Dulce tentación

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Summary

“Su mayor tentación terminó convirtiéndose en su más grande amor”

Genre
Romance
Author
YGI FICS
Status
Complete
Chapters
41
Rating
5.0 21 reviews
Age Rating
18+

Prólogo

Charlotte.

Uno de mis tantos defectos era la impuntualidad.

En mi defensa diré que siempre salía un imprevisto; como no encontrar un outfit que me convenciera al cien por cierto, una llamada inesperada de algún guapo, o simple pereza. Rasgos que según Cloe, mi madre y esposa del embajador de Australia en Seúl, no debían de radicar en una señorita de sociedad.

Sorprendentemente aquella noche llegué diez minutos antes de la hora pactada a la cita que mi madre organizó con el heredero más polémico y -según las revistas de estilo- el más guapo de la elite coreana.

—Una margarita de mango, por favor.

El mesero, vestido con un precioso traje color Oxford, me sonrió con picardía y desapareció para asegurarse de atender mi orden.

¿Cómo llegué hasta aquí? Bueno, un mes atrás, mis padres conocieron a la familia Kim -la familia fundadora del emporio de tecnología más cotizada en Asia-, en el evento de caridad que se llevó a cabo en Daegu y terminaron fascinados con el miembro mas joven; Kim Taehyung.

Hombre serio, respetuoso y todo un caballero en toda la extensión de la palabra.

Cloe tuvo la magnifica idea de hablarle sobre mí a Taehyung, con claras intenciones de emparejarnos y creo que lo consiguió porque curiosamente los señores Kim le estaban buscando prometida, con la finalidad de que tomara el cargo de la empresa con una imagen mucho más conservadora.

Según mis padres, era el momento perfecto para que yo, la jovencita más rebelde y espontanea del medio político, sentara cabeza y casarme como lo hizo Aria, mi mejor amiga.

No tuve más opción que aceptar y venir. La presión de los padres a veces es insoportable.

—Aquí tiene, señorita. —El mesero dejó mi margarita en la mesa y se esfumó, no sin antes guiñarme el ojo.

Le di un sorbo y el refrescante sabor invadió mis pupilas gustativas. Era mi combinación favorita; mango y tequila, pese a que en Febrero aún era invierno, nunca podía decirle que no a una Margarita ice.

Miraba a la gente llegar y acomodarse en las ostentosas mesas; parejas, familias, socios. Todo mundo llegaba pero la persona que yo estaba esperando no cruzaba las finas puertas de cristal.

Treinta minutos después, revisé mi teléfono y no tenía ningún mensaje o llamada perdida de Taehyung. Y entonces el enojo hizo de las suyas.

Me terminé la margarita de un solo trago. No fue la idea mas inteligente porque me dolieron las sienes debido a la frialdad. Simulé que no me importó, dejé un par de billetes en la mesa y salí del maldito restaurante tan despampanante como siempre.

Caminé a toda prisa sin importarme un carajo como iba vestida; falda de cuero en color vino, mayas casi transparentes, un top acompañado de una chaqueta de borrego y botas con plataformas de casi ocho centímetros.

Lo suficiente atrevida sin llegar a lo vulgar.

Sentí que la sangre me hervía por todo el cuerpo. El hecho de que yo no quisiera asistir a esa maldita cita incrementó la humillación. Estaba tan inmersa en mi enojo que ni siquiera fui consciente de que caminaba sin rumbo fijo sobre la calle principal. Estaba echando humo por la cabeza y nada podía hacerme tranquilizar, ni siquiera imaginarme a Cha Eun-woo en pelotas.

La noche me abrazó a mis espaldas junto con el cálido aire de febrero y segundos después un trueno me ensordeció. Me reí a cuestas, maldiciendo al dios de la lluvia y a mi estúpida decisión de seguirle el jueguito a mis padres.

—Señorita Smith.

Mis botas dejaron de resonar sobre el pavimento en el momento en el que reconocí aquella seductora voz. Miré sobre mi hombro y me encontré con un precioso McLaren negro estacionándose junto a mí. La ventanilla del copiloto estaba a la mitad, por lo que pude ver a la perfección el rostro del conductor.




Pelo oscuro, ordenado y asimétrico. Ojos marrones y profundos. Facciones perfectas, como si los dioses se hubieran puesto de acuerdo para crearlas.

Era Kim Seokjin.

Se trataba del mejor amigo del esposo de mi mejor amiga. Millonario, atractivo, poderoso. Aunque las malas lenguas decían que era un mujeriego sin corazón de lo peor.

—Señor Kim. —El enojo se esfumó en un santiamén cuando pronuncié su nombre—. Buenas noches.

La ventanilla se deslizó hacia abajo otro poco y él ladeó la cabeza.

—¿Caminata nocturna?

—No exatament… —me callé a tiempo. No iba a decirle que estaba deambulando a causa de que me dejaron plantada—. Si, la noche es fresca. Dicen que es una excelente práctica caminar de… noche. —Una ráfaga de viento golpeó mi pelirroja melena, desacomodando mi planchado perfecto.

Seokjin sonrío de lado. —Ya veo. Aunque no es propio que siga haciéndolo, considerando que son casi las nueve de la noche y está a punto de llover.

¿En serio ya había pasado una hora?

—No pasa nada. Yo, eh… —Saqué el móvil de mi bolso—. Voy a pedir un taxi.

—No voy a permitir que un desconocido la lleve a casa. —Respondió casi de inmediato—. Suba, yo la llevaré. —Apoyó el brazo sobre el volante y esa simple acción me provocó un ligero cosquilleo en la parte baja del abdomen.

Aun así negué con la cabeza.

—Se lo agradezco, pero no es necesario. Seguramente usted tiene muchas cosas que hacer como para tomarse el tiempo de llevarme a mi casa. Además, no quiero abusar de su…

—Señorita Smith. —Interrumpio mi balbuceo y señalo con su barbilla el cielo. Ya estaba lloviendo—. No pienso discutir con usted, suba.

Mis piernas temblaron y para nada tenía que ver con el repentino cambio de clima.

Subí al lujoso auto, me acomodé en el asiento y el aroma a cuero y a especias invadió mi olfato. Su auto estaba jodidamente limpio, ordenado, perfecto. Casi como él.

—Gracias.

—No hay de qué. —Arrancó y avanzamos a una velocidad moderada—. No iba a dejar a la mejor amiga de la esposa de mi mejor amigo a la intemperie.

—Parece un juego de palabras, ¿no? —Sonreí nerviosa—. Quiero decir…

—Si, entendí el chiste, señorita Smith. —Me miró con el rabillo del ojo.

—Es curioso que usted y yo no hayamos hablado antes. Considerando que nuestros mejores amigos son esposos. Falsos, pero esposos. —Mi chiste me pareció inapropiado pero ya era tarde para retractarme—. Debo de dejar hacer esas bromas.

Seokjin expulsó una sutil risa por la nariz. —Las mujeres con sentido del humor son más atractivas.

Siempre recibía piropos, unos más guarros que otros, pero ese fue tan sofisticado y al mismo tiempo tan directo que no encontré ninguna respuesta lógica.

—Con razón la mayoría de las comediantes mujeres están casadas.

—¿De dónde sacó esa estadística? —Se interesó mientras daba vuelta a la derecha.

—Oh, no, fue un…

—Chiste. —Complementó—. Debí suponerlo.

—¿A qué se dedica? —Cambié el tema para evitar seguir diciendo tonterías.

—Soy CEO de Tech Security.

No-puede-ser.

Esa era la empresa con mayores ingresos en el ramo de seguridad cibernética. El año pasado firmó un contrato millonario con el gobierno de Japón para implementar un software en las universidades de todo el país. Me enteré en esos canales de noticias que solía ver mi padre. Lo que no sabía era que precisamente Kim Seokjin, era el CEO de dicha organización.

—Guau, supongo que… le gusta su trabajo.

—No me tiene que gustar, debo de ser bueno en ello. —Se paró en un semáforo y me lanzó una mirada intensa—. ¿Usted a qué se dedica?

Jugué con el dije de gato que llevaba en el cuello. —Bueno, principalmente atiendo mi fundación “mejores amigos” y en algunas ocasiones le ayudo a mis padres a organizar los eventos de la embajada.

—¿Mejores amigos? —Se interesó.

—Si, es que rescatamos perritos y dicen que el perro es el mejor amigo del hombre, por eso… elegí el nombre.

—Tiene sentido. —Prendió el aire acondicionado cuando me vio temblar—. Supongo que eres una chica muy organizada al ayudar a tus padres con sus eventos.

Me reí un tanto socarrona. —Si viera mi cuarto no pensaría lo mis… —otra vez me callé de golpe—. Si, bueno, mis padres dicen que no hay nadie mejor que pueda ayudarles.

Jin remarcó una expresión risueña y luego añadió. —Hábleme más de su fundación “Mejores amigos”

—Rescatamos a los canes en situación de calle o maltrato. —Suspiré al recordar que faltaba poco para cerrar el mes y yo no había conseguido más donantes—. Los cuidamos, los alimentamos, les damos atención médica y cuando están listos los damos en adopción siguiendo un protocolo.

—Una causa muy noble de su parte.

—Pero es una causa poco valorada, casi nadie se interesa por esos animalitos y por lo mismo, no donan o no adoptan.

Algo resplandeció en su mirada y luego se desvaneció.

—Me imagino.

Continuamos en silencio durante el trayecto hasta que le indiqué en dónde debía estacionarse.

—Servida, señorita Smith.

—Una vez más gracias. En serio. Le daría cinco estrellas por la buena conducción y otras cinco por la charla.

Seokjin no respondió, en su lugar se quitó el cinturón de seguridad, descendió del vehículo, lo rodeó y me abrió la puerta. Parpadeé incrédula cuando extendió su mano para ayudarme a bajar. Los idiotas con los que solía involucrarme apenas sabían decir “gracias”.

Acepté su ayuda por mera cortesía, no podía portarme maleducada después de que me trajo a casa y soportó mis chistes malos durante el camino.

Mi mano hizo contacto con la de él y una ráfaga electrificante se posicionó en mi espalda. Bajé del auto y su altura me impresionó. Casi un metro noventa en contra de mi poderoso uno sesenta y cinco.

—Espero que llegue con bien a… su destino, señor Kim.


—¿Por qué no nos tuteamos? después de todo creo que nos encontraremos más de ahora en adelante. —Él humedeció sus labios gruesos y rosados—. ¿Te parece, Charlotte?

Lo observé detenidamente, a pesar de la oscuridad, sus facciones resaltaban como una estrella naciente. Lo que se decía de él era verdad. Era un tipo apuesto, encantador y casi casi embriagante.

—De acuerdo, Jin. Me parece bien.

Los ojos se le dilataron cuando me escuchó llamarlo sin la formalidad de antes. Me tomó de la mano, la elevó y abandonó un suave beso en el dorso. Miré hipnotizada esos labios haciendo contacto directo con mi piel y por un microsegundo sentí que se me quemaba el cuerpo entero.

—Nos veremos pronto, Charlotte.