Bajo el muerdago •[BunniculaxChester]•

Summary

Al llegar la navidad, no pude estar más que seguro de lo que sentía por ti.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo unico

La navidad comenzó con el pie izquierdo.

Mina estaba de vacaciones, por lo que se la pasaba casi todo el día en casa, ya que sus amigas, se habían ido a pasar las festividades con familiares de otras ciudades, por lo que, debían esforzarse más en esconder las cosas paranormales que solían suceder casi todos los días, o en otras palabras, Chester tenía que esforzarse más, pues a Bunnicula le parecía muy divertido verlo estresarse de vez en cuando.

—Vamos Bunnicula, es suficiente.

El siamés se sobaba el puente de su nariz con sus dedos, frunciendo el ceño con los ojos cerrados, suspirando mientras le pedía al conejo que dejara de jugar con la cucaracha gigante en la cocina y la sacará de ahí antes de que Mina bajara a desayunar, siendo que el amanecer, ya es estaba cerca.

—Mina vendrá en cualquier momento, dile a tu amigo que se vaya ya.

Bunnicula solo rodó los ojos, diciéndole a su amigo en su extraño idioma que se retirará del hogar, el cual asintió, despidiéndose al salir por la ventana.

—Deberás tienes que dejar de hacer esto.

El conejo simplemente se quejo y burló, sabiendo que el gato no le entendería. Fue directo al refrigerador, por una zanahoria antes de irse a dormir a su ataúd en el sótano, dejando a Chester solo en la cocina, quien frustrado, ya no podría consolar el sueño, no quedándole otra opción que esperar a su ama para el desayuno.

—Oh Chester, ya estas tan temprano despierto, ven, te daré de comer —Mina se había tenido que levantar temprano para ir con su padre por las últimas cosas de su cena navideña, siendo noche buena, debían apresurarse desde temprano antes de que se quedarán mirando en el super—. Papá y yo iremos de compras, estás a cargo, pórtate bien en lo que regresamos para la noche buena —. Cantó, alejándose de la cocina luego de haber comido una tostada y dejando llenos los tres platos de sus mascotas, sin olvidarse de llevar dos jugos para el camino, uno siendo para su padre, quien ya le esperaba en el auto con toda la emoción del mundo.

—¿Por qué siempre me deja a cargo? —Se quejo cansado, sabiendo la razón de todos modos, y estaba orgulloso de si, el problema es que ya estaba tan agotado que solo quería ser el consentido y no hacer nada hasta dentro de la noche.

—Buenos días Chester. ¿Mina ya se fue?

—Si Harold, me dejó a cargo, así que come y ve a distraerte mientras yo tomo una siesta en el sofá —contesto con desgano, caminando hacia el lugar mencionado, no tardando en dormirse apenas se acomodo.

—Oye Chesty. Chester, Chester, ¡Chester!

—¡¿Ah?! ¡¿Que?! ¡Harold! ¿Por qué me despertaste? —Gruño malhumorado, ya que según él, apenas había cerrado los ojos.

—Bueno es que, ya son las 7, el papá de Mina y Mina ya casi tienen todo listo, y Bunnicula ya casi despierta.

—¡Las 7! ¡¿Pero cuánto tiempo dormí?! —Se alarmó, seguro de estar hecho un asco—. Gracias por despertarme Harold —respondió, saliendo corriendo hacia el cuarto de Mina. No pasaría noche buena ni navidad en arapos, debía verse presentable.

—¡De nada Chester! —Grito al verlo partir, moviendo la cola—. Oh, hola Bunnicula, si buscas a Chester, acaba de subir a arreglarse para hoy.

Bunnicula solo asintió, sonriendo al imaginarse lo. Fue directo asaltar la cocina, el ya estaba listo para esa noche de festejo, procuraría no tener nada sobrenatural, no quería arruinarle la navidad a nadie, sobre todo a Mina y a Chester.

El tiempo pasó, Chester ya estaba junto a ellos en la sala, Mina y su padre se la pasaban cantando villancicos, mientras ellos escuchaban, todos cubiertos en mantas cálidas y con una bebida para la ocasión, por supuesto que, los animales comían un premio para su especie en vez de chocolate caliente, al ser tóxico para ellos, no debían beberlo.

—Papá, ya casi es hora de la cena, pronto vendrán los vecinos con sus mascotas.

—Así es hija, preparemos de nueva cuenta la sala, estemos presentables.

—¡Si! Me alegra que Marsha si pueda venir, traerá a su Hámster —Contó, mientras recogía un poco más el lugar antes de que los invitados llegarán.

—Bien chicos, ayudemos no estorbando —Chester se levantó mientras hablaba, estirándose un poco al alejar la pereza, camino hacia la cocina, siendo seguido por Harold y Bunnicula.

El momento llegó, los invitados con el, se la pasaron platicando y cantando entre todos los vecinos, Marsha, la señora de la tienda extraña, el señor hecho de topos, incluso Manchas. Llegó la hora de la cena, y pronto dieron las doce, dándose cada quien un abrazo y buenos deseos, yéndose de a poco, uno a uno a sus casas, junto a sus mascotas quienes se despidieron del trío principal.

—Bueno, eso estuvo muy bien. Me encanta mi nuevo juguete de Catnip.

—Y a mi, mi nuevo lanza pelotas.

—¡Și morcovii mei scumpi!

—Si Bunnicula, tus zanahorias se ven geniales.

—Chicos, es hora de dormir —anuncio el padre de Mina, subiendo escaleras.

—Vengan muchachos, a dormir —. La chica siguió a su padre, ya habría tiempo de limpiar al día siguiente.

—Vamos amigos, a con Mina —Harold movió su cola alegre, adelantándose primero, pero al pasar por la puertilla de mascotas de la puerta trasera, noto un muerdago colgado encima, justo al momento que Bunnicula y Chester se colocaron debajo—. Oigan chicos, ¿Ya notaron lo que tienen arriba?

—¿Qué cosa Harold?

—¿Da ce?

Ambos voltearon hacía arriba, notando la ramita sobre sus cabezas, cosa que hizo sonrojar a ambos.

—Es solo un muérdago, ¿Para que la emoción?

—No es solo un muérdago, si no la regla que no se puede romper —. Aclaro el can como si fuese lo más importante en la tierra—. Ahora, dense un beso ambos, o una maldición caerá sobre ustedes.

—¿De que rayos hablas? —Protesto el siamés, mirando incrédulo a su amigo perruno.

Y mientras Chester protestaba, en la cabeza de Bunnicula pasaba algo contrarió. Movió su pata trasera con emoción, antes de transformar sus orejas en alas para quedar frente al gato, dándole un beso, juntando ambos hocicos mientras le agarraba ambas mejillas con un poco de firmeza, evitando que se alejase hasta que estuviera satisfecho.

—Lo siento, regla —Pronuncio con algo de dificultad, y malicia, mostrando sus dientes en una sonrisa. Se apresuró a subir con Mina, con Harold siguiéndole por detrás, dejando al felino petrificado por la acción.

—Maldito conejo —. Soltó en queja, colocando una pata en su pecho, estando ruborizado, con el corazón acelerado, y cada vez más enamorado.