Prólogo.
Hoy fue un día más o menos pesado. Me quede toda la mañana trabajando y casi olvido comer. Cuando quise buscar en el refrigerador algo que saciara mi hambre, noté que no había nada que lograra hacer eso. No soy una persona irresponsable que deja de cuidarse porque si, es sólo que cuando me enfoco demasiado en algo, ignoro lo que sucede a mi alrededor. No es un buen habito, trabajo en ello como en muchas otras cosas, y he avanzado, muchísimo, más de lo que pensé que lograría, y eso me hace sentirme orgullosa.
Tomó mi cartera, las llaves de la casa y una bolsa de tela, para salir e ir al supermercado a hacer las compras para una comida decente que me quite el hambre y sea sano, o al menos, lo suficiente para no enfermarme o algo así. Aprovecho mi visita a es lugar para surtirme con los elementos necesarios para sobrevivir al menos una semana y media, que es lo que tardo en vaciar la alacena y refrigerador. Me gusta hacerme mis comidas, es algo que disfruto muchísimo, tengo talento, así que lo aprovecho lo más que puedo.
Cuando estoy en el pasillo de las pastas, pienso en que me merezco un regalo, y ese es un delicioso ramen picante, que, si bien no es del todo sano, es fácil de preparar y delicioso, así que voy a consentirme con eso. Cuando voy a tomar unos paquetes, un olor familiar me hace arriscar levemente la nariz. Es un aroma que me hace sonreír, que hace que me pierda rápidamente en recuerdos que atesoro demasiado y los cuales solo pienso en momentos y fechas especiales.
Por curiosidad, busco el origen de ese aroma, cuando no muy lejos de mí, a la izquierda, lo veo. Estoy segura que no estoy parpadeando, observándolo fijamente, de la misma manera en la que él me mira a mí. No me muevo, no respiro, no hago nada en un primer momento, pero después siento como sonrió, mi corazón latir con mucha fuerza y mis mejillas calientes de seguro por el sonrojo que me invade. Esta aquí, tan cerca de mí, que creo por un momento que estoy alucinando por el hambre.
–Iván... –murmuró su nombre. Él sonríe, acercándose a mí, sin ninguna clase de prisa o duda, sólo se acerca.
–Hola, Darcy. Que sorpresa encontrarte aquí.
–Lo mismo digo, es una gran sorpresa. ¿Cómo estás?
–Bien, estoy bien. Hoy fue un buen día en el trabajo.
–Me alegra mucho escuchar eso.
–¿Y tú como estas?
–Estoy bien, bueno, tengo un poco de hambre, pero fue un día agitado. Al menos ya termino.
–Oh, ya veo. Entiendo. Espero que pronto puedas comer, aunque sé que lo harás, a ti te gusta mucho comer –me rio de su comentario, porque tiene razón, aún recuerda eso.
Nos quedamos en silencio, así que aproveche para observarlo un poco más. Su cabello se ve más largo y ondulado, tiene la barba rebajada, su piel se ve un poco más oscura, un poco bronceada, y aún sigue usando esas playeras que colecciona y tanto le gustan. No sé si sea porque hace tiempo no lo veo, pero se ve más musculoso en los brazos y torso, pero lo que más observo, es que se ve más sereno, tranquilo y feliz, incluso la sonrisa con la que me saludo se veía tan sincera y bonita.
Se ve sano, se ve feliz, se ve en paz consigo mismo, lo que me hace feliz y calma mi corazón. Sabía que lo lograría, sabía que tendría esa paz y estabilidad que tanto deseaba, nunca perdí la fe en ello. Su mirada se alza, mirándome fijamente a los ojos, y aunque eso hace que me sonroje muchísimo más, no aparto la mirada como otras veces, porque quiero que este momento se grabe lo más posible en mi memoria, sin olvidar nada, sin perder nada.
No me molesta el silencio, pero quiero preguntarle tantas cosas, quiero conocer esta nueva versión de él, quiero confirmar con sus palabras lo feliz que es, y es por eso, que no me detengo a iniciar la conversación.
–Me entere que te ha ido muy bien en varios proyectos de los que fuiste parte. Te felicito por todos esos logros, de seguro no fue fácil, pero sabía que lo lograrías, sabia y sé que llegaras más lejos que ahora, siéntete orgulloso de ti y tu esfuerzo.
–Te agradezco tus felicitaciones, en serio que sí. También me he enterado de los tuyos, te felicito micho por ellos, de hecho, están en casi todas partes.
–Muchas gracias, en realidad, no esperaba semejante difusión, fue demasiado inesperado –comentó avergonzada, algo que lo hace reír.
–No te avergüences, es el resultado de tu esfuerzo y valentía, debes sentirte orgullosa.
Le sonrió de manera sincera, sintiendo mi reloj inteligente comenzar a vibrar, anunciando una llamada entrante. Al ver el nombre, no puedo evitar sisear, odiando que estuviera interrumpiéndome en un momento tan importante para mí.
–Contesta si lo necesitas, debe ser importante.
–Sé que debería, pero ahorita no quiero, prefiero hacerlo en la comodidad de mi casa, de seguro es trabajo.
–Oh, entiendo –murmura, observando momentáneamente su reloj, sobresaltándose un poco –. Se está haciendo un poco tarde, debería irme, tengo algo de trabajo pendiente.
–Oh, sí, sí, lo entiendo.
–Me dio mucho gusto verte, en serio que sí.
–Ya mí también, de verdad que me ha gustado mucho verte. Fue una bonita sorpresa –le sonrió.
–Hasta luego, Darcy.
–Hasta luego, Iván –nos despedimos.
Él paso a mi lado, escuchando sus pasos alejarse. Volteo a verlo por sobre mi hombro, observando cómo se aleja. Regreso la mirada, siendo un caos de sentimientos y emociones. Estoy feliz, emocionada, nerviosa, mis manos tiemblan un poco, me siento un poco triste por lo fugaz del momento, pero al menos pude verlo y confirmar que está bien, que vive bien su vida, y que todo lo que ha pasado, ha valido la pena. Se cumplió uno de mis deseos, eso me llena el alma de dicha.
Respiro hondo, tomando los paquetes que necesitaba, para girar exactamente por el lado donde él se había ido, cuando de pronto me asusto al verlo tan cerca, chocando frente a frente sin poder evitarlo. Golpeamos nuestras frentes, pues somos de alturas similares, mis manos sosteniéndose de sus hombros para no perder el equilibrio, mientras que las suyas sostienen mi cintura.
–Lo siento, lo siento mucho. ¿Te lastime en alguna parte? –pregunta preocupado, sosteniendo con delicadeza mi mentón, observando mi frente, que aun duele por el golpe.
–Sólo me duele un poco la frente, no te preocupes –respondí entre risas, era cómica la situación –. Pensé que eso sólo sucedía en las películas.
–Ahora sabemos que también pasa en la vida real –se ríe, dejándome ver el bonito hoyuelo de su mejilla izquierda –. No esperaba que chocáramos, tampoco quería asustarte.
–Te perdono por eso, pero, ¿a qué regresaste? –pregunté curiosa.
–Bueno, quería preguntarte si querías ir conmigo a tomar un café.
Lo observo sorprendida de su invitación, bajando la mirada al ver que no nos habíamos separado. Suspiro, alzando de nuevo la mirada, ladeando la cabeza, sonriéndole mientras lo miraba a los ojos.
–Me encantaría ir a tomar un café contigo. Gracias por invitarme.
Él corresponde a mi sonrisa, soltándome poco a poco, al mismo tiempo que yo, mientras nos ponemos de acuerdo en la fecha y hora para beber ese café.
¿Cuánto tiempo nos tomó estar juntos de nuevo? No mucho, pero si lo suficiente para que ambos sanáramos, para ser una mejor versión de nosotros y esta vez, tener en claro lo que queríamos uno del otro, lo que estábamos dispuestos a ofrecer y vivir la bonita historia de amor que merecíamos.
¿Qué nos separó? No es algo que se pueda explicar de manera sencilla, pero toda historia tiene un inicio, y eso, eso es algo que nunca voy a olvidar, sin importar el paso de los años, sin importar las nuevas experiencias que se sumen a mi vida, porque fue el inicio de lo más bonito, real, maravilloso e increíble de mi vida, que, si bien dolió, me hizo cuestionarme muchas cosas y a veces sentía que no podía, me hizo ser mejor, me ayudo a crecer, y ahora, ahora es el momento.
Esta vez, todo saldrá bien. Confió en eso. Confió en nosotros.