a dejar caer pequeñas gotas como si estuviera dispuesto a acompañarla en su último viaje.

—Si hay una vida, después de la muerte. Espero poder vivirla de forma correcta.

Fueron las últimas palabras que salieron en un susurro y se perdieron en medio de los gritos de la gente.

El viento de la mañana era ligeramente fresco y había un leve aroma de eucalipto en el aire.

Tayri Paredes apretó la correa de su mochila y miró aturdida la puerta del Colegio de Bachillerato San Sebastian. Al lado derecho de la puerta apareció un cartel de bienvenida adornado con arreglos florales que decía: 2 de septiembre de 2017, sean bienvenidos.

Exactamente, el mismo escenario, los estudiantes entrando y saliendo del edificio. Algunos de ellos iban en grupos y otros iban acompañados de sus padres. Tayri Fernández sentía, que todo a su alrededor no era más que una broma de mal gusto.

Iba ahí más de media hora, sin saber si aquella situación no era más que el último sueño o una ilusión que su cerebro creó para darle la bienvenida al más allá.

Fue empujada por algunas personas a un lado de la puerta. La llegada de los estudiantes se hizo más intensa a medida que pasaban los minutos. Ese día era el primer día de clases de su segundo año de bachillerato, los estudiantes de toda la región comienzan su período estudiantil.

Tayri permaneció escondida, sin atreverse a entrar. Pero algunos estudiantes que pasaban a su lado no pudieron evitar mirarla con curiosidad.

Todos los estudiantes visten uniformes, el mismo estilo tan hombres como mujeres: una camisa blanca con cuello en V con un suéter verde, pantalones y faldas grises. Tayri llevaba su cabello atado en una cola de caballo, vestía una falda gris con quince centímetros más abajo de la rodilla, unas medias verdes largas que cubrían por completo sus piernas y un par de zapatos negros de correa.

Su flequillo colgaba frente a sus cejas, dejando apenas ver sus ojos.

—Prima, ¿no entrarás? Es el primer día de clases, no es bueno llegar tarde.

Tayri recuperó la conciencia. Al escuchar esta voz tan familiar, su corazón tembló e inconscientemente se dio la vuelta y sostuvo con fuerza la mano de la niña que pretendía acercarse a ella.

Isabela Casi gritó. —Tayri, duele, ¡suéltame!

Los ojos oscuros de Tayri recorrieron el rostro de la joven Isabela, de diecisite años, todavía un poco inmadura, pero aún tenía aquella belleza que la caracterizaba.

Isabela la miró y dijo con cautela. —Prometimos que entraríamos juntas, así que no temas.

Tayri bajó la cabeza y miró las manos de Isabela, que apretaban las suyas tan hermosas y delicadas, pero para ella su toque era desagradable.

Isabela pareció ver que algo andaba mal con ella, por lo que dijo en voz baja, siendo considerada.

—Tayri, le prometimos al tío que iríamos. Si te haces para atrás, él estará muy decepcionado.

Tayri se dio la vuelta mirándola con confusión, quería preguntarle de qué promesa estaba hablando.

En ese momento lo único que rondaba su cabeza es que ella estaba muerta. Sin embargo, después regresar diez años atrás.

La Isabela frente a ella parecía joven y la escena le resultaba familiar. Tayri recordó este primer día de clases en el colegio. Su familia se había mudado a otra ciudad después de la muerte de su madre. Y Antonio Valdivieso, su padrastro, se hizo cargo de ella pese a no tener ninguna responsabilidad y pensó que sería buena idea inscribirla al mismo colegio que su sobrina Isabela para que se le hiciera más fácil encajar.

Tayri soltó el brazo de Isabela, aún no entendía por completo la situación en la que se encontraba, y no era bueno dejárselo saber a Isabela.

Caminó hacia el edificio de enseñanza, seguida por Isabela, quien no pudo dejar de hablar emocionada.

—Es genial poder ir juntas al mismo colegio. Tal vez hasta estemos en el mismo salón. Escuche del tío que siempre has estado en escuelas solo para mujeres. Ya verás, será divertido conocer a algunos chicos guapos.

Isabela había dicho lo mismo, pero en el futuro ella misma se encargaría de difundir rumores para que fuera despreciada en el colegio. Siempre pensó que era sincera y amable con ella, pero fue desde este momento en que su vida se fue en picada.

Rumores acerca de sus problemas alimenticios salieron a luz. Sobre su situación familiar y su alcohólico padre expulsado del ejército.

—Tayri esta será una gran oportunidad de familiarizarnos más. El tío realmente quiere que nos llevemos bien.

Miró la expresión dulce y amigable de Isabela, y no respondió, lo que puso nerviosa a la chica.

—Claro. —Sonriéndole de la misma forma tímida e incómoda con que solía hacerlo.

En su primer día de colegio, recuerda que estaba nerviosa, por encontrarse en un nuevo entorno. Por lo que, cuando vio en la lista, que ella e Isabela estaban en paralelos diferentes, le pidió a Isabela cambiarse de paralelo para que estuvieran juntas. Ahí fue cuando todo empezó a ir mal. Isabela apuntó a ella en todas partes, lo hizo de forma inteligente usando su encanto natural sin que ella lo notara. Para cuando se dio cuenta, todos ya la habían aislado.

Caminaron hasta el tablero de anuncios donde se mostraban las listas de nombres en los diferentes paralelos. Efectivamente, encontró su nombre en la lista del paralelo A. Por su parte, Isabela se encontraba en el paralelo B el mismo escenario que en su vida anterior.

—Lástima, estamos en diferentes paralelos.

Tayri no alejó su mirada de los nombres en la lista, especialmente de uno, Daniel Mendoza.

—¿Puedo pedir un cambio si lo deseas? Seguro que aún se puede hacer algo.

Tayri retiró la mirada del tablero y miró a Isabela. Sonrió y meneó la cabeza.

—No te preocupes, te he causado muchas molestias.

—No es nada. Siempre y cuando pueda hacerte sentir cómoda, estoy dispuesta.

Después de tanto tiempo, Tairy ya había aprendido todos los trucos de actuación de Isabela. Claramente, le fastidiaba lidiar con ella, pero era muy buena para guardar las apariencias, solo hasta el final vería su verdadero rostro.

—Aún podemos volver juntas a casa, ¿verdad?

—Claro que sí. —Respondió Isabela

—Entonces eso es suficiente. —dijo Tayri, dándole aún esa sonrisa inocente y sencilla de siempre y caminó directamente hacia la fila de su respectivo paralelo. —Nos vemos luego. —dijo alzando la mano para despedirse de Isabela, quien la observó desaparecer entre la multitud.

Aún no había aceptado lo que estaba ocurriendo. Pero eso no quitaba que, aunque estaba algo perdida, estaba agradecida con Dios por permitirle hacer todo de nuevo. No dejará, que Isabel vuelva a intervenir en su vida, ni tampoco caerá de nuevo en la trampa de ese imbécil.

Encontró el lugar donde se había formado su paralelo y se colocó casi al final. Observo las caras familiares, pero desconocidas a la vez, trayendo consigo recuerdos llenos de nostalgia. Recordó al niño que había subido el muro del colegio y le había invitado a fugarse del colegio en su vida anterior. Pero no fue lo suficientemente valiente para tomar su mano, solo puedo ver cómo desaparecía al saltar el muro.

Daniel Mendoza, en su memoria, el chico era como una pequeña briza refrescante que hacía sentir cómodo a cualquiera a su alrededor. Él siempre estaba rodeado de personas que disfrutaban seguirlo. Tayri tuvo un enamoramiento secreto en aquellos años de colegio, secreto que terminó confiándoselo a Isabela, otro grave error.

Fueron compañeros de clase por casi dos años, hasta que ella terminó abandonando el colegio a mediados de su tercer año. Lo último que supo fue que él había ingresado a una prestigiosa universidad para seguir ingeniería.

En su anterior vida, no se atrevió a dejar que nadie, aparte de Isabela, supiera acerca de aquellos sentimientos, porque pensó que era lo mejor. Aun así, años después, todavía no podía superar ese muro en su corazón y aquella emoción quedó dormida en su interior, pero sin desaparecer hasta el final.

Si lo piensa detenidamente, sus días en el colegio pueden considerarse una pérdida. No tuvo su primer amor, no hizo amigos y no desarrolló ningún talento especial. Ahora tiene la oportunidad de hacerlo todo de nuevo, ya no buscará encerrarse en sí misma. Quiere tener amigos cercanos y verdaderos, experimentar todo lo que se supone, debe experimentar a esa edad y tener bellos recuerdos de juventud. Y especialmente quiere dejar ir esos sentimientos por él.

En esta vida, terminará con aquellos sentimientos no correspondidos, que fueron utilizados por Isabela para hacerle daño. Ella no permitirá que se aprovechen de su debilidad esta vez. Ya que Dios le dio esta nueva oportunidad, tiene que vivirla correctamente sin arrepentimientos.

—Me gustaría dar la bienvenida a los estudiantes de primer año.

Se escuchó la voz nítida del rector del colegio. Tayri apretó las manos a los costados y miró al frente con una clara decisión en su mirada. Del mismo modo, todos a su alrededor guardaron silencio

El discurso fue breve. Solo se dieron algunas indicaciones de lo que se esperaba de ellos como estudiantes y sobre el comportamiento que deben tener al llevar el uniforme del colegio. Aun recalcando la calidad bienvenida que ofrecían todos los docentes a los estudiantes de nuevo ingreso.

Después de aquello, fueron llevados a lo que sería su aula ese año. Estaba en el segundo piso, la primera aula cerca de las escaleras. En el camino vio a Isabela, quien levantó la mano para saludarla. Tairy le respondió de la misma manera, sin detenerse demasiado y siguiendo a los demás.

Ya en el aula, la profesora que los había guiado, se paró al frente y dijo.

—Mi nombre es Lucrecia Zambrano. Seré su tutora este año escolar y también su maestra de inglés.

Al verla, Tayri sintió un nudo en la garganta. Después de todo, ella no la había visto hace tanto tiempo. La señorita Lucrecia era muy amable con ella en aquel tiempo. Sin embargo, ella terminó por decepcionarla al dejar el colegio y nunca más volvió a contactarla.

La señorita Lucrecia sonrió gentilmente y miró a sus nuevos estudiantes.

—Sean bienvenidos nuevamente. Han recorrido un largo recorrido para poder ingresar a esta institución. Pero estoy segura de que lo vale. Nuestro colegio se caracteriza por formar hombre y mujeres de provecho, instruyendo a los jóvenes desde los cimientos.

Tayri recordó que ciertamente era difícil ingresar. Pues tenías que tener un promedio de, al menos, 9.5 y contar con una carta de recomendación del rector de tu antigua escuela para poder ingresar. Sin embargo, había algunas personas que lo hacían por medio de influencias, como lo hizo Isabela con la ayuda de su tío.

—El día de hoy solo nos familiarizamos un poco. Empecemos por esta columna. Digan su nombre, sus pasatiempos y por qué eligieron estar aquí.

Exactamente, la misma situación de aquella vez, a pesar de comprobar ya varias veces de que no se trataba de un sueño, Tayri todavía sentía que todo a su alrededor era ridículo. Los nombres de cada uno empezaron a resonar en el salón de clases y cuando llegó su turno, se llenó de determinación, dando inicio a una nueva vida.




Por la tarde, el resplandor del sol poniente tiño el cielo de naranja y rojo. Tayri caminaba por la calle, cargando una mochila pesada en su espalda, daba pasos lentos y ligeramente cansados. Las luces de las tiendas a lo largo de la calle se encendieron una tras otra, y los dueños de las tiendas estaban ocupados con sus negocios.

Había conseguido escabullirse ese día de la joven Isabella, deambulaba por las calles sin querer ir a casa, aún no sabía cómo enfrentarse a su hermano y a Antonio. Pasaron muchos años desde la última vez que los vio, hablar e incluso pensar en ellos le era doloroso.

En la madrugada del duodécimo mes lunar de sus 18 años, recibió una llamada desgarradora que la sumergiría en el dolor. Antonio y el pequeño Áiden sufrieron un accidente de tránsito que terminó por arrebatarles la vida, dejándola completamente sola.

De un momento a otro el sol había sido cubierto por completo por las nubes, corrió rápidamente bajo la lluvia sosteniendo su mochila de color morado. Su uniforme ya estaba empapado, pero cuando miró el edificio que se alzaba frente a ella, se detuvo en seco, aun dudando de si avanzar.

Apretó la mochila contra su pecho, intentando protegerla lo mejor posible de la lluvia. Al mirar al frente, una camioneta verde se detuvo, frente, un hombre se bajó de ella, seguido de un niño de unos 7 años. El hombre tenía el ceño fruncido, sostenía el teléfono y hablaba exasperado con alguien al otro lado de la línea, caminando de un lado al otro sin ninguna intensión de entrar.

—Tayri —la voz del hombre atravesó el aguacero, y una sonrisa llena de alivio se formó en su rostro.

Tayri se secó la lluvia de la cara y levantó la mano para saludarlo de regreso con algo de culpa y pesar. Sin embargo, no pasó mucho tiempo hasta que sintiera unos brazos cálidos a su alrededor.

—¿Dónde has estado? —Lejos de un regaño, su voz era más como un susurro temeroso.

—Ya es demasiado tarde para deambular por ahí.

Tayri se sorprendió por la calidez que le brindaba, que se olvidó de seguir sosteniendo la mochila en sus brazos y dejó que esta cayera al suelo.

—Lo siento —dijo con un dejo de culpa en su voz.

—¿Estás bien? —Antonio miró a Tayri con preocupación.

Tayri negó con la cabeza y dijo suavemente: Estoy bien.

—Entremos rápido y toma un baño caliente, si no terminarás resfriándote.

Antonio empujó suavemente su espalda, incitándola a entrar. Saludaron al guardia en recepción llamado Freddy, quien les devolvió el saludo con una sonrisa.

Una pequeña mano sostuvo con fuerza su falda. Tayri se percató del niño que se apretaba contra ella.

—Hermana, ¿tienes frío?

Su corazón era doloroso, un nudo se formaba en su garganta, impidiéndole responder; en ese estado tan indefenso solo podía asentir.

—Está bien, está bien... papá preparará chocolate caliente con malvaviscos, podremos tener 5 tazas cada uno.

Al ver su apariencia vivas y juguetona, Tayri deseó que incluso si este día fuera solo un sueño, este pudiera durar para siempre sin despertar.

—Solo una, si bebes mucho, te enfermarás —dijo Antonio mientras presionaba el número 13 en el ascensor.

—Una no nos calentará, necesitamos más papá.

Tras entrar en la casa, Matilde, la señora que los ayudaba con los quehaceres de la casa, salió con una cara de preocupación de la cual se deshizo, apenas la vio.

—Mi niña, mira cómo estás, debes darte un baño de inmediato —dijo frotando sus brazos con sus cálidas manos.

Las acciones de Matilde fueron cariñosas y consideradas, con la amabilidad de una anciana.

En su vida anterior rechazó repetidas veces la calidez de la anciana, que se preocupaba genuinamente por ella, aun cuando ella misma se abandonó en un pozo profundo sin ninguna intensión de salir.

—Sí —dijo en un susurro.

Tayri caminó a su dormitorio; al entrar, vio que fuera había oscurecido completamente, y las luces de la ciudad se encendía una tras otra. La habitación estaba en silencio, solo se oía el nítido sonido del reloj al lado de su cama.

No miró demasiado y siguió directamente hacia el baño, donde se deshizo de toda su ropa mojada y se sumergió en el chorro de agua caliente para disipar de ese modo un poco del frío que le calaba los huesos.

Después de bañarse y ponerse una pijama abrigada, regresó a la habitación y se sentó frente al tocador. Al alzar, la mirada se vio reflejada en el espejo, se detuvo, atónita. La imagen que la devolvía el espejo no era la de una mujer desgraciada en la plenitud de su madurez, sino la de una jovencita, con las mejillas sonrojadas por la inocencia, acompañado de un toque de tristeza, además de una emoción por lo desconocido.

—Qué curioso. Pensó con una sonrisa melancólica. ¿Era esta visión un recordatorio de lo que había perdido o una burla cruel del destino?

Mirando así su reflejo, supo que la realidad había dado un vuelco inexplicable. Recordaba las cartas que nunca envió, las palabras que nunca dijo, las decisiones que sellaron su destino. Ahora tenía el poder de cambiarlo todo, pero la pregunta persistía: ¿qué tanto debía alterar? Porque a veces cambiar una sola pieza en el tablero significa hacerlo todo.

Pero de una cosa sí estaba segura: esta vez empezará de nuevo y nunca volverá a vivir una vida tan miserable, recompensaría a quienes la ayudaron y nunca permitirá que nadie la lastime nuevamente.