ESTRATEGAS

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Summary

Estagera, una mente lógica y fría, llega a Seúl. No solo trae habilidades de deducción excepcionales, sino también una capacidad única para ver más allá de lo evidente. Junto a ella, Cha Eun Woo: encantador, emocional, un detective con una intuición brillante y una sensibilidad que lo distingue. Ella, con su humor sarcástico y su impenetrable distancia emocional, parece la última persona en conectar con alguien como Cha. Pero mientras resuelven casos que desafían sus creencias, las barreras entre la razón y el corazón comienzan a desmoronarse. ¿Pueden dos opuestos encontrar el equilibrio... o incluso algo más? Entre crímenes complejos, bromas afiladas y una conexión inesperada, ambos se ven obligados a enfrentarse no solo al mundo exterior, sino también a los secretos que guardan dentro de sí. Con cada caso, su vínculo se profundiza. Y el destino, como siempre, tiene otros planes. "A veces, ahorrar unos cuantos wones puede ser lo que hace que dos almas se encuentren... y tal vez, se unan para siempre." 🧠 #sherlockvibes 💔 #kdramaromance 🕵️‍♂️ #mysterythriller 🌇 #netflixvibes 🌱 #emotionalgrowth 🔥 #chaestagera

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Episodio 1

Creo que he visto algo azul .......

“una decisión puede cambiar todo??

“Era un día de descanso. O eso pensaba Cha Eun Woo, hasta que abrió la puerta del departamento.”

Eran las 11 a.m.Cha entró al departamento cargando las bolsas de las compras. Al abrir la puerta, se quedó congelado en el umbral.

En menos de dos horas, Estagera había transformado el lugar en una galería de fotos con el aire caótico de un estudiante de cine... al más puro estilo Tim Burton.Las luces estaban bajas, una lámpara enfocaba imágenes pegadas en la pared y esparcidas por el suelo. Fotos de casos antiguos colgaban con hilos rojos que las conectaban. Parecían fotografías familiares, pero no lo eran. Y desde luego, ninguna de esas caras sonreía.

En medio de aquel escenario, Estagera estaba sentada en el suelo, rodeada de documentos, hojeando papeles con aire concentrado.

Cha se llevó la mano a la frente, dejando las bolsas en la mesa de la sala.

CHA—Estagera...

ESTAGERA(levantando la mirada, seria)—Primero: buenos días.(una pequeña pausa, luego señala los papeles)—Segundo: estoy... leyendo.

CHA—Te dejé sola dos horas.

ESTAGERA—Más que suficiente.(levanta la mirada esperando aprobación, como una niña pequeña mostrando su dibujo)

Cha parpadeó. Luego se fijó en los papeles con sellos oficiales. Los tomó con cuidado.

CHA—Te... ¿te los robaste? ¿Cuándo... cuándo los tomaste?

ESTAGERA—“Robar” suena fuerte. Digamos que los tomé prestado.(señala un calendario pegado en la pared)—Mira allí: fecha de devolución escrita. Lo devolveré, no te preocupes.

Cha suspiró y decidió fingir que su compañera de departamento no acababa de tomar prestados documentos que ningún civil debería tener.

Caminó hacia la refrigeradora, la abrió... y frunció el ceño.

CHA—¿La carne?

ESTAGERA—Hice un trueque con la señora Jinwoo. Me dio esa pizarra con ruedas.

Cha giró la cabeza. En la esquina, una flamante pizarra blanca relucía como la joya del día.

CHA—...Pero... es solo una pizarra.

Estagera se levantó con elegancia, acomodándose su pijama. Extendió los brazos hacia la pizarra con solemnidad.

ESTAGERA—No, Cha. No es solo una pizarra. Se llama inversión. Para los casos.(sonríe levemente, presentando la pizarra como si fuera la pieza maestra de un museo)—Organizador de ideas.

Cha soltó una risa suave. No había forma de ganar aquella discusión.

Estagera, con un brillo travieso en los ojos, buscó entre los papeles un estuche nuevo. Lo abrió con cuidado, sacando un plumón negro reluciente.

Mientras Cha acomodaba los lácteos y verduras en la refrigeradora, sintió un toque en el hombro. Se giró.

Frente a él, Estagera hizo una pequeña reverencia, el plumón en mano, como si le estuviera entregando una espada.

ESTAGERA—Hoy lo estrenarás.

Cha la miró, desconcertado.

CHA—¿Cómo así?

Estagera se incorporó con elegancia, le entregó el plumón, y con una sonrisa misteriosa dijo:

ESTAGERA—Hoy... leerás personas.

Antes de que Cha pudiera responder, ella giró sobre sus talones y se fue con aire de misterio a cambiarse.

Cha la siguió con la mirada, el plumón aún en la mano, sin tener la menor idea de lo que le esperaba.

Escena - Plaza pública

La plaza pública estaba tranquila esa mañana.El sol caía suave entre los árboles. Algunos niños corrían tras una pelota, ancianos conversaban en los bancos, vendedores ambulantes ofrecían bebidas frías.

Cha y Estagera estaban sentados en un banco, observando el panorama.

Cha seguía perplejo. Ese día era su descanso. O al menos... lo había sido.No terminó su pensamiento: Estagera ya había hablado.

ESTAGERA—Quiero que leas a estas personas.

Cha la miró, confundido.

CHA—¿Qué...? —preguntó en voz baja.

ESTAGERA(seria, sin mirarlo)—Primera regla: no refutes.

Cha la observó, desconcertado.

CHA—Pero yo no dije nada...

ESTAGERA(se gira hacia él, leve sonrisa)—Lo pensaste.Segunda regla: esto es la vida real. Aquí no funciona eso de “si se toca la nariz, miente” o “si se seca el sudor de las manos, esconde algo”.—La observación no es tan simple. Todos mienten.(una pausa, su mirada recorre la plaza)—Tu tarea es mirar más allá de eso.

Cha tragó saliva, aún sujetando el plumón en su bolsillo, sin saber por dónde empezar.

Cha observaba el panorama.Su mirada se detuvo en una chica con mochila y uniforme escolar. La joven se veía nerviosa.

CHA—La estudiante de allá... está nerviosa.

ESTAGERA(asintiendo, con leve sonrisa)—Correcto. Pero, ¿sabes por qué? —lo miró con interés.

Cha negó con la cabeza.CHA—No... no lo sé. ¿Exámenes?

ESTAGERA(sonriendo, complacida)—Casi correcto.—Bueno... correcto. Exacto. Y el “casi” es por el contexto. ¿Ves que tiene el celular en la mano? Está dudando en llamar. Y mira, allí, en la banca, está su examen.—¿Por qué más se pondría nerviosa? Mala calificación. Y si llama a su madre —como todas las madres del mundo— le preguntará: ¿qué tal te fue?—Y ella no sabrá qué decir.—Lo que significa que tiene padres cariñosos, pero estrictos. Y ahí está el dilema.

Cha se quedó perplejo por la deducción que acababa de presenciar.Intentó disimularlo, carraspeando un poco, y volvió a mirar el horizonte.

CHA—¿Y... la mujer de allá?

Estagera levantó la mirada.Al principio parecía una persona normal.Pero su expresión cambió. Su mirada se agudizó.

ESTAGERA(voz baja)—Ella...

Se levantó de inmediato.ESTAGERA—Ven, Cha. Conmigo.

Cha, aturdido:CHA—¿Qué pasa?

Estagera avanzaba con paso firme.Cha la siguió, casi sin pensarlo.

Se acercaron a la mujer, que efectivamente parecía nerviosa.Estagera se detuvo frente a ella.Cha se colocó a su lado, atento.

ESTAGERA(su voz suave, pero directa)—Señora...—¿Cuándo piensa ir a la estación de policía a decir que vio un muerto?

La mujer abrió los ojos de par en par.MUJER—¿Cómo... cómo lo sabe? —miró a ambos, nerviosa—. ¿Ustedes... ustedes son...?

Estagera levantó una mano, con gesto tranquilizador.ESTAGERA—No, no somos los criminales.—Pero le cuento un secreto —añadió, inclinándose un poco—. Él es detective.

Cha se inclinó levemente en señal de respeto.Al mismo tiempo, suspiró por dentro, exasperado de cómo su compañera lo había metido así de rápido en una conversación... y en un posible caso de asesinato.

La mujer miró a Cha, con los ojos muy abiertos.MUJER—¿Es usted... detective?

Cha asintió, manteniendo su tono sereno.CHA—Sí, lo soy.—Y ella —añadió, con una leve mirada hacia Estagera— es mi asesora.

Estagera sonrió con satisfacción.ESTAGERA—Entonces... ¿nos lo contará?

La mujer titubeó, claramente nerviosa. Dudaba.Pero finalmente decidió confiar.

MUJER—Vi... vi un cadáver en los baños de la piscina pública. Donde llevo a mi hija.

Estagera esbozó un “Maravilloso”, como si le hubieran hablado de alguna película intrigante.

Cha la miró de reojo, como diciéndole contrólate.

Estagera parpadeó, recobrando el tono adecuado.ESTAGERA—Eso es... preocupante.

Movió levemente la cabeza.ESTAGERA—Necesito que me cuente todos los detalles, señora.

Momentos después.

La señora estaba sentada en la banca del parque, con una botella de agua que Cha le había comprado.Sus dedos temblaban mientras intentaba abrirla.

MUJER—Yo... yo estaba buscando ayer. Fui a la piscina pública... entré a los baños. Pensé que mi hija estaba allí... ya sabe cómo son los niños... pero vi... vi un cuerpo. —(Su voz se quebró)—. Estaba... de otro color. Azulado...

Cha y Estagera intercambiaron miradas rápidas.

CHA (con calma, acercándose, le abre la botella y vuelve a su lugar)—¿Y qué hizo después?

La mujer tomó un sorbo, intentando calmarse.

MUJER—Salí corriendo... a buscar a mi hija. Luego la encontré. Regresé, pero... ya no estaba.

CHA—¿Está segura de lo que vio?

La mujer asintió firmemente.

MUJER—Sí... sí, es lo que vi.

ESTAGERA (con tono analítico)—¿Por qué no lo dijo?

La mujer los miró, nerviosa.

MUJER—Mi esposo... podría aprovecharse de esta situación.

Estagera ladeó ligeramente la cabeza.

ESTAGERA—Proceso de divorcio.

La mujer asintió, con lágrimas contenidas.

MUJER—Quiere quitarme a mi hija. Si digo que la perdí... y además que vi un cadáver desaparecer... le estaría dando motivos.

Cha suspiró y miró de reojo a Estagera.

CHA (suave)—No se preocupe.

Estagera la sostuvo la mirada, serena.

ESTAGERA—¿Cuánto tiempo pasó desde que dejó el cuerpo hasta que regresó?

La mujer pensó un momento.

MUJER—Eh... unos doce minutos... no, ¡quince! —chasqueó los dedos al recordar.

Cha miró a Estagera.Ella sacó su libreta y se la entregó.

ESTAGERA—Anote su dirección. Su número.—No se preocupe... nadie sabrá de esto.

Cha la observó de reojo. ¿Cómo podía estar tan segura?, pensó, pero no dijo nada.

La mujer escribió sus datos, agradecida.

Se despidieron.

Ya caminando por el parque:

CHA—Entonces... ¿qué hacemos?

Estagera sonrió levemente.

ESTAGERA—Piscina pública. Vamos, Cha.

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Entrada de la piscina.

El lugar parecía tranquilo.Niños corriendo. Personas nadando. Todo... habitual.

Estagera, caminando al lado de Cha, escuchaba sus palabras mientras su mente ya elaboraba un plan que le parecía, sencillamente, maravilloso.Primero, lo dejó hablar.

CHA (tono detectivesco)—Bien. Entonces, primero: saber cuántas personas estuvieron aquí ayer.Segundo: revisar las entradas y salidas.

ESTAGERA (rápida)—No digas cámaras.

Cha parpadeó.CHA—¿Por qué? —volviendo a su tono habitual.

Estagera señaló discretamente.ESTAGERA—Esa de ahí no funciona. Y es la única.

CHA (suspirando)—Entonces solo dependemos de los testigos.

ESTAGERA (sonriendo de lado)—Exacto.

Caminaron hacia la recepción.

Estagera, sin previo aviso, se agarró del brazo de Cha.

CHA (bajo)—¿este es el plan?

ESTAGERA (mirándolo de reojo)—Seremos una pareja de esposos.

CHA (resignado)—No sé cómo me convences de esto...

ESTAGERA (con voz dulce)—Ya que, esposo mío........

CHA (carraspea)—No abuses.

ESTAGERA continua hablando (en tono suave, pero seria)—Es la mejor manera de hablar con el personal sin levantar sospechas. Si muestras tu linda placa... espantas. Pero nadie se espanta del amor. ¿O sí?

Cha soltó un suspiro.

Antes de llegar, Estagera cambió completamente su actitud. Su expresión fría y analítica desapareció, dando paso a una sonrisa dulce y una voz cálida. Ahora, parecía la esposa cariñosa y perfecta.

Cha solo la observó con sorpresa. ¿Cómo podía transformarse así de rápido?

Al llegar a la recepción, Estagera saludó con entusiasmo:

—¡Buenas tardes! Hemos escuchado maravillas sobre este lugar y queríamos verlo en persona.

El recepcionista les sonrió con amabilidad.

—Bienvenidos. ¿Están interesados en una membresía o en una visita ocasional?

Antes de que Cha pudiera decir algo, Estagera se giró hacia él con una expresión radiante y tomó su brazo.

—Vamos, cariño. Venir a la piscina después de un largo día en la oficina no es tan malo, ¿verdad?

Cha, aún un poco serio y desconcertado, asintió lentamente.

—Ehh... sí. Claro.

El recepcionista sonrió.

—Me alegra escuchar eso. ¿Quieren un recorrido por las instalaciones?

Estagera apretó levemente el brazo de Cha, indicándole que siguiera su juego.

—¡Por supuesto! Nos encantaría ver cada rincón del lugar.

La recepcionista empezó a guiarlos con una sonrisa profesional.

—Por aquí están las piscinas. Tenemos una para adultos y otra para niños.

Estagera aprovechó para sonreír dulcemente y decir en voz alta:

—¿Escuchaste, cariño? Niños.

Cha Eun Woo parpadeó, confundido por su comentario.

—¿Qué...? Sí, claro. Hijos... qué... lindos.

Estagera simplemente le lanzó una mirada con una sonrisa inocente, mientras él suspiraba, dándose cuenta de que ella estaba actuando demasiado bien.

La recepcionista continuó con la explicación:

—Por aquí están los vestuarios. Tenemos duchas, lockers y dos baños.

Pero entonces señaló uno al fondo.

—Ese de allá está en reparaciones.

Estagera entrecerró los ojos y fingió curiosidad.

—¿Desde cuándo?

La recepcionista pensó un momento.

—Desde ayer en la noche.

Cha y Estagera intercambiaron una mirada rápida. Ese debía ser el baño donde la señora vio el cadáver.

Estagera sonrió amablemente.

—¿Nos puede dar unos minutos a mi esposo y a mí para hablarlo?

La recepcionista asintió con cortesía.

—Por supuesto, tómense su tiempo.

Cuando se alejó, Estagera bajó la voz y miró a Cha con seriedad.

—Escúchame, Cha. Debemos hacer que la recepcionista se aleje para poder entrar a ese baño.

Cha Eun Woo suspiró, ya sospechando lo que venía.

—Así que...

—Así que yo la distraeré contándole mis “problemas de esposa”. Tú entras, tomas fotos y revisas las posibles salidas.

Cha se pasó una mano por la cara.

—¿En serio?

—¿Tienes una mejor idea?

Él se quedó en silencio unos segundos y luego negó con la cabeza.

—Está bien. Pero no te pases con tu actuación.

Estagera sonrió con diversión.

—No prometo nada.

Dicho eso, se giró y caminó hacia la recepcionista con una expresión angustiada, lista para soltar su drama conyugal, mientras Cha se preparaba para colarse en el baño en reparación.

En el baño... Cha tomó varias fotografías del lugar.

A simple vista, todo parecía normal.

No había rastros de sangre ni signos evidentes de violencia.

Pero entonces, algo pequeño en el suelo llamó su atención.

Una liga de cabello.

Se agachó, la examinó y, sin tocarla directamente, sacó una bolsa de evidencia y la guardó con cuidado.

Cuando se levantó, notó algo más: al fondo del baño, detrás de una puerta apenas entreabierta, había una salida.

Un escape perfecto.

Frunció el ceño.

Si alguien realmente había trasladado el cuerpo, esa sería la mejor manera de hacerlo sin ser visto.

Por otro lado, Estagera seguía con su “drama de esposa” para mantener distraída a la recepcionista.—Mi esposo... no sé qué hacer. Le dije que quería tener hijos, pero él no quiere.

La recepcionista, que ya estaba completamente metida en la conversación, le puso una mano en el hombro con simpatía.—Oh, entiendo... a veces los hombres tardan en aceptar ese tipo de compromisos.

Estagera suspiró dramáticamente.—¡Exacto! Además, dice que soy muy intensa...

La recepcionista negó con la cabeza, en modo psicóloga total.—No deberías sentirte mal por eso. Tal vez solo necesita tiempo para entender tus sentimientos.—Eso mismo pienso yo —dijo Estagera con fingida tristeza, pero en su cabeza solo pensaba: Cha, date prisa...

Mientras tanto...

Cha siguió la salida y encontró lo que sospechaba.

Un estacionamiento.—Es perfecto para un escape... —murmuró para sí mismo.Si el cadáver realmente estuvo aquí, alguien pudo haberlo sacado por esta salida sin que nadie lo notara.

Guardó la información y regresó rápidamente al vestíbulo.Pero en cuanto llegó, vio la escena frente a él y sintió una mezcla de incredulidad y resignación.

Estagera estaba completamente metida en su papel, con expresión afligida, mientras la recepcionista le daba consejos como si fuera una terapeuta matrimonial.—Tal vez solo necesita tiempo... algunos hombres se asustan con la idea de formar una familia.

Estagera suspiró, tocándose la frente.—Eso mismo pienso, pero... ¡a veces siento que no me ama lo suficiente!

Cha casi se atragantó con el aire. ¿Hasta dónde piensa llevar esto?Resistiéndose a llevarse la mano a la cara de pura frustración, carraspeó para interrumpir la escena.—Cariño, ¿podemos irnos ya?

Estagera lo miró y, con un dramatismo digno de una actriz ganadora de premios, se limpió una lágrima inexistente.—Oh... sí, amor. Gracias por tu paciencia.

Cha suspiró.—Vámonos.

La recepcionista les dedicó una sonrisa comprensiva mientras se alejaban.

Cuando ya estuvieron fuera de su vista, Cha se cruzó de brazos y la miró con seriedad.—¿En serio tenías que exagerar tanto?

Ella solo sonrió con diversión.—Funcionó, ¿no?

Cha suspiró otra vez. Definitivamente, convivir con esta mujer iba a ser toda una experiencia.

Mientras caminaban, Estagera revisaba su celular con una sonrisa.

Cha frunció el ceño.—Espera... ¿cómo demonios tienes esas fotos?

Ella levantó una ceja, mostrándole la pantalla con total naturalidad.—Las pasé a mi teléfono.—¿Cómo me quitaste el celular sin que me diera cuenta? —preguntó, sorprendido y un poco frustrado.

Ella sonrió con satisfacción.—Eres un detective, deberías saberlo.

Cha chasqueó la lengua, pero ella ignoró su reacción y siguió revisando las imágenes.—Son buenas... buen trabajo, Cha.

Él la miró de reojo. A pesar de lo molesto que estaba por su habilidad para robarle el celular, no pudo evitar sentirse un poco orgulloso de su trabajo.Sintió una punzada de orgullo que intentó ocultar.—Claro que son buenas. Las tomé yo.—Vaya, qué confiado. Me gusta verte así.

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En el departamento

Estagera pegó las imágenes en la pizarra con precisión, observándolas como si fueran piezas de un rompecabezas. Se acercó a Cha y le dio una palmada en el hombro antes de cruzarse de brazos.

—Cuéntamelo todo. No omitas detalles.

Cha se apoyó en la mesa, exhalando con calma.

—El baño estaba en reparación, pero no había signos evidentes de que alguien hubiera limpiado a fondo. Encontré una liga de cabello en el suelo, lo que sugiere que pudo pertenecer a la víctima... o al asesino.

Ella asintió, atenta.

—¿Algo más?

—Había una salida trasera que conectaba directamente con un estacionamiento. Si alguien quiso deshacerse del cuerpo, ese era el camino perfecto.

Estagera sonrió con interés.

—Eso confirma lo que sospechaba...

Se inclinó un poco hacia él, mirándolo fijamente.

—Bien, Cha. Ahora dime... ¿qué sentiste cuando analizaste la escena?

Él parpadeó, confundido.

—¿Qué tiene que ver eso?

—Mucho.Un buen detective no solo observa. También siente el ambiente. ¿Había algo que te hiciera ruido? ¿Algo fuera de lugar?

Cha reflexionó unos segundos.

—Había algo... aunque no estoy seguro.

—Dímelo.

—No había signos de lucha. Si alguien murió ahí, esperaría ver más desorden. Pero todo estaba demasiado limpio... como si alguien se hubiera tomado la molestia de borrar cualquier indicio de lo que pasó.

Ella sonrió con satisfacción.

—Vas mejorando, Cha.

Él suspiró, sintiendo que con ella cada día era una prueba de fuego.

Estagera tomó un marcador y comenzó a escribir en la pizarra con letra rápida pero ordenada, conectando las ideas con líneas.

—La liga... pásamela —dijo sin apartar la vista de su trabajo.

Cha dudó.

—Pero es una evidencia. Tenemos que llevarla a la estación.

Ella se giró, levantando una ceja.

—Lo haré con guantes, detective. Tranquilo.

Cha suspiró y le entregó la bolsita con la liga.

Ella la examinó con cuidado, girándola entre sus dedos enguantados.

—Mmm... es una liga pequeña. De niña.

—¿De niña? —Cha frunció el ceño—. ¿Entonces la víctima era una menor?

—No necesariamente —murmuró, pensando en voz alta—. Puede ser de alguien más... tal vez un familiar de la víctima o del asesino.

Cha la observó con atención.

—Si es así, alguien cercano a este caso tiene un niño en su vida.

Ella asintió, sonriendo levemente.

—Exacto. Y ahora tenemos que averiguar quién.

Se giró hacia él, con la liga entre los dedos.

—Cuando alguien planea un asesinato, alguien con una mente afilada... no deja detalles así —dijo, mostrándole la liga—. Eso significa que no fue premeditado.

Cha cruzó los brazos, asimilando la información.

—Entonces... ¿crees que el asesino actuó por impulso?

—Tengo una certeza: esta liga pertenece a un familiar del asesino.

—¿Por qué estás tan segura?

Estagera se volvió hacia la pizarra y trazó un círculo alrededor de la palabra liga.

—Piensa en esto: si se llevaron el cuerpo tan rápido, es porque no podían quedarse mucho tiempo. Pero más importante aún... tenían un hijo en la piscina.

Cha frunció el ceño.

—¿Un hijo?

—Exacto.Si el asesino estuviera solo, podría haberse tomado más tiempo para fingir un accidente. Pero si su hijo estaba ahí, no podía arriesgarse a que viera algo sospechoso. Así que improvisó.

Señaló la imagen de los baños.

—Tal vez la víctima no murió ahí. Quizás ocurrió en otro lado, pero el asesino intentó hacer parecer que murió ahogado.

Cha la miró con asombro.

—Pero no pudo... así que se llevó el cuerpo.

Ella sonrió con satisfacción.

—Ahora estamos un paso más cerca de la verdad.

—Ahora debemos volver de nuevo ahí y...

Estagera volteó.

—Buscar los registros de ayer. Todas las personas que hayan entrado.

Sacó su celular y marcó.

—¿A qué hora fue a la piscina? —preguntó.

—Como a las cinco de la tarde —respondió la señora del otro lado.

—Está bien... gracias.

Finalizó la llamada.

Cha asintió, entendiendo el siguiente paso.

—Entonces, volvemos a la piscina.

Estagera tomó su chaqueta y miró su pizarra una última vez antes de salir.

—Esta vez no podemos improvisar —dijo mientras caminaban por la calle—. Si pedimos los registros directamente, podrían sospechar.

Cha metió las manos en los bolsillos.

—¿Y qué sugieres?

Ella sonrió.

—Vamos a ser periodistas investigando sobre seguridad en centros recreativos.

Cha suspiró.

—Otra actuación...

—Sí, pero esta vez yo seré la reportera, y tú, mi asistente torpe que toma fotos pero no habla mucho.Cha rodó los ojos, pero no discutió.

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Cuando llegaron a la recepción,

Estagera adoptó su papel al instante.

—¡Buenos días! —dijo con entusiasmo—. Somos de una revista de seguridad urbana y estamos investigando cómo los centros recreativos manejan el control de acceso.

La recepcionista parpadeó sorprendida.

—¿Seguridad?

—Sí, queremos saber si llevan un registro de quienes ingresan. Ya sabe, para garantizar la tranquilidad de los clientes.

Cha, siguiendo el papel, sacó su celular como si estuviera anotando algo.

La recepcionista dudó un momento, pero luego asintió.

—Sí, claro. Tenemos registros.

Estagera sonrió.

—¡Perfecto! ¿Podríamos ver los de ayer entre las 4 y 5 pm? Solo para hacernos una idea de cuántas personas suelen ingresar a esa hora.

La recepcionista dudó, pero finalmente fue a buscar el libro de registros.

Cha se inclinó y susurró:

—Si esto funciona, te invito un café.

—Veamos qué tenemos aquí —murmuró Estagera.

—ISEON... —dijo Cha—. Es la única que vino con una menor y estuvo a esa hora —la miró de reojo—. Creo que tendré que buscar un buen lugar para invitarte ese café.

Estagera sonrió de lado sin mirarlo.

Cha regresó la mirada a los nombres en el registro y luego a ella.

—Entonces, Iseon es nuestra principal sospechosa.

—No exactamente —corrigió Estagera, deslizando el dedo por la hoja—. Es la única con un niño en esa franja horaria, y nuestra teoría es que el asesino tenía que preocuparse por un menor. No significa que ella lo haya hecho, pero sí que sabe algo.

Cha suspiró.

—¿Y ahora qué?

Estagera cerró el libro y sonrió.

—Ahora, querido asistente, buscamos a Iseon.

—¿Y cómo propones hacerlo?

—Si vino con un niño, lo más probable es que viva cerca. Vamos a preguntar discretamente.

—Definitivamente, este café me va a salir caro...

Estagera pensó rápidamente: Tal vez sea local...

Se acercó a la recepcionista con una sonrisa amable.

—Ahhh muchas gracias. Hay tantos nombres... —empezó a leer algunos para observar la reacción de la recepcionista—. Kang, Choi, Iseon...

—Ahhh Iseon —dijo la recepcionista con tono familiar—. Sí, ella vino entre las 4 y 5 pm, pero se fue rápido. Ni siquiera la vi mucho. Simplemente se registró y se fue. Es agradable. Ah, tiene una panadería.

Estagera sonrió con naturalidad.

—¡Oh, una panadería! Qué interesante. ¿Dónde está?

—Justo en la avenida principal, a dos cuadras de aquí. Se llama “Dulce Iseon”. Hacen un pan increíble.

Cha y Estagera intercambiaron miradas. Ella le dio una palmada en la espalda y susurró:

—Bien, Cha. Vamos por pan... y respuestas

En la mesa de la panadería

Cha le invitó el café que le prometió. El pedido fue sencillo: dos cafés con un chorrito de leche y unos panes de mantequilla que, con solo verlos, parecían una obra de arte.

Iseon dejó el pedido y sonrió.—Me retiro, chicos. Son una pareja adorable.

Cuando ella se alejó, Estagera tomó un sorbo de su café.—Dos opciones: es una psicópata o...— dijo, sin apartar la vista de Iseon.

Cha suspiró y se inclinó sobre la mesa.—O también puede que simplemente no tenga nada que ver con esto.

Estagera jugó con la taza, pensativa, sin perder de vista a Iseon mientras se alejaba.—Si fuera culpable, habría mostrado al menos una pequeña señal de incomodidad. Pero nada. Ni siquiera evitó el tema de los baños.

Cha asintió, sabiendo que Estagera tenía razón.—Entonces, ¿qué hacemos? ¿Descartarla?

Estagera negó lentamente con la cabeza.—Aún no. Si es una psicópata, lo ocultaría bien. Si es inocente, no podemos perder tiempo con ella. Pero hay algo que no cuadra...

Cha la miró fijamente, el café olvidado en su mano.—¿El qué?

Estagera entrecerró los ojos, mirando por la ventana como si estuviera conectando piezas de un rompecabezas invisible.—Si no fue ella, entonces, ¿por qué el cuerpo desapareció tan rápido? Y más importante... ¿quién tenía tanta prisa en que nadie lo encontrara?

Cha pensó por un momento, hasta que Estagera tomó una servilleta y comenzó a escribir con rapidez.—Un familiar de ella usó su nombre para ir a la piscina. Dijo que era para llevar a su hija, pero las intenciones fueron otras.

Cha la miró con curiosidad.—Entonces... ¿crees que alguien usó su nombre para entrar a la piscina?

Estagera asintió, casi en silencio.—Tiene sentido. Si el crimen no fue planeado, significa que el asesino no quería estar ahí con su verdadero nombre. Tal vez Iseon ni siquiera sabe que alguien la usó como coartada.

Cha cruzó los brazos.—Eso significa que la persona que entró con su nombre... estaba desesperada.

Estagera le dio la razón.—Sí. Y si estaba con una niña, significa que tenía una urgencia mayor. Algo la obligó a actuar rápido.

Estagera miró la servilleta de nuevo, donde había escrito las cuatro ideas principales.—1. Alguien usó el nombre de Iseon.—2. Tenía una niña con ella.—3. Necesitaba una coartada.—4. Se llevó el cuerpo antes de que lo encontraran.

Cha la miró fijamente.—¿Qué hacemos ahora?

Estagera sonrió con astucia.—Hacemos lo que mejor sabemos hacer, Cha... buscamos la verdad.

---

Estagera tomó un sorbo de su café con calma, luego giró la mirada hacia la niña que jugaba con un rompecabezas en la mesa cercana. Sus ojos se encontraron con los de Cha. Sin palabras, ambos entendieron. Se levantaron y caminaron hacia ella.

La pequeña, concentrada en encajar una pieza, levantó la cabeza al notar su presencia. Sus cejas se arquearon con entusiasmo.—¡Oh~! —exclamó con una gran sonrisa—. Eres muy bonita. ¿De dónde eres? —preguntó señalando los labios de Estagera con curiosa fascinación.

Estagera carraspeó, un poco desconcertada.—G-Gracias...

Cha se quedó a su lado, observando en silencio.

Entonces, la niña deslizó una mirada rápida hacia él, luego a Estagera, y una pequeña sonrisita traviesa apareció en su rostro, como si hubiera imaginado algo. No dijo nada, pero sus ojos lo decían todo.

Estagera captó la mirada y entendió el juego.Cha esbozó una pequeña sonrisa, divertido.

Estagera se agachó con suavidad, poniéndose a la altura de la niña. Le tomó la manito con delicadeza.—Cariño, por casualidad... ¿fuiste a la piscina?

Los ojos de la niña brillaron.—No te mentiría... sí, sí fui. —Y volvió a mirar a Cha de reojo, soltando una risita contenida.

Estagera respiró hondo, sonriendo con paciencia.—Cariño, concéntrate un momento. Es importante. ¿Con quién fuiste?

La niña balanceó los pies, dudando.—No debo hablar con extraños... —susurró— pero... —se inclinó un poco hacia Estagera, como compartiendo un secreto— fui con mi hermano. Pero nos fuimos rápido... creo que es... ya sabes, cosas de niños grandes. —Se encogió de hombros.

Estagera sostuvo su mirada, suave pero firme.—¿Cómo se llama tu hermano? —preguntó en voz baja.

La niña miró alrededor y luego sonrió, llevándose un dedo a los labios.—Minho —susurró.

Estagera asintió lentamente. Soltó su manito con cuidado.—¿Y cuántos años tiene, podrías decirme?

La niña pensó un momento.—Diecisiete. —Levantó los brazos como si mostrara fuerza—. Y es muy fuerte.

Estagera se incorporó, acomodándose con elegancia.—Gracias, cariño.

La niña sonrió satisfecha, volviendo a su juego. Su inocente comentario acababa de abrir una puerta crucial en la investigación.

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Afuera de la panadería.

Cha la mira, pensativo.—¿Cómo sabías que Minho hacía natación?

Estagera sonríe, pero es una sonrisa fría.—Fácil. El cuerpo que encontraron estaba azul. Eso significa que murió por asfixia. Quizás Minho, amigo de la víctima, estaba involucrado.

Cha cruza los brazos, procesando la información.—Entonces, si murió por asfixia en el agua... ¿quieres decir que fue un accidente?

Estagera niega con la cabeza.—No lo sé. Pero si fuera un accidente, ¿por qué mover el cuerpo? Nadie oculta un accidente, a menos que haya algo más.

Cha suspiró.—Si Minho es nadador, tiene la fuerza suficiente para sostener a alguien bajo el agua...

Estagera asintió.—Exacto. Pero hay un problema... ¿por qué lo haría? ¿Y por qué su madre lo cubre?

Cha saca su teléfono.—Creo que es hora de averiguar más sobre Minho.

Estagera le detiene el teléfono.—Sígueme el juego.

Estagera toma el brazo de Cha con firmeza.—¿Volveremos al papel del esposo?

Estagera se dirige a Iseon.

—Señora Iseon, déjame decirle que los cafés estuvieron realmente buenos y ni qué decir de los panes con la mantequilla. Quería hacerle una pregunta... Mi esposo y yo estamos pensando en mudarnos a un lugar pequeño, y este lugar es perfecto. ¿Qué opina, cariño? —le dice a Cha—. Además, en nuestros planes queremos tener hijos. ¿Habrá escuelas por aquí?

Iseon sonríe con amabilidad.—¡Oh, qué bonito! Sí, hay una escuela muy cerca. Mi hijo Minho estudia allí. Es un buen lugar.

Estagera finge entusiasmo.—¡Qué coincidencia! ¿Minho está en secundaria o primaria?

Iseon responde sin dudar.—Secundaria, segundo año.

Cha interviene con una sonrisa cortés.—Eso es genial. Nos gustaría ver la escuela antes de decidir. ¿Es estricta con la disciplina?

Iseon niega con la cabeza.—No demasiado, pero se preocupan por el bienestar de los estudiantes. Aunque... bueno, a veces hay problemas entre los chicos. Ya saben cómo son los adolescentes.

Estagera toma nota mentalmente.—¿Minho ha tenido algún problema allí?

Iseon duda un segundo.—No, él es un buen chico. Siempre ha sido responsable.

Estagera la mira fijamente, como si leyera entre líneas.—Me gustaría la dirección, por favor.

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Afuera de la panadería.

Cha la mira con curiosidad.—¿Por qué tanta prisa?

Estagera se detiene un momento, pensativa.—Si Minho es el asesino... Además, si el cuerpo estaba azul, significa asfixia. ¿Y quién tiene la fuerza y el conocimiento para hacer eso en una piscina?

Cha frunció el ceño.—Alguien que sabe nadar bien.

Estagera asintió, su rostro ahora serio.—Y Minho es nadador. Vamos a su escuela. Tal vez encontremos respuestas allí.

En la escuela

Cuando Estagera vio a Cha entrar a la escuela sin vergüenza alguna, suspiró, pero lo siguió de todos modos.—Si nos atrapan, diré que tú me obligaste —murmuró Cha.

Ella le lanzó una mirada divertida antes de enfocarse en su misión.

Caminaron por los pasillos en silencio, pasando por varias aulas donde los estudiantes seguían en clase.—¿Cómo planeas encontrar el aula de Minho? —preguntó Cha en voz baja.

Estagera sonrió.—Fácil. Cada escuela tiene un tablón de anuncios con los nombres de los estudiantes y sus horarios. Solo tenemos que encontrar la oficina de administración.

Cha la miró incrédulo.—No sé si eres un genio o simplemente te metes en problemas con demasiada facilidad.—Ambas cosas —respondió ella con confianza mientras avanzaba.

Después de unos minutos, encontraron el tablón de anuncios. Rápidamente, Estagera recorrió la lista de nombres con el dedo hasta que encontró el de Minho.—Aquí está. Aula 3-B.Cha suspiró.—¿Y ahora qué? ¿Vas a irrumpir en el aula?

Estagera sonrió con picardía.—Por supuesto que no. Vamos a esperar a que termine su clase... aunque podríamos adelantarnos y revisar su casillero.

Cha la miró con resignación.—Definitivamente, me meterás en problemas.

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El casillero

CuadernosPreservativosLapiceros

Cha arqueó una ceja al ver los preservativos en el casillero.—Vaya, Minho sí que está preparado para todo —comentó con ironía.

Estagera tomó uno de los cuadernos y lo hojeó rápidamente.—Aquí hay notas de natación, horarios de entrenamiento... parece que es bastante disciplinado.

Cha cruzó los brazos.—¿Y qué estamos buscando exactamente?

Estagera se detuvo en una página llena de garabatos y números.—Algo que no encaje. Algo que nos diga si Minho está involucrado en el asesinato o si solo es una pieza más en el rompecabezas.

Cha observó los garabatos por encima de su hombro.—¿Y? ¿Ves algo sospechoso?

Estagera tocó la página con los dedos y murmuró.—Todavía no... pero lo averiguaremos... al parecer solo tiene muchas hormonas.

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Suena el timbre

Cha y Estagera se apartaron un poco mientras los estudiantes llenaban el pasillo.—¿Cómo lo encontraremos? —preguntó Cha, observando la multitud.

Estagera cruzó los brazos y miró a su alrededor con calma.—Busquemos a alguien con el cabello mojado o marcas de gafas de natación. Si nada con frecuencia, su piel también debería estar un poco seca.

Cha asintió y comenzó a analizar a los estudiantes. De pronto, Estagera vio a un chico alto, con el cabello aún algo húmedo y marcas leves en el rostro.—Ahí está —susurró ella, dándole un leve codazo a Cha.

Minho caminaba con su mochila al hombro, hablando con algunos amigos, pero su expresión parecía algo tensa.—Vamos a ver qué tan genial es este chico —dijo Estagera antes de acercarse.—Me acercaré, tal vez llame su atención —dijo Estagera. Cambió su actitud a una más relajada, más coqueta y amigable.

Se acercó...—Hola, Minho. ¿Cómo estás? Me dijeron que nadas muy bien.

Minho la miró con curiosidad, sin reconocerla.—¿Te conozco? —preguntó con desconfianza.

Estagera sonrió con naturalidad.—Oh, perdón, soy nueva por aquí. Algunas chicas hablaban de ti en los casilleros, dicen que eres muy bueno en natación.

Minho se relajó un poco y sonrió con orgullo.—Bueno, sí, llevo nadando desde pequeño.

—¡Wow! —exclamó ella con admiración fingida—. Siempre he querido aprender, pero soy pésima. ¿Cómo haces para aguantar tanto tiempo bajo el agua?

Minho se cruzó de brazos, disfrutando la atención.—Es cuestión de técnica y resistencia. Aunque... depende del tipo de entrenamiento que hagas.

Estagera inclinó la cabeza.—¿Por ejemplo?

Minho iba a responder, pero de pronto miró a su alrededor con nerviosismo, como si recordara algo.—Eh... depende, hay muchas formas —dijo rápidamente, bajando la voz.

Estagera notó el cambio en su actitud y decidió presionarlo un poco más.—Debe ser difícil, ¿no? Sobre todo si hay mucha presión en una competencia o... en otras circunstancias.

Minho frunció el ceño y dio un paso atrás.—¿Por qué tantas preguntas? ¿Quién eres en realidad?

Cha, que observaba desde lejos, se tensó. Estagera mantenía su sonrisa, pero sus ojos se afilaron.—Solo alguien que quiere saber la verdad, Minho. ¿Por qué no me la dices?

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En la sala de comidas

Estagera:—Minho... ¿el cuerpo?

Minho quedó congelado.—¿El... cuerpo?

—Sí, el cuerpo.

Minho:—¿Cómo... cómo lo sabes? ¿Ustedes son policías...?

Cha:—Sí, lo somos. Por favor...

Minho:—Yo... yo no lo maté... lo... enterré esta mañana... por favor, yo no fui... era un compañero, no le caía bien, por eso tuve miedo... yo... yo lo encontré... pensarían que era yo, por eso...

Estagera y Cha se miraron por un segundo. Minho estaba nervioso, sus manos temblaban sobre la mesa.—Minho, respira —dijo Estagera con voz firme pero calmada—. No estamos aquí para culparte. Solo queremos saber qué pasó.

Minho tragó saliva y asintió.—Era... Jisung. Él y yo no nos llevábamos bien. Siempre me molestaba, decía que yo era un niño mimado. Pero yo no lo maté... lo juro.

Estagera:—Dices que lo encontraste en la piscina. ¿A qué hora?

Minho:—Casi a las cinco... Nadie estaba cerca. Solo lo vi ahí, flotando.

—¿Por qué no llamaste a alguien? —insistió Cha.

Minho bajó la mirada.—Me asusté. Si alguien me veía ahí, con él... dirían que fui yo. Así que...

Estagera:—Decidiste deshacerte del cuerpo.

Minho asintió lentamente.

Cha cruzó los brazos.—¿Enterrarlo fue idea tuya?

Minho negó rápidamente.—No... mi mamá me ayudó. Ella dijo que lo mejor era que nadie supiera.

Estagera entrecerró los ojos.—¿Iseon?

Minho dudó por un momento antes de asentir.—Dijo que lo haría por mí... que me protegería.

Estagera suspiró.—Minho, necesito que nos lleves al lugar donde lo enterraron. Ahora mismo.

ESCENA - BOSQUE CERCA DE LA ESCUELA

Minho: —Estagera, pásame una pala.Cha: —Pero sabes que debemos esperar...Estagera: —¿Me ayudarás o no?

Después de desenterrar el cuerpo, Cha sacó unos guantes de sus bolsillos y lo revisó detenidamente.

Estagera lo llevó a un costado.—Cha, es momento de que llames a la estación. Dirás que tú diriges este caso, ¿está bien?

Cha asintió, entre sorprendido y admirado.—¿Estás segura? Si tomamos el caso, estaremos directamente involucrados.

Estagera se quitó los guantes y lo miró fijamente.—¿Tienes una mejor opción? Si dejamos que otro lo tome, podrían encubrirlo... o hacer que Minho sea el principal sospechoso sin investigar más.

Cha suspiró y sacó su teléfono.—Está bien, pero más te vale que esto salga bien.

Mientras él hablaba con la policía, Estagera observó el cuerpo con atención. Minho había dicho la verdad, pero... sabía más.

Cuando Cha terminó la llamada, ella le dijo en voz baja:—Minho no nos está diciendo todo.

Estagera se acercó a Minho:—Dime, ¿algo más pasó? Él también te molestaba... ¿verdad?

Minho bajó la mirada y asintió.

—Entonces probablemente tenía un grupo con él, ¿verdad?

Minho volvió a asentir, nervioso.—Sí... él y sus amigos siempre me molestaban. Pero yo no lo maté, lo juro.

Estagera le puso una mano en el hombro.—Lo sé. Pero si él tenía amigos así, necesitamos hablar con ellos. Llévanos con ellos ahora.

Cha, aún con el teléfono en la mano, asintió con firmeza.—Me encargaré de que todo se haga bien. Iré con hoon joon *forensey me aseguraré de que no manipulen la evidencia.

Estagera le lanzó una mirada confiada.—Bien. Que se note que este es tu caso.

Luego volvió su atención a Minho.—Muéstranos quiénes eran sus amigos. Es hora de descubrir toda la verdad.

EXTERIOR ESCUELA

Estagera y Minho dejaron a Cha en la escena.Se sentaron en una banca frente a la salida de la escuela. Los estudiantes salían de sus clases, adolescentes en sus propios mundos y jerarquías, casi como el mundo real...

Estagera (mirando a los alumnos):—¿Quiénes son?

Minho señaló con la barbilla a un grupo.

Estagera:—Vale... fingiré ser tu novia. Acércate como si quisieras agradarles y preséntame.

Minho (tragando saliva, nervioso):—¿Mi... novia?

Estagera guiñó un ojo.—Solo sigue mi juego. Tú acércate como si quisieras ser su amigo. Diles que quieres presentarles a alguien especial. Yo haré el resto.

Minho suspiró, se levantó y se acercó al grupo con una sonrisa incómoda.—Hey, chicos... ¿qué tal? Quería presentarles a alguien.

Los chicos lo miraron con escepticismo. Pero cuando vieron a Estagera acercarse con una sonrisa encantadora, su actitud cambió.

—Hola, soy la novia de Minho —dijo ella con voz dulce, mientras analizaba sus expresiones.

Uno de los chicos se rió burlonamente.—¿Este perdedor tiene novia? No me lo creo.

Estagera se rió suavemente y se acercó más.—Oh, Minho me contó mucho sobre ustedes. Especialmente sobre su... amistad con el chico de la piscina.

Los rostros de los chicos cambiaron sutilmente. Uno apretó la mandíbula. Otro desvió la mirada.

Estagera inclinó la cabeza, disfrutando del momento.—Vamos, chicos. Hablemos un poco más de eso.

ENELPATIO DE COMIDA

Los cuatro chicos estaban sentados frente a una mesa. Estagera y Minho, firmes, los observaban desde el otro lado.

Estagera, con voz fría:

—¿Me dirán qué pasó con Jinsung?

Uno de los chicos, desafiante:

—¿Y tú crees que te diremos algo?

Estagera suspiró con paciencia calculada.

—Puedo hacer que todos vayan a prisión. ¿Qué tal cadena perpetua por asesinato premeditado?

Lo dijo para asustarlos. Y claramente funcionó.

Los cuatro se quedaron congelados.

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FLASHBACK

Jinsung y sus cuatro amigos habían ido a una fiesta. De madrugada, ebrios, entraron a la piscina del colegio.

—¡Vamos a seguir practicando! —gritaron entre risas.

Jinsung se metió al agua...

—¡No es broma, sáquenlo!

—¡No se mueve! ¿Qué hacemos...?

—¡Vámonos!

Cuando regresaron... ya no se movía.

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FIN DEL FLASHBACK

Estagera apoyó los codos sobre la mesa y entrelazó los dedos.

—Así que lo dejaron en la piscina... y simplemente se fueron. Wow. Impresionante.

Uno murmuró, sin levantar la mirada:

—No sabíamos qué hacer... pensamos que despertaría...

—¿Y por qué no llamaron a emergencias? Sabían que pueden hacer llamadas anónimas... Al menos justificaría su preocupación —preguntó Estagera, tajante.

Otro chico, nervioso:

—Nos asustamos... si alguien nos veía ahí, nos meteríamos en problemas.

—¿Problemas? —repitió Estagera, recostándose en la silla—.Déjenme adivinar... suena más a que intentaban cubrirse entre ustedes. ¿O me equivoco?

Uno golpeó la mesa con frustración.

—¡No fue nuestra culpa!

Estagera, sin alterarse:

—Tal vez no lo mataron con sus propias manos... pero lo abandonaron. Y ahora está muerto.Minho apretó los puños, conteniendo la rabia.

—Si no hubieran sido unos cobardes... tal vez Jinsung estaría vivo.

Estagera mantuvo firme.

—Díganme, ¿hay algo más que deba saber? ¿O prefieren que lo saque la policía?

Los chicos no dijeron nada.

Estagera los miró fijamente.

—Bueno, chicos... igual son culpables.

Uno intentó protestar, desesperado:

—¿Culpables? Pero... nosotros...

—No hicieron nada para salvarlo. Lo abandonaron. Eso también es un crimen —sentenció ella.

Minho los miró con furia contenida. Estagera puso una mano en su hombro para calmarlo, luego marcó en su teléfono.

—Cha, ya tenemos lo que necesitamos. Llama a la policía.

Los chicos se sobresaltaron.

—¡Espera! ¡No podemos ir a la cárcel!

—Eso no depende de mí —respondió ella con frialdad—. Pero si cooperan y dicen toda la verdad, tal vez su condena sea menor.

El grupo se quedó en silencio. Sus rostros pálidos confirmaban lo inevitable.

No había excusas.No había salidas.Solo la verdad... y sus consecuencias.

En la estación,Ambos estaban sentados en las sillas de la estación, viendo cómo los culpables eran escoltados por los oficiales.

Cha suspiró, echando un vistazo a los muchachos esposados, luego giró hacia Estagera.

—Bueno... se suponía que hoy era mi descanso.

Estagera lo miró, sin inmutarse.

—Aún es temprano, ¿no?

Cha arqueó una ceja.—Son las seis de la tarde, Estagera.

—¿Y...? —respondió ella, con total inocencia.

Cha suspiró.

—Mañana debo trabajar.

Estagera lo observó con una ceja alzada.

—¿Y qué hago? ¿Te felicito?

Cha soltó una pequeña risa.

—Sabes qué... mejor vámonos.

Estagera se levantó, suspirando con una mezcla de sabiduría y resignación.

—Bueno, para al menos recompensar tus horasbien invertidas—dijo alzando un poco la voz—, te hago un ramen.

Cha fingió pensarlo por un segundo, con una media sonrisa.

—Está bien.

Y así, mientras la ciudad se calmaba tras el caos, ellos se alejaron, compartiendo la tranquilidad de lo cotidiano.