~Del odio al Amor~ [Giyuuoba]

Summary

No se algo random que hare

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
16+

Choque de agua y serpiente



(Universo alternativo – Omegaverse, Demon Slayer AU)

En una noche donde la luna apenas se asomaba entre las nubes densas, dos figuras se encontraban cara a cara, tan distintos como el día y la noche, tan incompatibles como agua y veneno. El destino —o tal vez la mala suerte— había decidido cruzar sus caminos en la misión más incómoda del mes.

Tomando una profunda bocanada de aire helado, Giyuu Tomioka, Pilar del Agua, avanzaba hacia la zona de reunión con la misma cara con la que enfrentaba todo: inexpresiva, calmada, y con el aura emocional de una roca.

Mientras tanto, en lo alto de una rama, como si fuera una serpiente cazando a su presa, lo observaba con desdén Obanai Iguro, Pilar de la Serpiente, con su boca tapada como siempre, sus ojos bicolores brillando con juicio, y su serpiente Kaburamaru observando al intruso como si ya supiera que eso no terminaría bien.

Obanai (pensando, con fastidio):

"¿Por qué él? ¿Por qué justo él? ¿De todos los alfas que existen, tenía que ser el más apático del mundo?"

Giyuu se detuvo al pie del árbol sin siquiera levantar la vista.

Giyuu (seco, directo):

—Baja. No tengo toda la noche.

Obanai resopló.

Obanai:

—Qué modales tan cálidos, Tomioka. ¿Así conquistas a todos tus compañeros, o solo a mí?

El comentario era sarcástico, con veneno suave, pero cargado de tensión. Giyuu levantó apenas una ceja.

Giyuu (serio):

—No vine a socializar. Vine a terminar una misión.

Obanai (bajando lentamente):

—No me digas... pensé que querías invitarme a cenar, oh poderoso alfa antisocial.

Kaburamaru siseó mientras se acomodaba alrededor del cuello de su omega. Porque sí, Obanai era omega. Y eso, aunque a muchos les sorprendía, no lo hacía menos letal. Su mirada, su presencia, y su actitud podían intimidar a cualquiera. A cualquiera menos a Giyuu, aparentemente.

Ambos comenzaron a caminar por el bosque, sin decir una palabra más durante varios minutos. El demonio que buscaban era rápido, se camuflaba entre las sombras y ya había matado a tres aldeanos. Tenían que ser cautelosos… pero la tensión entre ellos era aún más peligrosa que la criatura.

Obanai (súbitamente):

—¿Sabes cuál es tu problema?

Giyuu (sin mirarlo):

—Tengo varios, según otros.

Obanai:

—Te crees mejor. Te crees más correcto. Más fuerte. Y encima... ignoras tu condición de alfa como si eso te hiciera superior.

Giyuu (deteniéndose en seco):

—¿Y qué quieres? ¿Que me imponga? ¿Que te haga oler mi aroma todo el tiempo como hacen los alfas idiotas?

Obanai se tensó. El aroma de Giyuu, aunque contenido, era firme. Refrescante. Frío, como el agua de río en invierno, pero adictivo sin quererlo.

Obanai (mordiéndose el labio, molesto):

—Solo quiero que entiendas que no soy débil. Ni necesito protección. No soy el omega que tienes que salvar.

Giyuu (girándose lentamente):

—Lo sé. Pero eso no significa que me quedaré mirando si estás en peligro.

Un silencio tenso cayó entre ellos.

Obanai (bajito, casi molesto):

—No necesito tu protección, Tomioka.

Giyuu:

—No es por ser alfa. Es porque eres... mi compañero en esta misión. Es lo correcto.

Lo correcto. Esa maldita palabra. Obanai bufó con amargura.

Obanai:

—Siempre lo correcto. Siempre el robot del deber. ¿Nunca te permites sentir algo, Giyuu?

Y en ese momento, como si el destino lo planeara para cortar la tensión o tal vez intensificarla, el demonio apareció.

Un rugido ensordecedor hizo temblar los árboles. Era alto, con garras de hueso y un rostro deformado con múltiples ojos. Los pilares entraron en modo combate de inmediato, olvidando la discusión y cayendo en sincronía perfecta sin haberlo planeado.

Giyuu (con voz firme):

—Yo distraigo, tú cortas la cabeza.

Obanai (sacando su katana):

—Por una vez, tenemos el mismo plan.

El demonio se lanzó hacia ellos y comenzó una pelea brutal. El agua fluía con fuerza mientras las serpientes giraban con velocidad mortal. Sus técnicas eran distintas, pero esa noche, por primera vez, fluyeron como una sola.

Al final, con un corte preciso, Obanai decapitó al demonio y la sangre chispeó en el aire como lluvia oscura.

Ambos respiraban agitadamente. El campo de batalla olía a sangre, a adrenalina, y al aroma mezclado de un alfa y un omega que, sin querer, estaban comenzando a reconocerse mutuamente más allá del deber.

Giyuu (mirando a Obanai):

—Estás herido.

Obanai (tapándose un corte en el brazo):

—Estoy bien.

Giyuu (acercándose, tocándole el hombro con firmeza):

—No lo estás. Deja que te ayude.

El contacto los estremeció a ambos. Ninguno de los dos lo dijo, pero lo sintieron. Un pequeño chispazo, una conexión inesperada.

Obanai (mirándolo directamente):

—Si no fueras tan insoportable... tal vez no te odiaría tanto.

Giyuu (bajando la mirada, susurrando):

—Y si no fueras tan molesto… tal vez... me permitiría sentir algo por ti.

Obanai lo miró, confundido. Por primera vez, el hielo parecía resquebrajarse.

Y así, entre sangre, orgullo y tensión, comenzó una historia. No una de amor inmediato. Sino una de fuego lento. De odio que se transforma, de instintos que se despiertan, y de dos personas rotas encontrando en el otro un reflejo inesperado.



Hola aqui la creadora de la historia les aviso que si llega a ver algun capitulo yaoi es porque yo le presto mi cuenta a mi prima mayor y pues ella es asi bueno byeee🌸🍡