Ella no es la Villana

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Summary

La desaparición de Pan ha dejado a su familia al borde del colapso, sumidos en la incertidumbre y el dolor. Mientras intentan reconstruir sus vidas, una serie de ataques brutales sacude la ciudad, perpetrados por dos misteriosas figuras encapuchadas que siembran el terror en cada paso. Lejos de allí, en un paraje desolado, Pan y un viejo amigo resurgen tras escapar de un infierno que los marcó para siempre. Pero ¿qué les sucedió en ese lugar? ¿Quiénes son en realidad los enemigos que amenazan con destruirlo todo? ¿Estarán relacionados con la desaparición de Pan?

Genre
Fantasy/Drama
Author
Alexa
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

El sol se ocultaba tras los picos afilados de las montañas, tiñendo el cielo de tonos dorados y morados. El aire, cargado con el aroma de la tierra mojada y la hierba fresca, vibraba con cada golpe, con cada movimiento veloz que trazaba una serie de estelas en el crepúsculo.


Pan y Trunks llevaban horas entrenando. Sus cuerpos parecían cansados; sin embargo, sus espíritus se percibían más vivos que nunca.


Trunks retrocedió unos metros, respiró con fuerza mientras observaba a compañera de entrenamiento. Sus puños se movían con una precisión que le quitaba el aliento; sus reflejos eran casi imposibles de seguir.


—¿Cuándo se volvió tan fuerte? —Pensó, y algo en su pecho se agitó, como si un puño invisible lo hubiese golpeado justo en el corazón.


Ella giró hacia él. El sudor brillaba en su frente, y en sus labios se forjaba una sonrisa salvaje.


—¡Vamos, Trunks! ¡Deja de mirarme y ataca de una maldita vez! —gritó, desafiante, como de costumbre.


Y él… no pudo evitar sonreír como un idiota.


Era absurdo.


Había pasado todo el día agotado, con un maldito ardor en los músculos y la mente nublada por el trabajo en la Corporación Cápsula. Si su padre lo hubiera obligado a entrenar, con certeza habría hecho un berrinche y las horas en aquella cámara de gravedad habrían sido un infierno.


Algo que con Pan, jamás sucedía.


La veía a lo lejos en posición de ataque y sonreía. A la mierda con el cansancio, el ardor, el mundo entero se podría ir a la mierda en ese momento, nada más importaba por que Trunks se encontraba con ella.


Y eso lo cambiaba todo.


La presencia de esa mujer iluminaba todo a su alrededor, como si el sol estuviera atrapado en su hermosa sonrisa. El simple hecho de verla, de escuchar su voz, hacía que el mundo pareciera menos pesado.


Trunks se ajustó los guantes, fingió concentración, aunque en realidad solo estaba tratando de ocultar el rubor que le quemaba las orejas.


—Esto es estúpido—se regañó—.Soy el hijo del príncipe de los saiyajin, no un estúpido niño de secundaria con su primer crush.


En realidad, Pan no era un simple crush.


Algo dentro de él le decía que ese sentimiento, no era algo pasajero o algo que quisiera olvidar después de un tiempo.


EraPan.


La misma chica que lo recibía con una increíble sonrisa en el rostro, que lo golpeaba y le gritaba cada vez que tenía oportunidad solo porque se comía su postre favorito.


La que se quedó despierta con él toda la noche después de que su madre discutiera y le prohibiera hacer su viaje por el espacio a solas.


La que, sin importar cuán duro pelearan o cuánto se molestaran, siempre estaba ahí, con esa mirada desafiante y esa sonrisa que lo hacía sentir invencible.


Y ahora la miraba y sentía que algo se quebraba dentro de él.


—¿Qué pasa? —preguntó Pan, frunciendo el ceño y deteniéndose frente a él. Su aliento era cálido contra su piel, y Trunks tuvo que contener el impulso de cerrar los ojos, de memorizar ese momento.


—Nada —respondió, desviando la mirada—. Solo pensaba en lo mucho que has mejorado.


Ella rió, dándole un golpe amistoso en el hombro.


—Por supuesto. Aunque todavía no estoy a tu nivel, sé que algún día voy a superarte, ya verás.


Trunks asintió, pero en su mente había un torbellino de palabras no dichas:


«Ya lo hiciste», quería decirle. «Hace mucho que me superaste».


Pero no lo dijo.


No pudo.


Porque eso, lo que fuese que sintiese por ella, era frágil.


Incluso peligroso.


Solo eran amigos. Desde aquel viaje se habían convertido en los mejores. Y él no estaba dispuesto a arriesgar eso, no cuando su mundo ya había estado al borde del colapso en tantas ocasiones.


Prefería mil veces su complicidad, sus peleas, su amistad sincera, a arruinarlo todo por un sentimiento que quizá ella no compartiera.


Así que se guardó cada sonrisa tonta, cada latido acelerado, cada mirada de añoranza.


Y siguió entrenando, como si nada hubiese cambiado. Como si su corazón no estuviera a punto de estallar cada vez que la escuchaba hablar...


El último golpe que intercambiaron los dejó a ambos sin aliento. Pan, con el cabello pegado al rostro por el sudor, miró hacia el cielo ya teñido de púrpura y, sin más, se dejó caer sobre la hierba fresca. Su pecho subía y bajaba rápidamente a consecuencia del agotamiento; no obstante, su sonrisa era de pura satisfacción.


—¡Ufff! ¡Hoy sí que nos excedimos! —exclamó, estirando los brazos hacia arriba, como si quisiera tocar las primeras estrellas que comenzaban a asomarse.


Trunks no pudo evitar imitarla. Se desplomó a su lado, sintiendo cómo el pasto húmedo le enfriaba la espalda. Pero en lugar de mirar al cielo, sus ojos se clavaron en ella. En la curva de su sonrisa, en el brillo de sus ojos, en la manera en que su respiración se iba calmando poco a poco.


Algo dentro de él se agitó, como una chispa que amenazaba con convertirse en llamarada.


—Pan… —su voz salió más baja de lo que pretendía; fue casi un susurro.


—¿Mmm? —Ella giró la cabeza hacia él, curiosa.


Me gustas. Estoy enamorado de ti. Llevo años sintiendo esto y no puedo ocultarlo más.


Pero las palabras se atoraron en su garganta. Su boca se abrió, y solo salieron sonidos incoherentes. Un balbuceo torpe hizo que Pan arquease una ceja.


—¿Qué? No te entendí ni una palabra —se rió, dándole un codazo suave—. ¿Tan cansado estás que hasta hablas en otro idioma?


Trunks sintió el calor subirle por el cuello. Quería reírse también, quiso disimular, pero el corazón le latía con tanta fuerza que temía que ella pudiera escucharlo.


—N-no, es que… —intentó de nuevo, pero entonces Pan giró la muñeca para mirar su reloj y, de pronto, se incorporó de un salto.


—¡Mierda! ¡Se me hizo tarde! —exclamó, sacudiéndose los restos de pasto de la ropa.


—¿Eh? ¿Qué pasa? —Trunks se sentó de golpe, desconcertado.


—Invité a salir a Bish esta noche —respondió ella, ajustándose las cuerdas de su calzado—. Casi lo olvido.


El nombre de ese joven hizo que a Trunks se le enfriara la sangre. Bish. Un tipo presumido, superficial, que ni siquiera merecía estar cerca de ella.


—¿En serio vas a ir a una cita con ese idiota? —preguntó, tratando de que su voz no delatara el nudo de celos que se formaba en su estómago—. Estás agotada. ¿Por qué mejor no vamos a mi casa, te bañas y jugamos algo? Como siempre.


Pan lo miró un segundo, como si considerara la propuesta, pero luego negó con la cabeza.


—No puedo. Yo lo invité, hasta hice planes y todo —dijo, y había algo en su tono que sonaba casi resignado—. Además, no es tan malo cuando lo conoces. Deberías venir a saludarlo. Es su cumpleaños... y nos invitas un helado.


Trunks quiso protestar. Deseaba confesarle que le invitaría todo lo que ella quisiera, que no necesitaba soportar citas mediocres con tipos que no la valoraban. Pero no lo hizo. Porque no tenía derecho. Porque nunca había dicho nada.


—Ah. Creo que paso, pero diviértete —murmuró, forzando una sonrisa que no llegó a sus ojos.


Pan lo estudió un segundo, como si detectara algo raro en su reacción, aunque al final solo se encogió de hombros.


—¡Nos vemos mañana! —gritó, ya levitando a pocos centímetros del suelo—. ¡No llegues tarde al entrenamiento!


Y entonces se fue, dejándolo solo en el crepúsculo, con el corazón encogido y las palabras que nunca dijo flotando entre los dos como un secreto a medias.


Trunks se recostó de nuevo en el pasto, cerró los ojos con fuerza y soltó un bufido:


—Estúpido.


Mañana sería otro día. Otro día de sonrisas, peleas y complicidad.


Pero esa noche, mientras ella estaba con otro, él solo tenía que aprender a vivir con el peso de todo lo que no se atrevía a decir.


✧ ೃ༄*ੈ✩~~~~~~~~✧༄*ੈ✩



El aire nocturno en Ciudad Satán se llenó de murmullos distantes, de risas ahogadas y motores lejanos. Trunks volaba a una altura baja, con las manos ocultas en los bolsillos y la mirada perdida en el horizonte iluminado por las luces de la ciudad. Cada vez que parpadeaba, veía la imagen de Pan alejándose, y el monstruo de los celos volvía a golpearle en el estómago.


Gritó, llevó ambas manos a la cabeza y pataleó al mismo tiempo que maldecía en voz alta.


Al llegar a Corporación Cápsula, el silencio de la mansión lo recibió como siempre: sofisticado, pulcro, demasiado perfecto. Su padre debía de estar en la nueva cámara de gravedad que Bulma había construido para él; su madre, probablemente en alguna reunión corporativa. Pero había una luz encendida en la sala de estar, y el murmullo de la televisión delataba la presencia de su hermana menor.


Bra estaba recostada en el sofá, con un tazón de helado en una mano y el control en la otra, absorta en algún drama romántico que Goten seguramente se habría negado a ver con ella. Al escuchar los pasos de Trunks, ni siquiera levantó la vista.


—¿Perdisteotra pelea contra Pan? —preguntó con una sonrisa burlona.


—No perdí —murmuró él, dejándose caer en el sillón a su lado—. Solo entrenamos.


—Ajá. Claro. Por eso tienes cara de perro mojado.


Trunks le lanzó un cojín a la cabeza, y Bra lo esquivó con una risa traviesa.


—Oye, Bra… —comenzó, dudando, buscando las palabras correctas—. Tú y Goten… ¿cómo empezaron a salir?


Ella bajó el volumen de la televisión y giró lentamente hacia él, las cejas arqueadas en una expresión que era mitad sorpresa, mitad diversión maliciosa.


—¿En serio? ¿El gran Trunks Briefs, héroe universal, dueño de media Ciudad Satán, viene a mí por consejos de amor? —Su sonrisa se ensanchó—. ¿Acaso a mi hermano mayor le gusta alguien?


Trunks sintió que el calor le subía por la nuca.


—No es nada serio. Solo curiosidad.


—¿La conozco?


—No —mencionó demasiado rápido para disimular.


—Mentiroso —cantó ella, señalándolo con la cuchara de helado—. Dime quién es. ¿Acaso es esa chica de la oficina, la nueva secretaria que siempre te está mirando como si fueras su dios? ¿O la reportera que te entrevistó el mes pasado? Hubo química entre ustedes.


—No es ninguna de ellas —respondió, de nuevo, demasiado rápido.


Bra inclinó la cabeza, estudiándolo. Luego, sus ojos brillaron con un entendimiento repentino.


—…¿Es Pan?


—¡No! —la respuesta salió casi como un gruñido, con fuerza, muy a la defensiva.


Bra se echó a reír, deleitada.


—¡Es Pan! ¡Dios, es obvio! ¡Siempre te pones así cuando hablas de ella!


—No me pongo de ninguna manera y nunca hablo de ella —protestó Trunks, cruzando los brazos—. Ynoes Pan.


—Ajá. Entonces, si no es nadie, ¿por qué preguntas por Goten y por mí?


Trunks resopló, frustrado. Sabía que esto era una mala idea.


—Olvídalo.


Pero Bra, ahora completamente interesada, se inclinó hacia él.


—Mira, si quieres saber… Goten fue quien dio el primer paso. Un día, después de entrenar, simplemente me dijo que le gustaba. Fue torpe, se puso todo rojo, pero… fue sincero. —Hizo una pausa, observando a su hermano con una rareza poco común en ella—. ¿Por qué no haces lo mismo?


Trunks desvió la mirada.


—Porque no es tan simple.


—¿Porque son amigos? —preguntó Bra, como si ya lo supiera todo.


—Sí. No quiero arruinarlo.


—¡Lo sabía! ¡Es Pan!


—¡Quénoes Pan!


Bra suspiró, dramática.


—Dios, eres tan tonto como Goten. Mira, si Pan es tu amiga de verdad...


—Noes Pan...


—Sí, ella es tu amiga de verdad, aunque le digas que te gusta y ella no sienta lo mismo, no van a perder eso. A menos que tú lo hagas raro.


Trunks frunció el ceño.


—Fácil decirlo cuando a ti te correspondieron.


—¡Tú ni siquiera le has dado la oportunidad de que te rechace! —replicó Bra, lanzándole un cojín de vuelta—. Además, ¿en serio vas a quedarte callado mientras ella sale con idiotas como Bish?


Solo el nombre hizo que a Trunks se le tensara la mandíbula.


—Eso no es asunto mío.


—¡Claro que lo es! —exclamó Bra, poniéndose de pie mientras lo señalaba con el tazón de helado—. Si te gusta, dilo. Si no, deja de ponerte celoso como un niño.


Trunks quiso replicar, pero no encontró las palabras. Bra tenía esa molesta habilidad de dejarlo sin argumentos.


—Ya basta del interrogatorio —murmuró, levantándose—. Me voy a bañar.


—¡Huye todo lo que quieras, hermanito! —gritó Bra tras él, riendo—. ¡Pero tarde o temprano tendrás que enfrentarlo!


Trunks subió las escaleras con los puños apretados.


Estúpido.


Estúpidopor preguntar.


Estúpidopor sentir esto.


Estúpidopor no poder decir nada.


Pero, sobre todo,estúpidopor saber que Bra, como siempre, tenía razón.


—¡Ynoes Pan de quien hablo! —gritó antes de desaparecer escaleras arriba.


—Lo que te haga dormir mejor, hermanito —murmuró Bra con una sonrisa.


✧ ೃ༄*ੈ✩~~~~~~~~✧༄*ੈ✩



El suave resplandor de la lámpara colgante bañaba la mesa, y el aroma de la comida recién hecha flotaba en el aire, cálido y reconfortante, llenando cada rincón de la casa Son.


Y, a pesar de eso, algo dentro de Videl la consumía. Una inquietud sutil se filtraba entre sus pensamientos, como una sombra persistente. Sus dedos se tensaban alrededor del paño con el que se secaba las manos, una y otra vez, aunque ya no quedaba humedad en ellas.


Echó un vistazo rápido al reloj de pared detrás de ella.


Era tarde.


Más de lo habitual.


Con un suspiro apenas audible, dejó el paño sobre la encimera y se dirigió hacia la habitación de Pan, con los pasos deliberadamente calmados. La puerta estaba entreabierta, como siempre, pero esa vez Videl se detuvo un instante antes de empujarla, como si ese pequeño gesto pudiera darle más tiempo para encontrar las palabras correctas.


Dentro, Pan estaba sentada en el borde de la cama, desenredando los guantes de sus muñecas. Había algo distinto en ella, una tensión apenas perceptible en sus hombros, una mirada perdida en algún punto del suelo, como si no estuviera realmente allí.


Videl apoyó un hombro contra el marco de la puerta, cruzando los brazos.


—¿Cómo estuvo el entrenamiento? —preguntó, en voz baja, pero no tan suave como para que sonara casual.


Pan parpadeó, como si volviera en sí, y lanzó una sonrisa rápida.


—Bien. Normal.


Pero Videl no era tonta. Sabía leer a su hija mejor que nadie. Sabía quenormalnunca había significadobienen el vocabulario de Pan.


Así que esperó. En silencio. Un espacio para que la verdad se asomara, si es que estaba ahí.


Pan desvió la mirada, y sus dedos juguetearon con los bordes de su ropa.


—Trunks estuvo… raro —murmuró al fin, como si las palabras se le escaparan sin permiso.


Videl no respondió de inmediato. Sabía que había más.


Y, después de un latido de silencio, Pan añadió, casi para sí misma:


—Todo el mundo está raro últimamente. Bish no responde mis mensajes, quizás ya descubrió lo de la fiesta. Tal vez esté molesto.


El corazón de Videl se contrajo, solo un poco. Porque esa frase, esa pequeña admisión, era más de lo que Pan había dicho en días.


Así que, en lugar de presionar, solo asintió.


—Ha pasado por mucho —dijo, suavemente, como si hablara de cualquier otra cosa— y no está acostumbrado a personas como tú.


Pan la miró entonces, realmente la miró, y por un segundo, Videl vio en sus ojos a la misma niña que solía correr hacia ella después de una pesadilla.


Pero el momento pasó. Pan se estiró, exagerando un bostezo, y dijo:


—Sí, pues… tendrá que acostumbrarse.


—Entonces, ¿irás por él? —preguntó Videl con una sonrisa pícara.


—Sí, tengo que inventarme una excusa para traerlo, y no me importa si tengo que arrastrarlo, él vendrá.


—Ya se te ocurrirá algo. Eres experta en dar excusas —comentó Videl, aún con la sonrisa en el rostro mientras salía, cerrando la puerta tras de sí con un clic apenas audible. Se quedó un momento en el pasillo y respiró hondo.


Ese mal presentimiento que había sentido por la mañana no la había abandonado en ningún momento.


Sentía que algo estaba por suceder.



Y no estaba segura de si debía preocupar a su esposo... o simplemente dejar que ocurriera.