000.༄ ‧₊˚┊Oh, gods, this can’t be happening
A few days before the arrive of Percy :
En el campamento mestizo, la cabaña 10, con Afrodita de representante. Se observaba la silueta de una jovencita de hermosa apariencia que tomaba asilo en los brazos de su sangre y legado.
Alyssa, la cual se movía perturbada en su cama del camarote, siendo únicamente observada por la noche que escondía sus penurias en lo más profundo de sí, acogiéndola en el silencio y la oscuridad que reinaba cuando se escondía el sol y salía la luna.
La cabaña 10, siempre bulliciosa de día y en mutismo de noche. Los hijos de la diosa se encontraban descansando en sus suaves y cálidas mantas siguiendo su respectiva rutina de belleza, primordial para cada uno de ellos.
Alyssa de sangre semidiosa con un legado desde tiempos antiguos, sus cabellos platinados se esparcían por doquier y una fina capa de sudor perlaba en su piel.
Ya sea un sueño, recuerdo o pesadilla. Siempre atormentaban a los semidioses, sus recuerdos en sus subconscientes bloqueados por un trauma que arraigaban el dolor de sus corazones se reproducían en sus mentes cada noche, lo que les daban una profunda sensación de desesperanza cada vez que dormían.
Pero una hija de Hypnos no puede privarse del sueño, porque ese es su dominio divino.
No era la primera ni la última vez que tenía el mismo sueño o pesadilla.
Esta vez estaban en un campo, lleno de flores en cada rincón que llegaba mi vista.
Mi mirada se poso en las dos siluetas que tenía delante.
— Alyssa, Alyssa... Cariño...
—¿Mamá? —solté rápidamente.
Mi madre, Ilena Bellarose. Se veía exactamente igual a la última vez que la vi. Su mirada cálida y maternal, su cabello platinado, idéntico al mío, caía en su espalda perfectamente arreglado mientras se agitaba al compás del viento en el vasto prado lleno de vida y su aroma a lirios, sutil y floral se extendía por toda el área.
Las flores que mi padre le obsequió como gesto de consuelo ante su desgarrador final. Las mismas flores que brillaban en pureza y duelo tratando de restaurar la inocencia y la paz que no tuvo en sus momentos finales se podían oler desde lo más profundo de su alma.
Sus ojos eran los más raros de mirar, pupilas marrón rojizo, llenos de vida y rebosantes de amor para dar, similares a los que vi cuando era niña, pero muy diferentes a los de sus últimos años, su madre estaba rota y ya había caído ante la desesperación y sus ojos, la ventana del alma. Eran prueba de ello.
—¡Oh, cariño! ¡Te estábamos esperando!
Ilena embozo una gran sonrisa, pero su hija, a la que amaba tanto. No pudo evitar mirar todo con una sonrisa agridulce.
Un picnic, su madre estaba sentada mirándola ahí con expectación. La cara del niño al lado era borrosa, como si no tuviera rostro y lo único que se podía ver bien era su pelo pelinegro, tan oscuro como la noche misma.
—¿Mi amor? ¿Estás bien?, ■ ■ ■ ■ ■ y yo te estábamos esperando... — Ilena le dio una sonrisa tranquila.
Sin saber que lo que más destruía a su hija era verlos a los dos felices.
—¡Ah! — abrí los ojos de par en par mientras luchaba por que mi respiración se calmase.
Solté un profundo suspiro, nuevamente soñaba con ellos y, no es que no quisiera ver a mi madre pero los últimos años con ella habían sido desgarradores y cada vez que la veía recordaba el mismo cuarto, la misma silla tirada y-, amaba a mi madre, la amaba por qué ella me dio a luz y me crió como una extensión de ella misma, hizo lo mejor que pudo criándola y se lo agradecía...
Planeaba quedarme despierta lo que quedaba de la noche, no faltaba mucho para el amanecer pero antes de darme cuenta ya había cerrado los ojos y vuelto a dormir. Maldecí mi sangre divina y a Morfeo, mi hermano.
—¡Alyssa! ¡Ya despierta de una vez! — espetó la chica a mi lado.
—Ugh, Silena. Dos horas más por favor —gemí aún en estado de ensoñación.
Silena Beauregard, líder de la cabaña de Afrodita y una de sus más preciadas amigas en el campamento y alguien a quién consideraba como a una prima.
Silena era una chica preciosa, con su cabello negro ondulado, sus grandes y brillantes ojos azules y una figura que cualquier chica de su edad mataría por tener.
—¡Chérie, ya son más de las once de la mañana, tienes que despertar de una vez! — Silena siguió apresurandola mientras jalaba y forcejeaba con la manta sobre la niña que consideraba su hermana más cercana.
—Bien Silena, tú ganas. Sólo deja de jalar mi manta, por favor— dije rendida aún tirando de ella.
—¡Está bien! — dijo y tan pronto como la soltó ambas nos caímos para atrás.
—¡Oh, por Afrodita! ¡¿Estás bien?! —se apresuró a decir Silena tan pronto como se levantó.
—Ay. No te preocupes Silena, ahora si ya estoy despierta —dije mientras tomaba su mano y me ayudaba a levantarme.
—Lo siento Chérie, pero llevo intentando despertarte desde hace veinte minutos.
—Uhm, está bien no te preocupes — le sonreí, para cualquier hijo de Hypnos mantenerse despierto y lograr despertarse a tiempo era todo un reto.
No quería imaginar lo que hubiera pasado si ella se hubiera quedado en la cabaña 11, con la dificultad que tienen sus hermanos y ella en despertar, para el final del solsticio de verano no tendrían nada.
—Chérie, será mejor que te cambies de ropa, ¿verdad? — Silena la miró con cariño— no creo que quieras salir así de la cabaña, Karan se molestara bastante.
—Si Silena— cerré los ojos, tan solo recordar a Karan regañándome por salir con pijamada hacia que tuviera ganas de volver a la cama.
Mi primo de sangre, Karan Calloway que había llegado conmigo el mismo día al campamento mestizo junto a Annabeth, Luke y Thalia...
—Te dejé algo de comida en sobre la mesa así que cámbiate rápido, come algo y sal. Tomar algo de sol también es bueno para la piel —me regaño.
— Esta bien Silena, ya salgo. —le contesté, intentando tranquilizarla.
—Confiaré en ti, Lissa — Silena me miró entrecerrando a los ojos y señalando la cama—No te quiero ver de nuevo echada en la cama, iré a ver lo que están haciendo los demás. —una leve sonrisa— cuando termines de arreglarte ven con nosotros un rato, ¿si?.
Silena se acercó a mí, depositando un beso en mi frente antes de salir de la cabaña.
No quise poner a prueba la paciencia de Silena así que luego de que salió y que contemplara la idea de dormir al menos cinco minutos más, entré al baño a lavarme y cambiarme.
Dejé mi cabello suelto y me puse la misma camiseta naranja del campamento mestizo y unos jeans holgados para poder caminar y dormir por ahí cómoda.
Antes de salir tomé el jugo y me metí el pan a la boca que Silena dejó. Tan pronto como salí me dirigí hacia la enfermería a descansar un rato más y luego encontrarme con Silena.
Hubiera sido un plan perfecto si tan solo el que hubiera abierto la puerta de la enfermería no hubiera sido Karan en vez de Lee Fletcher o cualquier otro de sus hermanos y a regañadientes, me llevara a practicar mínimo treinta minutos con el arco.
Cerca del lago y el bosque del campamento se podían oír a las chicas y chicos de la cabaña 10 charlando animadamente, contándose las últimas experiencias que habían tenido en el campamento mientras se ayudaban a arreglarse y decorarse el pelo.
Como siempre, Silena se encargaba de poner orden y mientras todos ellos hablaban, estaba cabeceando disimuladamente aún escuchando uno que otro dato que se soltaban.
Guardar un poco de información nunca está mal.
—¡Alyssa! —la voz de Annabeth me distrajo de la charla de los chicos y Silena.
—¿Annabeth? —mire hacia Silena y ella asintió.
—¡Alyssa! ¿No estabas con Karan? —me preguntó Annabeth respirando apresuradamente.
—Bueno, si. Estuve con el —desvié la mirada— uno de sus hermanos necesitó su ayuda y yo tenía una reunión previa con Silena así que-
—Bueno, eso ya es lo de menos— Annabeth me tomó de la mano y me llevó hacia otro lado bosque.
—¿pasó algo Annabeth? — la detuve y la miré a los ojos.
—¿sabías que Grover estaba en una misión para traer a otro semidiós?
—Si, escuché algo parecido de los sátiros. Porque, ¿pasó algo malo?
—No es eso, todos sabemos que algo está pasando en el Olimpo —asentí— y justamente Grover está por traer a otro mestizo no es posible que sea el que-
—Annie, sabes que Grover lleva en el mundo mortal un tiempo, no necesariamente tiene que ser ese semidiós que está por llegar. —agarre las manos de Annabeth— Acordamos dejar de suponer que cada mestizo en poner el pie aquí es la señal que esperas.
—Esperemos un poco más, Annie.
Annabeth bajó la vista pero asintió
— bien...
—¿Lissy, Annabeth? ¡Así que aquí estaban! —Karan, ocurrente como siempre, aparecía en los momentos más inesperados.
Annabeth y Alyssa voltearon a la vez y aceptaron con pesar su suerte.
—Finalmente ya puedo dormir~ — suspire, dirigiéndome al bosque en busca de un lugar para descansar. Ya había comenzado a anochecer y pronto no tardaría en sonar la caracola para la cena.
Parece que hoy Tyche no estuvo de mi lado, fue un día bastante ajetreado. Jugando con los gemelos stoll, pasando tiempo con la cabaña de Afrodita y calmando a Annabeth.
Afortunadamente Karan se llevó a Annabeth a algún lugar para distraerla, su enamoramiento hacia ella era realmente obvio.
Mire el gran árbol frente a mí, en el que se cernía una gran sombra y desplegué la manta y acomodé mi almohada lista para dormir.
Tan pronto como me acosté todo alrededor se volvió oscuro.
Abrí rápidamente los ojos. Estaba desorientada y a mareada, miré a mi alrededor, este lugar no era el campamento mestizo...
—Viaje sombra— susurré.
Me levanté y miré las dos grandes puertas que estaban frente a mi. Ambas estaban perfectamente talladas con caras humanas llenas de lamentos que parecían que en cualquier momento empezarían a gritar y soltar un ruido ensordecedor.
Había dos esqueletos uniformados custodiando la puerta, mirándome fijamente. al parecer, esperando la orden del dios que se encontraba dentro de esta sala.
Fijé mis ojos en la puerta delante de mi, inconscientemente lo sabía. Estaba ante las puertas de la sala del trono de Hades.
No, no había manera de que no lo supiera. Después de todo, ella también era un niño del inframundo.
Y el dios que se encontraba adentro de alguna manera era el jefe de su padre, su tío y sus hermanos...
La repentina brisa que corrió puso todo su cuerpo en alerta. Las puertas anteriormente imperturbables se abrieron lentamente de par en par y los esqueletos se inclinaron y se hicieron a un lado.
Era la primera vez que lo conocería en persona.
Alyssa avanzó, con sus pasos resonando en la silenciosa sala para una audiencia con uno de los tres grandes. Hades, el dios del inframundo.
El trono de Hades estaba ocupado. El era el primer hijo varón de Cronos y Rea y, a pesar de la distancia entre el y yo podía sentir su divinidad en toda la sala.
Su estatura era de por lo menos dos metros e iba vestido con una túnica de seda negra y
una corona de oro trenzado. Su tono de piel de un blanco pálido y su pelo negro azabache caía por sus hombros.
Todo en el irradiaba poder.
Hades repantigado en su trono de huesos humanos, con aspecto vivaz y curioso finalmente empezó a hablar.
—Alyssa Bellarose, Hija de Hypnos. Supongo que te preguntarás porque te eh llamado aquí — embozó una leve sonrisa mientras apoyaba sus nudillos en su cara.
Con el mayor respeto que pude encontrar me incliné ante el.
—Señor Hades, es un honor conocerlo en persona.
—Mhm, eres realmente educada — habló satisfecho—, a diferencia de tu padre que se la pasa durmiendo todo el tiempo—bufo.
—Verás niña te llame aquí porque quiero encargarte algo, solamente a ti. No quiero que esto se filtre por ningún lado, ¿lo entiendes verdad? —su tono sugería a una advertencia, el no tendría piedad.
—Lo entiendo perfectamente, señor— contesté rápidamente.
—Bien, me alegra que lo entiendas bien. Te llamé aquí, a mi palacio para que encuentres algo de suma importancia para mí — alzó su mano y las sombras se juntaron y recrearon la silueta de un yelmo.
Observé estupefacta la figura frente a mi, lo que este dios me decía era que quería que buscara su yelmo perdido, ¿¡uno de sus símbolos como dios!?
—Alyssa, como hija de Hypnos la sangre del inframundo también corre por tus venas —Hades formó una sonrisa — técnicamente tu misma eres una extensión de este lugar, tienes que seguir mis órdenes como todos en este lugar. te diré lo que necesitas saber, así que escucha atentamente.
—baje la cabeza— Gracias por su misericordia, Señor.
—Bien, mis hermanos menores, Zeus y Poseidon, están peleando. Probablemente ustedes, los semidioses, también sintieron que algo anda mal —Hades me señaló— uno de ustedes a robado el rayo maestro. Niña, sus problemas no me importan pero al parecer el mismo ladronzuelo se las arregló para robar mi yelmo también.
Hades apretó su puño y golpeó el reposabrazos de su trono, ocasionando que todo el salón temblara. Rebelando su furia contenida.
—¡Quiero que traigas mi yelmo de vuelta! Y si logras traer al semidiós atrevido que lo hizo será aún mejor... —me sonrió— No estás obligada a aceptar este encargo pero me aseguraré de callarte o borrar tu memoria —terminó de decir para observarme esperando mi respuesta.
Obviamente me lo está ordenando...
—Será un honor ayudarlo en su búsqueda.
—Bien niña, me caes bien. No te preocupes te recompensaré generosamente, con algo que realmente te ayudará en tu camino... tu padre ya está enterado de esto, dice que tengas cuidado y ah si. Como dije, no quiero que nadie se entere. por lo tanto, tu boca es una tumba.
—Lo entiendo, gracias por la oportunidad..
—Hades sonrió con sorna— toma esto —Hizo una señal y se me acercó un esqueleto, entregándome una tarjeta negra— puedes llamarme tío, niña. Conozco a Hypnos y Thanatos desde hace milenios. Las cosas se desarrollarán por si solas, solo quiero que estés atenta. Hasta que nos volvamos a ver, Alyssa.
—Fue un placer...Tío.
Las sombras se arremolinaron alrededor de mi y antes de darme cuenta, al siguiente pestañeo estaba arrodillada frente al gran árbol con mi manta y almohada a un lado.
Hubiera pensado que mi imaginación me jugó una muy mala broma o que ya estaba delirando y me había vuelto loca pero mientras miraba mis brazos y manos, mi anillo y brazalete seguían ahí pero pude ver que en mi dedo índice apareció una fina línea negra que completaba un perfecto círculo alrededor de mi dedo, simulando la promesa de ayuda que le hice a Hades.
Dentro de mi bolsillo estaba la tarjeta negra con un mensaje en la nota pegada que decía "tómalo como un patrocinio".
Parecía que no podría escapar de esto esta vez.
Miré hacia el cielo, la luna ya estaba en lo más alto del cielo. No podía quedarme a dormir aquí mismo aunque quisiera, primero me devorarían las arpias...
—Ahora que lo recuerdo, ni siquiera eh cenado.
Estaba segura que Silena y los demás la regañarían mucho mañana.
—¡Alyssa Andromeda Bellarose! ¡Entiendes claramente lo que hiciste mal! ¿verdad? — dijo Silena poniendo ambas manos sobre su cintura.
—Completamente Silena — baje la mirada y suspire sin que me mire.
—Chérie, tuve que decirles a los demás campistas que te quedaste dormida en la cabaña y, a mis hermanos que dormiste en la cabaña 6. ¡Te cubrí por todos lados! así que me debes una. Y que sea la última vez que lo haces —finalizó mirándome seriamente.
—Realmente lo siento Silena, lamento haberte preocupado..
ella me miró a los ojos y soltó un suspiro mientras cerraba los ojos con pesar.
— Nunca puedo enojarme contigo, Alyssa. Me preocupé mucho, ¿entiendes? Casi me da algo de tan solo pensar que me dejarías sola todo este verano en el campamento —fingió un sollozo.
—Gracias por cubrirme Silena —le sonreí, me ahorraste muchos problemas...
—¡Te perdono porque eres muy linda, Chérie! —dijo para luego abrazarme y empezar a besar mis cachetes.
—Silena... ya-
Silena paró y me sonrió.
—Aún así estás castigada—apoyó su mano en su mejilla, cerrando los ojos—, tendrás que levantarte a la misma hora que todos nosotros.
La miré con horror.
—Silena~ Por favor.. —intenté agarrarla de las piernas pero ella se alejó rápidamente.
—Nada de peros, alístate de una vez Chérie, tienes que ir a desayunar — habló para luego salir tranquilamente de la cabaña.
puse ambas manos en mi cara— esto no puede ser peor.
Desayuné con total tranquilidad... sin embargo, todo explotó en el momento en que los gemelos stoll aparecieron repentinamente en medio del camino del anfiteatro y el pabellón del campamento empezando a tirar goma en pistolas de agua a todos los campistas cercanos.
Travis rociaba a los campistas en goma y Connor se encargaba de que salieran completamente llenos de confeti, plumas y pintura por todos lados.
El caos reinó todo el lugar. las hijas de Afrodita, horrorizadas por toda la goma en su cabello y ropa chillaban y lloraban por doquier.
Los de Apolo se quejaban de la goma en su perfecto pelo rubio, los de Ares empezaron a tirarse los residuos de confeti y plumas.
Hermes eran todos los alborotadores siguiendo el juego de sus hermanos menores sumándose al lío y en conclusión, volvieron la mañana a una guerra de goma, colores y confeti entre campistas.
—...
Los gemelos me caían bien, me gustaba su sentido del humor y siempre que tuviera las energías para ayudarlos en sus bromas lo hacía.
Pero era un caso totalmente diferente si intentaban hacerme la broma cerca de mí o a mi, eso no terminaría nada bien.
Estuve a punto de mandar a dormir a todos aquí, en el agitado ambiente que los gemelos habían creado cuando sentí un leve dolor en mi dedo meñique.
Intentando no darle importancia seguí mi camino de regreso pero solo intensificó el dolor en la zona, busqué hacia donde intentaba guiarme —según mi razonamiento— y terminé en el bosque, buscando una sombra con la que ocultarme.
En la oscuridad, sombras se volvieron a juntar a mi alrededor como la vez en la que Hades me regreso al campamento, pero esta vez, las sombras me llevaban a otro lugar.
Aparecí en lo que para mí, era un museo. Mi madre en vida y cuerda me había llevado a varios de ellos.
El viaje sombra ya no me desorientaba ni mareaba tanto, como las dos últimas veces. estaba a un nivel soportable.
Me recompuse y pasé directamente por los pasillos del lugar que rebelaban el arte griego y romano en todo su esplendor, alce mi mano derecha en busca de la señal, sensación o razón por la que la magia del inframundo me había traído aquí.
Pase por el final del vestíbulo y antes de girar al ala grecorromana pude vislumbrar a dos personas, o mejor dicho a un chico y un monstruo.
Enfrascados en su conversación me las arreglé para pasar y esconderme atrás de un pilar.
Su voz era más clara que antes, volví a ver la figura del mounstro. En definitiva, el semidiós frente a mí no tenía nada de suerte, para que una de las furias de Hades haya buscado matarlo... eso ya es bastante.
— Señora, yo no... — habló el.
—Se te ha acabado el tiempo —siseó entre dientes.
De pronto, Quirón apareció de repente en la galería y le lanzó un bolígrafo.
—¡Agárralo, Percy! —gritó y la furia se abalanzó hacia el chico.
El bolígrafo en su mano se convirtió en una espada y la furia se volvió hacia el con una mirada asesina, los brazos del chico temblaban y de lejos se podía ver que el no había recibido ningún entrenamiento alguno.
Podría ayudarlo pero no sabía si este chico estaba relacionado al yelmo o a algo con los otros dioses para que me trajeran aquí.
En especial la furia delante, una de las tres torturadoras de Hades. Técnicamente estábamos en el mismo equipo de su amo, ¿si me meto estaré interfiriendo en algo ordenado por el?
Enojar y ponerse en el lado malo de un Dios nunca es bueno, en especial si son parte de los olímpicos.
Mire mi brazalete que se enredaba en mi brazo en forma de hoja de olivo y conjuré mi espada, όνειρο. Óneiro, una espada de Hierro Estigio, forjada en el inframundo, enfriado en el río Estigio y bañado en el río Lete por mi padre.
Hermosa y letal tanto para mortales como inmortales. El arma absorbía la esencia del oponente y con un mal golpe, quitaba recuerdos y memoria.
Mi padre me había advertido del potencial de óneiro, por esa razón solo la eh utilizado unas cuantas veces en el campamento mestizo a comparación de αιώνιος (aiónios), el anillo que mi abuelo, Eros. Me obsequió.
—¡Muere, cariño! —rugió la furia, y voló directamente hacia el.
Blandió la espada. La hoja de metal le dio en el hombro y atravesó su cuerpo — lo miré sorprendida— la furia explotó en una nube de polvo amarillo y desapareció en el acto, sin dejar nada aparte de un intenso olor a azufre.
Ahora el chico solo tenía un bolígrafo en mano. Como si no supiera que es un semidiós, la niebla hizo un trabajo perfecto.
Quirón ya había desaparecido, mire al chico delante. Cabello azabache y alborotado con una expresión anonada, bastante guapo y realmente mi tipo.
Sus ojos parpadearon y se clavaron en mi dirección, me escondí entre las sombras, ya no había nada que hacer así que no me moleste en quedarme un rato más.
Me dispuse a salir del museo y encontrar a Quirón. Percy, como el lo llamó. Tendría un papel importante hasta que terminara el solsticio de invierno.
Había una magnífica cafetería no tan lejos del museo, Saqué la tarjeta que me dió Hades y me dispuse a descansar un rato mientras esperaba la noche para ver a Quirón.
En la noche me aparecí en el pasillo de la sala de profesores con Grover y Quirón entrando antes. cuando prendieron la luz, abrí la puerta y recité en mi mente la excusa perfecta que cree para mí repentina presencia.
—Alyssa, ¿Qué estás haciendo aquí? — Grover, el primero que me noto. Empezó a preguntarme porque estaba aquí.
—señorita Alyssa, ¿Le dieron permiso para salir del campamento?
La mirada de Quirón, sabia cómo siempre, sabía que el hecho que me mostrara ante ellos no era un asunto trivial. Salir sin permiso del campamento equivalía a un castigo severo si lo notaban o te delataban.
—Mi padre me trajo, Quirón —Saque mi carta de escape, orando en mi mente para que mi padre me perdone por mentir usando su nombre.
— tuve un sueño respecto al semidiós que está aquí, Vine a avisarte sobre eso... —No era del todo mentira, ya sabía del chico que Grover protegía. Había soñado varias veces con él en el campamento y sus sueños mestizos, solo diría lo que vi en el museo como una visión.
Me lamente, Todo lo que tenía que hacer para cumplir con las órdenes de Hades.
Quirón pareció saber que había algo raro dentro de aquel semidiós porque no cuestionó la información que tenía. Como si ya supiera que Percy estaba envuelto en problemas.
—las cosas se están complicando, para que incluso tú, Alyssa. Como una de los hijos de Hypnos más poderosas supieras que Percy está en peligro significa que su presencia se está haciendo notar más en el mundo divino.
—No te preocupes tanto, Quirón — me sentí mal por el — Sueño recurrentemente con cada mestizo no es necesario que temas tan rápido por la vida de ese semidiós —mis sueños siempre son premonitorios o narran una situación actual.
A veces pienso que muchas veces se pasan de dramáticos...
Los dientes de Grover ya empezaban a castañear de solo pensar en que algo le pasará a Percy, el era su mejor amigo.
—Aún así, deberíamos prestar más atención al señor Jackson.
—... solo queda este verano —dijo Grover—. Quiero decir, ¡hubo una benévola en la escuela! Ahora que lo sabemos seguro, y ellos lo saben también...
—Si lo presionamos tan sólo empeoraremos las cosas —respondí.
—Necesitamos que el chico madure más— dijo Quirón dándome la razón.
—Pero puede que no tenga tiempo. La fecha límite del solsticio de verano...
Quirón me miró con disimulo y yo solo le sonreí inocentemente.
—Tendrán que resolverlo sin Percy. Déjalo que disfrute de su ignorancia mientras pueda—dije mientras poco a poco me llenaba de sueño.
Grover al ver que no podia convencerme se dio la vuelta y una vez más empezó a hablar Quirón.
—Señor, él la vio...
—Fue producto de su imaginación —insistió—. La niebla sobre los estudiantes y el personal será suficiente para convencerlo.
—Señor, yo... no puedo volver a fracasar en mis obligaciones. Usted sabe lo que significaría.
—No has fallado, Grover —repuso Quirón con amabilidad mientras yo asentía—. Yo tendría que haberme dado cuenta de qué era. Ahora preocupémonos sólo por mantener a Percy con vida hasta el próximo otoño...
Oímos como se cayó un libro cerca de la puerta. Quirón se interrumpió de golpe y se quedó callado.
Dirigí mi mirada hacia la puerta, Quirón sacó su arco y yo gire mi anillo Aiónios transformándolo en un arco y entrando en acción salimos de la sala de despacho.
Pasamos por el pasillo con Quirón galopeando y Grover oliendo justo al lado de la puerta contigua a nuestra sala. Nos detuvimos momentáneamente intentando escuchar el más mínimo ruido que saliera.
Y en algún punto Quirón empezó a hablar de nuevo.
—Nada —murmuró—. Mis nervios no son los que eran desde el solsticio de invierno.
—Los míos tampoco... —repuso Grover—. Pero habría jurado...
—Este lugar me pone los nervios de punta.
—Vuelvan al dormitorio —nos dijo Quirón al notarme cabeceando—. Señorita Alyssa, ya puede retirarse.
—Ore a su padre para que la regrese al campamento, no notificaré al señor D pero que sea la última vez, si algo sucede nuevamente solo envíeme un mensaje iris. Grover, Mañana tienes un largo día de exámenes. Buena suerte a ambos.
—Por favor no me lo recuerde—Dijo Grover haciendo una mueca.
—Odio la escuela.
—Yo también Alyssa, yo también...
Me retiré con Grover y lo acompañé hasta el dormitorio, luego seguí mi camino yendo a la vuelta de la institución, justo donde las sombras se ocultaban.
Luego de un leve ardor en el dedo meñique aparecí en el campamento mestizo, lista para decirle a Silena y a todos que estuve durmiendo todo el día en el bosque y después me dirigí a la cabaña.
El día siguiente fue todo menos normal, Silena me regañó por dormir afuera. Como castigo tuve que entrenar con Karan y Luke toda la mañana.
Annabeth me llevó a su cabaña para que la acompañara a leer unos libros, puede que me haya quedado dormida unas horas.
Para la tarde hablé un rato con las ninfas del bosque, me contaron que Quirón ya había vuelto al campamento. No faltaba mucho para la llegada de Percy.
Hablé un rato con mis hermanos y uno que otro niño de las cabañas de Hermes y Apolo. Los gemelos stoll y Will, Will es un niño tierno e increíblemente talentoso hijo de Apolo.
Clovis y el son amigos junto a Malcolm, el lindo hermano menor de Annabeth. Los tres amigos formaban un lindo trío.
Hablando de Clovis, nuevamente lo encontré tirado y dormido en medio del camino hacia las cabañas. La narcolepsia realmente nos pega fuerte a nosotros, los hijos de Hypnos.
Luego de arrastrar a mi hermano menor hacia la cabaña 11, me terminé durmiendo ahí mismo también.
Nos levantaron a la hora de la cena y mientras ambos nos dormíamos comiendo en la mesa otro de mis hermanos, Dorian, enterró su cabeza en el plato de comida, roncando.
Clovis y yo lo recogimos y lo llevamos a su cama en la cabaña de Hermes y de paso nos fuimos a dormir, el sueño también se contagia en nosotros.
Lamentaba no poder quedarme con mis hermanos en la cabaña 11 o llevármelos a la cabaña 10, pero incluso yo solo podía estar ahí porque Afrodita me lo permitió como legado y nieta de su hijo.
Annabeth me despertó repentinamente en la noche, Quirón nos llamó a las dos. El clima fuera del campamento era tormentoso, las lluvias empapaban la tierra, truenos se oían sobre el cielo y la oscuridad abrazaba todo el campamento.
Zeus estaba enojado.
Mire a Annabeth en busca de una explicación pero ni siquiera ella sabía porque que estaba sucediendo.
Pasamos el árbol de Thalía junto a Quirón y empezamos a descender la colina mestiza en total silencio. De pronto la lluvia cesó y los truenos disminuyeron pero aún sonaban a lo lejos.
Paramos en cuanto observamos a dos figuras tiradas a lo lejos.
Una era Grover que se encontraba desmayado y hablando entre dientes pidiendo comida, el otro era Percy, apunto de caer en la inconsciencia, el mismo chico que había visto en mis sueños y conocido en persona ayer.
Nos acercamos a él y Annabeth dijo — Es el, tiene que serlo.
Estuve a punto de decirle que no era el momento y que ambos necesitaban atención médica cuando Quirón habló.
— Silencio, Annabeth. El chico está consciente. Ayuda a Alyssa a llevarlo dentro.
Tan pronto como terminó de hablar, el chico se desmayó y Annabeth lo miró con sus ojos grises, analizando al chico delante.
—Esta bien Quirón
Ya comenzó la misión.
