Prologo
Aria.
—El juez llegará a las tres en punto al salón, así que la recepción de invitados terminará a las dos treinta —Leslie, la organizadora de mi boda y asesora de imagen de la familia Belmont, repasa los detalles más importantes para el sábado—. Veinte minutos más tarde dejaremos entrar a los medios de comunicación para que transmitan en vivo los votos de los novios y su primer beso —levanta la mirada hacia mí—, espero que ya te los hayas aprendido, primor.
—Eh, si, más o menos.
—¿Más o menos? —me reprende—. Creo que no te ha quedado claro que tu boda será el evento político más emblemático del año y que nada puede salir mal.
—Tengo dos días para aprendérmelos y en todo caso… puedo leerlos, ¿no?
Leslie rueda los ojos.
—Aria, tienes que mostrarte más interesada en tu boda, sobre todo cuando faltan dos días.
—Lo estoy —remarco una sonrisa forzada—, pero me invaden los nervios, como a cualquier novia, supongo.
Levanta su esbelta figura del sofá para tomar asiento junto a mí.
—Primor, tan solo piensa que tu madre, que en paz descanse, pasó por lo mismo y fue inmensamente feliz con George —su teléfono tintinea y tras revisar la notificación, su expresión se relaja—. Oh, tu prometido está aquí.
El corazón se me paraliza por microsegundos.
—¿Qué?, no me avisaste que él vendría.
—Aria, primor, no solo te cité aquí para repasar los detalles del evento —acaricia un mechón de mi cabello—. En dos días el futuro primer ministro y tú deben de parecer la pareja perfecta para que la prensa y la gente se lo crea y eso solo sucederá si lo planean bien. —Se levanta y sale con todo el estilo y clase que la caracteriza.
Las manos me sudan y me tiemblan al mismo tiempo. Conocí al señor Min el mismo día que pidió mi mano. Todo fue capturado por las cámaras de K-news en un exclusivo restaurante de Gangnam hace seis meses. Es un sujeto indescifrable porque apenas y se expresa, lo tuvieron que obligar a sonreír mientras me colocaba el anillo de compromiso.
La sombría presencia de Min Yoongi se apodera de la oficina de Leslie cuando ingresa con la barbilla elevada, mostrándose superior incluso aunque esa no sea su intención. Viste un traje negro y una gabardina café encima, dejando claro que es el hombre más formal y pulcro del lugar.
Me observa de arriba abajo con total desinterés antes de pronunciar su saludo.
—Buenas noches, señorita Belmont.
Me pongo de pie y aliso mi vestido por la parte de abajo para hacerle reverencia.
—Buenas noches, señor Min.
—Oh, no, no… —corrige Leslie, entrando detrás de mi prometido—. Ambos deben de olvidar los honoríficos, por favor, a partir de hoy trátense como verdaderos novios enamorados.
Me pongo roja como un tomate mientras que Yoongi responde desinteresado.
—Voy a llamar a la señorita Belmont como a mí se me antoje y en el momento que a mí me plazca —dictamina con tremenda seguridad que me hace temblar—. Ahora déjenos a solas, Elsy —hace una seña con la mano rumbo a la puerta.
—Mi nombre es Leslie —corrige indignada. Min Yoongi es al primer político que no consigue controlar—. Con permiso, ah, y no olviden que…
—Dije que nos deje a solas. —Yoongi la acribilla con esos ojos felinos, haciéndola refunfuñar—. Señorita Belmont, quiero disculparme por no haber venido a verla antes —explica una vez que nos quedamos a solas—, mi agenda me imposibilitó atender cualquier asunto ajeno al ministerio.
Carraspeo y mantengo mis manos entrelazadas sobre mi espalda.
—No tiene que disculparse, yo entiendo que falta poco para que ocupe el lugar de su padre y que los compromisos lo absorben.
Yoongi arruga los ojos y da un paso al frente.
—Supongo que ya le hicieron llegar los votos. —asiento—. Me parecen una cursilería barata e innecesaria, pero no tenemos opción, ¿verdad?
En realidad mis votos me parecieron muy bellos, lástima que no sean para el hombre que realmente amo.
—Eh, si, son… muy tontos —carraspeo, dando un paso hacia atrás—. ¿Leyó el itinerario de la luna de miel?
—Si, —ladea la cabeza—, un mes entero en Isla de Jeju —da otro paso al frente mostrándose sumamente aburrido—. No se ofenda, pero no me interesa hacer nada de lo que Leslie programó.
—No me ofende —confieso incómoda—. Respecto a los honoríficos, a las personas les resultará extraño que siendo una pareja consolidada —hago comillas con las manos— nos hablemos con tanta formalidad. Creo que en ese punto Leslie tiene razón.
—Lo sé, ya lo había pensado, pero no le iba a dar la razón a esa insoportable mujer —se inclina ligeramente—. No tengo problema si me tuteas. Puedes llamarme Yoongi.
—Puede, puedes —corrijo— llamarme Aria. De hecho me gusta más que me llamen de esa forma. Señorita Belmont me recuerda a cuando me regañaban en la escuela o cuando mamá me castigaba.
Yoongi encorva sus labios. Acaba de sonreír tétricamente por mi comentario.
—De acuerdo, Aria —recupera la seriedad—. La canción que eligieron para nuestro primer baile es muy tranquila. No creo que tengamos que ensayar. Es cuestión de tomarte de la cintura y movernos lentamente de un lado a otro.
—Eh, bueno, creo que es un buen momento para confesarte que soy pésima bailando. Incluso lo más básico. Pero haré mi mayor esfuerzo.
Yoongi alza las cejas.
—Yo también soy pésimo para el baile, de hecho no me gusta. Ahora sé que tenemos algo en común.
Su último comentario me regresa de golpe a la realidad. Lo único que sé de él es que dentro de seis meses se convertirá en el primer ministro de seguridad, que tiene treinta y dos años y que no le gusta bailar. No sé qué le apasiona, qué lo enfurece, qué lo hace llorar -si es que alguna vez lo hace- ni los momentos que han marcado su vida. Cuando era pequeña pensaba que cuando uniera mi vida con alguien, sería por amor y por la ilusión de construir una hermosa familia.¿Cómo voy a hacerlo con un hombre que apenas conozco?
—Respecto a nuestro primer beso publico… —Retoma la palabra ante mi momento de distracción.
Trago en seco.
—De ante mano sé que lo último que te apetece es besarme. Por eso había pensado en que fuera un beso muy corto. Apenas un rose de labios.
—¿Puedo saber por qué piensas eso? —da otro paso al frente y yo ya no tengo a donde retroceder—, ¿por qué crees que no me apetece besarte?
Deslizo mis ojos por un par de segundos a sus delgados labios.
—Estoy consciente de que nuestro matrimonio es un arreglo entre nuestros padres así que es evidente que no sentimos la mínima atracción el uno por el otro.
Yoongi endurece su expresión.
—Qué bueno que lo tienes claro, Aria. —Humedece sus labios— ¿Han enviado tus cosas a la que será nuestra casa?
—No, la mudanza está programada para el sábado. Cuando regresemos de nuestra luna de miel —me ruborizo—, todas mis pertenencias estarán ahí.
—Perfecto. —Se da media vuelta y camina rumbo a la puertita—. ¿Algo más que quieras añadir?, tengo una reunión con mi padre en media hora.
Estoy a punto de decirle que no, pero entonces recuerdo un detalle pequeño pero que para mí significa mucho.
—Quizá es una tontería… pero, me gustaría que el salón se adorne con Lilas. Sería un lindo detalle de cumpleaños porque es mi flor favorita, ya se lo había dicho a Leslie pero dice que…
—No tienes que explicarme más. —Interrumpe tajante, mirándome sobre su hombro—. El salón estará adornado con tus flores favoritas y me importa una mierda lo que Leslie piense al respecto. Es nuestra boda, no la de ella.
El estómago se me hace muy pequeño. Este ha sido el cumpleaños más triste que he tenido, por lo que su respuesta representa un lindo presente para mí.
—Gra… gracias.
Yoongi se sostiene inexpresivo.
—Entonces nos vemos dentro de dos días, Aria Belmont.
