Primera gota de sangre.
“Se requiere una sola noche conmigo para ser mi esposo, pero, te daré el privilegio de darte mil noches más.” Fueron los primeros ecos de un murmullo lejano, parecía que podía hipnotizar con solo un susurro.
La lluvia caía en el pavimento, el cielo era cubierto por nubes grises con una belleza sombría. El olor a tierra mojada inunda las fosas nasales de todo aquel que transita las calles de aquel lugar inhóspito. La lejana tierra de Zabeck, un lugar lleno de magia, conectado al poder y la sangre.
De pronto Lizander escucha unas cadenas que se movían con el viento y fue cuando sintió el aliento gélido de alguien o más bien de un, él. — Vagar por la noche en mis territorios, pequeño zorro — dijo, su voz una caricia sobre la tormenta, — implica pasar una noche en mi cama. —
Se alejó sutilmente, sintiendo la presencia a sus espaldas no podía voltear, era la primera regla “No verlo a los ojos.”
— Veo que ahora sí los educan bien. — El tono de esa voz era completamente sarcástico y gélido.
Agarró valor, aunque no sabía de donde, después de todo, apenas era un aprendiz de la Sagrada Corte, ¿qué podría hacer contra su eminencia?, exactamente, nada. — Hablar así de la Sagrada Corte, es… —
Solo sintió el tirón y de pronto se encontró con esos enigmáticos ojos, fuertes e intimidantes.
— ¿Insulso? Tal vez, ¿Vulgar? — preguntó con voz fría mientras sentía como lo observaba el joven.
No sabe cómo, pero se liberó de aquel agarre. — Exactamente, sólo demuestra lo insulso y vulgar que es, Ihovan Hell´s, eminencia de la sangre. — Por primera vez decidió sostener la mirada a uno de esos.
Arqueó la ceja. —Lizander Pimentel, el discípulo más débil e interesante de la Sagrada Corte. — Se rió mostrando esa dentadura típica de los de su especie. — Aunque, debo decir, que quizá no seas tan aburrido. — Sujetó a Lizander desde la espalda mientras su larga uña, cortaba el cuello de ese inesperado invitado.
Lizander solo sintió el pinchazo. Era como tener un alfiler o quizá la punta de un cuchillo en la mandíbula y lo peor para él, era que su espalda estaba contra el pecho de aquel hombre y por si fuera poco, la lluvia ya lo estaba empezando a debilitar.
Sonrió mientras le mostraba la gota de sangre a Lizander. — Veo que es verdad, los híbridos son; — Probó la gota de sangre mientras buscaba una palabra adecuada. — Al menos, interesantes. —
En ese momento un rayo de luz apareció al fondo. Un olor a madera joven, fresca, ligeramente especiada un deleite para el olfato.
— Su alteza Hell´s. — Una mujer, quizá de unos 27 años, apareció en la periferia de Lizander, su belleza era la esperada de una cortesana, o quizá una compañera de ocasión.
Ambos rieron ante el pensamiento del joven híbrido.
— Deberías de aprender a silenciar esa mente tuya. — Sentenció esa mujer. — Insinuar que su alteza, tiene esas aficiones, podría costarle a la Sagrada Corte uno de sus aprendices. — Mostró esa dentadura blanca y sin imperfecciones.
Lizander solo sintió algo correr por sus venas antes de tener la oscuridad cubriendo su vista. Nunca pensó que Zabeck le daría esa bienvenida.
Las ruinas de la mansión antigua son eso, ruinas. Pero Ihovan encontró un uso peculiar del cementerio antiguo; formó la biblioteca, de lo que antes fue un sendero lleno de flores marchitas; forjó un hermoso bosque; no hubo espacio que no fuera modificado. Hasta que hizo de la antigua mansión un hogar, lúgubre y quizá extraño, pero, era su hogar.
Con una bandeja de plata, se acercó a su señor. — Mi señor. —
— No, no tengo deseos de eliminar a mi próximo juguete. —
Se levantó con respeto. — Simplemente creo que este joven es especial. —
Mostró una sonrisa discreta. —Bastará con que duré una semana. —
Arqueó los hombros. — Saldré a cazar algo para variar. — Salió dejando solo a su amo.
A la par en la Sagrada Corte en algún lugar de Europa, un grupo de ancianos estaban reunidos, felices de que al fin un discípulo pudo ingresar a Zabeck.
— Es inusual que Hell ’s permita a uno de los nuestros deambular en sus territorios. — Comentó el líder de la corte.
— Podría ser que ha decidido acceder al acuerdo. —
Observó a los 12 miembros restantes de la corte. — Nadie sabe o imagina lo que Hell ’s podría hacer, por el momento lo único claro es que las 133 personas deben llegar hoy a Zabeck. — ordenó el líder de la corte, sabiendo que Hell ’s era de todo, menos paciente.
Se levantaron los trece miembros de la Sagrada Corte.
— Al menos por ahora tenemos una garantía con Hell ’s, — dijo con voz despreocupada, sabiendo lo temperamental que es “su eminencia.” — Si Lizander Pimentel es lo suficientemente interesante, no deberemos preocuparnos por un tiempo por conseguir otro juguete como siempre. —
Todos negaron, sabiendo que Ihovan Hell´s nunca aceptaría un acuerdo con ellos, sabían que Hell’s simplemente hacía lo que quería y que si bien ahora había dejado entrar a alguien a sus dominios, era probable, casi seguro que despertarán al dia siguiente con un nuevo cuerpo sin alma, o peor.
Sujetó su entrecejo frustrado. — Por ahora nuestra única preocupación debe ser enviar el alimento de Hell´s. —
A la par que en Europa el sol nuevamente salió, en Zabeck seguía lloviendo.
Ihovan observaba a su nuevo juguete dormir, lo había encadenado a la cama, sería al menos divertido ver la reacción de ese joven al saberse atado.
— “Simplemente espero esos ancianos no hayan enviado a cualquiera, otra vez.”—
Ihovan tenía entre sus manos una pequeña flor de Narciso, esperando que éste, no sea igual de básico que esos que simplemente gustan de las rosas.
Lizander sintió su cuerpo pesado, intentó mover una mano, y nada. Luego intentó levantarse y fue aún más inútil.
— Pequeño zorro. —
Abrió los ojos abruptamente.
Arqueó la ceja divertido. — Al parecer a mi zorrito, no le gustan las mañanas tranquilas. —
Tragó en seco, esa voz lo seguía, incluso en sueños.
— Me llena de honor que incluso en sueños, me tengas presente. — Comentó Ihovan mientras servía un preparado para ese zorrito.
Intentó moverse pero fue inútil. — ¿Qué me hizo? — Asustado recordó que estaba frente a Ihovan Hell ’s, aquel que fue el encargado de retomar el mando en Zabeck. Aquel que con un chasquido de dedos puede desprender del alma a 200 personas y solo le bastaba un movimiento para convertir a muchas personas en marionetas.
Sonrió mientras acercaba la copa a los labios de Lizander. — Bebe, la lluvia te debió quitar hasta la última gota de magia. —
Bebió, después de todo, pocas opciones había en su arsenal mental. Y entonces pudo ver con mayor claridad esos ojos violetas, casi azules.
— Dormiste poco más de 6 horas, duerme un poco más. Nadie te hará daño en mis dominios. — dejó la copa vacía en el buro y después se sentó en la esquina de la habitación. Tomó un libro antiguo y continuó con lo que estaba haciendo.
Lizander frunció el ceño, nunca había dormido más de tres horas. — No tengo sueño. —
Cerró los ojos frustrado. — Eres un pequeño zorro muy exigente. — Cerró el libro con un golpe sordo.
Se desató la corbata y despeinó un poco su cabello. Esto le dio un aire más enigmático, más misterioso y endemoniadamente sexi.
— Si no quieres dormir, juguemos un rato. — Su voz en un susurro llegó a los oídos de su acompañante.
Abrió los ojos asustado. — ¿Qué diablos planea hacer? —
— Nada que no puedas disfrutar. — Mostró nuevamente esa perfecta dentadura.
Lizander sintió el toque en sus piernas, subía lentamente, rosando su zona íntima, sólo pudo gemir a pesar de que deseaba huir. Arqueó la espalda mientras sentía el peso de aquel hombre.
El aliento llegó a sus fosas nasales. — Tu sangre fue un manjar, hizo que mi hambre despertara. — Con voz ronca, pausada se acercó al oído de Lizander. — Recorreré cada centímetro de tu piel, sentiré cada latido de ese corazón tuyo y cada gota de ese néctar rojo, será mío. — Mordió el lóbulo de la oreja del menor.
La lluvia continuó, la antigua mansión se llenó de ecos de placer, la exploración llegó.
Y en simultáneo, esa joven estaba terminando de cazar su alimento. — Pronto deberá llegar el nuevo lote de sangre. —
Su cabello negro se movía con el viento, la luna blanca estaba en su punto más alto y el frío de la noche indicaba qué pronto el portal se abriría.
— “Solo basta una gota de sangre, para que Ihovan Hell ’s sepa si te quedas o te mueres.”