Spinae

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Summary

Cuando el rey demonio Crux de Spinae muere, su hijo, el príncipe Leonellus, siendo el último heredero, debe tomar su lugar, con el miedo de tener que gobernar no solo su pueblo, sino el reino entero de Calcei. Los demás pueblos aprovecharán la oportunidad de un nuevo rey para poder destronar a Spinae. Leonellus tendrá que aprender las cosas que hacía su padre y cómo llevaba un gobierno de paz siendo demonios en contacto con las demás personas fuera del reino, aunque para alcanzarlo tenga que tomar medidas que no cree correctas. Mentiras, engaños, secretos, infiltrados y muchas cosas más le esperan a Leonellus en la transición de convertirse en un Rey. Antes de adentrarte a conocer la historia del último Rey de Spinae, recuerda que tu realidad no es la misma que la realidad de otros. ¿Cómo pudo tener un gobierno de paz Crux en estos 50 años? Leonellus se dará cuenta de que no todo es lo que parece.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
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18+

00 // La muerte del Rey



Rey Crux

—Todo está listo. —Hablé con mi cuidador; sabía que lo peor se aproximaba, era algo que no podíamos negar.

Estábamos en el castillo, con sus paredes agrietadas, el viento soplando nuestras armaduras. Estábamos armados, sabíamos que en el momento donde menos lo esperábamos sucedería; esa persona me traicionaría.

«Si solo supiéramos quién es».

La lista de personas que me odia es muy larga como para pensar en alguien específico, pero debe ser alguien dentro del pueblo; alguien de Spinae quiere matarme y esa es la realidad.

—¿Crees que será ahora? —Habló; por un momento dudé de él, pero ahora sé que no es quien me mataría. Él se veía nervioso, pero ahora sé que es por el respeto que me tiene; no me siento asustado, he estado preparado para mi muerte desde que nací, pero me duele un poco dejar a mi esposa y mi hijo; no sé si él está preparado para tomar el reino.

En los últimos meses me han llegado cartas con amenazas, que al principio no creía, pero poco a poco fueron mencionando algunos nombres y cómo sucederán sus muertes; lamentablemente ha sucedido así, y el último soy yo.

—Sabes que si te quedas aquí morirás, ¿cierto? —Aunque mi padre jamás me había enseñado a encariñarme con los cuidadores, le tenía algo de aprecio; había estado conmigo en estos cincuenta años de gobierno, en todas mis batallas, era quien me ayudaba cuando no sabía cómo actuar. Después de todo, estaban para eso, pero sabía que me respetaba y yo le tenía mucho más respeto.

—Estoy contigo desde que empezaste a gobernar Spinae —dijo con una sonrisa. —¿Crees que no estaré cuando caigas? —Este tipo estaba loco.

—¿Quién cuidará de Leonellus entonces? —Me preocupaba eso, era la última esperanza que tenía Calcei; sabía que era mucho más poderoso que yo, tiene un poder que nadie se imagina, por eso lo he cuidado con toda el alma, el alma que quizás no tengo, pero necesita de alguien que lo guíe para poder gobernar de la mejor forma.

—Los cuidadores también tenemos un reemplazo. —No lo sabía, pero era algo que imaginaba; sé que cuando Noss llegó, cuando empezó mi gobierno, ya sabía muchas cosas. —Así que he preparado a alguien que sé que cuidará de tu hijo de la mejor forma. No le dirás el alcance de su poder, ¿cierto?

—Aún no es el momento para que lo descubra.

—Eres igual a tu padre. —Reí, no creo que sea así; mi padre fue una buena persona, pero le faltó mucho para ser un buen rey. Muchas de las cosas que ahora funcionan es porque hemos incursionado de maneras distintas.

—¿Cuál es el nombre por el que me conocen? —le pregunté con algo de sarcasmo. Estaba en mi trono, sabía que sucedería aquí y realmente solo hacíamos tiempo.

—El Rey Demonio Crux. —Empezó a hablar, como si recitara una poesía. —El Rey que logró unir los dos mundos, el mejor Rey que ha tenido Calcei en cincuenta años.

—Es en lo único que te equivocas. —Dije, interrumpiendo lo que todos siempre dicen. —El mejor rey de Calcei es Leonellus.

—Él no es un rey aún. —dijo, con algo de tristeza; sabía que no quería que me fuera. —Pero supongo que es algo que viste.

—Siempre tan inteligente.

Cuando un príncipe se convierte en rey, tiene la posibilidad de despertar un poder único, que te acompaña hasta que mueres. Cuando mi padre murió, ese evento fue lo que hizo que mi poder despertara; son visiones que están ligadas a los sueños, que eventualmente se vuelven realidad, pero en este caso, esta persona se ha camuflado de una buena forma; jamás he logrado saber quién es.

Hasta que escuchamos a mi ejército pelear, estaba aquí; todas las velas que iluminaban el castillo se apagaron, se escucharon las espadas chocando, así que estaba armado, los gritos... Ya era tarde.

Tengo miedo, no por mí, por Leonellus…

—¿Estabas esperándome? —Su voz se escuchó, esa que había oído muchas veces; no entendía por qué él estaba haciendo esto.

—Así que eres tú. —Noss sacó una espada; sabía que era el momento de la última batalla.

Con prisa, saqué mi espada también; era el momento de dejarlo todo aquí.

—No fuiste un buen rey. —Se lanzó con prisa a atacarme, pero Noss lo detuvo con su espada, con un choque que los hizo retroceder a ambos.

—Eso no es cierto. —Con un grito, Noss se lanzó al ataque, con movimientos finos que siempre lo habían caracterizado. Era como si estuviese bailando ballet, con su armadura que parecía un traje formal, pero con movimientos claros; no lo quería dejar vivo.

Atacando por la izquierda, había hecho que se descuidara, así que Noss lanzó una patada para hacerlo caer. Intenté cortarlo con mi espada directamente, tomándola con ambas manos para acabarlo de una vez. Tal vez los sueños se equivocaban, pero con un giro logró zafarse de nosotros para sacar otra espada.

Con movimientos rápidos, más que los de nosotros, siendo algo que había visto antes en sus batallas cuando luchábamos mano a mano, se lanzó primero por Noss, golpeando rápidamente. Mientras Noss lograba bloquear algunos de sus golpes, fui corriendo a ayudarlo, dándole por la espalda, pero con una de sus espadas logró pararlo. Sabía que era muy bueno, pero no sabía que a este punto, así que no sería algo sencillo. La batalla continuaba y veía que Noss se estaba cansando; él no estaba hecho para esto.

—¿Qué ha hecho que me odies de esta forma? —Sé que la pregunta era muy estúpida en este momento, pero nos haría ganar algo de tiempo, tal vez para que Noss se recupere.

—Tan estúpido como siempre. —Juntando sus manos como si estuviese a punto de rezar, todo a nuestro alrededor empezó a sonar como un pitido. Atrayéndonos más a él, logró hacer una onda de aire que nos alejó con mucha rapidez. —El mejor rey de Spinae, el Rey de los dos mundos.

—Así me dicen, ¿no crees que sea cierto? —Realmente no entendía por qué estaba así; todo lo que decía era cierto, todo era gracias al gran esfuerzo.

—No has visto toda la destrucción que has ocasionado. —Dijo, con algo de tristeza, una que ya había hecho notar antes, pero por lo que ha dicho, tal vez yo sea el causante de esa tristeza. Era algo que no esperaba; había hecho todo lo posible por hacer feliz a todo el pueblo, aunque jamás lo lograría. Para alcanzar vivir en paz ambos reinos, tuve que hacer muchas cosas; de algunas me arrepiento, pero todo fue por un bien común.

«Para obtener la paz, muchas veces tenemos que causar dolor».

Recordé la vez que mi padre dijo eso, antes de que muriera; fue la última vez que lo vi.

“—¿Por qué dices eso, padre? —pregunté. Estaba en un entrenamiento, porque decía que pronto iba a tener que suplantarlo en el trono; aunque no quería que muriera, sabíamos que era una posibilidad, así que seguimos entrenando con las espadas.

—Muchas veces, hijo. —Su voz, aunque muchas veces era dura, sabía que cuando intentaba suavizar era porque quería que aprendiera algo que le parecía importante. —Cuando eres El Rey, todos esperan que resuelvas dándote la razón a ellos mismos, pero debemos ser objetivos aunque eso cause dolor.

—¿A qué te refieres, Padre?

—Si hay un conflicto entre alguno de los pueblos, cada uno dirá que tiene razón; la única forma de tomar una decisión es que escuches ambas versiones y, según lo que creas correcto, decidas a quién darle la razón. —Esto de ser rey era más difícil de lo que esperaba. —La voz del Rey tiene mucho peso.

—¿Y cómo sabré a quién darle la razón?

—Tu corazón te lo dirá. —Era algo estúpido. —Ahora vamos a entrenar de nuevo…

Los pocos recuerdos que van y vienen, esos que toda la vida me han atormentado, siguen ahí. Es curioso cómo los recuerdos se bloquean, pero aparecen cuando no es el mejor momento.

Siguen siendo una daga en mi corazón”.

—Todo lo que he hecho, lo hice para proteger y salvar al pueblo.

—Solo querías salvarte a ti. —El odio en sus palabras me confundía, pero le daba más fuerza; esa rabia que crece dentro de él es lo que hizo que ahora estuviera aquí, dando más problemas de lo normal.

—Te aseguro que no solo me quería salvar a mí; siempre he puesto el pueblo antes que mi vida.

Era curioso porque realmente mi padre tenía razón; las personas piensan que manejan la verdad absoluta, sin importar lo que puedan hacer sus acciones a los demás.

En un momento, combinado con el recuerdo de mi padre, la furia que tenía en mi cuerpo era muy grande; quería eliminarlo, quería matarlo, así que me lancé sobre él, haciéndolo caer. Su armadura hizo que resonara en toda la habitación, golpeándolo con la empuñadura de mi espada, golpeando repetidas veces, viendo cómo la sangre brotaba de su rostro.

—Lo matarás. —Noss habló, sacándome del trance en el que estaba.

—¿No lo merece? —pregunté, dejándome llevar por la ira; él me quería matar, él me iba a matar.

—No es la forma de gobierno que has practicado por más de 50 años. —Un golpe de realidad en las palabras de Noss hizo que me detuviera; tenía razón, sabía que no es lo que siempre he fomentado.

Pero de un momento a otro solo sentí un golpe, haciendo que me desorientara. Sin darme tiempo, me quitó de encima, para empezar a patearme, haciendo que Noss se acercara levantando su espada para poder ayudarme, pero con un simple gesto lo alejó.

—¿Querías proteger a tu gente? —dijo, acercándose a donde estaba Noss, dándole una patada en su estómago.

Hincándose, se quedó viendo a Noss un momento y sabía lo que haría: tomó con una de sus manos su rostro para pasar su lengua por la parte derecha; con un solo mordisco arrancó una parte de su rostro, haciendo que Noss soltara un quejido de dolor que resonó en todo el castillo, para seguir comiendo de su cuerpo tirado, de donde se empezaba a correr la sangre de su cuerpo, tocándola con sus dedos para empezar a saborearlo, empezando a comer más partes de su cuerpo, alimentándose para tener más poder. El cuerpo de Noss pasó a un color gris, como lo hacían cuando nos alimentábamos de sus almas. Veía el cuerpo de Noss, cómo sus ojos se apagaban poco a poco.

Sin perder tiempo, mis músculos crecieron de una forma abundante. Tomándolo por el cabello y lanzándolo a un lado, tomé el cuerpo de Noss y, con lágrimas en mi rostro, lo lancé a la chimenea, esa que era gigante porque fue pensada para estas cosas. No podía dejar que el cuerpo de Noss fuera usado para cosas espantosas; merecía descansar en paz.

fui a donde estaba él, corriendo para poder atacar de nuevo lo tome por sus piernas y empecé a golpearlo contra el piso repetidas veces, pero sacó un pequeño cuchillo de su armadura y me rasgo un poco la mano, haciendo que lo soltara, estando en el piso me dio un golpe en fosa poplítea, haciendo que me arrodillara para poder clavar su cuchillo en mi corazón directamente, pero sabía que eso no me haría mucho daño, así que simplemente lo saque, para golpearlo y lanzarlo al otro lado del cuarto, golpeándose con la pared, haciendo que se cayeran algunas de las piedras que estaban adheridas, pero con rapidez se levantó y se acercó para darme otro golpe en el estómago, un golpe que me hizo perder todo el aire.

—Despídete. —Me tomó del mentón para hacerme que lo vea, pero lo escupí; moriría, pero no le daría el gusto de verme sufrir.

—Cuídate de mi hijo, no sabes lo que estás haciendo. —Sin pensarlo, desliza el cuchillo por mi cuello, haciendo que la sangre brote rápidamente, dejándome sin vida.

Esperaba que las cosas que había hecho en este reino hubieran sido las necesarias para que sepan que siempre quise darles un buen gobierno, un gobierno mejor que el que tenía mi padre, porque sabía que había mejorado muchas cosas, pero el pueblo jamás se conforma, siempre se centran en ver los fallos, pero sabía que también había personas que me amaban. Esperaba haberle dado el amor suficiente a Leonellus para poder despertar el poder que tiene y gobernar mejor de lo que yo lo he hecho.

¿Será que su madre sabrá la verdad?

Sé que tuve muchos errores en mi vida y que ahora Leonellus tendrá que lidiar con eso. Me hubiese gustado poder solucionar eso antes de que llegara este día, pero finalmente la vida no es como queremos y todos tenemos un tiempo.

Y mi tiempo ha llegado.


Leonellus

Empecé a subir las escaleras con mucha rapidez; sentía que no iba a llegar a tiempo, aunque las personas querían retenerme porque sabían que el tiempo de papá había llegado. Quería desafiar el destino y ayudarlo; sabía que no podía dejarlo morir así tan fácil como mi madre quería hacer.

«¿Por qué odias tanto a papá, mamá?».

Cuando abrí la puerta, era demasiado tarde, el cuerpo de papa estaba ahi tirado, decapitado y envuelto en un charco de sangre, corriendo de la misma forma, llegue a donde se encontraba su cuerpo, para empezar a llorar y gritar viendo que su cuerpo estaba separado de su cabeza, fue decapitado con un solo corte, no había rastro de algún cuchillo o espada, sus ojos estaban cerrados, con una expresión tranquila, no reflejaban nada, no podía dejar de temblar al verlo asi, no podia dejar de llorar pensando que lo habían dejado solo, que nadie fue capaz de venir a ayudarlo, todos lo han dejado morir sin más, sin pensar en todo lo bueno que ha hecho por ellos, se había ido, llegué tarde y no fui capaz de ayudarlo, como se suponia que debia gobernar el reino de Calcei si no fui capaz de ayudar a mi padre cuando lo necesitaba.

«¿Dónde estaba Noss? Tal vez fue él el que traicionó a mi padre y ha hecho esta tragedia».

Entre lágrimas, solté el cuerpo de mi padre para sacar el cuerno que tenía en mi armadura, que servía para llamar a los soldados, para poder darle el funeral que merecía. Mi padre fue el mejor.

Llegaron los soldados a llevarse a mi padre, así que me alejé un poco hacia la chimenea, viendo que había un polvo de más. Les pedí a los soldados que se llevaran una muestra para analizar si era Noss; no sabía si era capaz de lanzarse al fuego para poder camuflar lo que había hecho.

—Es momento de que asumas el puesto del rey. —Habló Tasca, el general de los soldados.

—Muchas personas no estarán de acuerdo con esto. —Hablé desde el miedo. —Los que odian a mi padre me odiarán a mí, y los que amaron a mi padre me odiarán porque no soy mi padre.

—No importa lo que los demás digan. —Dijo mi madre, entrando a la habitación, viendo el cuerpo de mi padre con asco. —Debes asumir el trono.

—¿Qué haces aquí? —declaré.

—Mi esposo ha muerto. —Con una sonrisa hipócrita, no la mataba solo porque aún la respetaba como madre. —¿Por qué no estaría aquí?

Sabía que la corona seguía siendo un negocio; lo que venía ahora no era nada fácil. Además de la coronación, tenía que investigar cómo mi padre había llevado un gobierno de paz en estos cincuenta años, teniendo en cuenta nuestra conexión con el reino de los humanos.

Vi que a lo lejos llegó alguien, que cargaba una manta que lo identificaba como un cuidador.

—Me llamo Thor. —Con una voz algo ronca habló.

—¿Quién eres? —pregunté, aunque sabía lo que posiblemente decía.

—Noss me entreno para poder cuidarte, Leonellus. —Se arrodilló, dejando ver su lealtad.

—No necesitas hacer eso. —Deje en claro, no era algo con lo que estaba de acuerdo en la forma de gobierno; sentía que nadie es más que nadie.

—Te hace falta mucho odio. —Mamá, siendo tan dulce como siempre, habló. —Tu padre decía que eras mejor que él, pero creo que se equivocó.

—No debe decirle eso. —Thor habló, tomando de la empuñadura de su espada para sacarlo.

—Soy su madre. —dijo con rabia.

—Es el rey.

«Soy el rey…».

—Dejen la tontería los dos, soy el rey y no debes darles órdenes a Thor. —Le dije a mamá. —Pero tú tampoco puedes hablarle así a mi madre. —Le hice saber a Thor.

Era momento de saber cómo era gobernar el reino de Calcei.

«No todas las realidades son iguales.

Debo prepararme para la ceremonia de coronación, además de tener un sistema de gobierno que funcione para los 4 pueblos y la conexión que tenemos con los humanos, teniendo en cuenta que la forma de alimentarnos es tomar las almas. Tengo que ver la forma como mi padre hacía que todos estuviesen en paz. Muchas veces, siendo el príncipe, solo me sentaba a comer; no sabía cómo llegaba esa comida a mi plato, ese era el trabajo de mi padre, pero ahora que mi padre no está, soy yo el que debe traer la comida al plato…».

—¿Debemos entrenar? —preguntó Thor, estando fuera del castillo. Era pasada la medianoche; no era el mejor momento para hacerlo ahora. Mi padre acaba de morir; no podía negar el hecho de que, aunque nos alimentemos con las almas de los humanos, tengo unas inmensas ganas de llorar.

—Mejor debemos descansar.

—¿Tienes ganas de llorar? —preguntó.

—¿Algún problema? —No podía dejarme ver débil.

—Eres el primer demonio que veo que quiero llorar.

No sabía por qué decía eso; aunque nunca me había relacionado con más demonios, no sabía cómo actuaban los demás. Siempre estuve aislado de los demás, entrenando con mi padre, que me enseñó todo lo que sé ahora.

—Seré el primero entonces.

—Creo que viene el mejor reinado de Spinae entonces. —Se notaba algo entusiasmado.

—Esperemos que así sea.

Cada uno se fue a su habitación. Ya se habían llevado el cuerpo de mi padre. Necesitábamos descansar para lo que se venía. Todos estaban preparados para esto, no lo sabía hasta que mi madre me lo dijo. No sabía cómo todos podían estar tranquilos sabiendo que mi padre ha muerto; sabía que debía averiguar quién fue el que nos traicionó, porque así como lo ha hecho con mi padre, el último rey bueno que ha tenido Espinae y Calcei, no sabía lo que era capaz de hacerme a mí.

Ha llegado una nueva temporada a Calcei.

Ha llegado la temporada del Rey Leonellus.

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