SANGRE MALDITA (aquel que lo perdió todo)

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Summary

En un mundo donde la magia convive con la destrucción, Sangra Maldita nos transporta a Eliond, una tierra marcada por antiguas razas, secretos olvidados y un delicado equilibrio entre la paz y el caos. La historia comienza con una reflexión sobre la guerra y su inevitable aparición, incluso en tiempos de aparente armonía. Dos grandes reinos —Providencia y Oblivion— celebran una tregua frágil, pero un asesinato detona la chispa que enciende una nueva era de fuego y muerte. En medio del conflicto, surge un personaje enigmático: Knut Anderson, un simple campesino convertido en soldado, que oculta un pasado doloroso y una habilidad que lo distingue de los demás: es parte del escaso 10% capaz de usar magia. Con el alma rota y un cuerpo entrenado por la desesperanza, Knut se convierte en el símbolo de aquellos que ya no temen a la muerte porque ya lo perdieron todo. ¿Qué queda de un hombre cuando se le arrebata todo lo que ama? ¿Quién mueve las piezas en este tablero de dolor: los dioses, los reyes, o las mentiras que nos contaron desde niños? A través de un relato lleno de escenas intensas, diálogos crudos y un trasfondo filosófico profundo, esta obra pone al lector frente a lo peor y lo mejor del alma humana. Entre magia, sangre y barro, esta es la historia de alguien que ya no tiene nada que perder… y eso lo hace verdaderamente peligroso

Status
Ongoing
Chapters
11
Rating
n/a
Age Rating
16+

AQUEL QUE LO PERDIÓ TODO


¿Cómo fue que llegué aquí? ¿Cómo fue que me convertí en un criminal? ¿Cómo es que ahora mi cuerpo yace en esta torre de máxima seguridad, inmóvil, mientras escucho día y noche las gotas que caen desde el techo húmedo como un reloj cruel que marca mi condena?


Intento moverme… *(sonido de grilletes)*, pero las cadenas oxidadas me atan con fuerza a la pared. No puedo más que respirar ese aire rancio, cargado del hedor putrefacto de las alcantarillas. ¿Por qué? Si hay un dios… ¿por qué permite estas cosas? Lo único que mantiene mi mente unida a la realidad es el amuleto que cuelga de mi cuello, el símbolo de mi dios… una esperanza tenue, un recuerdo de fe entre tanta ruina. Y también, algo más poderoso: mi sed de venganza. Porque yo… soy aquel que lo perdió todo.


*(se escuchan llaves girando en una cerradura oxidada)*


La puerta chirría al abrirse. Dos guardias entran, vestidos con armaduras de combate, sus espadas desenvainadas, los rostros llenos de odio.


**Guardia 1:** —Bien… ¿Listo para ser juzgado, maldito enfermo?


**Guardia 2:** —Será mejor que no hagas nada estúpido.


Sin mediar palabra, uno de ellos me golpea el estómago con la empuñadura de su espada. El aire escapa de mis pulmones. Me toman del cabello y estrellan mi cabeza contra el suelo húmedo de piedra. No puedo resistirme. Aprieto los dientes. Siento las botas golpeando mis costillas, sus escupitajos en mi rostro mientras lanzan insultos que no escucho. Solo hay sangre… la mía… brotando de mi boca, mi nariz, de una herida en mi frente. Pero ese no es el dolor que me consume. No… el verdadero dolor es interno, silencioso, corrosivo.


Cuando se cansan de golpearme, me colocan nuevos grilletes, aún más pesados. Uno en cada pierna. Dos en los brazos. Luego, a tirones y empujones, me arrastran fuera de la celda, listo para ser juzgado por crímenes que ni siquiera recuerdo haber cometido.


Los otros reclusos gritan y se burlan. Me señalan. Me escupen. Me ven como a un monstruo. Pero no entienden… no saben lo que yo sé. No vieron lo que yo vi. No sintieron la pérdida como yo la sentí.


Si existe un dios… ¿por qué mis manos están manchadas de sangre? ¿Por qué no siento remordimiento cuando recuerdo sus cuerpos cayendo, uno a uno? ¿Por qué reía mientras morían…? Quizás… si hubiese matado a más, si hubiese empapado más mi espada con su sangre… tal vez… solo tal vez, la historia sería diferente.