El Despertar
Apenas abrí mis ojos, el dolor inundó todo: mi cuerpo, mi mente y algo más que no logro identificar aún; sentía miedo, pero no había razón para ello. Sentía que no debía estar en ese lugar.
No sé qué pasó antes del dolor. El lugar era oscuro y silencioso, estaba solo y sentía que alguien me observaba desde las sombras —Por momentos, nuevamente tengo la sensación—. Además, no recuerdo nada, ni siquiera mi nombre. ¿Acaso alguna vez tuve un nombre?
En ese momento tenía miedo y mi cuerpo estaba adolorido, así que no sé cuánto tiempo estuve sin moverme ni razonar. Pero tengo la certeza de que, cuando no soportaba estar despierto más tiempo y cerraba los ojos, siempre me sumergía en el mismo sueño. En este tenía otra voz, otro cuerpo. ¿Por qué tengo dos cuerpos, dos voces? Necesito conocer la verdad, aunque me asuste. ¿Y cómo sé que es mi pasado? No lo sé, pero no puedo imaginar qué más podría ser.
El lugar en el que estaba parecía un profundo foso que conducía a un túnel. Cuando observaba hacia arriba, solo había un eterno cielo negro y el túnel era simplemente mucho más oscuro. También, cuando observé mejor el suelo, me percaté de que tenía musgo y que, además, era luminoso. Era una luz miserable, pero me servía para observarla y calmarme.
Cuando lograba estar lo suficientemente calmado, llegaba algo mucho peor: el aburrimiento. Mi primera opción en ese momento fue empezar a explorar, pero el dolor que sentía en todo mi cuerpo apenas me permitía pararme unos segundos. Por lo cual diseñe una segunda opción: hacerme preguntas a mí mismo hasta que mi mente no diera más.
—Qué ironía que haya olvidado gran parte de las preguntas que me hice en ese momento—.
Pero algunas que recuerdo y creo que son las más significativas son: ¿Dónde estoy?, ¿Quién soy?, ¿Qué debería hacer?, ¿Qué pasó para que esté aquí? y ¿por qué mis conocimientos son selectivos?
La primera pregunta tiene una respuesta inconclusa. El lugar parecía —y continúa siendo— algún tipo de cueva o algo más, lo suficientemente húmedo como para que crezca musgo. Pero no estoy realmente seguro de si es una cueva. Tal vez todo lo que me rodea es así.
La segunda pregunta no logré responderla debido a mi pérdida de memoria, pero me valí de mis sentidos para notar ciertas cosas. Mis ropajes dañados son gruesos pero flexibles; sobre estos, tengo una serie de placas de algún tipo de metal: una armadura, aunque ligera, además solo cubre solo algunas partes de la ropa. Esto me sugiere que mi identidad es la de algún viajero o guerrero, o tal vez otra opción. Sobre mi apariencia, no logré identificar algo que destaque.
—Tal vez seria mas fácil si pudiera ver mi reflejo—.
Sobre lo que debería hacer, lo tuve claro: tenía que lograr levantarme y empezar a explorar —lo que, de hecho, estoy haciendo ahora mismo—. Para la penúltima pregunta solo tengo respuestas leves. Tanto mi ropa como mi cuerpo están dañados, lo que sugiere algún tipo de pelea o caída —esto refuerza mi idea de que soy un guerrero o un viajero—.
La última pregunta era —y sigue siendo— la que hace que me duela la mente. Mis conocimientos son suficientes para conocer conceptos como la vida o la conciencia. También sé cosas de las que no tengo memoria alguna. Por ejemplo, sé qué es una cueva, por lo tanto, debe haber una salida hacia la superficie. Sé que si hay musgo, debe haber bastante humedad en el ambiente para su crecimiento. Pero mis conocimientos no son suficientes como para saber dónde estoy y muchas otras cosas que sería un dolor de cabeza nombrar.
Desde el momento que logré ponerme en pie, empecé a explorar. Desconozco cuánto caminé desde ese entonces. Por tramos, el túnel estaba en una oscuridad total, y en otros, nuevamente aparecía ese musgo brillante. Llegado a un punto, salí del túnel y llegué a un lugar que, además de ser igual que todo lo anterior, parece —según lo que por lo que veo— infinito, aunque tengo el extraño presentimiento de que no es así.
No soy capaz siquiera de lograr ver un final, sin importar la dirección. Si no fuera por las siluetas de los montículos y las montañas lejanas, que parecen chocar contra el cielo de la cueva, tendría la sensación de que no estoy avanzando.
El único ser vivo exhaló un suspiro y elevó su mano hacia arriba. —Tal vez si pudiera escalar esas montañas, encontraría algo interesante allá arriba —murmuró en voz baja—.
Observó el extraño musgo que cubría todo lo que él concebía como cielo. El agua tal vez sería lo único que podría encontrar si lograra subir.
Frunció el ceño y dirigió su mirada hacia las cumbres lejanas. —Pero, aunque estén a la distancia, son muy empinadas; si las escalo y caigo, moriré sin más… o quizá enloquezca en el intento —admitió con duda en la voz.
Volteó su cabeza hacia la colina que tenía al frente. —Por lo menos tú no eres tan alta, ehh —dijo con ironía.
Su comentario, lanzado a la nada, fue respondido por los aullidos del viento.
Se quedó inmóvil, en silencio. ¿Podría existir una cueva tan enorme o simplemente el mundo es así, y si las cuevas son mucho más pequeñas? ¿Tal vez… estoy muerto?
De pronto, agitó su cabeza y se llevó la mano al cabello. —Mh… ah… mejor no cuestiono tanto lo que pienso —comentó, obligándose a callar.
Movió la mano por su cabello. —Curioso, no había notado que mi pelo me llega hasta los hombros —dijo con sorpresa.
Repentinamente, el suelo a su alrededor vibró. Se escuchaba que algo se acercaba a gran velocidad.
Se volteó con rapidez, casi instintivamente, y enfocó su vista hacia el presunto origen del sonido.
—¡¿Qué fue eso?! —exclamó con un sobresalto en la voz.
Más veloz que su reacción, se formó una cortina de polvo a su lado, que se extendió hacia una roca que sobresalía de la colina. El polvo dejó de aparecer y empezó a disiparse.
Instintivamente, posicionó su cuerpo en defensa y, a su vez, el polvo desapareció totalmente.
—¿Qué… se supone que es eso? —comentó con duda e intriga en la voz.
Lo que se reveló debajo del polvo fue una pequeña criatura. Su espalda estaba cubierta por una coraza negra, tenía el vientre de una tonalidad gris, y en lo que se podría llamar cabeza había cuatro pares de ojos negros, mirando a ningún punto en concreto.
Esto… es lo más ¿extraño?, ¿sorprendente? que ha pasado desde mi despertar. Esta criatura no es como yo; no presenta una inteligencia mayor a su instinto. Y esta posición que adopté con naturalidad se siente bastante familiar.
Pero ahora, ¿qué debería hacer? Esta criatura no parece agresiva, pero se estaba moviendo a gran velocidad. ¿Acaso debería…
Aunque él esté pensando en qué hacer, a la criatura no le importa eso, y sin previo aviso se enrolla, dejando solo su coraza visible. Comienza a subir la colina a gran velocidad.
Sin saber cómo reaccionar, observa cómo la criatura solo deja una estela de polvo.
—…¿Seguir a esa cosa? —finalizó con duda.
Como si fuese una respuesta, a su lado se formaron más estelas de polvo que ocultan varias de esas curiosas criaturas.
En silencio, mira cómo las estelas suben la colina.
—…Es estúpido, pero es lo más sobresaliente que ha pasado —finalizó con cansancio, dando así comienzo a su persecución.
Siguió a la manada de esas cosas. Aunque le ganaban una distancia considerable, él se estaba acercando cada vez más.
Con respiración fuerte pero constante, habló:
—El sentir la brisa y mi cuerpo ganando velocidad es… sumamente agradable —finalizó con alegría en la voz.
Pero su alegría terminó pronto, ya que no se percató de que las criaturas estaban desapareciendo de repente. No, simplemente empezaron a rodar cuesta abajo tras caer por un acantilado.
Fue demasiado tarde para frenar y, al llegar al final del camino, lo encandiló una luz a la lejanía. Lo único que dijo antes de caer al vacío fue:
—Fue una muy mala idea…—.
El dolor nuevamente inundó su cuerpo. Estuvo consciente durante la caída y odie cada segundo.
Con dolor e intriga en la voz, habló:
—Mh... siento algo en mi cabeza —procedió a levantarla y se encontró con cuatro ojos negros observándolo.
Con una extraña calma dijo:
—Ah, eres tú, extraña criatura. Si pudieras hablar… ¿cuál sería tu nombre?—.
Antes de que pudiera hacer otra cosa, una voz ajena resonó en su interior. Articuló en un tono grave, como un eco: “BICHO”.
Del susto se sentó, ignorando el dolor, y al intentar hablar se ahogó con su saliva.
—¡Cogh!... ¡Ah!... ¿Qué… fue… eso? —finalizó, intentando recuperar el aire.
Se quedó quieto, recuperando el aliento, y observó cómo los ahora llamados bichos bebían agua de un pequeño charco. Cada cierto tiempo se escuchaba cómo caía una gota de agua desde la parte superior de la cueva.
Ya recuperado, en susurros, habló como si eso le diera privacidad:
—Así que… ¿quién eres? —.
El silencio continuó y no hubo respuesta de la extraña voz. Con duda lo intentó nuevamente:
—Vamos, ¿me puedes decir algo siquiera…? —.
Estaba claro que no iba a responder, pero al menos ya sabía que esas criaturas eran bichos. Ahora que los veía bien, tenían seis patas por cada lado, y en lo que parecía ser su boca había pelos, que tal vez se encargaban de limpiar el agua.
Con determinación, se levantó y observó el paisaje actual.
—Debería sorprenderme, pero tengo la sensación de que he visto esto miles de veces. Tal vez sea de mi pasado, pero no importa, buscaré por si hay algo interesante —.
Este nuevo paisaje resultaba ser una serie de carruajes, armas, armaduras y escudos esparcidos sobre el suelo, todos devorados por el paso del tiempo y parcialmente enterrados. Algunos de los carruajes estaban volteados, otros tenían agujeros, telarañas o todo a la vez. Las armas y escudos estaban esparcidos, y algunos estaban clavados en el suelo. En cuanto los tocaba, se quebraban y caían en pedazos más pequeños.
No había nada que evidenciara qué fue lo que pasó. Si hubiera símbolos o marcas de su origen, estos debían estar tras las capas de musgo que rodeaban los carruajes y sobre los pilares que había alrededor. Si no me acercara lo suficiente, no habría sabido que eran pilares.
La búsqueda fue rápida. Una de las armas no se rompió al tacto, y esa voz la denominó: “LANZA”. Al buscar dentro de uno de los carruajes menos dañados, encontré una capa con capucha que, aunque vieja y rota, servía para protegerse de los helados vientos que hay. Por último, me encontré una bolsa que contenía unas extrañas piedras coloridas.
Ha pasado poco tiempo pero ahora me encuentro viendo la luz que me deslumbró al caer. Al parecer, el simple movimiento de unos bichos me guió a este lugar. Estoy lejos de tener respuestas y, en cambio, tengo más preguntas. Pero al menos tengo un lugar donde buscar. Tengo la certeza de que encontraré mis respuestas aquí. No importa si yo vine a este lugar o si algo me trajo hasta aquí. Lo que veo a la distancia es lo más vivo que he encontrado hasta ahora en el polvo y la oscuridad.
Muy a lo lejos, frente a este ser sin nombre, se ven ruinas de edificios y grandes murallas. Aunque parece un cementerio, esas luces que emite el lugar solo significan una cosa… vida, y con suerte, inteligente.