Prólogo.
CHESTER VALT; EXPERIMENTOS Y JUEGOS MORTALES
Prólogo.
Tick tack, tick tack, las agujas del reloj marcan quién caerá esta noche, tick tack, tick tack, los gritos del vacío se ahogan entre juegos…y boom, una furtiva explosión dará la bienvenida a mi entretenimiento personal.
Puedes correr con las piernas rotas, aún puedes bailar sin pies al igual que cómo miras sin ojos, sea como sea, la tarjeta roja aparece al final marcando el destino de una nueva víctima, el nuevo capítulo se abre; tal vez queda un poco de empatía en mí y no quiero que una de las más pequeñas se vaya, pero una llamada al 119 avisa con gran tristeza y dolor como desde su inocencia, un alma pura le reclama a su madre prometiéndole que la esperaría…
Tener el pensamiento de un adulto, vivir como joven, aconsejar como anciano y soñar como un niño, es el precio de la demencia, el psicoanálisis y las cicatrices del pasado, tal vez por eso la conducta de un stalker que juega con sus víctimas es la misma de la de un estudiante que se esfuerza en conseguir ser el primero de su curso; y se esfuerza tanto por conseguirlo, que al final se queda con nada, sacrificando tiempo, esfuerzo y dinero en una profesión que realmente no lo va a llevar a ningún sitio, sino que por el contrario, lo va a hundir en una profunda miseria dentro de un mar de peces que pasaron por lo mismo, cayendo de la gloria a la nada en la fracción de un segundo.
El olvido es muy largo y el recuerdo muy corto, es por eso que siempre me empeño en dejar un pequeño regalo a mis víctimas, pues son mí más grande obra de arte; arte que me gusta tener en plena ansiedad, que sientan pánico y dolor mientras van perdiendo la vida.
En el proceso, el arte de ver morir a alguien que se esfuerza por sobrevivir es magnífico, es tan dulce como un melocotón que acaba de madurar, su dolor es tan preciado para mí, que siempre me quedo con una parte de ellos para poder exhibirlos como mis más grandes obras de arte; arte que solo quiénes rodean un círculo privilegiado pueden contemplar, y aquellos que accidentalmente pueden apreciarlo, son premiados con una tarjeta roja, es decir, con una invitación cuyo único destino es la muerte…
¿ESTÁS PREPARADO PARA MORIR EN MEDIO DE UN JUEGO?
Tal vez la salida está en tu mente, solo tienes que escoger la dirección correcta antes de que el cuerpo explote.
¿DERECHA O IZQUIERDA?... ¿CUÁL ELIGES?...
El tiempo se acaba y el tiempo es precioso, es caro y no se puede volver a recuperar, puedes encontrar la respuesta en medio de la nada, o arriesgarte a caminar por unas filosas trampas mortales que te podrían llevar por el camino correcto, sin embargo , recuerda que en la vida vas a caer para poder levantarte, vas a sufrir para poder ser feliz, y vas a ser feliz para poder morir, por lo cual prácticamente somos un regalo de Navidad que la vida le da a la muerte, el mayor acto de amor jamás contado…
¿SOMOS UN REGALO?...
Si afirmamos serlo, entonces tenemos que envolver cuidadosamente el regalo para que sea perfecto, para que no tenga impurezas y para que llegue a salvo; el tick tack del reloj tiene que correr a la inversa, las arenas del tiempo se tienen que detener para observar el panorama con detalle en una corta fracción llena de agujas mortales, que atraviesan el iris y amenazan con una sangrienta fuerza la pérdida de un ojo lenta y dolorosamente, negociando una tregua para ser libre en un campo de girasoles, girasoles que se han manchado y han perdido su esencia llevándose consigo su descendencia…
¿PODRÍAS QUEDARTE?
Al menos que te aferres con uñas y dientes a la realidad, sobrevivirás y la locura no te perturbará, pues Chester Valt te habrá eliminado de su juego para ser contemplado eternamente como una sádica obra de arte…
¡¡¡UN ARTE SANGRIENTO Y CUESTIONABLE!!!
Tick tack, tick tack…
¡¡¡Boom!!!