Océano

All Rights Reserved ©

Summary

Valentina, una joven con una vida tranquila y un brillante expediente académico, ve su mundo sacudido cuando dificultades emocionales y mentales comienzan a sofocarla, impidiendole llevar una vida ‘convencionalmente normal’. En su lucha por seguir con vida —mientras las voces en su interior le gritan lo contrario y la hunden en un océano de sufrimiento— se enfrentará a las irregularidades del sistema educativo, a la incomprensión de su familia, a la desinformación, a la culpa, al peso de las amistades que abandonó, las relaciones inestables y confusas… y, sobre todo, a la búsqueda de una forma de afrontar sus problemas. “No tienes que ser fuerte todo el tiempo; permitete ser vulnerable y apoyarte en quienes te aman. Ese también es un acto de valentía.” Este es el solo el comienzo de un viaje de sanación. • • • • • Disclaimer: Esta obra es totalmente ficticia. Ninguno de los hechos aquí descritos corresponden a alguna circunstancia, en particular, de la realidad.

Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1: La luz que se apaga en medio de la oscuridad

Es otoño, un plácido y fresco otoño, donde la brisa recorre el lugar llevándose consigo las hojas de los árboles que se visten de un color anaranjado, La temperatura comienza a cambiar. Los colores de temporada la hacen ver radiante, como si se tratara de un añoroso recuerdo guardado en los sinfines del corazón.

Puedo sentir como el viento hace volar mi cabello y toca mi piel, la sensación térmica es algo baja y puedo notarlo cada vez que la brisa abraza cada parte de mi cuerpo. Estoy sentada frente a un arbusto y entonces pienso.

Auto-aceptación…

Convicción del valor propio, sin necesidad de la preocupación del punto de opinión que los demás otorgan sobre uno mismo. Convencerse a sí mismo de que es suficiente tal cual es, con sus imperfecciones, que vivir y ser feliz es más importante que el exterior o el agrado visual a terceros. Un ser humano con auto-aceptación se considera una persona valiosa y capaz de ser autosuficiente por sí solo, considera válidas sus fallas y deficiencias, se siente competente a su modo, sin necesidad de imitar a los demás. Cada quien tiene su propio brillo distintivo y un papel en la vida.

Todo eso, es algo que yo no tengo.

El clima está espléndido, pero yo simplemente no puedo ser feliz, me siento triste, vacía, como si mi alma hubiese abandonado mi cuerpo para dejarme en lo más profundo de la miseria y la soledad.

Las personas sufren de incontables cosas a lo largo de su vida, pero es difícil para mí pensar que el motivo de mi miseria sea algo tan trivial como mi apariencia. Intento que no me afecte, pero es un círculo vicioso sin final en el que supuestamente mejoró mi percepción y luego vuelvo atrás, he escuchado múltiples veces el “La apariencia es temporal y la gente envejece”, pero esas palabras no logran hacer eco en mi cabeza.

A veces solo puedo pensar ¿Siempre fui tan fea? Veo mi rostro una y otra vez en el espejo y lo desprecio, lloro y grito de impotencia. Recuerdo haber escuchado una vez “La adolescencia es de las etapas más lindas” pero mi adolescencia ha sido un auténtico desastre.

Las chicas de mi edad lucen tan lindas, tan confiadas, tan serenas, tan relajadas. Es como si las preocupaciones se alejaran de la mente de los demás, pero arropase con fuerza la mía.

Por consiguiente a estos pensamientos, le doy la razón a la gente que opina de mi apariencia y me juzga en secreto, pues pobres de ellos que deben verse obligados a mirar este feo rostro.

Me pregunto ¿El amor propio fue siempre tan efímero?, ¿Hay algo que he hecho mal para merecer este sufrimiento?, ¿Por qué la gente suele ser tan cruel? Entre muchos pensamientos más, pero que no llego a investigar en profundidad ni hablar con alguien más, porque soy un pez solitario que nada en un extenso mar.

Siempre estoy sola, perdida y desanimada, por eso tengo tiempo para analizar a los demás a mi alrededor; veo cómo nadie se percata de mi existencia, veo como las niñas lindas tienen gran parte de atención en el salón, como un grupo es aislado y marginado, mientras que otro es engrandecido y halagado.

Nuestra sociedad vive de las apariencias, de eso estoy segura, pero si lo sé ¿Por qué me preocupa tanto? Sencillo, hay una frase célebre que lo expresa bien “Si no puedes contra tu enemigo, únetele” Entonces eso hago, me perturbo con pensamientos pesimistas por no ser parte del grupo, porque no tengo fuerzas para ser la excepción y opto por ser la masa.

Ahora las cosas son así, pero no siempre lo fueron, recuerdo cómo solía tener amigos, hasta una mejor amiga, pero entre los que se apartaron de mi lado y los que yo misma expulse, ahora ya no queda nadie. La preadolescencia feliz y agradable que pase quedo en el olvido, dejando a una adolescencia al borde del abismo.

Todo en mi es oscuro, hasta mi estilo de ropa, las cosas que uso, todo es negro. Por un tiempo no quería ver colores, deseaba que la oscuridad y el vacío se apoderarán de mi, pero he llegado a un punto en el que ya estoy en ese lugar y ahora deseo más que nada el color, la claridad, un nuevo despertar, un horizonte de esperanzas.

Es irónico, al principio sólo deseaba que todo se fuera por la borda y cayera en lo más profundo del océano, pero ahora me encuentro en este extenso océano, sola y desamparada, gritando auxilio a todo pulmón, pero sin ser escuchada por algún alma piadosa.

Es mucho lo que he perdido en un corto periodo de tiempo: amistades, estabilidad, calificaciones, desempeño, reputación y habilidades. Mis profesores simplemente me han tachado de mala estudiante e irresponsable, pero ni siquiera se interesan en preguntar que me pasa con honestidad y genuina preocupación, de modo de que pueda sentir un apoyo emocional.

Yo amaba escribir, la filosofía social era mi vida, pero ¿Ya para qué pensar en un futuro dónde pueda hacer algo que me guste? Me he vuelto una ignorante, una estúpida que no es capaz de escribir algo de calidad.

Mis padres no se han tomado nada bien mi inestabilidad, actúan de forma alterada y expulsando grandes cantidades de preocupación disfrazada de furia, víctima de una falta de comprensión sobre lo que me sucede, al igual que yo, alguien que aún no entiende lo que le sucede.

Es irónico, pero el lugar que debería hacerme sentir cómoda, segura y en paz, me produce todo lo contrario, como mi casa no está en paz por culpa de mi accionar, siento como ese ambiente me sofoca, me encierra y me destroza. Mi cerebro solo me grita a más no poder “Matate”, “Deja de lado esta vida que solo te produce sufrimiento” Y no puedo mentir, me siento muy tentada a hacerle caso, a dejar de combatir contra mi existencia y dar fin a esta amargura.

Si soy sincera no aguanto más, no sé cuándo terminará esta pesadilla, solo quiero darle punto y final, esto me desespera, siento que muero por dentro cada vez más... Y…

Otra vez, estoy dándole vueltas a mis problemas. Aquí en el molesto e incómodo pasto verde que pica mi cuerpo al contacto, estoy recostada detrás de un gran arbusto. Vuelvo a contemplar el ambiente; el cielo tiene un bello azul y unas hermosas nubes dispersadas que me dicen que saque una sonrisa a pesar de todo.

Qué gran privilegio es que mi escuela cuente con un área de receso tan natural; está rodeada de árboles grandes y arbustos. Mi sitio favorito es una zona alejada de los demás estudiantes, en los confines de la escuela y con suficientes arbustos para esconderme. Aquí paso mis horas de receso: a veces leo citas filosóficas y otras veces las escribo, y cuando no hago ninguna de las dos, me quedo contemplando el cielo o... pensando en mis problemas, como ahora.

Este es el único lugar el cual al menos... me da un poco de paz, aunque también es el testigo de mis malos ratos.

Hoy por alguna razón me siento nostálgica, recuerdo muchas cosas y entre ellas: la filosofía… esa área del saber humano que ha estado con nosotros durante siglos, dando respuesta a las incontables incógnitas que nos han surgido.

Según Platón, la filosofía “es el saber racional, reflexivo, que se adquiere con el método de la dialéctica”. “El conocimiento de las ideas universales, claras y distintas. Todo lo que el espíritu humano puede saber” como decía Descartes y desde el punto de vista de Kant “es una ciencia crítica, que se pregunta por el alcance del conocimiento humano. Es la ciencia de los fines últimos de la razón humana”.

Pero para mi es el conocimiento que se obtiene tras el estudio y comprensión de las cosas. Es aquella que nos ayuda a generar un punto de vista propio y diferente de lo que acontece a nuestro alrededor. Una forma de pensar que nos induce al descubrimiento de nuevas respuestas. Es parte vital de la humanidad y también mi mayor pasión.

Entendiendo cuánto amo la filosofía, también pueden entender, cuánto me he aborrecido a mí misma por no tener el valor siquiera de: escribir, indagar y cuestionarme… solo de ser presa de la angustia y denigración.

Dirijo mi mirada al cielo con los ojos aguados y me reclamo a mi misma con impotencia -Soy un ser humano inservible que ha perdido todas sus cualidades, que nunca volverá a ser normal, que nunca será digno de una amistad, que nunca vivirá en paz, soy… Soy.. -me interrumpo a mi misma pues las lágrimas brotan con fuerza y rapidez de mis ojos, recorriendo cada parte de mi cara y esparciéndose por mi cuerpo. De verdad que estoy cansada de vivir así.

Me siento una tonta e inútil por no saber hacer nada más que esto, solo soy buena para llorar, para no hacer nada al respecto, para que se burlen de mí, para dar problemas y para ser una inentendida.

Empiezo a sollozar, y mi corazón late con fuerza; no por miedo, sino por una mezcla de frustración y rabia. De pronto, una voz en mi cabeza comienza a repetir, una y otra vez, la siguiente oración: “Eres inservible, una ñoña y una estúpida”. No puedo aguantarlo y empiezo a agitar la cabeza con fuerza, como si haciendo eso pudiera lograr que aquella voz se callara, pero fue en vano.

Agarro todas las cosas a mi alrededor y las arrojó, arranco y golpeo. Las lágrimas no se detienen al igual que ese inquebrantable sentimiento de vacío e insuficiencia que recorre todo mi cuerpo y logra que una gran incomodidad indescriptible se apodere de él. Después de unos minutos me quedo sin energía, por lo que, caigo al suelo de lleno.

Tomo mi mochila y busco en su interior mi libreta. Mi cabeza empieza a doler por la conmoción y dolor que hace un rato le causé, pero lo ignoro, al fin y al cabo, ya es casi una costumbre. Continuo con mi cometido tomando mi lápiz para escribir… Esta es la 5ta vez en el mes, mis ojos recaen por un momento en mis notas, toda una lista de las veces que me ha sucedido esto; en el primer mes tuve solo 1 ataque, en el segundo 3 y ahora, solo es mitad de mes y ya he tenido 5, cada vez empeora más.

-No se ni para qué quiero retomar la práctica de la filosofía, si ya no tengo las ganas para hacer nada y pareciese como si la pasión se hubiera apagado. Como con todas las demás cosas que antes me llenaban de satisfacción, simplemente, se extinguió la luz que en mi interior yacía gracias a ellas -decirme estas palabras me dolió profundamente, como si un objeto punzante atravesara mi carne sin anestesiarla o curarla más tarde.

El timbre del fin del receso me interrumpe y despierta de mis pensamientos, el miedo me invade, tengo que caminar delante de muchas personas para llegar a mi salón. Me pongo mi capucha y me alivia un poco que mi abrigo sea tan largo que oculte casi todo mi cuerpo, mis pantalones de uniforme no son nada apretados, así que mis muslos delgados no logran notarse, dirijo la mirada a mis tenis deportivos que siempre me acompañan para que al momento en que decida emprender la huida sea más fácil. Me siento lista para ir, pero no lo haré, no hasta que la mayoría de estudiantes se hayan ido a sus clases.

Tras unos minutos, comienzo a caminar lentamente, puedo sentir como todo el cuerpo me pesa, mis pies se mueven meramente por obligación y empiezo a sentirme... nada... no siento nada, todo es vacío. En este momento solo soy un robot, un robot que se mueve y habla por obligación, pero no tiene ningún sentimiento hacia aquella acción, soy solo eso…

Ahora tengo clase de Matemáticas, solía encantarme esta asignatura, pero la situación ahora es diferente... no genero nada, simplemente mi cerebro no logra concentrarse. A veces entiendo todo al momento, pero después lo olvido, eso me hace sentir horrible. No siempre fui así, y eso me tortura -Ash ¿¡Por qué de repente soy tan estúpida?! A puras penas lograré pasar el año escolar. Soy simplemente una inútil, ya ni siquiera sé cuál es mi camino en este mundo… Solo quiero dormir, llegar a mi casa, volver a dormir y no despertar nunca, eso es lo único que deseo.

En medio de mi sombrío camino, justo detrás del pabellón de mi clase... Una sensación de miedo y temblor se apoderó de todo mi cuerpo. Mi cerebro me dijo automáticamente “¡Corre!" "¡Escóndete!” sé que a lo mejor no era la mejor decisión ante esa situación, pero lo hice, aunque no pude evitar que el lugar seguro que busqué fue uno que me permitía ver claramente la situación.

Estaba estupefacta, y de nuevo la culpa y el reproche llegaron a mí ¿Cómo puedo estar viendo todo desde un lugar alejado? Debería hacer algo ¡Soy tan estúpida!

Empiezo a llorar mientras tan solo veo como mi antigua “mejor amiga” es... intimidada...

Puedo ver como ni siquiera es capaz de llorar libremente, como ni siquiera puede expulsar un mínimo sonido de llanto y eso aumenta mis ganas de llorar aún más.

-¿Por qué lloras? ¿Quieres hacerme ver como un villano? Ya te he dicho que odio cuando lloras -dijo él, con una voz serena y jocosa, pero intimidante. -Harás que me duela la cabeza ¡¿Por qué tiemblas?! Eres una ñoña, de todo te asustas ¿Te he hecho yo algo?

No se escucha nada, ni una palabra, lo que me lleva a pensar que el miedo no la deja siquiera hablar.

- ¡¿Me estás ignorando?! ¡Te dije que respondieras ridícula!

-Ouch.

Me cubro la boca con ambas palmas haciendo extra presión contra mi boca, para no crear ni el más minúsculo de los ruidos.

Lágrimas, muchísimas lágrimas recorren mi rostro, no puedo creer como ella no es capaz siquiera tras ese golpe seco en el estómago, hacer un poco de ruido. Cómo es que apenas pude escuchar ese “Ouch”, es que ni siquiera estoy tan lejos, pero ¡Apenas la puedo escuchar!

Todo mi ser está quebrándose, no lo soporto, no lo soporto para nada, no quiero que sufra de ese modo.

-No, no me has hecho nada.

-Muy bien. Recuerda que es de mala educación no responder a tus mayores -dijo mientras dibujaba una media sonrisa en su maquiavélico rostro.

Su risa sonaba ligera, un tanto juguetona. Pero, poco a poco, se fue endureciendo. El sonido se volvió más cortante, más siniestro, más áspero, como si cada carcajada llevara consigo una puntiaguda daga oculta.

Una vez se concreto en una media sonrisa con un aire perverso y amenazante, la miro fijamente y agrego -La última vez te vi hacer algo divertido, estabas comiendo a toda velocidad, parecías una cerda -dijo sin poder parar de burlarse - ¿Tus instintos animales te hicieron un llamado acaso? Vamos, saca tu animal interior, haz lo de nuevo, pero esta vez... para la cámara. Vamos, traje mucha comida, para que lo hagas como esa vez- le indico con una sonrisa espeluznante, mientras sacaba una cámara de su bolsillo.

No podía entender de qué estaba hablando, pero... su mirada, su mirada expresaba que claramente sabía a lo que se refería.

Estaba horrorizada, aunque lo que sucedió después es algo que era totalmente difícil de entender para mí.

Al principio ella trató de resistirse, pero luego de ser abofeteada y maldecida empezó a comer, a comer mucho, rápidamente, parecía que no podía parar, lo peor de todo, es que todo quedo captado en cámara.

Él se reía tanto, estaba disfrutando del espectáculo y yo solo miraba como le hacían eso a lo lejos ¿Qué iba a poder hacer yo ante tal situación? Tengo pánico a estar con personas, me la paso llorando secretamente en el salón de clase y no hago frente ni siquiera a mis propios problemas.

-Sí, soy una inútil que no hará nada -me reproche a mi misma en voz baja, mientras tontamente empecé a llorar. Tengo tanta impotencia por ser tan inútil, por no animarme a dar un paso hacia adelante, por no servir para nada. Lo peor de todo esto es que sé que todo lo que pase a partir de este momento con ella, será también mi culpa, porque lo vi y no hice nada.

Para hacer el momento aún más horrible mi cabeza me empezó a doler. Ahora solo quiero irme, abandonar la escena, a donde sea, incluso a mi horrible curso, pero solo irme, no soporta más esto.

Justo en ese momento y para mi suerte, un profesor se avecinaba hacia el lugar, por lo que todos los involucrados salieron corrieron y tomaron rumbos distintos, mientras que ella cayo directamente al piso, aparentemente paralizada y yo no podía moverme.

El profesor la encontró, estaba temblando y llorando mucho, ni siquiera podía esbozar bien las palabras, por lo que, se la llevo directamente a la orientación académica.

Vi como se la llevaban a un lugar en el que en teoría debía sentirse mejor, así que solo pude decir entre lágrimas y con una voz quebrada -Y-Ya... todo pasó... -aunque algo en mi interior me decía que solo era el inicio de las desgracias.

Una vez reincorporada me dirijo a mi salón de clases ¿Pero saben lo increíble? Vi a esa escoria de ser humano molestando a otra persona. Supongo que así son los acosadores, se jactan de hacer sufrir a los demás, una y otra vez.

La verdad es que, tengo mucha suerte de no haber vivido una experiencia de ese estilo, lo que me hace sentir tan mal, porque ¿Qué razón tengo yo comparada con ella para sentirme así? No me ha pasado nada grave y sigo llorando todos los días, durmiendo durante horas y golpeándome. No tengo una razón razonable, solo quiero que el mundo pase mientras yo no lo sienta, porque vivir en este lugar da asco, y a veces solo quiero desaparecer, dejar de pensar, dejar de existir...

Porque... ¿Qué sentido tiene vivir si lo haré de este modo? De verdad que deseo morir. Por más que lo intento no logro visualizar una salida...

Regresé a mi salón de clase más destruida por dentro que en otras ocasiones. La profesora me regaño por tardar, pero mi mente estaba fuera de sí, solo podía oír lo que decía, pero no comprendía nada. La miraba y asentía solo por hacerlo, repetía una y otra vez, cabizbaja, “perdón”, pero ni siquiera sé en qué estaba pensando, estaba en una especie de limbo.

Aunque estuviese fuera de mis cabales, aun podía sentir el temor de estar bajo la mirada de todos, tal vez mi cabeza estaba en las nubes, pero el resto de mi cuerpo reaccionaba a la situación actual, pues era el blanco perfecto para las miradas furtivas y maliciosas de mis compañeros de aula.

Mi cuerpo temblaba y mis manos sudaban, en algún punto mi cabeza empezó a dolerme también, seguido de náuseas. Enserio quería vomitar, pero la profesora no me daría permiso, luego de regresar tan tarde. Solo me quedaba apretar mis manos con fuerza al punto de hacerlas casi sangrar.

Lo peor de todo lo que me pasa, no es lo que me pasa en sí, si no, el constante miedo a que cierta cosa me pase. Ese sentimiento es tan fuerte como si de verdad lo estuviera sufriendo justo ahora. Es por eso, que mi cabeza no dejó de pensar ni un minuto en los siguientes acontecimientos, como por ejemplo, que yo podría ser la siguiente víctima, y ese es un sentimiento que no deseo volver a experimentar. Pero lo que me molesta no es solo eso, sino también el dolor de no haberla ayudado.

-Hey… ¡hey! -llama una voz mientras mueve mi hombro con disgusto -Ya es hora de irnos, la campana sonó hace más de 10 minutos. Ah y la maestra dijo que vayas a la dirección mañana, estás en problemas.

No respondo nada, ni siquiera le di importancia y simplemente me apure a empacar mis cosas e irme rápidamente, sin levantar la cabeza en ningún momento.

De camino a casa, me coloco mis audífonos por cable para fingir que estoy escuchando música, y me desvío hacía el parque municipal. No tengo ganas de ir a mi hogar y mis piernas se sienten cansadas, mis ojos hinchados y mi corazón está deprimido.

Al llegar al parque me dirijo a las orillas del pequeño arroyo del mismo y me recuesto debajo de un gran árbol. Puedo ver como las hojas de los árboles caen sobre mi y recuerdo cómo solía venir a este lugar de niña, con ella…

Sin notarlo rompo en llanto, no puedo evitar sentir nostalgia, frustración, ira, estrés y ansiedad, lo que me destruye cada vez más. Mientras me cubro los ojos recuerdo como solía corretear por la orilla, sonreír genuinamente, bañarme en el arroyo y cuchichear con esa persona.

-Realmente lo extraño -digo mientras lloro con más fuerza. Mi pecho se contrae, me pongo en posición fetal y entre lágrimas exclamó - ¡De verdad que lo siento!

Mi llanto se vuelve desesperado y el miedo inunda mi cabeza, trato de buscar una respuesta ante aquella situación, pero no lo logro, pero lo que sí logro entender, es que lo que pasó ahí fue mi culpa, por no hacer nada.

Pienso cosas como: ¿Por qué le hizo caso y comió así?, ¿Cuánto tiempo lleva sucediendo esto?, Cuando estaba conmigo no pasaba esto ¿O sí?, ¿Publicará el video ante toda la escuela?

Todo eso hizo que mi cabeza diera vueltas sin final, anteriormente se me hizo fácil aislarse y volverme un lobo solitario, pero ahora siento el peso de las consecuencias de mis actos. Aunque, aun así no deseo volver a retomar la vida en sociedad, simplemente no soy capaz de volver, me siento como alguien que no es capaz de siquiera entablar una conversación, como alguien que prefiere estar sola y seguir sufriendo.

Lo siguiente que sucedió es que sentí miedo, pero hacia el futuro que me esperaba, a vivir toda mi vida así. Para rematar, mi cabeza me recordaba lo inservible que fui, lo estúpidamente que actúe y lo irresponsable que soy en clase.

-Rayos, apenas estoy empezando a asimilar que fui reportada a la dirección ¡Mis padres me matarán!

No quería enfrentarme a mis padres, al menos no aún, solo quería descansar de todo, así que me dormí debajo de aquel árbol que me recordaba a mi dulce infancia.

La tarde iba cayendo, por lo que, el regreso al hogar se hacía inevitable; preparé mis cosas, volví a colocar mis audífonos y seguí mi camino tratando de pasar desapercibida de las personas alrededor e ignorando (como siempre) mis ganas de vomitar.

Para cuando llegué mis padres ya me estaban esperando, super enojados e irritados, y con razón, su hija fue reportada, sus calificaciones son un asco y su vida personal es un desorden.

Me quité los audífonos para que no se hicieran la idea de que no deseaba escuchar sus quejas, aunque ese si fuera el caso. Solo respondí lo necesario y me mantuve callada la mayor parte del tiempo. Ya después de que se desahogaron me encerré en mi habitación para dedicarme a dormir, había sido un día pésimo y solo deseaba que acabara pronto.