Capitulo 1
La luna llena reinaba en lo alto del cielo nocturno, derramando una luz fría y plateada que iluminaba el bosque como si fuera un escenario fantasmagórico. Cada hoja, cada rama, cada piedra parecía revestida con un brillo etéreo, transformando la naturaleza en un mundo irreal y silencioso, lleno de sombras danzantes.
El bosque no era un lugar común ni seguro. Era un territorio dividido desde tiempos inmemoriales, marcado por un tratado antiguo que separaba dos mundos enfrentados: los vampiros y los hombres lobo. Aquella frontera invisible estaba tallada en el aire y en la tierra, vigilada por una historia de odio y respeto que pocos se atrevían a romper.
Al oeste, se extendía el dominio de la manada de lobos. Un mundo salvaje, vivo, donde los árboles se alzaban como centinelas y la tierra guardaba el eco de aullidos y carreras furtivas. Allí, Jimin gobernaba como alfa, un líder fuerte y decidido que protegía a su manada con la fuerza de su garra y el peso de su honor. Los lobos se movían en silencio, como sombras vivientes, camuflados entre raíces y cuevas secretas que sólo ellos conocían.
Al este, la tierra era otra historia. Un paisaje sombrío dominado por un castillo imponente, cuyas torres góticas se elevaban hacia el cielo como garras de piedra. Era el reino de los vampiros, un mundo de elegancia oscura, de secretos y peligros ocultos bajo la piel pálida y los colmillos afilados. Jungkook, joven y poderoso, era el señor de aquel lugar. Su presencia imponía respeto y un temor profundo, incluso entre los suyos.
Aquella noche, el bosque estaba especialmente silencioso. El viento susurraba entre las hojas, pero había una tensión latente, un latido invisible que recorría cada rincón del territorio. Jimin avanzaba con cautela, sus pasos ligeros y precisos. Su forma humana ocultaba la fuerza que dormía en su interior, pero sus sentidos eran los de un depredador.
Había detectado algo extraño. Un olor ajeno, la presencia temeraria de un humano que se había internado demasiado en el bosque. Los humanos, a pesar de su fragilidad, eran una amenaza creciente para ambos pueblos sobrenaturales. Cazadores con armas, trampas y tecnología diseñada para aniquilar.
Jimin se movía siguiendo el rastro, concentrado, absorbiendo cada detalle con atención. La sangre fresca le indicaba que la presa estaba cerca, vulnerable y asustada. El pulso acelerado del humano era claro entre el murmullo del bosque.
Sin darse cuenta, Jimin había cruzado la frontera marcada hacía siglos. Las señales que su manada respetaba al pie de la letra se desvanecían bajo sus pies. El aire se volvía más frío y pesado, impregnado de un aroma metálico y extraño.
Cuando estaba a punto de saltar sobre la presa, una sombra surgió con la velocidad del rayo. Una figura esbelta y pálida apareció entre los árboles, con movimientos tan suaves que parecía flotar. Los ojos rojos de aquella criatura brillaban intensamente, reflejando la luz de la luna como brasas encendidas.
—Detente —la voz resonó clara y firme, con una autoridad inconfundible—. Estás en territorio vampiro.
Jimin se detuvo en seco, sus músculos tensos y el corazón latiendo con fuerza. Reconocía a la criatura ante él: un vampiro. No un cualquiera, sino alguien con poder y presencia. Su instinto le decía que no podía bajar la guardia ni un segundo.
—No sabía que había cruzado la frontera —respondió con voz firme, mostrando ligeramente sus colmillos en un gesto que era a la vez advertencia y desafío—. Estaba cazando.
—El tratado es claro —contestó el vampiro con una sonrisa fría—. Aquí no tienes lugar.
Un silencio pesado cayó entre ellos, como una cuerda tensada a punto de romperse. Los dos se miraban con cautela, midiendo fuerzas y voluntad.
—¿Quién eres? —preguntó Jimin, con la voz baja y retadora.
—Jungkook —respondió el vampiro, tan frío como la noche que los envolvía—. ¿Y tú?
—Jimin.
Durante unos segundos, sus miradas se cruzaron, tratando de descubrir en el otro algo más que una simple identidad. Había reconocimiento, pero también una distancia inexplicable.
Jimin recordó las historias antiguas, los cuentos de su padre sobre los vampiros: seres elegantes y peligrosos, con la capacidad de engañar y matar sin misericordia. Jungkook, por su parte, pensó en los lobos como criaturas salvajes, indomables, pero que seguían un código de honor tan fuerte como la sangre que corría en sus venas.
—No volveré a cruzar esta línea —dijo Jimin finalmente, dando un paso atrás—. No quiero conflictos innecesarios.
—Más te vale —respondió Jungkook con un brillo amenazante en sus ojos—. La próxima vez, no habrá advertencias.
Sin más, Jimin desapareció en la oscuridad del bosque, dejando a Jungkook solo con sus pensamientos y una inquietud que no podía explicar.
Ambos ignoraban que aquel encuentro casual era, en realidad, el choque de dos líderes. Sin saberlo, acababan de encontrarse cara a cara, y el destino empezaba a tejer una trama que cambiaría para siempre la historia de sus razas.
Mientras la luna seguía su curso en el cielo, una amenaza más grande acechaba, una sombra que ni lobos ni vampiros estaban preparados para enfrentar.
Jimin corrió de regreso a su territorio, pero su mente no se quedaba atrás. La imagen de aquel vampiro —Jungkook— permanecía grabada en su memoria como una quemadura. Había algo en él que lo inquietaba. No sólo su poder, que era evidente en su postura, en su voz firme y mirada roja como el fuego. No. Era su calma, su control, el modo en que no tembló ni por un segundo al verlo transformarse.
El bosque comenzaba a cambiar a medida que Jimin regresaba a su lado del territorio. Los árboles se volvían más densos, las sombras menos amenazantes, como si el bosque mismo lo reconociera. Su manada ya lo esperaba en la cueva principal, un refugio escondido entre raíces gruesas y rocas cubiertas de musgo.
—Llegas tarde, alfa —dijo Taehyun, uno de los exploradores, con un tono entre alerta y curiosidad.
—Tuve un encuentro —respondió Jimin con la voz seca—. Con el líder de los vampiros.
La cueva quedó en silencio. Ni siquiera el crujir de las brasas rompía la tensión que siguió a esas palabras. Todos sabían lo que significaba. No era un simple intercambio. Que dos líderes se encontraran, cara a cara, en un cruce de territorios, era un presagio. O de guerra… o de algo aún peor.
—¿Hubo pelea? —preguntó Seonghwa, su segundo al mando, con el ceño fruncido.
—No. Pero tampoco hubo cordialidad.
Mientras Jimin explicaba lo ocurrido, su mente vagaba hacia la imagen de Jungkook. Esa seguridad tranquila que no parecía arrogancia, sino certeza. ¿Podía un vampiro tener honor?
Del otro lado del bosque, Jungkook también había regresado. El castillo de piedra se alzaba como una fortaleza de otro tiempo, con ventanales oscuros y corredores silenciosos. Su llegada fue recibida con reverencias de los sirvientes, pero él no se detuvo. Caminó con paso firme hasta llegar a la sala del consejo, donde varios vampiros antiguos aguardaban con impaciencia.
—¿Qué ocurrió? —preguntó Irene, una de las mayores del clan, cuyos ojos centelleaban con sospecha.
—Me crucé con un lobo —dijo Jungkook mientras se quitaba la capa empapada de humedad—. Con el alfa, según parece.
Un murmullo recorrió la sala.
—¿Lo atacaste? —preguntó Kai, el más joven del consejo, aunque su tono dejaba ver su hambre de conflicto.
—No. No esta vez.
—¿Por qué no? —replicó Irene con un siseo—. Ellos no nos dan tregua. No son civilizados. Su existencia es salvaje, desordenada…
—Y sin embargo tienen un tratado con nosotros desde hace siglos —interrumpió Jungkook con frialdad—. Y lo romperemos sólo si estamos listos para lo que venga después.
El silencio fue su única respuesta. Nadie se atrevía a contradecirlo abiertamente. No aún. Pero el descontento flotaba como una nube de veneno.
Jungkook se retiró a su estudio personal. Una habitación solitaria, decorada con libros antiguos, armas ceremoniales y pinturas oscuras. Se sirvió una copa de sangre sintética, pero no la bebió de inmediato. Observó la superficie del líquido rojo y pensó en los ojos dorados del lobo.
“Jimin.”
El nombre resonaba en su mente con más fuerza de la que debería. Era extraño sentir respeto por un enemigo. Más aún sentir curiosidad.
En las noches siguientes, los dos líderes evitaron deliberadamente volver a cruzarse. Pero ambos sabían que ese encuentro había cambiado algo. Un equilibrio frágil había sido alterado. Las fronteras se volvían cada vez más borrosas, no en la tierra, sino en sus pensamientos.
Días después…
Un grupo de humanos armados entró al bosque por el norte. No eran simples cazadores. Llevaban rifles con sensores de calor, redes de plata y tecnología especializada para rastrear “anomalías biológicas”. Buscaban presas específicas. Lobos o vampiros, no importaba. Para ellos, ambos eran monstruos.
La primera en caer fue una exploradora de la manada de Jimin. Herida, apenas logró regresar antes de desplomarse en la entrada de la cueva. Sangraba por una herida que olía a metal fundido.
—Plata —dijo Jimin con el rostro endurecido—. Ya están aquí.
Del otro lado del bosque, los vampiros también sintieron el ataque. Uno de los vigías fue alcanzado por un disparo en el pecho. Su cuerpo quedó ardiendo bajo una trampa de luz ultravioleta. Cuando lo encontraron, era sólo cenizas.
Fue entonces cuando Jimin y Jungkook tomaron la decisión más difícil: encontrarse una segunda vez.