Donde menos lo esperas (Camren)

Summary

Camila siempre ha seguido las reglas, ha trazado su camino con cuidado y sabe exactamente lo que espera de la vida... hasta que Lauren aparece y lo cambia todo. Misteriosa, rebelde y completamente diferente a ella, Lauren no solo desafía sus creencias, sino que despierta en su interior emociones que nunca imaginó sentir. Entre encuentros llenos de tensión, momentos inesperados y decisiones que podrían cambiarlo todo, ambas deberán descubrir si el destino las ha puesto en el mismo camino por casualidad o por algo mucho más profundo. Una historia sobre amor, crecimiento y la magia de los giros inesperados de la vida.

Genre
Lgbtq
Author
Anonimoxd
Status
Complete
Chapters
32
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

El sonido de las campanas de la iglesia resonaba por todo el pueblo, un recordatorio constante de la fe que gobernaba cada aspecto de la vida en aquel pequeño rincón de California. Camila Cabello se despertó con el mismo hábito de siempre: rezar antes de levantarse, agradecer por un nuevo día y pedirle a Dios fuerzas para seguir por el camino correcto. 

Su habitación era modesta, con una cama de madera bien tendida, una cruz sobre el cabecero y una pequeña mesa de noche con una Biblia cuidadosamente colocada. Desde pequeña, sus padres le habían enseñado que la disciplina y la devoción eran la clave para una vida plena. Y Camila nunca los había defraudado.

—Camila, el desayuno está listo —llamó su madre, Sinuh, desde la cocina.

—Ya voy, mamá.

Se vistió con su uniforme escolar: una falda azul oscura y una blusa blanca perfectamente planchada. Antes de bajar, revisó su agenda escolar, asegurándose de tener todas sus tareas listas. Las calificaciones eran otro pilar fundamental en su vida. No solo porque sus padres lo exigían, sino porque el pueblo entero la veía como el modelo a seguir.

En la mesa, su hermana menor, Sofía, jugaba con su cereal mientras su padre leía un pasaje de la Biblia en voz alta.

—Hoy hablaremos en la iglesia sobre la importancia de la obediencia, especialmente en los jóvenes —comentó Alejandro Cabello con seriedad.

Camila asintió, como siempre lo hacía. Sabía que la obediencia era el cimiento de su hogar. Desde pequeña, había sido criada para ser la hija perfecta, la hermana ejemplar, la alumna destacada. Y aunque en su corazón a veces se cuestionaba algunas cosas, nunca se había atrevido a expresarlo.

Ese día, como cualquier otro, salió rumbo al colegio, saludando a los vecinos con una sonrisa amable. En su pequeño pueblo, todos se conocían. Sabían quién era ella, la hija de los próximos pastores, la joven promesa de la comunidad.

Pero en lo más profundo de su ser, Camila sentía que algo le faltaba. No podía decir qué, solo sabía que había una parte de ella que aún no comprendía del todo.

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A varias horas de distancia, en el corazón de Los Ángeles, Lauren Jauregui se despertó con el sonido de su teléfono vibrando sin parar.

—¿Qué? —gruñó, tomando el aparato sin siquiera mirar el número.

—Lauren Michelle Jauregui Morgado, ¿qué demonios hiciste esta vez? —La voz furiosa de su padre retumbó en sus oídos.

Lauren se frotó los ojos, mirando alrededor de su desordenada habitación. Ropa esparcida por el suelo, una botella de licor a medio terminar en su escritorio y su chaqueta de cuero colgada en la lámpara.

—Papá, es temprano para tus sermones…

—¡Encendiste la dirección del colegio, Lauren! ¡Los medios ya están hablando de esto!

Lauren suspiró, sentándose en la cama. No era la primera vez que hacía algo así. Había discutido con el director por una tontería, él la había sancionado injustamente (según su versión), y en un arrebato de ira, había activado la alarma de incendio solo para ver el caos estallar.

—Relájate, papá. Nadie salió herido.

—¡Eso no importa! Tu nombre ya está en todos los periódicos. ¿Tienes idea del daño que esto le hace a mi campaña?

Lauren apretó la mandíbula. Su padre siempre estaba más preocupado por su imagen que por ella. No importaba lo que hiciera, todo se reducía a cómo afectaba su carrera política.

—Mira, ya lo arreglaré…

—No, no lo harás. Esta vez se acabó, Lauren. Tu madre y yo hemos tomado una decisión.

El tono de su padre le puso la piel de gallina.

—¿Qué significa eso?

Hubo un breve silencio antes de que su madre tomara el teléfono.

—Vas a irte del país por un tiempo, Lauren. A un internado o algo donde puedas aprender disciplina.

Lauren se echó a reír.

—Sí, claro, mándenme a un convento en Suiza.

—No es Suiza. Es un pequeño pueblo en las afueras de Los Ángeles. No hay lujos, no hay fiestas, y definitivamente no hay medios de comunicación siguiéndote.

La risa de Lauren se apagó de inmediato.

—No puedes hacerme esto.

—Oh, sí podemos. Tienes un boleto de avión para mañana. Empieza a empacar.

Y con eso, la línea se cortó.

Lauren se quedó mirando el teléfono, sintiendo cómo su mundo se derrumbaba.

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El sol comenzaba a ocultarse cuando Camila regresó a casa después de la escuela. Su madre y su padre parecían más ocupados de lo normal, hablando por teléfono y murmurando entre ellos.

—Camila, querida, ven un momento —dijo Sinuh, con su tono característico de “algo importante está por suceder”.

Camila se acercó, sintiendo una extraña tensión en el ambiente.

—¿Ocurre algo, mamá?

—Nos pidieron un favor en la iglesia. Vamos a recibir a una nueva integrante en la comunidad. Una joven que… necesita un poco de orientación.

Camila frunció el ceño.

—¿Quién es?

—Su nombre es Lauren Jauregui.

Ese nombre aún no significaba nada para Camila. Pero estaba a punto de convertirse en lo más importante de su vida.

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El sonido de las páginas de la Biblia pasaba con suavidad entre sus dedos mientras Camila intentaba concentrarse en la lectura nocturna. Su madre insistía en que cada día debía reforzar su fe con al menos un pasaje antes de dormir, pero esa noche su mente estaba en otro lugar.

Lauren Jauregui.

No sabía por qué el nombre de esa chica le llamaba tanto la atención. Era solo una desconocida, una joven problemática que la iglesia había decidido acoger para enderezar su camino. Sin embargo, algo dentro de ella sentía una extraña inquietud.

—Camila, ¿qué lees? —preguntó Sofía, asomando su cabecita por la puerta.

—El Evangelio de Mateo —respondió con una sonrisa.

—Mamá dijo que mañana iremos a conocer a la chica nueva.

Camila asintió con una expresión neutra.

—Sí, nos pidieron que fuéramos amables con ella.

—Dicen que viene de la ciudad. ¿Crees que sea diferente a nosotras?

Camila suspiró. Diferente. Aquella palabra le causaba más dudas de las que estaba dispuesta a admitir.

—Seguro sí —respondió, cerrando el libro—. Pero eso no significa que no podamos ayudarla.

Sin embargo, en lo más profundo de su corazón, una sensación extraña le decía que esa chica no sería fácil de manejar.

El viaje hasta aquel diminuto pueblo fue una de las experiencias más insoportables para Lauren. Su padre se aseguró de que la escoltaran como si fuera una criminal en rehabilitación. Al llegar, la casa donde viviría por los próximos meses le pareció un castigo en sí misma: vieja, con muebles de madera anticuados y un silencio incómodo.

—Al menos me enviaron con dinero —murmuró, observando el cheque semanal que su madre había dejado en la mesa.

La falta de señal en su teléfono fue el verdadero golpe. Sin redes sociales, sin llamadas, sin conexión con su mundo real.

—Voy a morir de aburrimiento.

Abrió una de sus maletas y sacó un paquete de cigarrillos. Se dirigió a la parte trasera de la casa y encendió uno, aspirando profundamente.

—Así que esta es mi nueva prisión.

El pueblo era pequeño, rodeado de colinas y con una sensación de aislamiento casi opresiva. Nada de tráfico, nada de ruido de la ciudad, solo el sonido de los grillos y el viento moviendo los árboles.

—Estúpido castigo.

Pero Lauren no tenía idea de que lo peor estaba por llegar.

A la mañana siguiente, la familia Cabello se preparó para la visita. Sinuh insistió en llevar una canasta con pan casero y frutas, asegurando que era importante que Lauren se sintiera bienvenida.

—Recuerden, esta niña ha vivido en un ambiente difícil —dijo Alejandro—. Es nuestra responsabilidad mostrarle que este es un lugar donde puede cambiar su vida.

Camila no respondió. Algo dentro de ella le decía que esta Lauren Jauregui no sería alguien fácil de tratar.

Al llegar a la casa, tocaron la puerta con suavidad.

Nada.

Sinuh insistió, golpeando un poco más fuerte.

—Tal vez aún está dormida —susurró Sofía.

Pero entonces, la puerta se abrió de golpe, revelando a una Lauren despeinada, vistiendo una camiseta ancha y pantalones cortos. El olor a cigarrillo aún flotaba en el aire.

Camila frunció el ceño.

Lauren las miró de arriba abajo con una expresión entre fastidio y burla.

—¿Y ustedes quiénes son?

Sinuh sonrió con amabilidad.

—Hola, querida. Somos la familia Cabello, venimos a darte la bienvenida.

Lauren cruzó los brazos.

—No necesito una bienvenida. Estoy bien.

Camila sintió cómo la sangre le hervía.

—Es educación recibir a las personas cuando vienen a saludarte.

Lauren la miró con una ceja arqueada.

—¿Y tú quién eres? ¿La guardiana del pueblo?

Camila la fulminó con la mirada.

—Solo intentamos ser amables.

Lauren bufó, apoyándose en el marco de la puerta.

—Pues no pierdan su tiempo. No vine aquí a hacer amigos.

El choque de personalidades era evidente. Dos mundos completamente opuestos habían colisionado, y ninguna de las dos estaba dispuesta a ceder.