Chapter 1
Estaba muerta. De eso no había duda. Su rostro pálido y deformado, como nunca la había visto antes. No quedaba duda, por más que quisiera convencerme de lo contrario.
Mi madre fue la cosa más importante en mi vida desde...¡por Dios!Desde que tengo uso de razón. Ella estuvo conmigo cuando me gradué de Marketing en la universidad y luego en mi especialización en Escritura Creativa. Gritó como una completa loca al verme recibir ambos diplomas.
Nunca había estado más feliz. Y yo nunca había estado más feliz al verla.
Ella fue quien me dejó disfrazarme de Mary Poppins en Halloween cuando tenía 10 años, incluso pese a la mirada desaprobatoria de mi papá, que...bueno, eso debió haber sido una indirecta suficientemente fuerte de que se convertiría en una pequeña mierda capaz de abandonarnos algunos años después.
Pero si la vida me había golpeado con un progenitor que era basura, al menos el otro 50% de la ecuación era un maldito ángel. A mi madre le habría puesto un altar de haber podido. De hecho, debí haberlo hecho...cuando aún estaba aquí.
Mis abuelos ya fallecieron también, nunca tuve hermanos. Lo único que me quedaba de esa familia rota era mi padre, pero ¿realmente se le podía llamar familia?
Adecuarme a estar solo... no hay palabra que lo explique. No creo que nadie realmente se adecua a algo así. Los días se volvieron semanas, y apenas me levantaba de la cama. Casi podía escuchar su voz regañándome desde arriba.
— Theo, ¿qué estás haciendo? Deja de comportarte de ese modo.
Era como si el mundo continuara girando mientras yo estaba atrapado en un punto muerto.
Encontré consuelo en pequeños rituales: preparar el té que mi madre le encantaba, ojear las recetas que ella nunca tuvo tiempo de enseñarme, pese a sus grandes intentos, y, finalmente, ordenar sus cosas.
Esto quizás fue lo más duro. Sabía que no podía quedarme con todo por siempre. Incluso en el futuro sería una buena idea poder alquilar esa habitación.. Pero...pensar en regalar sus cosas, era... más difícil de lo que nunca podría imaginar.
Fue en una de esas tardes, mientras revisaba las cajas de mi madre, cuando descubrí una colección de películas cuidadosamente guardadas en estuches de cuero. Cada una de ellas estaba etiquetada con una caligrafía impecable:“Clásicos de los 60”.
Mamá había sido una cinéfila desde siempre. Mi abuela se enorgullecía al pensar que su dulce Amanda podría vencer a cualquiera en esos programas de concursos, si es que le preguntan sobre cine, especialmente de cine antiguo.
Era tan fácil recordar las historias que ella me contaba y había sido peculiarmente divertido crecer con películas de estrellas como Elizabeth Taylor, Steve McQueen, y, por supuesto, Sebastián Westbrook.
Curioso y en busca de algo que me conectara con mi madre de alguna forma, decidí darle una oportunidad a las películas. Encendí el proyector antiguo que ella guardaba con tanto cariño y puse la primera cinta:“Un verano eterno”.
Desde el primer momento en que Sebastián Westbrook apareció en la pantalla, quedé atrapado. No era la primera vez que lo veía, claro. El hombre era una estrella de cine, pero había algo en la voz profunda que emergió de él que me caló hasta los huesos. Era como si, por un breve instante, el resto del mundo desapareciera.
Sus ojos, de un azul profundo, parecían reflejar un océano de tristeza, tan vasto que te atrapaba. Cada gesto, cada palabra parecía contener un sufrimiento que solo los más observadores podían notar.
Era como si pudiera sentir su soledad.
Pero después de ese día, algo cambió. El luto aún era desastroso, pero de alguna manera logré tener... una distracción. Una distracción bastante bonita, si me permiten añadir.
Empecé a desarrollar un pequeñocrushen Sebastián Westbrook, si es que lo puedo poner de alguna manera. Nada malo, todo inocente, algo que todos hacen, solo...que yo lo hacía con actores que llevaban más de 40 años muertos.
Miraba cada película, leía cada artículo, y buscaba en internet cualquier dato sobre su vida. Fue entonces cuando descubrí aún más detalles de lo realmente horroroso que había sido su paso por esta tierra, algo que simplemente me rompió el corazón: Sebastián había muerto joven, víctima de sida, y su diagnóstico había revelado al mundo que era gay, un secreto que Hollywood había ocultado durante toda su carrera.
Y, es decir, no es tan diferente a lo que muchos otros actores vivieron en su época, con diagnóstico de sida y todo. Pero... pensar que alguien tan dulce, tan varonil, tan lleno de vida pudiera haber tenido un final así...era simplemente inimaginable.
Y aún así, había sido cierto.
Por primera vez desde la muerte de mamá, sentí una chispa de propósito. Como si ella me hubiera dejado esa caja de películas por algún motivo que aún no conseguía descifrar, como si ella aún me siguiera cuidando de alguna forma.
Y así, sin darme cuenta, empecé a caminar hacia el destino que lo cambiaría todo.
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💛✨ ¡GRACIAS por llegar hasta aquí! ✨💛
Si estás leyendo estas líneas... es porque conociste a Sebastián y a Theo. Y solo puedo decirte: esto apenas comienza. 👀⏳💫
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Nos vemos en el próximo capítulo con más amor, secretos, nostalgia y... viajes en el tiempo. 🚪🌌
Con todo mi corazón,Lu 💌