UN DEBER OMINOSO
La mañana dictaba ordenes irreversibles, como muchos otros días, los sacerdotes aplicaban los rituales apropiados y limpiaban el espíritu, agua cristalina y vendita se vertía en su cabeza mientras el frio de la tormenta hacia insoportable el quedarse durante mucho tiempo, parado allí ante la entrada del santuario donde la luz apenas pasaba por ser la madrugada y el poco calor presente fue señal para realizo el saludo a Alba en espera de ser autorizado a tener las vestimentas blancas y abrigarse del viento solo para perder la luz del amanecer una vez más, augurando que la suerte no lo acompañaría ese día.
—Bañado en la luz de alba, tiene el permiso de retirarse. —Paso la manta lista para su uso.
Terminado, le dieron el permiso de ir a limpiarse a tiempo que se ponía las ropas, de un color verde y blanco por dentro, símbolo de estatus y honor perdidos ase tiempo y ahora solo de apariencia,
Cecilio Von, ha sido el último hijo y actual rey de un territorio en decadencia, la constante lluvia provoca un problema constante con las cosechas y el poco tiempo de luz de sol que llega, no hace sino hacer valorar más la leña recolectada como uno de los pocos elementos económicos que mueven casi todo salvo por la comida, exportada desde la cámara de Comercio, Manos de midas y los mismo encargados de llevarse a mucha gente a diario al punto que el reino empezaba a tener más casas vacías que manzanas en una canasta de algún pueblo hambriento y los pocos que se quedan, simplemente son los más decididos a recuperar la prosperidad y los más fervorosos a Alba, en espera de que todo mejore eventualmente.
Los complejos sociales, se redujeron a simplemente pedir el tributo en las fechas acordadas y posterior a ello el retirarse para continuar con la vigilancia, siendo que había menos problemas de lo habitual por la falta de gente además de los migrantes de territorios alejados por la lucha con los demonios.
Al llegar a la puerta, el lugar se nublo por completo, casi imitando el anochecer en luminosidad y por su paso, no hizo sino encontrar como las cosas empeoraban mucho. Los fuertes vientos le impedían ver más allá de una casa y el tener que cubrirse para caminar no hacía sino perjudicar a su falta de fuerza.
Al llegar al carruaje lo supo su tiempo era el presente y el cambio de ropa dentro no hizo sino recordarle que las cosas podían empeorar, vestimentas negras, escasas pero muy largas, mientras el carruaje se ponía en marcha y con lo mismo el aburrimiento de un viaje largo.
La noche comenzó a ganar presencia mientras notaba el lugar brillar en medio de la noche, por un momento se preguntó si ponerse sus vestimentas una vez más, pero desistió, cociente de que sería peligros, al estar lejos de la protección de la Santa Fe y las tribus divinas, asique bajo consiente de que no esperaba un recibimiento abierto y guardando las ropas en el saco que le dejaron de lado y consiente de que sus zapatos seguían mojados e inutilizables, solo el repentino paro le recordó que estaba en un viaje.
Al llegar fuera con la sensación de la tierra seca en los pies y la poca piedra menuda fue señal al conductor de que su pasajero se había bajado.
—Aquí es donde termina mi responsabilidad —evito sonar alegre por el hecho—, es cosa suya continuar el camino. —Dio el primer látigo, en espera de dar la vuelta al a carreta dirigiendo a los caballos y alegre de no tener que llevar a su pasajero hasta la civilización.
—En caminos oscuros es mejor transitarlo con prisa mientras Alba aun nos ilumina con esperanza. —Rememoro su pasado en medio de la caminata, una familia funcional, pero siempre carente de riqueza y con el alimento justo, sus hermanos y padres ahora ausentes, un recuerdo repito y junto las manos entrelazando los dedos en intención de orar—. Alba, por favor cuida a este hijo que marcha por tu voluntad.
La noche se despejo, dejando que los brillos de las tres lunas se mostraran alegres y con lo mismo la claridad del camino a retomar mientras la luz de la civilización no hacía sino aumentar.
El tiempo transcurrido fue poco, pero al llegar notar a tanta gente alegre, no hizo sino facilitar la angustia del efecto que tendría su llegada, no lo pensó mucho, mientras esperaba encontrarse con el seguidor de la Santa Fe que lo conduciría a su destino.
Más conciencias y pensamientos en los altos mandos del imperio habían preparado mil y un planes, principalmente poner orden a los problemas de ignorantes y con las vestimentas de un Orador llego la señorita acompañada de niños y familiares, entre risas y alegrías, además de degustar de manjares por los puestos y posterior a ello el encontrarse no fue ningún problema.
La presentación por su parte se volvió incomoda, quería saludar, pero a la ves ver como estaba tan alegre, el simple deseo de ver esa alegría un poco más, le hizo desistir de interrumpir a pesar de lo critica que era su misión para él, para su fe y para todo lo que se le prometió, no espero ser el primero en hablar, pero el ser reconocido al instante lo hizo temer.
—Cecilio, lo estábamos esperando. —Con un saludo rápido llamo la atención y dio el aviso.
Los niños fueron y lo trajeron de la mano, mientras todos se acercaban al hombre vestido de túnicas negras antes de animarlo a unirse a la alegre familia y reunirse, para ir a comer, como si de viejos amigos se tratase, al punto que la posada, no hizo sino facilitar ese llamado de alegría y al poco de ver una comida caliente hizo que gruñera su estómago, mientras los aromas fragantes aumentaban el deseo de poder probarlo.
—No te contengas amigo, rara vez podemos celebrar. —No demoro en probar por sí mismo el platillo con abundante carne y con carencia de los supuestos modales a la mesa que se espera de nobles—. Maldición esto es manjar de los dioses.
Los niños estaban igual de alegres y poco tiempo después de preguntarse el precio noto como todos parecían estar comiendo lo mismo otros incluso repitiendo un segundo platillo por la cantidad de platos acumulados, mientras más tiempo pasaba disfrutando de la comida, no pudo sino ser consciente de lo diferente que era de su territorio.
«¿Todo será así donde no estoy?» —Probo los diferentes sabores, agrios y salados, no hacían sino fascinarle aún más—. Esto es delicioso.
No fue mucho tiempo, hasta que noto como el resto ya estaba repitiendo el plato, mientras él se dedicaba a terminar el primero, con la pregunta en mente de repetir, mientras notaba los tarros llegar.
—Por fin cerveza deliciosas —aclaro el joven alado suyo.
—Niño, tú no puedes tomar, aun no eres mayor.
—Mañana cumplo 15 —reclamo indignado— básicamente ya soy un adulto.
—No, tu no tomas. —Se levantó esperando poder alcanzar el tarro en la mano de su hijo.
Una pequeña riña que pensó incomodaba el ambiente, fue retirada, cuando el hijo se puso a la fuga de la mesa con el tarro en mano y la comida a medio terminar, mientras el padre, iba en su persecución y todos parecían reírse, algunos por motivos diferentes, mientras que los más conscientes del ambiente no hacían sino aumentar el ánimo vitoreando los nombres y clamando por sus respectivos libros.
—Ja, ja, ja nunca cambian. —Miro sonriente el espectáculo.
La sonrisa algo tímida de la mujer al recordar su actual papel la devolvió a la elegancia esperada de otro seguidor de la Santa Fe, dejando de lado la repentina alegría mientras comía de a poco de manera más elegante, mientras contemplaba a su familia divertirse y los más niños animar a su hermano, causo que el ambiente se sintiera tan armonios que quiso que el momento se hiciera eterno.
El poco tiempo continuo, mientras su propia bebida acompañaba la comida y ahora consiente de porque el niño quería probarlo, pero al mismo tiempo un sabor familiar, como el de la cebada.
La noche termino entre gritos y risas, algunos se iban otros se unían al canto alegre de los familiares por un hijo por fin mayor, otros simplemente siguieron el juego al notar bebidas gratis y como se esperaba de todos la mañana llego y lamentaron el quedarse por los trabajos de la mañana y como tal todos partieron a lo mismo, mientras el grupo salía y el joven seguía lamentando que la noche terminara y por primera vez se arrepentía de ver el cielo iluminarse de un azul pálido a un celeste vivo, pero al mismo tiempo lo noto como el lugar estaba tan vivo, la gente caminando de aquí a allá, de más acomodando sus propios puestos.
El contraste con su territorio era simplemente inigualable, el frio y nublado amanecer y la gente intentando evitarlo, mientras que allí todos parecían tan preocupados por sus propias cosas que ni siquiera notaban que estaba allí, un sentimiento de felicidad nublo su mente adormecida y somnolienta.
—Sabes algo chico, momentos como estos me recuerdan que tengo trabajo. —Confundido por la borrachera no se dio cuenta de que hablaba con su invitado—. Pero ahora eres mayor asique ya no soy el único hombre de la casa y cuando te cases con 八 por fin seré abuelo
—Señor se confunde.
—Nada de señor bribón, eres mi hijo te guste o no. —Sintió el golpe en el rostro por su izquierda y entonces reacciono—. ¿Quién se atreve?
Su mujer, parecía calmada, pero su esposo sabía bien de que se trataba y por un momento dudo de si continuar la amenaza o simplemente huir.
—¿Ya despertaste? —pregunto 四.
—Sí.
—¿Qué decías y a quién?
—Co… con 十二. —Señalo a quien le ayudaba a caminar.
—Es nuestro invitado.
Devolvió la mirada por un instante, mientras comprendía mejor lo sucedido y posterior a ello se disculpaba, mientras se retiraba con los niños en manos y sintiendo el mareo regresa, y solo escoltado hasta entrar en la puerta, mientras los dos volvían a su camino.
—Pido disculpas, mi hombre suele pasarse cuando hay celebraciones.
—Una familia muy feliz.
—Algo así, —respondió con un poco de vergüenza—, he preparado su transporte, el gremio Manos de midas fue muy generoso al saber que se trataba de usted.
—Ya veo. —No demoro en ver esas manos doradas en la puerta sobresaliendo como relieve y como si se tratara de una mancha extendiéndose el tono dorado empezaba a dominar la zona de la puerta, encontró extraño como lo trataban al tratarce de territorios enemistados. —Señorita, es afortunada de tener una familia tan alegre.
—Sí.
Poco tiempo le duro la alegría, al saber que se iba de un lugar tan maravilloso, pero el ver como el lugar no parecía ser afectado por su paso, empezó a dudar de como las cosas podrían ir mal en un territorio así.
No mucho tiempo después de partir y llegar a las murallas, los soldados los detuvieron, consciente de que eso podría deberse a su presencia, se limitó a pensar en cómo podría hacer para pedir permiso de pasar y perdón a su anfitriona de la noche anterior.
—Pero teníamos permiso de avance —reclamo el conductor.
—Lo sé, pero hasta que no se elimine a los últimos rastros de Gnoll nadie tiene permiso de salir.
—¿Cuánto demorara? —Algo angustiado señalo la parte del pasajero. —El chico tiene una audiencia con el emperador.
—A menos que lleve una escolta me temo que salir es peligroso.
—Entendido. —Dejo el carruaje al instante y corrió a través de la carretera principal.
Al poco tiempo considero si debía simplemente bajarse y continuar su camino, pero consiente de que si algo le pasaba a la carreta traería problemas a quien lo recibió con respeto, no le dejo pensar con claridad mientras era consciente de que su indecisión lo estaba reteniendo.
Tras un cambio de ropa y tras planear como continuar su camino sin perjudicar, procedió a salir, solo para notar la llegada del conductor con un par de guerreros.
—Señor, lamento la demora, el contratar mercenarios de última hora no es algo fácil, pero no se preocupe ahora estamos listos para partir. —Evoco una alegría que no parecía común de alguien que pagaba de más por un servicio de por si caro. «Más bien llegue a tiempo, por poco y pierdo otro cliente»
—Si no se preocupe estamos bien preparados. —Golpeo su armadura, consciente de que impresionaba a la gente fuera del imperio al tratarse de metal bien pulido.
—Suba una vez más, hablare para que nos dejen pasar.
—Entiendo, con su permiso. —Se inclinó levemente, consciente de que estaría bien protegido, pero al mismo tiempo preocupado de que sus nuevos compañeros de viaje, pudieran tener problemas de los que no pudieran encargarse—. «Alba adorada, que no pase nada mas hoy por favor». —Ingreso en el carruaje, mientras uno pasaba dentro como parte de la escolta.
—Mucho gusto me llamo 二.
—Saludos guerrero, me llamo Cecilio.
—Es bueno conocer a alguien de fuera del imperio, oír que los de tu cargo son muy rectos y todo eso. —Cambio el tema al instante, consciente de que quizá se pasó—. Dime ¿Cómo es allá?
—No tan bien como aquí. —Recordó como era su territorio y perdió la escasa alegría que tenía ase instantes. —Hay una lluvia constante y rara vez se despeja el cielo.
—Ha, deben cosechar muy bien entonces.
—Por el contrario, las cosechan son difíciles, la tierra se hace lodo con facilidad y el frio de la noche no ayuda mucho a que las plantas crezcan. —El recuerdo de los campos básicos de nuevo le quito los ánimos.
—Arroz, la caña de azúcar, el algodón y creo que se llamaba Sandia. —Enumero al tiempo que contaba con los dedos y posterior a ello recordaba un poco de las clases en la escuela. —Según recuerdo de clases de biología, esas son las plantaciones que más requerían de agua, asique plantarlas en su territorio podría solucionar el problema de las muchas lluvias. —Espero dar un alivio a las preocupaciones del Rey que mencionaron y una vez más recordando porque el imperio era tan increíble.
—¿Usted Cree?
—Para poder cosechar arroz, abren canales de riego y plantan en zonas inundadas por un puño de alto y en 3 meces ya tienes suficiente para cosechar, en especial el arroz, imperial, en cualquier territorio lo notara, tan grandes como una uña de dedo menique y la plantación nos supera en tamaño.
—Un milagro digno de verse.
—Que milagro, se trata de simplemente plantaciones, es agricultura, saber que territorios diferentes tienen diferentes plantas, por ejemplo, en arena se puede plantar cactus.
—¿Arena? —Por un momento espero que no le estuvieran engañando.
El Pequeño libro ilustrado fue pasado a sus manos, mientras señalaba la parte importante. —Estos son los cactus.
—¿Me permite?
—Adelante. —Dudo por un momento la veracidad de la misión asique pregunto sin más. —Siendo un Rey, ¿Cómo no sabe esas cosas?
—No sabría responderle. —Guardo la vergüenza muy dentro de su ser, consciente de que un simple guerrero sabia más de dirigir un reino que el mismo.
Detenido el movimiento fue suficiente para que el guerrero sacara la espada de mano y la daga. —Permanezca dentro de la carreta, ya llegamos. —Miro de Reojo atravesó del vidrio cuando los dos golpes lo apresuro a salir—. No salga a menos que se lo indiquemos.
Notando a casi 8 Gnols delante suyo y un grupo de 3 guerreros, se sujetó con facilidad mientras pasaba arriba, de la carreta y miraba alrededor, mientras el conductor apuntaba con el arco.
—¿Conductor, todo en orden? —Reviso a los costados y por detrás consiente de una posible emboscada. —¿Sé que está concentrado, pero por favor responda?
El zumbido de la flecha y un chillido fue suficiente justificación de su falta de comunicación. —Sí, pero hay complicaciones con el número, tendremos que regresar con los heridos. —Se concentró de nuevo, consciente de que debía darse prisa en dar apoyo y alegre de que ahora no tuviera que preocuparse de la retaguardia.
—Por la derecha.
Un instante en el que giro y la flecha elimino al Gnoll justo al salto, haciendo que la cabeza girara por casi 170 grados en retroceso y cargo otra. —Si no molesta que despliegue los escudos.
—Enseguida. —El chasquido de las cadenas le dijo a que se refería y jalo.
Al instante las dos alas segmentadas por detrás fueron estiradas y cubrieron la entrada de los dos lados en un mecanismo de carril y procedieron a subir, poniéndose espalda contra espalda, mientras el conductor tensaba la cuerda una vez más y ayuda con el penúltimo Gnoll.
Antes de darse cuenta todo había terminado y retiraron las cadenas con suma facilidad y los guerreros agradecieron la ayuda y solicitaron el transporte, mientras retiraban el escudo en forma de alas del carruaje para poder transportar a los tres heridos, y consiente de que había problemas cedió el viaje en pos de salvar guerreros y el regreso no hizo sino recordarle que las cosas podían empeorar asique desidia quedarse en medio del camino, con los dos escoltas.
—Muy noble de su parte Rey. —Retiro su mano de encima de su cabeza, agradecido de que las nubes calmaran el calor de la tarde. «Hoy es mi día de suerte»
—¿A qué se refiere?
—He trabajado mucho en el exterior, rara vez se encuentra a alguien tan humilde como usted, en especial si es territorio imperial. —Verifico con la vista como las nubes escasas empezaban a dejar pasar la luz del sol de nuevo algo disgustado, pero alegre de nuevo al ver como más se acercaban—. Ase tiempo fui un caballero, Sit cayo y luego me convertí en un nómada. —Comenzó a caminar, mientras su compañero apremiaba el paso indicándole al joven la ruta—. No éramos precisamente bien recibidos sin importar a quien encomendáramos nuestra lealtad, cuando me entere del imperio mi grupo y yo vinimos, sin dudarlo, desde entonces nunca nos ha faltado el dinero o la comida incluso nos separamos porque cada uno quería hacer su vida asentarse, sigo siendo el único que vaga buscando un nuevo líder.
—Ya somos dos, recuerda, —le recordó su camarada de armas.
—Ya llegaba a esa parte. —El sonido de los arbustos, lo puso alerta y desenfundo—. Quizá debimos quedarnos allá.
El paso de un conejo les saco la tensión. —Ja, ja, ja, me siento tonto.
Ambos se rieron, mientras su carreta llegaba, para su fortuna antes del atardecer y con ello el camino que daría orden al tiempo de viaje, para el anochecer total el descanso tanto de las personas como de los caballos y llegada la mañana el alimento de ambas especies y un camino retomado para llegar a la noche.
—Asique este es el famoso Ritmo, no se ve tan bien como la capital.
—Dudo que haya algún imperio que pueda igualarse a la capital. «Quizá ni siquiera exista ciudad que se le iguale algún día».
—Cierto.