Mónica y el (sexo) amor

Summary

Mónica Naranjo acaba de separarse, junto a su equipo y dos personas que están viviendo una separación, al igual que ella, deciden hacer un programa sobre sexo. Durante el programa conocerá a Madelaine Petsch, una joven sexóloga que le explicará aquellas cosas sobre el amor que creía muertas para ella, ¿o era sobre el sexo?

Genre
Romance
Author
MartaSnix
Status
Complete
Chapters
51
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

Madelaine Petsch era una mujer singular, a sus veintisiete años vivía su vida en contra de lo que la sociedad estipulaba, vivía como deseaba, sin importarle si estaba bien visto o no ante los ojos de los demás. Eso suscitaba muchas envidias y personas que la criticaban, pero a ella le daba igual, prefería ser feliz y hacer lo que quisiera que vivir según las normas de la sociedad.

Y en sus ansiadas vacaciones, pues hacía más de un año que no tenía ninguna, había decidido irse a Bali, era una de sus islas favoritas, donde todo el lugar era mágico. Madelaine había recorrido prácticamente todo el mundo, de padres diplomáticos, su padre era embajador y habían recorrido gran parte del mundo mientras él trabajaba, su madre era traductora, por lo que Madelaine tenía gran facilidad para los idiomas, a la corta edad de diez años todos los adultos a su alrededor se asombraban de que pudiera hablar fluido más de cinco idiomas, a sus veintisiete años no había idioma que se le resistiera, aunque había algunos dialectos que la confundían.

Cualquier joven quizás estuviera resentida con sus padres por viajar tanto, por no tener un lugar al que llamar hogar, en cambio para Madelaine aquello era una gran aventura, había conocido muchas culturas y costumbres, comidas, sus bailes, conocía a personas en todas partes del mundo, y para ella un trocito de cada lugar donde había vivido podía llamarlo hogar. Siempre había sentido una gran curiosidad por todo lo que le rodeaba, sus padres le habían dado la oportunidad de explotar esa parte de su personalidad.

Y mientras comía un plato típico que había comprado en uno de los puestos típicos se quedó mirando a una mujer con gran curiosidad, la había visto sonreír y quizás fuera por la luz del atardecer o por la magia que tenía Bali, pero estaba segura que era una de las mujeres más hermosas que había visto jamás.

Soltó el plato que comía, dándole las gracias a la mujer que se lo había vendido y se dirigió con paso decidido hasta el puesto donde estaba la mujer, no estaba sola, se había percatado del hombre con barba de varios días que la acompañaba.

-Selamat (buenas) -dijo Madelaine a los hombres del puesto, sonreía mientras hablaba, aunque su tono era duro, habló en indonesio-. Beri aku apa yang baru saja dicuri anak-anak darimu (Dame lo que los niños acaban de robarle)

-Jangan repot-repot, mereka orang asing (No molestes, son extranjeros) -dijo el hombre del puesto mirando con indiferencia a la pareja

-Baiklah, biarkan pihak berwenang turun tangan (Muy bien, que sean las autoridades las que intervengan)

El hombre comenzó a lanzar una retahíla de insultos mientras se alejaba unos pasos, cogía algo de una bolsa y se lo entregaba a Madelaine.

La mujer miraba a Madelaine con dureza, pues estaban atendiendo a ella y sin ningún tipo de educación se había metido por medio, colándose y haciendo que la atendieran primero. Pero su rostro pasó de la dureza al asombro cuando la joven le entregó la cartera de su marido

-¡Te han robado! -dijo la mujer mirando al hombre

Éste comenzó a registrarse los bolsillos y se dio cuenta de que efectivamente aquella era su cartera

-Gracias -dijo la mujer a Madelaine-. ¿Cómo se decía gracia? -preguntó a su marido

-Terima kasih -dijo Madelaine

-No. Te. Entiendo -dijo la mujer muy despacio

-Terima kasih es gracias -le respondió Madelaine

-¿Hablas mi idioma? -se sorprendió la mujer

-Sí -dijo Madelaine con una sonrisa

-Gracias por tu ayuda -dijo el hombre que acompañaba a la mujer-. Ni siquiera me di cuenta, no los noté

-Están preparados para eso -comentó Madelaine-. Espero que este incidente no os enturbie la estancia aquí, Bali es preciosa y no todos sus ciudadanos son así

-¿Eres de aquí? -preguntó la mujer

-Originariamente no, pero he venido en varias ocasiones -dijo la pelirroja

-¿Nos podrías decir donde conseguir una guía? -preguntó la mujer

-Habíamos contratado una, pero ha caído enferma -informó el hombre

-¿Sari? -preguntó Madelaine

-Sí, creo que sí -la mujer sacó su móvil y lo confirmó-. ¿La conoce?

-Sí, me pidió el favor de encargarme mañana de un grupo, ¿por qué no se unen?


Madelaine había coincidido con la pareja en varias ocasiones, aunque solo había tratado con ella el día que le hizo de guía, por lo demás se habían visto y saludado, pero cada uno había seguido su camino. En esos breves encuentros Mad se había dado cuenta de una cosa, aparte de que era un matrimonio no sabía nada de aquella pareja, ni siquiera sus nombres. Aunque lo que más la intrigaba era saber cuál era su historia, no eran unos recién casados, no se comportaban como tal, era un matrimonio que llevaba años casados, ¿pero por qué Bali? ¿Era curiosidad turística o quizás un regalo de aniversario?

Mónica y Óscar, su marido, estaban en un bar tomando unas copas, Mónica prefería estar en otro lugar más tranquilo, pero habían oído hablar tan bien de aquel lugar que desearon ir a conocerlo.

-¡Qué casualidad! -dijo Óscar con una sonrisa señalando con la cabeza la pista de baile

-Si no fuese porque nosotros llegamos siempre después de ella diría que nos está siguiendo -comentó Mónica

-No parece que sepa quién eres, además este lugar no es tan grande y al parecer ella se la pasa todo el día en la calle -comentó Óscar viendo como bailaba muy pegada a un hombre-. Cada día está con uno distinto

-O una -comentó Mónica al ver como una chica se acercaba y la besaba

Madelaine bailaba con un chico y una chica, besando a ambos mientras seguía los movimientos de la música, riendo ante las ocurrencias de aquella pareja, ajena a que estaba siendo observada por otra pareja no muy lejos

-¿Crees que es una prostituta? -preguntó Óscar

-No lo es -dijo la camarera cuando dejó las bebidas frente a ellos

-Lo siento, nosotros no… -Mónica enrojeció de la vergüenza

El matrimonio vio cómo la camarera fue a la pista, le susurraba algo a Madelaine y esta se giraba a mirar a la mesa donde estaban ellos sentados, Mónica se encogió en su asiento, deseando que la tierra se la tragara. Su vergüenza fue a mayor cuando la joven se acercaba a su mesa

-Lo siento, no pretendíamos insultarte -dijo Óscar en cuanto Madelaine estuvo frente a su mesa

-¿Puedo haceros una pregunta? ¿Por qué el interés? ¿Estáis interesados en un trío? -aunque la pregunta iba dirigida a Óscar, Madelaine miraba a Mónica

-¿Y si lo estuviéramos? -preguntó Óscar-. ¿Lo harías con nosotros?

-Podría ser interesante -dijo Mad con una sonrisa pícara

-¿¡Estás hablando en serio!? -Mónica miraba a su marido sin dar créditos. ¿Cómo se le ocurría hablar de eso sin ni siquiera pedir su opinión?

-Bueno, vuelvo a la pista -dijo Madelaine echando un último vistazo a Mónica que ni siquiera la miraba, no dejaba de mirar a su marido con el semblante serio.

Madelaine fue a la barra por algo de beber, se sentó en un taburete y comenzó a charlar con la camarera

-¿A qué ha venido eso? -preguntó Mónica cuando volvieron a estar solos

-¿No hemos venido aquí para hacer cosas nuevas? Quizás necesitemos experimentar, encontrar nuevas emociones -dijo Óscar

-¡Podría ser tu hija!

-No lo es y ella está dispuesta, ¿acaso no te parece atractiva? Has comentado con anterioridad que te parece preciosa

-Y lo es, pero de ahí a hacer un trío con ella…

-No sé qué es lo que quieres, creí que ibas a poner de tu parte -Óscar se levantó de la mesa molesto

-Está bien… -dijo Mónica insegura agarrándole la mano

-¿No te echarás atrás? -preguntó Óscar, Mónica negó porque temía que su voz la delatase

Mónica vio a su marido alejarse y lo vio tontear con aquella chica, ¿qué estaba haciendo? La verdad es que la chica era muy atractiva y seguramente habría coqueteado con ella de no estar casada, ¿pero un trío? A ella nunca le habían gustado. Se tomó su copa de un trago intentando calmar su ansiedad.

Óscar y Madelaine se acercaron a la mesa riendo, llevaban nuevas copas

-Por cierto, ¿cómo os llamáis? -preguntó Mad

-Vanesa -dijo Mónica de repente, el nombre salió disparado de sus labios

-...Iñigo -dijo Óscar mirando con curiosidad a su mujer

-Mi nombre es Madelaine -dijo ésta, le dio un pico a cada uno, Óscar lo tomó muy receptivo, Mónica en cambio no pareció esperarlo.

Estuvieron un rato en el bar charlando, Mónica se relajó un poco, aunque apenas hablaba, quién más lo hacía era Óscar. Mad tenía don de gentes y le preguntaba y se mostraba interesada en lo que le decía, aunque de reojo miraba a Mónica que estaba más ausente.

-¿Cómo lo hacemos? -dijo Óscar al cabo de una hora-. ¿Nos vamos juntos? ¿Nos vemos en algún lugar?

-¿En media hora en vuestro hotel? -preguntó Madelaine

Óscar le dijo el hotel y la habitación, quedando de ese modo para dentro de media hora. La pareja se fue, pero Madelaine en cambio fue hacia la barra a pedir otra copa, aunque esta vez sin alcohol.

-¿Al final te irás con ellos? -preguntó la camarera

-Sí, aunque no estoy segura de si es buena idea

-¿Y eso por qué? No eres de las que se van con los primeros que se lo proponen, así que deben gustarte

-A la mujer no la veía muy convencida, no sé si será que necesita asimilarlo o los nervios, pero… -Mad chasqueó la lengua

Madelaine apuró hasta el último momento, dudando si ir o no, finalmente fue al hotel, mientras el ascensor subía pensó que era normal que aquella mujer estuviera nerviosa, si era su primera vez en un trío era lo normal. Aunque no recordaba que ella se hubiera sentido así la primera vez.

Madelaine llamó a la puerta, Óscar abrió y le dedicó una gran sonrisa, la invitó a pasar. Lo primero que Madelaine vio fue como la otra mujer que estaba sentada en la cama se levantaba como si tuviera un resorte en el culo, jugaba nerviosa con sus manos. Ambos se habían cambiado de ropa, lo que le llevó a pensar que se habían duchado, aunque la cama estaba perfectamente hecha, por lo que no parecía que hubieran empezado sin ella, a no ser, claro está, que lo hubieran hecho en la ducha.

-Es vuestra primera vez, ¿verdad?

-Sí… -la voz de Mónica apenas era audible

Madelaine se acercó a ella, pues de los dos era a la que notó insegura, él parecía ansioso

-Si en algún momento, cuando seas quieres parar solo debes decirlo -dijo Madelaine mirando a la mujer a los ojos.

Mónica asintió y Madeleine la besó en los labios, la otra mujer le devolvió el beso. La pelirroja pensó que quizás al fin y al cabo eran solo nervios. Así que sin apartarse de Mónica miró al hombre y lo instó a que se acercara, besándolo.

Aquel hombre le quitó la blusa que llevaba, dejándola en un sujetador negro de encaje, sentía las manos, los labios de él recorriendo todo su cuerpo, la mujer en cambio, estaba más retraida, Madelaine pensó que podía tratarse de vergüenza, así que comenzó a quitarle la camiseta a su marido, el hombre tenía músculos, era evidente que se cuidaba, esperó de ese modo que la otra mujer se relajase, pero cada vez que Madelaine la tocaba o besaba notaba su tensión, besaba cuando la besaban, se mantenía junto a ellos, pero cada vez era más evidente que no estaba cómoda.

Madelaine estaba esperando que aquella mujer en cualquier momento le dijese que parase, que se había arrepentido, pero no decía nada, su marido tenía una gran erección, y Madelaine que llegados a estos extremos ya estaría desnuda y deseando ser penetrada, cada vez se sentía menos excitada, estaba más pendiente del malestar de la otra mujer que de disfrutar el momento.

En aquel preciso momento, Madelaine se encontró en un dilema, la mujer estaba desnudándose, llevaba debajo de su ropa un lencero bastante sexy, Madelaine deseaba a aquella mujer, la había deseado desde el momento en que la había visto por primera vez, pero era evidente que aquella mujer no deseaba aquello, seguiría hasta el final por su marido, no por ella, y ahora ella debía elegir, ¿se dejaba llevar por su deseo y hacía a aquella mujer suya o hacía caso a sus principios y detenía toda aquella locura?

-¿Sucede algo?

La voz de aquel hombre excitado e impaciente le hizo darse cuenta que se había quedado mirando a la otra mujer ignorado por completo al hombre que la tocaba y desnudaba.

-Lo siento he cambiado de opinión -dijo Madeleine saliendo de la cama y vistiéndose apresuradamente

Madelaine no volvió a mirar a la otra mujer por temor a que su resolución flaqueara, ¿aquella mujer era consciente de la sensualidad que desprendía? ¿Y cómo aquel hombre podía mirar a otra teniendo a su lado a una mujer como aquella? Madelaine salió de la habitación apresurada, bajando por las escaleras, pues temía que si esperaba el ascensor se diese media vuelta y entrase de nuevo en aquella habitación.

Mónica miraba la puerta en estado de shock, ¿qué acababa de pasar? Aquella mujer estaba excitada, lo notaba en la forma de moverse, en la forma de tocar a su marido y a ella, la había mirado con deseo, se había percatado de ello, pero de repente… todo había desaparecido. No, no de repente, Mónica se miró, había sido cuando se había desnudado. De repente sintió frío, se sintió vulnerable, se sentó en la cama aún intentando asimilar aquello, cuando un rápido movimiento hizo que alzara la vista, Óscar estaba vistiéndose

-¿A dónde vas?

-Voy a ver si puedo alcanzarla y hacer que cambie de opinión… o que lo hagan… -Óscar la miró y no acabó la frase, pero se fue de allí

¿Su marido acaba de decirle que iba a hacerlo con otra sin ella? La tenía semidesnuda y en vez de calmar su excitación con ella, había salido corriendo tras otra mujer. Mónica se acercó al espejo, se miró en él. Nunca le había importado su edad, pero en esos momentos, a sus cuarenta y siete años, se sintió desechada, poco deseada, se sintió poco mujer. ¿Cuánto hacía que su marido no la tocaba? ¿Cuántos años llevaban sin hacer el amor? Demasiados, ya no recordaba la última vez. Y una completa desconocida la acaba de rechazar al verla desnuda.

Mónica se apoyó en la pared y se dejó caer mientras lloraba al sentir el duro rechazo, ese sentimiento de inseguridad y de no ser deseada que nunca antes había sentido