Capítulo 1
AGRADECIMIENTOS:
En primer lugar, a mi familia. Son mi pilar más sólido. Han creído en mí incluso cuando ni yo lo hacía. No son como esas que ves en la televisión como arquetipos manidos. Tienen muchos momentos alocados que te sacan una sonrisa cuando los recuerdas y que les hace ser únicos.
A todos ellos, muchas gracias. Sois lo mejor que me ha pasado en la vida.
A mis lectoras por haber esperado con tanta paciencia a la tercera parte de la saga. No está como la recordáis, así que deseo que os guste como lo hizo la primera edición.
A Black Timberwolf Hillstrandt, “a real One Percent Old American School” (“Un auténtico Vieja Escuela Americana”). Me has regalado momentos maravillosos al contarme tu vida, Viejo Lobo.
A Steelo West, “a true lethal hunter with the manners of a knight” (“Un verdadero cazador letal con el saber estar de un caballero”). Ha sido genial meterme de lleno en tu mente y en el modo en que concibes el mundo, colega.
A Beast Hillstrandt-Roberts, “a true protective animal with his family” (“Un auténtico animal protector con su familia”). Mira que siempre pensé que iba a ser complicado que un Hillstrandt fuese templado aun cuando las cosas se ponen feas. Eres la auténtica “Bestia de los Demonios Rodantes”.
A mi venerada Noah West-Hillstrandt Roberts. Delicada como pocas. Fuerte como ninguna.
Gracias.
JACK:
Los ánimos se iban calmando poco a poco tras el sobresalto que nos llevamos con Noah y Amanda. Las dos charlaban sobre el futuro bebé que ella tendría y se habían animado más de la cuenta.
Por aquel entonces las cosas estaban bastante tensas. Acabábamos de tener una reunión nosotros tres con mi padre, Dylan en la que habíamos dejado en claro que nuestros enemigos, Hiena y Coyote ya contaban con aliados.
Y aunque el nombre de Black Timberwolf aún seguía imponiendo respeto, lo cierto era que no nos fiábamos de mucha gente. No, cuando era nuestra familia la que estaba en peligro.
Como de costumbre preferimos mantener a Noah al margen de todo. Únicamente le contamos lo más esencial para que no baje la guardia, pero nunca le dijimos que ella y los niños estaban en peligro. No hacía falta preocuparla. Contaban con dos clubs que los protegerían con su vida.
Claro que algo podría irse a la jodida mierda.
Aún cuando tienes todos los cabos atados, siempre existe la puta posibilidad de que algo falle. Es pura estadística.
Noah y yo intentábamos ser padres biológicos tras hablarlo con Timber y Steelo. Ella ya había tenido hijos con ellos. El alocado e hiperactivo James Hillstrandt, nuestro adorable lobezno rubio. La temperamental e impulsiva Ziah West, la única capaz de pararle los pies al mini motero. Dos mellizos concebidos en un caso poco común de hetero paternidad. Un suceso médico denominado superfecundación heteropaternal que puede ocurrir si la mujer produce más de un óvulo. Teniendo en cuenta que mantenemos una relación poliamorosa con ella se explica que James sea hijo de Timber y Ziah lo sea de Steelo.
Mi mente divagaba por todo esto cuando escuché los gritos de las chicas. El primero en reaccionar fue Dylan. Amy estaba embarazada, prácticamente en la recta final, por lo que mi padre y todavía presidente mantenía su foco de atención de manera constante sobre ella. Mi madre, Jackie, no paraba de tomarle el pelo por aquello, aunque, estaba muy contenta por ellos dos.
Yo abracé a Noah de forma protectora. Me di cuenta de que todo era una falsa alarma al ver la cálida sonrisa en el rostro de mi mujer.
—¡¡¡Voy a tener un cuñadito!!!
Mi padre se echó a reír divertido por la reacción de Noah. Instintivamente miré a Timber, sabía que entre ellos dos las cosas no estaban arregladas. Un pensamiento muy sombrío pasó por la mente del presidente Bomber a juzgar por su semblante. Fue algo fugaz. Lo suficiente, sin embargo, como para darme cuenta de muchas cosas aún no solucionadas.
—Sí... Me va a dar otro muchacho— se giró y miró a su antiguo hermano de armas—. Espero que ésta vez no hagas explotar mi moto— bromeó mientras éste lo abrazaba con fuerza.
—No, colega... Te debo una bala y lo sabes, además, para acabar de joderme le pusiste a tu primer hijo los nombres de mi padre: Stearling James. Te debo esa jodida bala.
Sonreí forzado. A lo mejor me lo había imaginado todo por el agotamiento.
—Necesito que me hagas la prueba— Noah susurró sin perder de vista a los moteros que iban abandonando la estancia, entre ellos Timber y Steelo—. ¿Vamos a tu despacho?
—¿Te pasa algo, bella? ¿Estás bien? — Pregunté asustado.
Ella intentó tranquilizarme con su hermosa sonrisa, sin embargo, el presentimiento de que algo iba a ocurrir me paralizaba por momentos.
—¿Creí que estabas tomándote las pastillas? — Mi padre la observó serio. Estábamos a solas en el despacho.
—Jack y yo lo estamos buscando.
—Y ¿los chicos?... Quiero decir... ¿Con ellos dos?
—Diafragma vaginal.
—De acuerdo— sonrió de manera forzada—. Muy bien, princesa. Ya sabes qué hacer... La puerta de la derecha.
—Ahórratelo. Ya sé lo que vas a decir.
Mi padre y yo nos conocíamos tan bien que podíamos adivinar los pensamientos del otro sin hablar.
—Jack, la cosa está realmente jodida... ¿Crees que es una buena idea...? — Nos interrumpimos cuando ella regresó al despacho.
La prueba dio positivo. Mi padre cerró los ojos un par de segundos y se frotó el caballete de la nariz con sus dedos pulgar e índice. Estaba cabreado de cojones. Aquel era su gesto más característico a mis metidas de pata, tanto como su costumbre de tocarse la oreja izquierda siempre que mentía. Tal y como le ocurre a Steelo.
—¿Estás bien, Dylan? — Se preocupó ella.
—Agotamiento...— mintió—. Vamos a ver qué tenemos ahí dentro...
Salí detrás de Noah, abrazándola mientras caminábamos y besando su coronilla.
—Te quiero, bella, te quiero.
—¿Qué te gustaría que fuera? — Me preguntó ilusionada.
—Una muñequita como Ziah o su mami— le di un beso cariñoso y la apreté contra mi pecho.
—¿Dónde estabais? Os estábamos buscando— dijo Steelo—. Mi viejo dice que están los ánimos bastante tensos y que vamos a relajarnos... O sea, fiesta. Paul no quiere que estés por ahí sin nosotros.
—Todos saben que soy propiedad de dos clubes y de los tres moteros más duros que hay... ¿Quién se metería conmigo?
—De todos modos, nena. Le doy la razón a Paul.
—Vale... Llévame con él, le voy a patear el trasero un rato.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
—El aire está cambiando— aseguró Timber mirando al cielo como si fuera capaz de distinguir la sutileza de los olores en el viento—. Deberíamos sacarlos de aquí— concluyó mirando a Noah riéndose a carcajadas a un par de metros de nosotros con Steelo.
—Éste es aún mi territorio—aseguré con calma—. Yo la escoltaré junto con Colt, el cabrón tiene una puntería aún más letal que la de Mike.
—No tardaremos entonces, Jack— juntó su frente contra la mía sujetándome por la nuca—. Cubrimos tu espalda, chico.
Le hice luces a Noah para que encendiera el motor del coche. Steelo también parecía muy inquieto.
—Cuida de ellos, hermano— me pidió tras darle un beso a nuestra dama—. Nosotros iremos justo detrás de ti. Cuenta hasta sesenta.
—No tardéis, Steelo. Aquí hay algo que no me gusta.
“Veintitrés... Veinticuatro... Veinticinco...”
Cuando sentí los sesos junto con la sangre caliente de Colt caer sobre mí al mismo tiempo en que notaba el mordisco al rojo vivo supe que la habíamos jodido de algún modo. El coche de Noah se detuvo un poco más adelante con las ruedas reventadas.
Las luces del vehículo saltaron por los aires una fracción de segundo después de que ella saliera corriendo para atendernos.
—Corre— murmuré de manera inaudible.
Estaba tan centrada en mí que no se había dado cuenta de la enorme figura vestida por completo de negro que se cernía sobre nosotros.
—Hola, zorra... Me debes una buena follada.
Noah abrió por completo los ojos por la sorpresa. Los potentes faros led de la moto se encendieron volviendo la escena más tétrica todavía. El cabrón de Coyote Hillstrandt sabía muy bien cómo provocar el más absoluto terror en sus víctimas.
Antes de que ella pudiera reaccionar él la montó en la moto y se reunió con Hiena.
—Los críos están muertos— aseguró.
Empezaba a desmayarme cuando las potentes bestias cobraron vida. Se pusieron a aullar en una clara burla a Timber y a los suyos.
—Perdóname, mi amor...