Scorpius

Summary

Harry estaba en el altar, dispuesto a casarse. Sin embargo, antes de que diera el "sí quiero" la puerta de la iglesia tronó, y cuando se dio la vuelta para ver quién interrumpía maleducadamente su momento, la cara se le puso blanca del susto. Un niño había entrado, tendría unos 5 años, su complexión era delgada y el pelo rubio revuelto. Por último, unos ojos verdes que reconocería en cualquier lado lo observaron y se iluminaron cuando lo identificó. -¡Papá! -gritó el niño y corrió hacia él. Por lo menos lo intentó. -¿Qué te ha dicho papi sobre correr sin decirme a dónde vas? -regañó con un semblante suave. El niño llamado Scorpius evitó la mirada de su padre y señaló a Harry. -He venido a por papá -respondió con un puchero. Draco sonrío y miró en dirección a lo que señalaba su hijo. Ante él, Harry pálido y en su contraste, Ginevra, roja como su pelo, dedicándole una mueca enfurecida y el ceño fruncido a más no poder. Draco solo pudo responderle con una sonrisa suficiente.

Genre
Romance
Author
Patri
Status
Complete
Chapters
1
Rating
5.0 1 review
Age Rating
16+

Parte única

*Flashback*

Harry había ido a la Mansión Malfoy a hablar con Malfoy. Había declarado a favor de su familia e iban a liberar a su padre. Prefería que lo supiera por él, antes de que se enterara por cotilleos en los periódicos, con gente asumiendo cosas sobre su caso.


Se paró frente a la reja, esperando a que le abrieran. Sin embargo, Draco se apareció fuera de la casa.


—¿Qué ha pasado? —él estaba al tanto de lo que había ido a hacer al Ministerio de Magia aquella mañana. Se frotaba las manos, nervioso.


—Absolución, aunque deberéis hacer servicios comunitarios los próximos tres meses —confesó Harry, atento a su reacción.


Desde la batalla de Hogwarts todo había sido extraño entre ellos. Harry estaba agradecido con Narcisa, y Draco le había empezado a dar un poco de pena. Más bien, ternura, y una sensación extraña de querer protegerlo.


Todo eso era culpa de Narcisa. Había blanqueado totalmente la visión que tenía sobre Draco, y ahora sentía que era un frágil chico que necesitaba apoyo.


De alguna manera lo era. Draco había sufrido mucho por culpa de Voldemort, y por consiguiente por culpa de su padre, que imponía -en cierta parte- a su hijo la fidelidad al Señor Oscuro.


Draco sin embargo había querido a su padre fuera de la cárcel, y con esfuerzo, y la ayuda a regañadientes de su madre, logró que lo ayudara.


Volviendo a ellos, Draco soltó el aire acumulado y sonrió agradecido.


—Gracias Potter, de verdad —afirmó Draco emocionado, soltando un par de lágrimas.


—¿Quieres un abrazo? —preguntó Harry. El rubio rechazó la oferta, pero cuando empezó a llorar del alivio el pelinegro lo sostuvo en sus brazos, dejando que le llorara la túnica.


Harry intentaba tranquilizar a Draco, acariciando su espalda. Draco se aferraba a la parte baja de la túnica, no queriendo devolver del todo el abrazo.


Al cabo de unos minutos se separaron. Draco había conseguido tranquilizarse, y la verdad es que le daba muchísima vergüenza que Harry lo viera así.


Harry observaba la cara de Draco. Tenía los ojos hinchados, la cara roja y un ligero temblor consecuencia de seguir tranquilizándose. Él le pasó una mano por el brazo, acariciando con cuidado su piel. Se acercó con cautela a limpiar las lágrimas de los ojos del rubio.


Draco se sorprendió, pero dejó que Harry le acariciara la cara. Su mirada subió hasta estar mirando esos ojos verdes que lo observaban con algo que parecía precaución y quizás un poco de compasión.


Sus ojos habían conectado, y se habían quedado mirando con tanta intensidad que no se dieron cuenta de que se habían estado acercando hasta que sus labios también lo hicieron.


Fue un beso lento, salado y que pretendía sanar algo que nunca había estado roto, pero que ahora se sentía más liviano, más claro. Harry abrazó a Draco por la cintura y sus cuerpos se acercaron y Draco solo pudo volver a aferrarse a su túnica.


Se separaron lentamente, como dejando espacio para que volviera a suceder un beso, pero ninguno fue lo suficientemente valiente como para dar el paso.


—Yo... —intentó explicarse Harry, pero Draco lo cortó.


—No, mejor vamos a dejarlo aquí, esto ha sido un error —declaró, tapándose la cara, con las orejas rojas de la vergüenza.


Harry se lo tomó un poco mal, la verdad es que le había gustado ese beso y ahora veía a Draco sonrojado y pensaba que quería volver a hacerlo. Sin embargo, ese pequeño detalle no se lo comentó, sino que esta vez se lanzó a sus labios sin miramiento.


Draco trató de resistirse, pero los labios de Harry empezaban a saber a chocolate y a gloria, así que cedió, solo por esta vez. El resto de lo que pasó os lo podéis imaginar, ¿verdad?


*Fin de Flashback*


Harry estaba en el altar, dispuesto a casarse. Ginevra estaba muy guapa, el vestido de boda que había elegido le quedaba como un guante y el pelo lo tenía más brillante que nunca. Él estaba feliz. Ella había sido un gran apoyo los últimos años en los que se había sentido confundido y quizás algo perdido por culpa de su pasado.


Aunque el cura hablaba, él no podía hacer más que ignorarle, estaba concentrado en la que iba a ser su esposa.


Todo el mundo mágico había asistido al enlace, deseándoles felicidad y prosperidad. Ron lo había amenazado varias veces desde que pidió la mano de su hermana, pro en el fondo era el más feliz de los tres. Hermione sabía su pasado, y cuando le dijo que se casaba se sorprendió, pero intentó apoyarlo también. La familia Weasley le dio la bienvenida con los brazos abiertos, aunque desde siempre lo habían tenido en cuenta.


La única que no apoyaba esta alianza era Luna. Luna había visto crecer a Ginevra, su crush en Harry era bastante fuerte, y a Harry no lo había visto nunca muy interesado, pero ni en ella ni en ninguna chica en general. Igualmente ella no se vio moralmente responsable de comentar eso cuando ambos anunciaron su enlace, así que intentó apoyarlos como pudo.


La ceremonia siguió su curso, y el cura les dio permiso para que dieran sus votos. Todo fue muy emotivo. Llegó la hora del "sí quiero". Sin embargo, antes de que lo dieran, la puerta de la iglesia tronó, y cuando se dio la vuelta para ver quién interrumpía maleducadamente su momento, la cara se le puso blanca del susto.


Un niño había entrado con efusividad. Tendría unos 5 años, su complexión era delgada y tenía el pelo rubio revuelto. Su sonrisa iluminaba el lugar. Por último, unos ojos verdes que reconocería en cualquier lado lo observaron y se iluminaron cuando lo identificó.


—¡Papá! —gritó el niño y corrió hacia él. Por lo menos lo intentó.


—Scorpius. ¿Qué te ha dicho papi sobre correr sin decirme a dónde vas? —regañó el hombre que entró con él a la iglesia. Era Draco. Parecía tener un semblante suave.


El niño llamado Scorpius evitó la mirada de su padre y señaló a Harry.


—He venido a por papá —respondió con un puchero.


Draco sonrío y miró en dirección a lo que señalaba su hijo. Ante él, Harry pálido y en su contraste, Ginevra, roja como su pelo, dedicándole una mueca enfurecida y el ceño fruncido a más no poder. Draco solo pudo responderle con una sonrisa suficiente.


—¿Qué haces aquí? —gritó Ginevra. Molly se había levantado de su asiento y se había acercado su hija.


—Mi hijo quería conocer a su padre antes de que se casara con el mayor error de su vida —respondió el rubio mayor dándole la mano a su hijo, que lo miraba con curiosidad —¿Es que no puede? —preguntó con una sonrisa de lado, sabiendo que provocaría a la pelirroja.


Su mirada se desvió a Harry, que seguía en shock en su sitio. Estaba intentando procesar lo que estaba pasando a su alrededor, y el hecho de que tenía un hijo. Ginevra se había levantado también y se había acercado a padre e hijo con paso acelerado y nervioso. Draco suspiró, no sorprendiéndose de lo cobarde que podía ser Harry cuando quería.


La pelirroja se paró frente a ambos, y Harry reaccionó cuando la mano de Ginevra se estampó contra la mejilla del rubio mayor, retumbando por toda la iglesia.


El niño gritó al ver cómo agredían a su padre y de hecho, se aferró al vestido de la pelirroja y tiró de ella, rasgando un poco la tela. Ginevra gritó, y agarró el brazo del niño, intentando apartarlo de ella y su vestido. Una mano tiró de la de Ginny para que soltara a Scorpius y sorprendentemente no era la de Draco. Era la de Harry.


—Es un niño Ginny —suplicó Harry. Scorpius se había escondido detrás de él y tenía los ojos un poco rojos, aunque aguantaba las lágrimas.


—Es el producto de tu infidelidad —rebatió la pelirroja. Una pequeña risa se escuchó detrás de ellos.


—Bueno, podrías llamarlo así, o podrías llamarlo Scorpius, que es su nombre —dijo Draco con la mirada seria, pero una sonrisa de lado a lado. Parecía enfadado.


—¡Fuera de mi boda escoria! —chilló Ginevra poniéndose roja de la furia otra vez.


—Ginny, Ginny —llamó Harry. Le sostuvo la cara y en respuesta Draco puso los ojos en blanco —Déjame hablar con él un momento. Después nos casaremos, pero tengo que arreglar esto, por favor. —suplicó. Aunque no muy convencida, la pelirroja aceptó.


Los tres salieron de la iglesia. El chaqué de Harry estaba un poco arrugado y Draco lo notó. Se encargó de alisar la solapa cuando ya estuvieron solos y lejos de allí. Lo suficiente para que nadie escuchara la conversación.


—¿Qué es esto? ¿A qué has venido? —le preguntó Harry mientras Draco le alisaba la solapa del chaqué. Cuando acabó posó sus manos encima de ambas solapas, pretendiendo alisarlas, pero en realidad no era por eso, ¿lo sabéis no?


—Ya te lo he dicho —respondió Draco con obviedad —Scorpius quería conocerte, así que yo solo he cumplido con mi hijo, ¿o es que no debería?


—Me refiero a que por qué ahora Malfoy —replicó Harry —¿Cuántos años tiene Scorpius? ¿Cinco?¿Seis años?


—Tiene cinco años —respondió el rubio. Bajó sus manos de donde estaban y las cruzó sobre su pecho —Mi madre me avisó que te casabas.


—¿¡Has esperado hasta que me casara para presentarme a mi hijo!? —preguntó gritando Harry, incrédulo —¡Tienes valor!


—¡Más valor que tú desde luego por lo que se ve! —replicó erizándose —¡¿Quién me abandonó después de acostarse conmigo?!


—¡Eso...! —Harry se quedó sin habla, aturdido y abatido por el comentario de Draco, cargado de veneno, ira y tristeza mal disimulada.


Draco suavizó la mirada, quizá se había pasado. Ahora no podía echarse atrás, lo que había dicho era algo que llevaba guardando mucho tiempo y Harry debía saberlo. El dolor que sintió cuando Harry ya no estaba al día siguiente después de aquella noche, o la opresión en el pecho al saber que estaba embarazado y no tendría a nadie que le ayudara, o cuando Scorpius nació, y vio esos ojos verdes que tantas noches le habían atormentado. Debía devolverle todos los sentimientos encontrados.


A Harry todavía le pesaba aquello. Sintió tanto en tan poco tiempo que le asustó el hecho de que no había sentido nada nunca así. Le asustó sentir que Draco había llegado a rincones de su corazón que no conocía. Le asustó que sabía que sus cuerpos habían conectado tan bien que le iba a costar olvidarlo.


Y por eso huyó aquella mañana.


—Sé que no tengo derecho a reclamarte —dijo por fin, con la cabeza caída, su tono era más suave —Pero me hubiera gustado saber de su existencia.


—Scorpius tiene los ojos verdes —sentenció, mirando a su hijo a lo lejos, hablando con Narcisa —Como tú.


—Draco —llamó con pesadez, su tono parecía triste y nostálgico, su mirada estaba fija en la cara seria de Draco. Su porte era seguro, aún después de todos los sinsabores que había experimentado. Además iba elegante y Harry no pudo evitar notar ese detalle.


—No puedes llamarme así, tú no —sollozó. Draco sintió sus ojos aguarse y se dio la vuelta para que Harry no lo viera. La única vez que se había atrevido a llorar delante de él había acabado por resultar en un hijo al que Harry estaba conociendo ahora.


Sin embargo, Harry no parecía querer ceder. Se había olvidado por competo de que su prometida estaba dentro de la iglesia y que lo estaba esperando para casarse. Lo único que llenaba su mente ahora era Draco.


Draco y sus ojos grises. Draco y sus labios finos. Draco y su mandíbula bien marcada. Draco y su nariz puntiaguda. Draco y su porte elegante y sobrio. Draco y su fuerza, su extravagancia y seguridad. Draco. Y ahora también estaba Scorpius.


—Quiero hacerme cargo de él —soltó sin pensar, viéndolo como la única manera de volver a llamar su atención.


—¿Qué? —preguntó incrédulo. No esperaba esa reacción, no quería esa reacción.


—Quiero ser parte de su vida —repitió.


—No —dijo tajante. No iba a permitir que Scorpius estuviera en la casa de los Weasley y menos con la loca de Ginevra, que ya había demostrado que no tragaba a ninguno de los dos.


—Draco por favor, es mi hijo —suplicó intentando cogerle las manos al rubio.


—¡He dicho que no! —repitió en voz alta. Narcisa alejó al niño un poco más, ya que la discusión estaba empezando a subir de tono —No si vas a vivir con la loca de los Weasley. ¡Acaba de agredir a mi hijo Harry, por el amor de Dios!


Harry entendía la preocupación. Sin embargo, lo único que se le ocurrió para arreglar este embrollo era echarse de enemigo al resto del mundo mágico.


—Pues no me caso —sentenció, como quien habla del clima.


Draco lo miró como si acabara de decir que quería volver a luchar contra el Señor Oscuro.


—¿Pero tú te estás escuchando? —preguntó el rubio sin saber qué pretendía Harry con todo esto.


—Draco —llamó con nerviosismo —Scorpius me parece mucho más importante que Ginny, y con ella me puedo casar más adelante —explicó con ansia, tratando de convencer al padre de su hijo de que echarse de enemigo al mundo mágico era más simple de lo que en verdad sonaba.


—Ah... —quizás Draco lo había interpretado de otra manera.


Por mucho que a Draco le pesase, Harry era el padre de Scorpius. Él tenía el derecho de estar con su hijo, y de criarlo también. El factor de que la pelirroja pudiera hacer algo a su adorado hijo lo aterraba.


—Pero Ginevra no lo va a tomar bien —replicó, asustado.


Harry lo abrazó, sabía que aunque Draco se escondiera detrás de esa fachada segura, era un hombre con un corazón frágil. Lo dejó en sus brazos unos minutos, volviendo a notar sus latidos acompasados, recordando de nuevo aquel día. Su corazón latió, y las mismas sensaciones que lo hicieron retroceder un día, hoy le dieron el valor para poner en orden sus prioridades.


—Yo me encargo de ella —le comentó.


Draco trató de confiar en él. Se deshizo del abrazo, y en ese momento volvió Scorpius


—¡Papá! —chilló viendo a Harry. Se lanzó abrazarlo y Harry lo cogió en brazos —Papá, ¿a que después vamos a ir a por un helado?


—Cuando papá vuelva de una cosita os voy a invitar a ti y a tu papi aun helado —respondió sonriendo. Narcisa también se acercó —¿Usted también quiere un helado?


Narcisa negó y cogió entre sus brazos a Scorpius, apartándolo de Harry. Ella le dedicó una sonrisa sincera, intuyendo por dónde iba la cosa.


—Voy a hablar con ella —apretó la mano de Draco y suspirando, entró a la iglesia de nuevo.


Harry observó como Ginevra daba vueltas en el altar, mordiéndose las uñas. Ron y su madre trataban de tranquilizarla. Hermione estaba allí, presente, pero no hablaba. Parecía pensativa. Luna apareció a su lado.


—¿Vas a dejarla no? —le preguntó con un tono neutro, como quien sabe demasiado.


—No voy a dejarla, solo le voy a pedir un tiempo, en lo que me adapto a mi hijo —dijo con semblante confuso.


—Entonces te va a dejar ella —sentenció Luna, quedándose ya parada, dejando que Harry caminara solo hacia donde estaba su prometida.


Cuando llegó a su lado la mano de Ginevra le echó una mirada fulminante, estaba todavía furibunda.


—¿Es verdad? ¿Ese niño es tuyo? —preguntó. La duda la carcomía, y aunque hubiera reaccionado tan mal antes, ahora solo había un hueco que había dejado la confusión y la incertidumbre.


—Sí, lo es —confesó.


—Por Merlín Harry, ¿cómo pudiste? Me habías dicho que había sido solo una noche —reprochó con los ojos aguados.


—Es que fue solo una noche —replicó. Ginevra evitó su mirada, estaba cada vez más dolida


—¿Y qué vas a hacer? —le preguntó con miedo.


—Quiero hacerme cargo de él y por eso..., creo que no deberíamos casarnos hoy —soltó cabizbajo.


—Pero, Harry, ¿por qué? ¿Por qué lo eliges a él antes que a mí? Se supone que me amas a mí ¿no? —suplicó dolida.


—Necesito acostumbrarme a mi hijo, y no sé si seríais capaces de llevaros bien —respondió sintiéndose en contradicción continua.


Ginevra lloró. Le lanzó el ramo, dolida, y sin dar explicaciones corrió fuera de la iglesia con su familia siguiéndola por detrás.


—Quiero pedir disculpas a todos los presentes por los sucesos de hoy —dijo a los invitados de su boda —Como comprenderán ya no hay boda, así que les pediría que desalojaran la iglesia —pidió.


La iglesia se vació y una vez lo estuvo, entraron los Malfoy. Harry se había sentado en las escaleras de la iglesia, abatido y triste. Esto no había acabado como esperaba. La mano de un niño le acarició la cara.


—¿Vamos a por helado? —insistió en su inocencia. Harry sonrió ante la pureza de su acto.


—Vamos —respondió, dándole a su hijo la mano.


Ambos caminaron fuera de la iglesia, y Draco los observó caminar, con su madre al lado. Draco sonrió y Narcisa se acercó a su oído.


—Os doy un mes —susurró. Draco sonrió cohibido, y muy avergonzado por la palabras de su madre.


—¡Mamá! —chilló con reproche. Sin embargo, ambos se echaron a reír segundos después y siguieron a la pareja de padre e hijo hasta la heladería más cercana —¿Tú sabías que esto iba a pasar? —preguntó, la duda asaltándole por un minuto.


—Las madres lo sabemos todo, mi querido hijo —dijo sonriendo. Draco también lo hizo.


Si tenía que ser, que fuera, ¿no?



Fin. Buah que fuerte, más de tres mil palabras y la verdad es que me ha costado condensarlo todo en una parte, creo que debería de haber hecho 2(?). Bueno, lo hecho hecho está, espero que os guste :))


Créditos de la idea a: @destielmispapis_2